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Itinerario Australia y Nueva Zelanda: guía completa de 33 días con bebé

Nuestro itinerario por Australia y Nueva Zelanda nació de una combinación poco habitual: baja de paternidad, invierno en el hemisferio norte y muchas ganas de descubrir las antípodas en familia. Oceanía siempre ha sido uno de esos destinos tan remotos que parecen olvidarse cuando se piensa en viajes — demasiado lejos, demasiado caro, demasiado grande — pero la verdad es que ha sido todo un acierto. Australia y Nueva Zelanda son destinos ideales para viajar con niños pequeños: países muy cómodos de recorrer, con buenas infraestructuras, extremadamente seguros y muy pensados para las familias. Si estáis dándole vueltas a este viaje, aquí os contamos cómo lo organizamos nosotros, qué necesitáis para viajar, y todos los errores y aciertos del camino.

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Nuestro itinerario por Australia y Nueva Zelanda día a día

Tras darle muchas vueltas y valorar qué podíamos ver con la niña, qué zonas tenían sentido según el clima de febrero y qué lugares nos hacían más ilusión —aquí ganaron por goleada Hobbiton y Uluru—, descartamos toda la zona norte de Australia: es temporada de tifones y, con un bebé de por medio, había además un motivo de salud que pesó más que cualquiera —lo contamos con detalle en el apartado de viajar con bebé, más abajo—. Finalmente, la ruta nos quedó tal que así:
Australia
NZ · Isla Sur
NZ · Isla Norte
Tránsito
 
🇦🇺 Australia

Llegamos a Melbourne después de más de 24 horas de viaje con escala en Shanghái, donde nos sumamos al Layover Tour gratuito que organiza el aeropuerto: seis horas recorriendo la ciudad con todos los desplazamientos incluidos. Una forma estupenda de aprovechar una escala larga. Melbourne nos recibió con frío y llovizna, pero la ciudad tiene una energía que engancha desde el primer paseo.

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Jornada dedicada a la ciudad. Free tour por el CBD con grafitis, historia colonial y los callejones victorianos que esconden bares y tiendas. El tranvía es gratuito dentro de la zona central. Terminamos el día en el jardín botánico, que con la peque en el fular fue un descanso perfecto.

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La ruta costera más icónica de Australia. Conducimos pegados al acantilado con el Índico a la izquierda, paradas en miradores y el primer encuentro con canguros salvajes. El London Arch y el arco de la Gruta fueron los highlights del día, junto con una cascada dentro del bosque templado.

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Los Doce Apóstoles emergiendo del agua al atardecer son una de esas imágenes que no cansa repetir. Por la mañana, el parque nacional de Otway: bosque de helechos gigantes, koalas silvestres en los eucaliptos y una luz de película. Uno de los mejores días del viaje.

Leer el diario de los Doce Apóstoles →

Mañana en Bay of Islands, la parte menos visitada de la Great Ocean Road y quizás la más bonita. Tarde en Phillip Island esperando el desfile de pingüinos al anochecer: cientos de pequeños pingüinos de hada saliendo del mar hacia sus madrigueras.

Leer el diario de los pingüinos de Phillip Island →

La reserva de koalas de Phillip Island permite ver a estos animales a muy poca distancia, en semilibertad. Un espacio bien gestionado y sin aglomeraciones. Por la tarde, playas salvajes y vuelta a Melbourne para coger el vuelo a Uluru al día siguiente.

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El corazón del desierto australiano. Llegamos con lluvia —algo extraordinariamente raro en Uluru— lo que convirtió la roca en un espectáculo diferente: cascadas efímeras cayendo por sus paredes. Nos levantamos antes del alba para ver el amanecer desde el mirador. Fue el momento más impresionante del viaje.

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🇳🇿 Nueva Zelanda · Isla Sur

La puerta de entrada a la isla sur. Christchurch lleva más de una década reconstruyéndose después del terremoto de 2011: murales donde había edificios, contenedores convertidos en comercios, una catedral en ruinas que han decidido mantener como memoria. Una ciudad con más capas de lo que parece.

