Fenghuang y Furong, los pueblos más bonitos de China (5)
Fenghuang y Furong, los pueblos más bonitos de China (5)

Fenghuang y Furong, los pueblos más bonitos de China (5)

 

A las 8 de la mañana ya estamos en pie, y eso que la noche se hizo larga, pero nos morimos de ganas de ver Fenghuang a la luz del día. A fin de cuentas, si está considerado como uno de los pueblos más bonitos de China no es únicamente por sus luces nocturnas.

Una ciudad milenaria

Lo bueno que tiene Fenghuang es que es a prueba de pérdidas, lo único que necesitas hacer para recorrerla es seguir la orilla del río. Y eso es justo lo que hacemos nosotros, parándonos para probar distintas cositas a modo de desayuno por el camino.

El principal atractivo de Fenghuang es lo increíblemente bien conservada que está.La ciudad antigua ha mantenido básicamente el diseño y las apariencias originales de la dinastía Ming, del siglo XIV, y la dinastía Qing, del siglo XVII, hasta nuestros días. Igual lo de las luces led es incorporación reciente, pero se nos entiende.

Nuestro camino nos lleva hasta la plaza del Fénix,porque obviamente hay una plaza con este nombre en la ciudad del Fénix. Y es que eso es literalmente lo que significa Fenghuang. Según la leyenda, dos fénix volaron sobre la ciudad y se negaron a irse, hechizados por su belleza.

Fenhugnag fue fundada en el segundo año de Chuigong bajo el reinado de la emperatriz Wu en el año AD686. Situado en una zona remota de montaña, a lo largo de su historia, Fenghuang ha resistido guerras y desastres naturales, conservando su belleza y encanto. Incluso durante la guerra de resistencia contra la invasión japonesa, esta ciudad histórica se mantuvo intacta, un testimonio de su fortaleza y resistencia.

En 1949, Fenghuang fue liberada pacíficamente y desde entonces ha conservado su patrimonio cultural con orgullo. En 2008, fue añadida a la Lista Tentativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO en la categoría Cultural, un reconocimiento merecido a su rica historia y arquitectura única.

Aunque enfrentó graves inundaciones en 2014, Fenghuang emergió indemne, demostrando una vez más su capacidad para resistir las adversidades. Conocida también como “Ancient Phoenix Town”, esta joya china sigue deslumbrando a visitantes de todo el mundo con su belleza atemporal y su historia fascinante.

Una sesión de fotos improvisada

Después de comernos algo que parece un churro rebozado… porque, reconozcámoslo, aunque no tenemos nada de hambre, no podemos resistirnos a probar cositas raras que vamos viendo en distintos puestecillos. Es un vicio, fomentado además por la facilidad de pagar con Alipay, que parece dinero de mentira…

Ya de nuevo en la orilla del río, nos encontramos con dos chicas vestidas de princesa china que se están haciendo fotos con el móvil. Les proponemos hacer una sesión improvisada express y aceptan encantadas, bueno encantadísimas. Se ponen incluso nerviosas, como si fuésemos famosos o algo… xD Total, que hacemos la sesión y queda bastante chula para haberla resuelto en cuestión de 10 minutos.

Ya llegando al hotel, nos encontramos con otras dos princesas chinas en plena sesión de fotos, pero estas apuntan a ser modelos profesionales. Por el despliegue de medios que llevan y de personal, y por la calidad de los vestidos. Tiramos un par de fotos porque los fotógrafos chinos son majísimos y siempre nos dejan amablemente y con una sonrisa. Qué país…

Nos encontramos justo con Mahmood cuando nos estamos yendo, que acaba de despertarse. Nos despedimos de él, que se va a quedar un día más por aquí y luego ya irá para Furong. La verdad es que da gusto viajar sin prisas, aunque posiblemente nosotros dos nos aburriríamos…

Ya en el hotel, recogemos las mochilas  y nos vamos a la plaza del primer día a comprar nuestros billetes. Hay una taquilla en la plaza, donde se tienen que comprar antes de subir.

Otro viaje en tren

 En la estación hay bastante ajetreo y mucha gente, tardamos un rato en pasar el control y llegar al mostrador. No tenemos billete, la idea es comprarlo aquí porque es un trayecto de media hora. El problema es que la chica que nos tiene que vender el billete se hace un lío monumental, no sabe leer los pasaportes y, claro, no introduce bien los datos. Nos lleva pasando todo el viaje que confunden el visado de Botswana con la hoja principal del pasaporte. Tras media hora intentándolo, no lo consigue, así que pasamos sin billete y se monta un dispositivo improvisado para ubicarnos hasta que, ya en el tren, una de las azafatas nos saca los billetes en un momento.

