Ammán, la Capital del Pueblo (2)
Ammán, la Capital del Pueblo (2)

Ammán, la Capital del Pueblo (2)

 

Amman amaneces pronto, pero tanto nosotros como los jordanos nos lo tomamos con calma para salir de la cama: Nos levantamos a eso de las nueve y bajamos por la calle principal hacia el centro. Nos han dicho que es mejor cambiar que sacar dinero, ya que los cajeros cobran una comisión bastante elevada, así que vamos comprobando las casas de cambio hasta encontrar una en la que hacen bastante buen cambio (75 dinares por 100 euros), donde cambiamos.

Ya con nuestros dinares, compramos un café en una tiendecita de la calle y descubrimos que tiene cardamomo,a algo que al parecer es típico del café jordano. Además, compramos un bollito de queso que está muy bueno.

 

Recorriendo la ciudad

Llegamos justos al free tour, que empieza a las 10. El punto de quedada es un hotel, concretamente en la aztea, que tiene unas magníficas vistas de toda la ciudad. El guía, Mujallie, es de los mejores que hemos tenido, nos gusta mucho su manera de contar las cosas. Empieza resumiendo la historia de Jordania, y de Amán en particular, y nos va contando muchas curiosidades sobre el país. Después, nos lleva por todo el mercado probando distintas cosas, tanto dulces como de especias, con las correspondientes explicaciones.

Ciertamente Amán -la “Capital del Ammon” o, en cananeo, la “Capital del Pueblo”- no es una ciudad con muchos monumentos o cosas que ver,  pero sí que tenemos la suerte de poder entrar ,gracias a una propina que da al guardia, a unos baños romanos que están cerrados. Además, visitamos la mezquita que hay en medio de la ciudad, que no es que sea especialmente bonita, todo sea dicho. Casi que lo mejor es que nos prestan unos pañuelos jordanos en un puestecito cercano y Mujallie nos los coloca.

Lo que sí que tiene Amman es historia. Se han encontrado evidencias de que ha estado ocupada desde el neolítico, lo que hace de esta ciudad una de las más antiguas del mundo. Aquí también nacieron tres de las grandes religiones monoteístas que conocemos: judaísmo, cristianismo e islam. Es una ciudad que está muy viva, ajetreada, dinámica, ruidosa, caótica. La mayoría de su población es refugiada, principalmente palestinos, cosa que se puede apreciar con bastante facilidad. No es una ciudad bonita, pero sí que tiene algo magnético, algo que hace disfrutar de pasear por sus calles.

Terminamos el tour a la una y media, con la sensación de conocer mucho mejor la cultura jordana y de haber disfrutado de uno de los mejores free tours que hemos tenido. Nos vamos a comer directamente a un sitio que nos ha recomendado, para probar el shawarma típico del país, por un total de 7 dinares. Después vamos a  conseguir nuestra tarjeta SIM, pero de camino nos encontramos con una cola inmensa de personas que, por lo que vemos, entran en una pastelería y salen con algo que tiene pinta de estar muy rico. Así que a la cola de Habibi Sweets nos ponemos para hacernos con nuestro kunafe, que es como se llama el pastel misterioso. Y comprobamos que la cola está completamente justificada.

La ciudadela

Ya con nuestra tarjeta SIM, vamos de camino hacia la ciudadela, un auténtico museo al aire libre en la ciudad, de la que se dice que ha estado habitada más de 7000 años.  Mientras subimos, un coche se para para saludarnos y darnos la bienvenida a Jordania, algo que por otro lado no es la primera vez que nos pasa. Es bastante frecuente que te paren y te pregunten de dónde eres para, a continuación, decirte “welcome to Jordan”. Los chicos del coche nos ofrecen además unos dulces.

La ciudadela no tiene demasiado restos, más allá del templo de Hércules, algunas columnas sueltas, y una mezquita… pero los miradores dan una visión 360 grados de toda la ciudad, que es inmensa pero no especialmente bonita. Lo mejor es casi el contraste entre las ruinas y los edificios de Amán, bastante llamativo. La gente aquí está muy relajada, y parece que ha venido a pasar el día, hay gente haciendo picnic, muchos niños y algunos de ellos nos piden fotos.

El teatro romano

Bajamos hacia el teatro romano y el Odeón, pero descubrimos que han cerrado antes de lo que ponía en Internet. Mientras que estamos sentados en la plaza de Hashemita, que está enfrente, vemos que un grupo de personas entra de repente en el teatro, así que aprovechamos y nos mezclamos con ellos.

La verdad es que está muy bien conservado, sobre todo para datar del siglo II, aunque nos horroriza ver que la gente está comiendo,  subiéndose a todas las piedras y, en definitiva, pasando por allí sin ningún tipo de respeto. Nos ha pasado igual en la ciudadela. El guardia intenta echar a la gente porque quiere cerrar, pero tarda más de veinticinco minutos en conseguir que todo el mundo salga porque la gente no hace ni caso, siguen haciéndose selfies como si tal cosa mientras el hombre, desesperado, les grita desde abajo que salgan de una vez. Y no es tarea fácil si uno piensa que este teatro llegó a albergar hasta 6.000 personas, vamos que tiene unas dimensiones considerables.

Nuestra siguiente parada es el mercado principal de Amman: Primero vamos a la zona de costura, donde compramos nuestros parches, para la mochila, imprescindibles en cada viaje. De ahí nos vamos a la zona de comida y compramos dátiles en dos tiendas distintas porque somos una gente muy adicta a los dátiles, sobre todo cuando  están tan increíbles como estos. Aparte, cogemos unos pancakes para desayunar mañana y unos pastelitos que hemos probado por la mañana y que están riquísimos, son como baklavas de galleta lotus, una cosa increíble de rica. También aprovechamos para comprar algo de agua, que nos ha costado ver en todo el día, y para cenar un jugo de caña, un zumo de aguacate y un montón de falafels que nos cuestan 50 céntimos. Cenamos sentados en una valla, viendo todo el movimiento y agitación que hay en la ciudad. Amman, como todas las ciudades árabes, cobra vida por la noche y es casi hipnótico.

Después nos dirigimos al hotel, que es más bien una casa de huéspedes que está muy bien, y tras de darnos una ducha nos vamos a la cama. Mañana nos tenemos que levantar pronto porque queremos estar en Jerash a las 8 de la mañana, cuando abren el recinto arqueológico.