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El lago Tekapo con sus aguas de color turquesa imposible, el lago Pukaki con el Aoraki reflejado en el agua, y los Clay Cliffs: columnas de arcilla erosionada que parecen sacadas de otro planeta. El cielo nocturno de Tekapo es además uno de los más limpios del mundo.

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Wanaka es más tranquila y menos turística que Queenstown, y eso se agradece. Dos días entre el lago, el árbol solitario más fotografiado de Nueva Zelanda y Diamond Lake, una caminata corta con vistas al valle perfectamente asequible con bebé en porteo. El alojamiento vía HomeExchange —con vistas directas al lago— fue una de las mejores noches del viaje.

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Base en el pequeño Mossburn para acceder a Fiordland. La carretera hasta Milford Sound es uno de los trayectos más espectaculares de Nueva Zelanda: túnel Homer, cascadas en cada curva y el fiordo apareciendo de repente. El crucero merece hacerse aunque el tiempo no acompañe: la lluvia multiplica las cascadas.

Leer el diario de Milford Sound →

Queenstown es la ciudad más turística de Nueva Zelanda y se nota. Con bebé, y sin interés por los deportes de aventura que la definen, un día fue suficiente: el lago Wakatipu, el centro y la excursión a Arrowtown, un antiguo pueblo minero de la fiebre del oro que conserva muy bien su carácter.

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La costa oeste tiene algo que no habíamos visto en ningún otro sitio: selva tropical a escasos kilómetros del glaciar. El Fox Glacier retrocede a un ritmo visible año a año. El agua de los ríos glaciares tiene un color entre gris y turquesa que se queda grabado.

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El último gran puerto de montaña de la isla sur, con los Alpes del Sur atravesados por carretera, antes de volar a la isla norte. La primera noche en Rotorua llega con ese olor a azufre que anuncia la actividad geotérmica de toda la zona.

Leer el diario de Arthur's Pass y la llegada a Rotorua →
🇳🇿 Nueva Zelanda · Isla Norte

Un día entero dedicado a los parques geotérmicos de Rotorua: géiseres, barro hirviendo en Wai-o-Tapu y el lago más raro que hemos visto en todo el viaje, en Waimangu.

Leer el diario de Wai-o-Tapu y Waimangu →

Del lago volcánico más grande del país, con el Tongariro —el Monte del Destino— cerrando el horizonte, a la comarca de Tolkien en Matamata. De volcanes a agujeros hobbit en dos días.

Leer el diario de Taupō y Hobbiton →

Los jardines temáticos de Hamilton, una parada tranquila de camino al norte, y el cierre de la isla norte en Auckland, construida sobre volcanes extintos y rodeada de dos mares.

Leer el diario de Hamilton Gardens y Auckland →
🇦🇺 De vuelta a Australia

La vuelta a Australia por todo lo alto: el puerto, la Ópera y el Harbour Bridge desde el ferry, y las playas de Manly y Bondi.

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Las Blue Mountains y la despedida de Australia y Nueva Zelanda, después de 31 días recorriendo ambos países.

Leer el diario de las Blue Mountains y la despedida →
✈ Vuelo de regreso

Segunda escala en Shanghái, esta vez de vuelta a casa: el jardín de Yu Yuan, el paseo por el Bund y, de propina, nos tocó el Año Nuevo Lunar.

Leer el diario de la escala en Shanghái →
 

Visados y documentación

Para viajar a Australia necesitarás sacar un visado. Existen multitud de visados según la finalidad del viaje. El que nosotros sacamos, y el más adecuado para viajes turísticos de corta duración, es el conocido como eVisitor (subclass 651). Es gratuito y permite estancias de hasta 3 meses en el transcurso de un año. Se saca a través de la página web que enlazamos y requiere tener instalado un autenticador en el móvil. Una vez hecha la solicitud, la respuesta es bastante rápida. En la misma web podrás ver que tu solicitud ha sido aprobada (Granted) y descargarte el PDF con el visado.