Cuando llegamos a la estación de Furong, lo primero que hacemos es buscar una taquilla para las mochilas. Hay una, metemos la mochila y, cuando la cerramos, no nos aparece ningún ticket ni nada. Avisamos al personal de la estación, que viene y con el traductor nos dice que el problema es que está rota. Al parecer lo pone en la pantalla pero no sabemos chino y esas cosas. Total, que tiene que avisar al jefe de estación para que venga con la llave maestra y nos abra la taquilla para recuperar la mochila. Un show.

Con las mochilas de nuevo y sin taquilla, nos indican que en la tienda de abajo guardan equipaje por 10 yuanes la pieza. Y eso que hacemos, aunque es un poco de aquella manera. Básicamente dejas la mochila en la estantería, con una etiquetita en la que pone tu nombre. Todo muy raro, pero aparentemente funciona.

Ya en la salida, y viendo que no hay ni un solo autobús porque se conoce que salen a la par que el tren, pero como nos hemos enrollado tantísimo ya no están, negociamos un taxi que nos lleva al centro de la ciudad por 25 yuanes. Se tarda como 20 minutos.

Una comida diferente

Como es justo la hora de comer, y sospechamos que dentro de la zona turística va a ser caro, nos damos una vuelta por los alrededores para ver si vemos algo de comer. Y no parece que haya mucha oferta hasta que vemos que, en lo que parece un garaje, hay dos señoras sentadas en una mesas que parecen preparadas para recibir comensales.

Preguntamos con nuestro inseparable traductor de Alipay y las señoras nos dicen que sí, que nos sentemos. Eso hacemos, porque esto nos recuerda muchísimo al que fue nuestro sitio preferido de Nepal. El proceso es el que sigue: nosotros señalamos los ingredientes que queremos y la señora improvisa un plato, como si esto fuera Masterchef. Señalamos cosas al azar, porque tampoco tenemos claro qué es qué, pero entendemos que noodles y verduras difícilmente pueden fallarnos. Y acertamos de lleno. Nuestro menú consiste en dos sopas de algo que parecen judías verdes pero que resultan ser pasta, dos platos de noodles fritos con huevo y un plato de patatas fritas con soja. Todo delicioso y por tan solo 45 yuanes en total.

Furong

Sacamos la entrada para Furong, que al contrario de Fenghuang, cobran para acceder al pueblo. Son 108 yuanes y, curiosamente, en la taquilla tienen baños, duchas, agua potable y taquillas para el equipaje. Interesante dato.

Hace bastante calor y mucho sol, sumado a que hay poca sombra. Es lo que hay. El pueblo es una locura, es como una especie de parque temático pero con casas, en las que dudamos que viva alguien, y con una cascada preciosa en el centro. Nos dicen que lo construyeron el año pasado y nos lo creemos. Es más, nos dicen que es de cartón piedra y nos lo creemos. Esto es un poco como Puy de Fou.

Un poco de historia

Pero no, claro, es totalmente real. Si Fenghuang era la ciudad del Fénix, Furong es la ciudad del hibisco. Originalmente llamada Youyang y aldea de Wangcun, se encuentra en el condado de Yongshun de la Prefectura Autónoma Tujia y Miao del Oeste de Hunan, con una historia que abarca más de dos mil años.

Durante el período de Primavera y Otoño y el período de los Reinos Combatientes, sirvió como un pequeño muelle. En las dinastías Qin y Han, se desarrolló como mercado, y durante la dinastía Han Occidental, fue designada como condado de Youyang, de ahí el nombre Youyang.

Establecido como la capital del condado de Youyang por el Rey Tusi antes de 910 d.C., luego fue renombrado como aldea de Wangcun, convirtiéndose en la dinastía étnica minoritaria más longeva en la historia china. En 968 d.C., el gobernante abandonó la aldea de Wangcun, trasladando la capital a otro lugar. A partir de entonces, la aldea de Wangcun permaneció oscura en la tierra del oeste de Hunan durante siglos.

No fue hasta la década de 1980 cuando un director chino adaptó la renombrada novela “Hibiscus Town” de Gu Hua en una película, rodada en la aldea de Wangcun, que la ciudad obtuvo un reconocimiento generalizado. En 2007, inspirada por el éxito de la película, la aldea de Wangcun adoptó oficialmente el nombre “Ciudad de Furong” (Furong significa Hibisco en pinyin chino), reemplazando su nombre original.

