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Milford Sound con bebé: crucero, cascadas y la carretera más espectacular de Nueva Zelanda (Días 16 y 17)

Milford Sound lleva décadas encabezando las listas de los lugares más espectaculares del mundo. Rudyard Kipling lo llamó «la octava maravilla del mundo». Nosotros llegamos habiendo estado hace poco en los fiordos de Noruega, con bebé de diez meses y con los sandflies todavía en la memoria. Lo que encontramos superó algunas expectativas y quedó por debajo de otras. Os lo contamos tal como fue.

Día 16: Arrowtown, Mossburn y la estrategia del alojamiento

Crown Range Summit: el paso más alto de Nueva Zelanda

Dejamos la casita y salimos hacia el sur por el Crown Range Road, el paso de montaña que conecta Wanaka con Queenstown y que a 1.076 metros es el paso pavimentado más alto de Nueva Zelanda. La carretera sube por curvas cerradas entre nubes y sale encima de ellas: el paisaje desde arriba, con el valle de Wanaka a un lado y el de Queenstown al otro, es de los más bonitos de la ruta.

Arrowtown: el Oeste americano y la fiebre del oro

Bajamos hacia Arrowtown, un pueblo que vivió su momento de gloria durante la fiebre del oro de los años 1860. El oro apareció en el río Arrow en 1862 y en cuestión de meses llegaron miles de buscadores de fortuna de todo el mundo: europeos, americanos y, en número significativo, chinos.

Eso nos lleva directamente al rincón más curioso del pueblo: el asentamiento chino de la fiebre del oro, conservado junto al río. Las cabañas en las que vivían los trabajadores chinos son pequeñas, oscuras y miserables comparadas con las del resto del campamento. La historia es incómoda: los mineros chinos sufrieron discriminación legal y social sistemática —se les prohibía acceder a las mejores concesiones de oro, se les cobraban impuestos especiales y estaban segregados del resto de la comunidad—, pero resistieron y dejaron una comunidad estable en la región que duró décadas.

La calle principal de Arrowtown parece sacada de una película del Oeste: fachadas de madera pintada, galerías cubiertas, tiendas de antigüedades y cafeterías con nombre evocador. Hay una boda china en el parque central —tercera boda china del viaje, récord personal—. Comemos los famosos pies del pueblo y compramos repelente y crema para las picaduras de sandfly, que a estas alturas están hinchadas e irritadas.

Seguimos por carreteras que atraviesan granjas con ovejas y ciervos hasta Mossburn, un pueblo que no tiene prácticamente nada salvo una gasolinera, un hotel y un precio de alojamiento cuatro veces más bajo que en Te Anau. Esa es exactamente la razón por la que estamos aquí: para hacer el Milford Sound mañana sin pagar una fortuna en alojamiento.

Recogemos las llaves en el hotel de enfrente. Está prohibido cocinar en la habitación. Ponemos lavadora y secadora gratis. Una de las mejores noches del viaje desde el punto de vista logístico.

Día 17: El día del Milford Sound

La carretera: mejor que el fiordo

Nos levantamos pronto. Amanece nublado. La empresa del crucero nos ha enviado un email avisando de que hay obras en la carretera y que salgamos con tiempo. Hacemos caso.

La carretera de Te Anau a Milford Sound —la SH94— tiene fama propia y merecida. Son 120 kilómetros que recorren cuatro ecosistemas diferentes en menos de dos horas: la llanura abierta del valle Eglinton, el bosque templado, la alta montaña con el Homer Tunnel y la bajada al fiordo. No es una carretera para ir rápido: es una carretera para detenerse en cada parking señalizado.

Paramos en el mirador del valle Eglinton: un valle ancho y amarillo de tussock rodeado de montañas que se elevan verticalmente desde el suelo llano. Se nos posan unos keas en el coche. El kea es el único loro alpino del mundo, endémico de la Isla Sur, famoso por su inteligencia y por su afición a arrancar los limpiaparabrisas y las gomas de los coches. Nos quedamos muy quietos.

Mirror Lakes: a dos minutos del parking, un conjunto de pequeñas lagunas que en días sin viento reflejan las montañas con una precisión de espejo. Hay mucha gente. El repelente, bien aplicado, funciona.

Pop’s View Lookout, Christie Falls, Monkey Creek: cada parada añade una capa al paisaje. El tramo de Monkey Creek especialmente —cascadas entre selva densa con montaña nevada al fondo— tiene algo de Costa Rica mezclado con los Alpes. El día va abriéndose.