Nueva Zelanda exige disponer de la NZeTA. Lo más cómodo es gestionarlo a través de su app, ya que además tiene un coste menor (17 NZD). Si lo completas online, tendrá un coste de 23 NZD. Nueva Zelanda exige además el pago de un impuesto turístico, el IVL, una tasa de 100 NZD por viajero destinada a preservar y mantener sus áreas naturales. La tramitación tarda algo más que la de Australia, unos 2-3 días, y puedes ver el estado de tu visado directamente en la app, que también te servirá para acceder al país.

Además, si planeas conducir por estos países —y lo harás, porque es prácticamente inevitable—, ten en cuenta que Nueva Zelanda acepta el carnet español, pero Australia no. Necesitarás el carnet de conducir internacional (y ojo, porque son bastante estrictos con el tema y lo revisan las propias compañías de alquiler). La solicitud se puede hacer online, tiene un coste de 10 € y el carnet hay que recogerlo presencialmente en cualquier delegación de la DGT. Recuerda que tiene una vigencia de un año.

Otra recomendación: en ambos países son muy estrictos con las aduanas por sus altos niveles de bioseguridad. Lo más seguro es pasar por la cola de "algo que declarar" y contarles qué llevas —en nuestro caso, leche de fórmula y potitos para la niña—. Si no declaras nada y te pillan, las multas son bastante elevadas.

 

Transporte

Vuelos internacionales

Uno de los mayores quebraderos de cabeza al organizar un viaje al otro extremo del mundo, especialmente con un bebé, son los vuelos. Después de mirar mucho tiempo, llegamos a la conclusión de que las mejores opciones pasaban por hacer escala en Doha o Abu Dhabi, pero ninguno de los dos nos apasionaba: son sitios en los que ya habíamos estado, no nos gustaron especialmente, y las escalas eran o demasiado cortas o nocturnas. Finalmente encontramos un vuelo con China Eastern con escala en Shanghái que nos encajó perfecto. Cogimos los billetes a través de Trip, que además nos daba la opción de disfrutar del Shanghai Layover Tour de forma gratuita: un tour de 6 horas por la ciudad con todos los desplazamientos incluidos. Lo hicimos tanto de ida como de vuelta y en ambos casos mereció la pena, aunque el de regreso fue nocturno y terminamos durmiendo en el aeropuerto de Pudong.

Decidimos volar de ida y vuelta desde Australia —en lugar de entrar por un país y salir por el otro— para acortar el vuelo internacional y ahorrarnos escalas. El precio además era sustancialmente más bajo: unos 400 € menos por persona respecto a la opción de volar a Nueva Zelanda y regresar desde Australia.

Vuelos internos

Hicimos cuatro vuelos internos: ida y vuelta desde Melbourne a Ayers Rock —con Virgin y Jet Star— y los trayectos Melbourne-Christchurch y Auckland-Sídney, ambos con Qantas Airways, compañía que recomendamos sin dudarlo. Volar entre Australia y Nueva Zelanda no es especialmente barato: pagamos aproximadamente 200 € por persona y trayecto.

No hay vuelos directos de Ayers Rock a Christchurch, así que decidimos pasar de nuevo por Melbourne: bajaba el precio y nos permitía dejar parte del equipaje en consigna sin pagar exceso de equipaje adicional.

Para volar entre las dos islas de Nueva Zelanda optamos por Air New Zealand. La alternativa es el ferry, pero sumaba demasiadas horas de carretera y no queríamos sobrecargar el viaje de la peque con tanto coche. Todos los vuelos, tanto internacionales como internos, los buscamos y compramos a través de Trip.

Coche de alquiler

La parte más problemática llegó con Uluru, el gran quebradero del viaje. Resulta que en Uluru únicamente opera una agencia de alquiler de coches: Hertz. Lo hace bajo su propio nombre, Dollar o Thrifty... pero realmente es lo mismo. Intentamos reservar con los tres y siempre nos encontrábamos el mismo mensaje de respuesta: no disponemos de sillas infantiles (aunque aparezcan en su web como disponibles). Esto fue verdaderamente problemático y barajamos muchas opciones: alquilarla al llegar a Australia, comprar una silla de segunda mano y llevarla desde aquí, desplazarnos en el autobús Hop on Hop off por Uluru...

