Piratas, playas y telescopios (2)
Piratas, playas y telescopios (2)

Piratas, playas y telescopios (2)

 

Empezamos nuestro segundo día en la isla (el tercero si contamos el de llegada) desplazándonos hasta un sitio del que nos han hablado un par de personas y que tenemos bastantes ganas de conocer: Poris de la Candelaria.

La cueva de los piratas

Lo primero es lo primero. Las referencias y todas las fotos que hemos visto son espectaculares, pero nadie cuenta que, antes de quedarte embobado con la cueva, hay que llegar hasta allí. Y tiene su miga: no es que esté mal el camino, pero la cuesta que hay que bajar es una cosa exageradísima y nuestro cochecito va sufriendo, la verdad. Aunque tenemos que decir que es casi peor la bajada que la subida. Por suerte, nosotros no nos cruzamos con nadie ni en un sentido ni en otro (hacer ese trayecto teniendo que dejar pasar a otros, sin apenas apartaderos debe ser un suplicio…)

Y, aunque nos cuesta llegar, la verdad es que el sitio nos compensa desde el primer segundo.  Poris es un lugar curiosísimo… un pueblecito de pescadores construido en el interior de una cueva a escasos metros del mar. Vamos, tan escasos como que las olas rompen prácticamente en la puerta de las viviendas, que además están -en su mayoría- construidas como casas cueva. Espectacular.

Además, se dice que en esta cueva dejaban sus tesoros los piratas que frecuentaban las costas canarias… y no sabemos hasta que punto es verdad, pero nos parece un sitio ideal, desde luego. Ahora las casas que se ven son residencias veraniegas de los lugareños, el lugar donde acuden a refugiarse del calor.

El sitio, desde luego, inspira una tranquilidad absoluta. Nosotros nos lo encontramos sin gente, así que la experiencia es aún mejor. Nos tiramos nuestro tiempo haciendo largas exposiciones y después regresamos al aparcamiento para seguir la ruta.

Playas volcánicas

Nuestra siguiente parada es la playa de Tazacorte, una playa de arena negra volcánica que no nos sorprende porque sea inusualmente bonita, sino por lo bien preparada que la tienen y lo limpia que está. Es triste decir esto, lo sabemos, pero cuesta ver playas tan limpias y cuidadas en sitios turísticos.

Nos ponemos rumbo al norte y aprovechamos para pasar por el Charco Verde, otra playa de origen volcánico y arena negra que nos deja con la intriga de por qué se llamará así.. desde luego nosotros no vemos ningún charco verde por allí.

Recibimos un mensaje de Benjamín, el chico que nos alquila el apartamento. Es también aficionado a la fotografía y nos comenta que subirá por la tarde al Roque de los Muchachos a hacer algunas fotografías nocturnas. Nos encanta el plan y apuntamos de inmediato, con lo que paramos a a comer en un restaurante cercano, algo de pescado fresco y la famosa tarta Príncipe Alberto, muy popular en la isla y muy rica, todo sea dicho.

A las 3 nos está esperando Benjamín en el apartamento, así que salimos para el Roque. Hay que decir que desplazarse por La Palma está siendo más complejo de lo que esperábamos: es verdad que las distancias son cortas, pero prácticamente para ir a cualquier sitio hay que atravesar carreteras de montaña y, claro, eso hace que se tarde un montón en realizar cualquier trayecto.

El roque de los muchachos

El acceso al Roque está cortado hoy por la nevada, solo es posible llegar hasta la residencia de los científicos… al menos en coche, el resto del trayecto se puede hacer a pie y así lo hacemos.

Aquí hay más gente de la que venimos viendo por la isla, muchos son palmeros que han venido a jugar con la nieve, algo no muy frecuente aquí. Nosotros venimos un poco hartos de nieve de Madrid, después de temporal Filomena hemos tenido nevada para una temporada.

 

Llegamos hasta arriba del todo, desde donde disfrutamos de un atardecer espectacular. Es una pasada este lugar nevado, con la niebla entrando en el valle… eso sí, hace un frío horroroso y un aire que te tumba si te descuidas.  Cuando ya anochece, bajamos hacia el coche dispuestos a prepararnos para las fotografías nocturnas.

Pero las nubes comienzan a subir y, cuando queremos darnos cuenta, estamos rodeados de niebla. Se nos fastidiaron las fotografías nocturnas hoy también, así que decidimos ir a cenar a los Llanos. Pero se nos ha hecho tarde y, cuando queremos llegar, ya no hay nada abierto, así que nos toca despedirnos de Benjamín e irnos a casa a cenar.