El Homer Tunnel, excavado a mano por trabajadores desempleados durante la Gran Depresión entre 1935 y 1953, atraviesa la montaña en 1,2 kilómetros de oscuridad total, sin luz artificial, con el suelo irregular y el agua goteando desde el techo. Al otro lado, el mundo cambia de golpe: la vegetación se vuelve subtropical, la temperatura baja y el fiordo empieza a asomarse entre los árboles.

El crucero por Milford Sound

Llegamos al aparcamiento gratuito, a diez minutos andando del embarcadero por un sendero selvático. No entendemos por qué la gente paga el parking de pago, que cuesta más y está igual de lejos.

Milford Sound no es técnicamente un fiordo: es un sound, que en geología costera designa una ensenada formada por la erosión de un río, no de un glaciar. El nombre correcto sería Piopiotahi en maorí, aunque la confusión con «fiordo» viene de que tiene el aspecto y la formación de uno. Los fiordos reales de Nueva Zelanda están más al sur, en el Parque Nacional de Fiordland.

El crucero dura dos horas. Mucho sol. Las paredes del fiordo —1.600 metros de roca vertical cubierta de vegetación— caen directamente al agua. Las cascadas son lo mejor: varias de más de cien metros de caída libre, algunas permanentes y otras temporales que aparecen solo cuando llueve. La Stirling Falls y la Lady Bowen Falls son las más impresionantes y el barco se acerca lo suficiente para mojar a quien esté en cubierta.

Habiendo estado en los fiordos de Noruega, la comparación es inevitable. Milford tiene más vegetación, más cascadas y una escala más íntima. Los fiordos noruegos tienen una inmensidad y una luz diferente. Son experiencias distintas y complementarias, no comparables.

Lo que sí es comparable: la cantidad de gente mirando el móvil en cubierta en vez de mirar el fiordo. Fenómeno universal, aparentemente.

El Chasm y Marian Falls: las joyas del camino de vuelta

Volvemos despacio, parando en las rutas que por la mañana habíamos dejado para la vuelta. El Chasm es una ruta corta —veinte minutos de ida y vuelta— que llega hasta una serie de pozas y cascadas excavadas en la roca por el río Cleddau. El camino es de los más bonitos que hemos hecho en Nueva Zelanda: puentes, pasarelas y puntos de vista sobre el agua en distintas alturas. Un puente colgante lleva años cortado por un movimiento de tierra.

Marian Falls es la revelación del día. La ruta sube hasta las cascadas por un sendero de bosque templado que tiene algo de cuento: helechos arborescentes de cinco metros, musgo en cada piedra y ese silencio verde que solo existe en los bosques muy húmedos. Las cascadas son altas y se ven de muy cerca. Empezamos a ver insectos al final y decidimos no subir hasta el lago de arriba para no quedarnos de noche en la carretera.

El atardecer que supera al fiordo

Te Anau está colapsado de turistas —no hay habitación libre en ningún hotel— y los restaurantes están llenos. Compramos algo en el supermercado y cenamos en el coche mientras el cielo hace lo que no hizo el fiordo: un atardecer de naranja, rosa y lila que tiñe las nubes sobre el lago Te Anau de una manera que no habíamos visto igual en todo el viaje. Uno de los más bonitos que recordamos. Y lo vemos desde el arcén de la carretera, comiendo sándwiches.

A veces los mejores momentos de viaje ocurren exactamente cuando no están programados.

Llegamos tarde a Mossburn. Contentos. Y hemos perdido ropa de la peque en algún punto del día. Ley del viaje largo.


Útiles para organizar tu visita al Milford Sound

🎟️ Crucero: hay muchos operadores con precios muy diferentes. Reservad con antelación en temporada alta. Nosotros comparamos a través de Civitatis y GetYourGuide antes de decidir. El crucero de mediodía suele tener menos gente que el de primera hora. 🏨 Alojamiento: Te Anau es la base más práctica pero cara. Mossburn, a 45 minutos, cuatro veces más barato. Para buscar opciones, Booking. 🚗 Coche de alquiler: el Homer Tunnel no tiene luz. Con lluvia, la carretera puede tener piedras sueltas. Cobertura completa recomendable. Comparamos con DiscoverCars. 🛡️ Seguro de viaje: zona muy remota. Viajamos con Heymondo, cobertura familiar.

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