 

Lo de alquilarla en Australia se autodescartó porque las compañías de alquiler no permiten llevarla en avión y no existe ninguna empresa que alquile en Ayers Rock. La idea del autobús, aunque era la más sencilla, no nos terminaba de convencer: es bastante caro —el doble que un vehículo de alquiler— y los horarios son programados, sin margen de improvisación. Con un bebé esto es problemático, pero sobre todo nos quitaba la posibilidad de ver Uluru desde el mirador habilitado para coches, desde la comodidad del aire acondicionado. En pleno verano australiano, eso podía implicar quedarnos sin verlo. Así que decidimos llevar una silla desde aquí (la normativa de las sillas infantiles en Australia es distinta a la española — lo explicamos en el apartado de viajar con bebé).

Cuando estábamos a punto de comprar una silla de segunda mano, nos escribieron de Discover Cars: Hertz les había confirmado una silla para nuestra reserva. Llegamos y no había ninguna. Por suerte, nos atendió la persona más amable de Australia, encontró una en el almacén y nos hizo un upgrade por el disgusto.

Para Melbourne optamos por Apex, recomendación de nuestros amigos de Disfrutando el Viaje: mejor precio que cualquier otra compañía de la zona y asiento infantil gratuito. Para el resto de alquileres usamos Discover Cars. En la isla sur tuvieron un problema con la silla infantil, lo asumieron, pagaron el taxi y devolvieron el dinero. En la isla norte, la experiencia con Speedy Rentals fue nefasta: casi dos horas de espera sin explicación y un coche distinto al reservado.

Si quieres más trucos concretos para pagar menos por el coche, tenemos un post aparte sobre cómo ahorrar en el alquiler de coche en Australia y Nueva Zelanda.

Entradas y excursiones

Para viajar a Nueva Zelanda, sobre todo en temporada alta como nosotros, es necesario tener en cuenta que los lugares turísticos pueden llenarse. Sobre todo sitios tan famosos como Hobbiton, que agotan entradas a meses vista. Nosotros casi nos quedamos sin poder ir. Reservamos todo a través de Get Your Guide porque permite cancelar hasta el día de antes y los precios son los mismos que en taquilla. Esto nos vino muy bien en Milford Sound: encontramos una oferta de última hora y pudimos cancelar los tickets que ya teníamos y ahorrarnos un dinero. Si quieres el detalle completo de cómo organizamos esa visita —cuándo reservar el crucero, alternativas y qué tener en cuenta— tenemos una guía aparte sobre cómo organizar la visita a Milford Sound.

Seguro de viaje

Con un itinerario así —33 días, dos países, vuelos internos, carreteras, fauna salvaje y un bebé— el seguro de viaje no es opcional. Nosotros viajamos con HeyMondo, que cubre perfectamente los viajes en familia con bebé y tiene una atención al cliente que realmente funciona cuando la necesitas. En este viaje usamos su app de asistencia: chat médico 24 horas, videoconsulta y gestión de incidencias desde el móvil — con un bebé y a 17.000 km de casa, eso vale mucho. Con el código RETRATOSVIAJEROS tenéis un 15% de descuento en la modalidad familiar. La sanidad en Australia y Nueva Zelanda es cara para los no residentes: no os la juguéis. Si queréis comparar opciones, tenemos una comparativa de seguros de viaje y otra de seguros de cancelación.

Alojamiento

Para todo el viaje buscamos alojamiento a través de Booking: hoteles en ciudad, moteles en ruta y algún lodge dentro de los parques nacionales. En destinos como la Great Ocean Road o el entorno de Uluru las opciones son limitadas y se llenan con antelación, así que cuanto antes reservéis, mejor. Os recomendamos echarle también un ojo a Agoda, porque en un par de sitios encontramos mejores precios con ellos.

Una mención especial para HomeExchange: en la zona del lago Wanaka hicimos un intercambio que nos salió por apenas 40 € en concepto de limpieza —el alojamiento fue gratuito— con vistas directas al lago. Una de las mejores noches del viaje. Y en Sídney nos ahorramos lo que habrían sido 5 noches de hotel a precios de ciudad turística.