La cascada de Furong

El pueblo está estructurado para que hagas una ruta circular, pudiendo verlo desde el frontal y también teniendo la opción de bajar hasta la parte baja de la cascada. Es bastante intuitivo y diríamos que el recorrido puede llevar fácilmente, con paradas para fotos y demás, unas dos horas. Nosotros tardamos algo más porque repetimos varios miradores y porque, bueno, somos bastante pesados con las fotos.

En un restaurante vemos a un grupo de camareros haciendo una especie de bolas verdes. Tiramos algunas fotos y una de las cocineras, al vernos, nos mete dentro para enseñarnos la cocina y todas las bolas verdes que han preparado. Luego nos lleva a la terraza para que hagamos una foto de la cascada desde ahí, y la verdad es que tienen unas vistas tremendas. Si nos quedáramos más tiempo, cenaríamos seguro aquí… aunque no sé qué pediríamos, porque tienen tortugas en el acuario de “la cena”. Esta gente no tiene límites xD

Bajamos hasta un templo que está precioso porque lo tienen todo lleno de farolillos naranjas con forma de calabaza. La verdad es que es un espectáculo como cuidan aquí la iluminación. No nos vamos a poder quedar a ver la ciudad en todo su esplendor nocturno, pero sí el atardecer y el encendido de luces. Para ello, elegimos el que ha sido nuestro mirador preferido: el que permite ver el pueblo de frente, con la cascada en el centro.

Viajeros al tren

Hemos quedado por Wechat con el chico que nos ha traido en taxi para que nos lleve de regreso a la estación. Nos hubiera gustado volver más tarde, dado que hay trenes hasta las 21:30, pero la tienda de las mochilas cierra a las 20:00, así que no podemos arriesgar.

Cogemos el tren de las 20:11 a Zhangjiajie, que tarda unos 20 minutos en llegar. Y, al bajarnos, comprobamos que está lloviendo una barbaridad. Un poco desubicados, porque pensábamos coger el autobús, bajamos hasta la zona del parking donde está el Didi point y pedimos un taxi. No tenemos necesidad de calarnos, y menos aún llevando todo el equipaje encima.

El primer Didi nos cancela, no sabemos por qué, pero tardamos dos segundos en tener otro. Está muy bien la aplicación porque tiene traductor simultáneo y permite enviar fotos, con lo que ubicarte y ubicar al conductor es sencillo. El coche que nos recoge es eléctrico, como todos los taxis en los que nos hemos subido en este viaje y la mayoría de coches que vemos por la calle. Hay un montón de marcas chinas de vehículos y tienen todos una pinta espectacular.

De camino, podemos comprobar que Zhangjiajie dista mucho de ser el pueblecito que habíamos imaginado. Es, más bien, una ciudad enorme. De hecho, nos recuerda ligeramente a Las Vegas, con luces de neón y hoteles inmensos por todas partes.  Nos cuesta un poco encontrar el alojamiento, porque los hoteles chinos tienen la manía de poner un nombre occidental en la web de reservas y luego allí solo la señal en chino, lo cuál a nosotros nos vuelve locos. Es un poco problemático también que los chinos quieran ser tan amables que nunca te digan que no saben algo. Preguntamos a unos camareros por el hotel y nos indican en sentido contrario. Pero maps.me nos reorienta y finalmente lo localizamos.

Hablan cero inglés, pero por suerte la hija del dueño está por ahí y nos agrega a Wechat, que tiene un traductor simultáneo, con el que nos va traduciendo y explicando cosas. Muy maja ella, la verdad.

Ya ubicados y con las maletas a salvo de la lluvia en la habitación, bajamos a cenar a un puesto de barbacoa que vemos en la calle. Justo a dejado de llover, así que aprovechamos. Básicamente eliges lo que quieres de todo lo que tienen y te lo ponen en la parrilla. Hay muchas cosas, entre ellas gusanos y grillos, pero nosotros preferimos  no arriesgar y nos vamos a por las verduras (setas, champiñones) y a lo que creemos claramente que es pollo. Hay una tiendecita cercana en la que cogemos algunas cosillas para llevar mañana al parque a modo de snack, por lo que nos podamos encontrar. Luego nos damos una ducha calentita y nos vamos a dormir.

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