Kilimanjaro y Arusha (2)
Kilimanjaro y Arusha (2)

Kilimanjaro y Arusha (2)

 

Pasamos la mañana durmiendo en el Transit Motel Airport, lo único que encontré que estuviera cerca del aeropuerto. Concretamente a 5 minutos, separados de la terminal por una caótica carretera y un caminito de tierra. Cuando nos despertamos, salimos a ver el barrio. No sabría explicar cómo son las barriadas de aquí. Caminos de tierra rojiza, tiendas que parecen chabolas enrejadas, gallinas sueltas por la calle, caos circulatorio… hay que verlo. Buscamos alguna tienda donde comprar, pero no aceptan dólares y nosotros aún no tenemos shillings. Obviamente, tampoco aceptan tarjeta de crédito. Dudo que aquí tengan conexión a Internet.

Salimos hacia el aeropuerto dos horas antes de nuestro vuelo. Queremos preguntar por la maleta de nuevo y cambiar algo de moneda, ya que hemos comprobado que con los dólares no va a ser suficiente. Al preguntar por la maleta, una mujer nos guía a través de un pasillo a la sala donde estuvimos ayer. Nos dicen que la maleta llegará en el vuelo de esta noche y que lo único que pueden hacer es enviármela al aeropuerto de Arusha.

Una vez resignada a pasar los próximos cinco días sin equipaje, hacemos el check in. Volamos con Fastjet, la aerolínea de bajo coste de aquí. Tuvimos suerte y conseguimos una oferta de 2×1 al comprar el vuelo, así que nos ha salido bastante bien. Los aviones son sorprendentemente nuevos y espaciosos y el vuelo transcurre sin incidentes.

Aterrizamos en Kilimanjaro pasadas las tres de la tarde. Es un aeropuerto pequeño, tanto que sorprende leer el letrero de Internacional en su fachada. Entiendo que debe esta suerte más a su ubicación estratégica que a sus capacidades. n cualquier caso, cogemos un shuttle a la salida. Son mini autobuses que proporciona la compañía aérea y conectan el aeropuerto con Moshi y Arusha por 10.000 shellings,unos 5$ al cambio. Elena lo ha organizado todo para que nos reservaran una plaza, y se agradece porque se llena enseguida.

El trayecto hasta Arusha es de aproximadamente una hora. Por el camino permanezco atenta a la información que me proporciona la ventanilla del vehículo. La vida es África es distinta. La gente se apiña en los laterales de las carreteras, concentraciones de personas haciendo nada. Construcciones funcionales de ladrillo que sirven indistintamente como viviendas o tiendas, muchas motocicletas, mujeres trabajando el campo, hombres tirados al sol, niños jugando. Más tarde me dirán que las mujeres tanzanas son las que mueven el país. Eso parece. Las veo cargar cestas en la cabeza en un ejercicio de equilibrio imposible y me maravillo, muchas llevan a sus hijos colgando además, como si nada fuera demasiado para ellas. Parecen sumamente fuertes y, probablemente, lo sean.

Llegamos a Arusha. La ciudad se distingue porque las calles están asfaltadas, al menos en la parte central de la ciudad. Las edificaciones siguen sin mantener orden alguno y todo parece contener un caos únicamente descifrable por los locales. Skadi -el novio de Elena- y Álex -un veinteañero catalán que ha venido a buscarse la vida a Tanzania-, nos reciben. Cogemos un taxi hasta Lengo, el hostal que gestionan entre todos. Uno de los problemas de aquí es que no existen las direcciones, al menos no como las conocemos nosotros. Aquí te dicen el sitio al que vas y la zona en la que estás, esa es toda la referencia que necesitan. Por el camino se muestran verdaderamente sorprendidos por la poca gente que hay en la calle. A mí no me parece tan poca gente, pero nos aseguran que normalmente las calles están abarrotadas. Hoy es día de elecciones y la gente de está limitando a ir a votar y volver a casa. El gobierno ha prohibido las concentraciones de gente y se han programado cortes de agua y luz para todo el día. La gente tiene miedo.

Una vez instalados en el hostal vamos a hacer algunas compras. Necesito ropa interior y algunas cosas de aseo para los próximos días, así que hablamos con Bakari, el chico que nos ha organizado el safari para que nos acompañe. Nos cuesta encontrar tiendas abiertas, pero al final consigo hacerme con un par de cosas. También aprovechamos para recargar la tarjeta SIM que nos prestaron. Es curioso como todo está repleto de anuncios de Airtel y Vodacom, las compañías telefónicas de aquí. En las tiendas venden unas tarjetas de rascar que por 1000 o 2000 tzs te proporcionan llamadas y conexión de datos para una semana. Sorprende que estén tan enganchados al teléfono móvil, pero así es.

Regresamos al hostal tras cruzarnos con un grupo de chavales algo alborotados en un bar y otros que han lanzado algo que ha sonado como una botella de cristal a la calle. Bakari nos cuenta que posiblemente vayan borrachos o incluso drogados. Aquí las elecciones se viven como una fiesta y se desfasa mucho, por eso el control radical por parte del gobierno. Además, al parecer es la primer vez que hay más de un partido con posibilidades de conseguir el poder, de hecho, es la apuesta segura de Bakari y Skadi.

 

Ya en Lengo llegan más malas noticias: no hay agua. Por suerte hay luz y un depósito de agua fuera con el que, ayudados por cubos, podemos ducharnos, eso sí, con agua fría. Nos comentan que los cortes son frecuentes, más aún en estos días tan agitados. Siento que África está resultando algo hostil, parece que nada pudiera salir bien aquí, pero nos resignamos y nos damos una ducha como buenamente podemos.

Al salir, Álex me presta algo de ropa de Elena y un par de chaquetas suyas. Como pasaremos aquí la última noche antes de partir hacia Zanzibar podré devolvérsela. Luego cenamos un delicioso arroz con verduras y carne que se llama pilau. Al parecer aquí es costumbre cocinar en grandes cantidades y comer lo mismo hasta que se acabe. Álex nos explica que se debe a la poca fiabilidad de la electricidad, cuando pueden cocinar tienen que aprovechar. Además, confiesa que resulta algo cansado comer lo mismo siempre, pero que la comida está buena.

Charlamos un rato después de la cena, aunque no aguantamos mucho. Agotados, nos vamos a dormir pronto. Mañana nos recogen a las 7 de la mañana para empezar el safari.

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