Diario de Tanzania (1): De aeropuertos y pérdidas.

l camino hasta Dar Es Salaam ha dejado a su paso varias perdidas. Primero, la cuenta de las horas que hemos pasado volando. De Madrid a Estambul primero y de ahí a Dar. Segundo, mi equipaje y el del resto de los pasajeros del segundo vuelo que, según nos cuentan, se ha quedado olvidado en el aeropuerto de la ciudad turca. Sólo ha aparecido la mochila de D. Las colas para reclamar son inmensas y el caos absoluto. Dos funcionarios toman nota de nuestras reclamaciones con total tranquilidad. Pole pole, repiten.

En un rato cogemos otro avión destino Kilimanjaro y un autobús que nos llevará hasta Arusha, donde mañana empezamos el safari. Aunque se podría decir que el safari ya ha comenzado, pues su significado en swahili es viaje.

El caso es que no me reuniré con mi mochila, de hacerlo, hasta dentro de una semana. Intento pensar que sólo son cosas y que siempre puedo comprar o tratar de pasar la próxima semana con la única muda que llevaba en el equipaje de mano. Supongo que también he perdido un poco las ganas de pensar en ello.

De la ciudad y del país poco puedo decir de momento. Me sorprende lo caótico que es todo. Nada más desembarcar te hacen rellenar un cuestionario de aduanas. Después, un funcionario recoge tu pasaporte y los 50$ que cuesta el visado, desaparece sin decir nada y reaparece al rato con una pila de documentos ya sellados que va devolviendo a sus propietarios gritando en voz alta sus nombres. Después pasas el control de pasaportes, donde en teoría deberían recoger tus huellas, pero en la práctica un funcionario medio adormilado te indica con la mano que pases. Junto a las cintas de recogida de equipaje decenas de maletas perdidas te hacen sospechar lo que, efectivamente, está a punto de sucederte. Pero no vine a Tanzania a perder, eso lo tengo claro. Mañana será otro día.

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