Hace frío. Tres grados a las ocho de la mañana. Nos abrigamos bien y salimos rumbo a Suwon. Bus hasta City Hall y, desde allí, casi una hora de metro. El trayecto es largo, pero llevadero y relativamente directo. La peque se hace amiga de medio vagón; se mantiene de pie, agarrada a la barra, orgullosa y feliz. Corea tiene esto: la gente no invade, pero observa con curiosidad y una sonrisa discreta.
Suwon está a unos 30 kilómetros al sur de Seúl y es conocida, sobre todo, por su impresionante sistema defensivo: la Fortaleza de Hwaseong, Patrimonio de la Humanidad. Es una excursión bastante fácil desde Seúl, sobre todo porque no es un lugar masificado ni excesivamente turístico. Al menos por ahora.
La muralla de Hwaseong: orgullo de la dinastía Joseon
La muralla aparece de repente, sólida, bien conservada, con torreones, puertas monumentales y banderas ondeando al viento. Rodea casi por completo el centro histórico de la ciudad a lo largo de unos 6 kilómetros, y es uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar del siglo XVIII en Asia.
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Fue construida entre 1794 y 1796 por orden del rey Jeongjo, de la dinastía Joseon. Su intención no era solo defensiva: quería honrar a su padre, el príncipe Sado —una figura trágica de la historia coreana— trasladando su tumba a Suwon y construyendo una ciudad modelo alrededor. Hwaseong simboliza modernidad, racionalidad y un intento de reforma del Estado en un momento clave de Corea.
Por fuera, la muralla se abre a parques y zonas verdes; por dentro, casas bajas, vida cotidiana y una ciudad que no parece pensada para el visitante. Caminamos por el tramo de la colina de Paldalsan, atravesando un pequeño bosque. Hay poca gente, mucho silencio y una sensación de calma absoluta. Desde el mirador, la vista contrasta: una ciudad enorme, llena de rascacielos residenciales tipo colmena, extendiéndose hasta donde alcanza la vista.
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Puertas monumentales… y tráfico sin piedad
Bajamos hasta Paldamun, una de las puertas principales. Es bonita, robusta, perfectamente conservada… pero está plantada en medio de una rotonda con tráfico constante. No se puede acceder y no luce nada. Aquí se entiende rápido que Suwon no está preparada para el turismo: no hay grandes zonas peatonales ni un esfuerzo real por integrar su patrimonio en la experiencia del visitante.
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Seguimos caminando y el patrón se repite en Janganmun Gate, la puerta norte. Históricamente era la más importante, símbolo de la ciudad, pero hoy vuelve a quedar ahogada entre coches. Es una constante frustración del día: un patrimonio espectacular mal tratado por el urbanismo moderno.
Pollo frito en Suwon: de la decepción al festín
Paramos a comer en la famosa calle del pollo frito de Suwon, muy conocida a nivel nacional. La primera impresión es decepcionante: nada en inglés, locales poco claros, ambiente apagado. Todo parece peor de lo que esperas en las fotos.
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Finalmente entramos en Daebong Chicken Restaurant, y aquí sí hay sorpresa. El personal es amable, se defienden en inglés y las raciones son enormes: un pollo frito entero “normal”, media ración picante y otra de salsa de soja. Todo crujiente, sabroso y recién hecho.
Confirmamos algo que ya sospechábamos: Corea tiene un serio problema con las fotos de la comida. Todo parece pequeño y mediocre… y luego llega a la mesa el doble de grande y el triple de bueno.
El palacio temporal de Hwaseong: ver con otros ojos
Después de comer visitamos el palacio temporal de Hwaseong. No era la residencia habitual del rey; se utilizaba cuando Jeongjo viajaba a Suwon para visitar la tumba de su padre. A primera vista, resulta bastante menos espectacular que los palacios de Seúl.
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Pero entonces vemos el vídeo de la reconstrucción, y todo cambia.
El complejo fue completamente destruido durante la ocupación japonesa y reconstruido desde cero en el siglo XX siguiendo al detalle los archivos originales, planos y técnicas tradicionales. No es una “recreación libre”: es un trabajo de arqueología arquitectónica extremadamente riguroso. A partir de ese momento, lo miras con otros ojos. No impresiona por opulencia, sino por el esfuerzo colectivo de recuperar una memoria borrada.
Starfield Suwon: Corea contemporánea en estado puro
Cogemos bus hasta el Starfield Mall de Suwon. Nada más entrar, varias señoras rodean a la niña para hacerle cucamonas. Sonríen, le hablan, la celebran. Es una escena que se repite constantemente en Corea y que suaviza cualquier aspereza previa.
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El centro comercial alberga otra biblioteca espectacular, distinta a la de Seúl: aquí predominan formas más cuadradas, menos postureo y menos “instagramers”. Hay además una biblioteca específica para bebés y niños, luminosa, tranquila y muy bien pensada. La peque disfruta muchísimo. Nosotros también.
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Es un contraste perfecto con la mañana: de las murallas del siglo XVIII al corazón del consumo cultural coreano en cuestión de horas.
Volvemos a Seúl
Cogemos el metro de vuelta. Cansados, pero satisfechos. Después toca ducha y descanso.
Suwon no es una ciudad especialmente turística, pero es clave para entender Corea: la dinastía Joseon, el trauma de la ocupación japonesa, la obsesión por reconstruir lo perdido y la convivencia —a veces torpe— entre patrimonio e hiperurbanización. No es una excursión bonita sin más. Es una excursión que explica cosas.
Y por eso merece la pena.