Lago Taupo, el monte del Destino y Hobbiton: de volcanes a agujeros hobbit (Días 24 y 25)
Lago Taupo: el grabado y los muffins
Salimos con despertador. Tenemos barco en el lago a las 10:30, llegamos a las 9:30 y embarcamos sin espera.
El lago Taupo es el mayor lago volcánico del mundo por superficie: 616 kilómetros cuadrados sobre una caldera que se formó tras una erupción catastrófica hace unos 1.800 años, tan violenta que se registró en crónicas chinas y romanas de la época. El lago que se ve hoy es, literalmente, el hueco que dejó esa explosión.
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El barco tiene cafetería. El chocolate está aguado y no tienen el muffin que anunciaban. El objetivo del crucero es el grabado maorí de Mine Bay, tallado en la roca del acantilado directamente desde el agua. Es una figura de casi diez metros de alto, con los rasgos tradicionales del dios Ngatoroirangi, realizada en los años ochenta por el escultor Matahi Whakataka-Brightwell. Bonito, pero es uno solo y hecho hace cuarenta años. La expectativa no siempre encaja con la realidad, y este es uno de esos casos. En el camino de vuelta sacan muffins recién horneados. Están muy buenos. Las cosas como son.
El monte del Destino y la carretera del desierto
Llegamos al muelle con tiempo de sobra. Decisión improvisada: ir al Parque Nacional de Tongariro aunque no estaba en el plan, solo para ver el monte del Destino desde la carretera.
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El Tongariro es el volcán que Peter Jackson usó como Mordor. El monte Ngauruhoe —que es el que aparece en pantalla como el monte del Destino— tiene 2.291 metros y sigue siendo un volcán activo. La última erupción fue en 1975. La carretera que lo bordea, la llamada Desert Road, atraviesa una meseta de lava y arena volcánica que recuerda efectivamente a un desierto: sin árboles, sin curvas, con los tres volcanes al fondo. El efecto es poderoso aunque se vea desde el coche. Merece el desvío aunque sean dos horas de ida y otras dos de vuelta. Hay muchas obras en la carretera y semáforos de espera, pero el paisaje lo compensa.
Huka Falls y el río que engaña
De vuelta en Taupo, el parking de Huka Falls está cerrando cuando llegamos. Aparcamos en el mirador de arriba y bajamos andando diez minutos. Las cataratas tienen once metros de caída, que no es mucho, pero no es la caída lo que impresiona: es la fuerza de los rápidos que las preceden. El río Waikato —el más largo de Nueva Zelanda— pasa de un canal ancho a uno de quince metros de anchura y la velocidad que coge es visible a simple vista. El color azul eléctrico del agua a esa velocidad es algo que no se olvida fácilmente.
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Paramos también en Hipapatua Recreational Reserve, una zona al borde del río con zonas de acampada gratuita de hasta tres días. Si alguien está viajando en autocaravana por la isla norte, apuntadlo.
Aratiatia Rapids: el río que se llena solo
El día empieza en Aratiatia Rapids. La central hidroeléctrica abre las compuertas de la presa a las 10:00 y el río, que minutos antes está casi seco, se va llenando despacio hasta convertirse en unos rápidos impresionantes. Vemos el cambio desde el puente y luego desde el mirador. Es de esas cosas sencillas que resultan más espectaculares de lo que parecen sobre el papel.
Cráteres de la Luna: fumarolas sin guía
Pasamos por los Cráteres de la Luna, una zona geotérmica con fumarolas y senderos agradables. No es tan impactante como Wai-o-tapu o Waimangu, pero tiene su interés. Se echa de menos alguien que explique qué se está viendo. Salimos con algo de prisa para llegar a tiempo a Matamata.
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Hobbiton: más de lo esperado
Hobbiton hay que reservarlo con antelación. Las entradas se agotan semanas o meses antes, especialmente en temporada alta. Nosotros lo gestionamos a través de GetYourGuide, que además de tener buen precio permite cancelación gratuita hasta 24 horas antes —algo que se agradece cuando el itinerario de una ruta así puede cambiar de un día para otro por el tiempo o la logística. Si los planes cambian, no se pierde la entrada.
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Se accede en autobús desde el punto de encuentro en Matamata —el trayecto ya forma parte de la visita— y desde el primer momento la sensación es que esto no es un decorado de película abandonado: es un lugar construido para quedarse. Para el rodaje original de la trilogía del Señor de los Anillos las casas eran fachadas de madera y poliestireno. Para El Hobbit, Jackson negoció con los Alexander para construirlo con materiales permanentes. Lo que se visita hoy es permanente, detallado y muy cuidado.
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Hay treinta y siete agujeros hobbit de distintos tamaños —los de los personajes más importantes son más grandes, los de los más humildes, más pequeños, y hay lógica interna en cada detalle. Los jardines están plantados y mantenidos. Los objetos que cuelgan de las puertas o asoman por las ventanas tienen historia. Se puede entrar en una de las casas, y es completamente habitable por dentro. El árbol de la fiesta —enorme, de aspecto perfecto— es artificial: lo fabricaron hoja a hoja con miles de piezas de metal pintadas individualmente porque ningún árbol real tenía exactamente la copa que Jackson quería. Está claro cuando te lo dicen, pero cuesta notarlo.
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La visita es guiada pero con ritmo propio: hay tiempo para explorar, preguntar y fotografiar. El guía habla con mucho acento y nos perdemos parte, pero la actitud es buena y el ambiente es relajado. El tour termina en la Posada del Dragón Verde, donde invitan a una bebida. Hay ginger beer artesanal, que está muy buena. El tiempo pasa sin notarlo.
Por la tarde paramos en Te Waihou Blue Spring, unas pozas de agua cristalina muy frecuentadas por locales. Agradable si se tiene tiempo, pero para quien va de paso no hay mucho que ver. Llegamos a Hamilton al caer la noche.
Bloque de útiles
Para Hobbiton, reservad con tiempo y con cancelación: GetYourGuide es la opción que usamos, permite cancelar hasta 24 horas antes sin coste. Para el alojamiento en Taupo, Booking. Para el coche, DiscoverCars. Y el seguro, Heymondo con código RETRATOSVIAJEROS (−5 % individual, −15 % familiar).