Viajar por Australia y Nueva Zelanda con bebé

Nos ha parecido bastante sencillo, aunque es verdad que cuando aún no caminan es bastante manejable viajar con niños. Lo peor es el vuelo largo y, siguiendo ciertos trucos, realmente ni siquiera es tan duro.

La decisión más importante la tomamos antes de salir de casa: descartamos todo el norte de Australia por la temporada de tifones y el riesgo de dengue, una enfermedad para la que los bebés no pueden vacunarse y que puede revestir bastante gravedad. Lo consultamos con la Unidad del Niño Viajero del Hospital La Paz y la recomendación fue clara. Menos mal que la seguimos: durante nuestra estancia hubo un tifón bastante serio con inundaciones justo en esa zona.

En el día a día, lo que más nos complicó fue la silla de coche: Australia exige el sistema top tether, distinto al que llevamos en España, y en Uluru la única agencia que opera nos dejó sin silla pese a tenerla confirmada — la historia completa está más abajo, en el apartado de coche de alquiler. En aduanas, tanto en Australia como en Nueva Zelanda, hay que declarar la leche de fórmula y los potitos: lo explicamos en visados y documentación. Y el seguro de viaje —nosotros con HeyMondo— cubrió sin problemas la parte familiar, con chat médico 24 horas y videoconsulta desde el móvil: con un bebé y a 17.000 km de casa, esa cobertura vale mucho más que su precio.

¿Es mejor hacer primero Australia o Nueva Zelanda?

Depende de tus prioridades. Si te interesa la naturaleza y el trekking, te recomendamos comenzar y dedicarle más días a Nueva Zelanda. Si buscas más variedad de paisajes y te interesan las ciudades y la cultura local, apuesta por Australia. A nivel de vuelos tiene más sentido empezar y terminar en el mismo país, porque te saldrá más económico. Y Australia gana a Nueva Zelanda en esto porque el vuelo es más corto, así que para nosotros tiene mucho sentido haber empezado por Australia.

¿Cuánto cuesta un viaje de 33 días?

En total nos gastamos 8.740 € entre los dos adultos (la peque no paga o paga solo tasas). Son 33 días que incluyen dos escalas en Shanghái de ida y vuelta. La media diaria con vuelos es de 265 €; sin vuelos, baja a unos 158 €/día, que es el dato más útil si ya tenéis el vuelo comprado. Los vuelos se llevan el 40% del presupuesto, el alojamiento el 22% y el transporte terrestre otro 21%. El desglose completo, partida a partida, está en nuestro artículo de presupuesto.

Qué cambiaríamos

Ha sido uno de los mejores viajes que hemos hecho. Pero sabiendo lo que sabemos ahora, cambiaríamos algunas cosas.

La más clara tiene que ver con la isla sur de Nueva Zelanda: nos quedamos con las ganas de dedicar más tiempo a la zona oeste, al entorno de Milford Sound y los fiordos. El cambio de coche y el vuelo interno entre islas tenían sentido sobre el papel —nos ahorraba pagar el extra de devolver el vehículo en otro punto y muchos kilómetros de carretera—, pero en la práctica nos rompió el ritmo. Si volviéramos, haríamos el itinerario completo en coche cruzando en ferry entre las dos islas. La travesía es una experiencia en sí misma y el ahorro en vuelos internos lo compensaría.

De Sídney nos queda la espinita de las Blue Mountains. Cambiamos ese día por descanso y no fue el mejor intercambio. Con un bebé el cansancio manda, pero las Blue Mountains son de esas cosas que uno lamenta no haber hecho.

Y lo que más cambiaríamos, aunque escapa a nuestro control: la ventana temporal. Este viaje nació de la baja de paternidad y sus plazos, lo que nos llevó a viajar en pleno verano austral y nos cerró el norte de Australia por riesgo sanitario. Si pudiéramos repetirlo sin esa presión, elegiríamos una época del año que nos permitiera añadir el Territorio del Norte de Australia y la zona de Queensland. Quedan pendientes.

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