Diario de Canarias (1): La isla bonita

 

El viaje empieza movido: Después de dos días de retraso a causa del temporal Filomena (que, aunque nos ha quitado dos días en Canarias, nos ha regalado una preciosa estampa de Madrid cubierta de nieve) llegamos al aeropuerto de Tenerife Norte con retraso también en el vuelo. No pasaría nada si no fuera porque tenemos que coger nuestro coche de alquiler, conducir hasta el puerto de Los Cristianos y de ahí coger un ferry a La Palma, el último ferry del día. Y todo esto en tan solo una hora y poco.

Pero lo cierto es que si en algo somos expertos nosotros es en conseguir imposibles: logramos llegar al puerto con tres minutos de margen. Compramos los billetes a la carrera y subimos al barco nuestro cochecito, un Fiat 500 que será nuestro compañero de aventuras durante estas casi tres semanas. Según entramos se empiezan a cerrar las compuertas y ponemos rumbo a la maravillosa La Palma.

La Cumbrecita

Nos levantamos con la sorpresa de que, justo bajo nuestra ventana, tenemos un enorme palmeral. Es lo que tiene llegar de noche a los sitios, que no sabes dónde estás hasta que sale el sol. Anoche nos atravesamos la isla de este a oeste -puerto de montaña y curvas incluidas- para levantarnos en Los Llanos de Ariadne.

Después de desayunar unos plátanos -cortesía de nuestro anfitrión- nos ponemos rumbo al mirador de la Cumbrecita. Lo tenemos reservado a primera hora, así que no perdemos el tiempo. La verdad es que no podríamos haber elegido mejor toma de contacto con La Palma: el mirador es espectacular y, además, al encontrar las cumbres cubiertas de niebla el efecto visual es sobrecogedor.

Para subir a este mirador es necesario reservar una plaza de parking, el proceso es totalmente gratuito.

Decidimos hacer la ruta de los miradores, que nos lleva aproximadamente una hora -parando a hacer muuuchas fotografías, sobre todo con el macro- y que nos encanta. Es un sendero bien marcado, sin ninguna dificultad y que únicamente cuenta con una pequeña cuesta al final. Desde luego, muy recomendable.

Barrancos, helechos y laurisilva

Tras esta pequeña ruta, llega el primer disgusto que nos da la isla: el acceso a Marcos y Cordero está cerrado por peligro de desprendimiento a causa del temporal. Así que nos vamos directos hacia la cascada de los Tilos que, para nuestra desgracia, está seca. Han desviado el agua temporalmente al pueblo, para aprovechar todo lo que ha llovido estos días. Empezamos bien…

Por suerte el lugar es una maravilla, con o sin agua y disfrutamos mucho de paseo. Al acabar vamos a comer al restaurante que hay cerca, donde estamos solos, y probamos varios platos canarios: papas con mojo, queso asado, ñame y gofio, una especie de harina hecha con cereales tostados, normalmente maíz o trigo, que ya elaboraban los aborígenes canarios antes de la llegada de los españoles.

Tras la comida nos vamos caminando hasta el mirador del Espigón Atravesado, el único del parque que está abierto, ya que el resto permanecen cerrados por riesgo de desprendimiento. El lugar es una absoluta maravilla, imposible de capturar en imágenes. Nos quedamos alucinados con lo espectacular que es y con la suerte que tenemos de poder disfrutarlo completamente solos y en silencio. El paraje es increíble, los bosques de laurisilva tienen algo mágico.

Tras el atardecer, nos vamos hacia el Charco Azul y de ahí hasta el mirador del Salto del Enamorado. Tenemos intención de buscar algún sitio donde hacer fotografías nocturnas, pero está todo tremendamente nublado, así que nos quedamos con las ganas. Una pena porque La Palma tiene uno de los mejores cielos de Europa y estamos deseando tirar fotos aquí.  Ya agotados, regresamos a los Llanos de Ariadne, donde nos estamos alojando.