Monte Fuji desde Tokio: niebla, lagos y una apuesta contra el clima (7)
Monte Fuji desde Tokio: niebla, lagos y una apuesta contra el clima (7)

Monte Fuji desde Tokio: niebla, lagos y una apuesta contra el clima (7)

Hoy ir a ver el Monte Fuji es una apuesta. Literalmente.
Solo se deja ver unos 80 días al año debido al microclima que lo rodea: nubes bajas, nieblas repentinas y cambios constantes. La previsión no es buena, pero ayer tampoco lo era… y aun así se vio bastante bien. Así que decidimos intentarlo.

Compramos el billete de autobús en taquilla (2.150 yenes) y cogemos el bus justo a tiempo, a las 9:26. El trayecto dura una hora y media. El conductor, muy atento, nos avisa cuando llegamos a nuestra parada… en medio de la autopista. La verdad es que, en perspectiva, posiblemente hubiera sido mejor coger algún transporte organizado, de los que hacen paradas en los distintos puntos turísticos de la ciudad. Nos hubiera evitado un paseo absurdo viendo carretera… pero mejor no hacemos espoiler.

Bajamos y el entorno es bastante feo y poco inspirador: carreteras, naves y ningún encanto. La pagoda Chureito está a unos 700 metros, y en el camino no hay prácticamente nadie. La mayoría de la gente llega en tren (más caro) o en excursiones organizadas.


Chureito: lo dejamos para después

En la zona de Chureito sí hay más gente, pero decidimos no subir todavía. Son unos 500 escalones y, según la previsión, el sol podría salir por la tarde. Preferimos reservar fuerzas y volver más adelante.

Nuestro siguiente objetivo es el lago Kawaguchiko, uno de los cinco lagos del Fuji. Como tenemos que hacer tiempo, decidimos ir andando.


Camino al lago: fábricas, carreteras… y arañas

El paseo dura algo más de una hora, atravesando fábricas, carreteras y zonas poco cuidadas. No está bien señalizado y no resulta especialmente agradable. Paramos en un FamilyMart a comprar unas patatitas para el camino.

Durante todo el trayecto hay arañas enormes, muchas y realmente grandes, colgadas en plantas y árboles. Llaman bastante la atención y no ayudan precisamente a que el paseo sea relajado.


Kawaguchiko sin Fuji

Llegamos al lago Kawaguchiko y nos encontramos con muchos turistas. El ambiente es claramente internacional. El problema es que sigue completamente nublado y la previsión, lejos de mejorar, empeora.

Decidimos ir a comer cerca de la estación, a Hōtō Fudō, un restaurante tradicional muy conocido en la zona.
Aquí probamos el plato típico local: el hōtō, servido en cazuelitas metálicas. Es una sopa espesa con fideos planos y gruesos, verduras de temporada y tofu. Reconfortante, contundente y muy rica.
Nos sentamos en el suelo, al estilo tradicional, y pagamos en efectivo, como casi todo hoy.


Paseo sin vistas y previsión definitiva

Después de comer volvemos a pasear por el lago. El entorno está bien, es tranquilo, pero sin el Fuji visible pierde gran parte de su magia. No hay vistas y el cielo sigue cerrado. La previsión ya es clara: el sol no va a salir.

Aun así, decidimos volver andando hacia Chureito. Sacamos más efectivo por el camino —otra constante del día— y llegamos a la base de la pagoda pasadas las 16:00.


Chureito al atardecer… sin Fuji

Subimos los escalones. Hay carteles avisando de la posible presencia de monos, aunque no vemos ninguno.
La pagoda Chureito está bien, pero resulta bastante moderna para lo icónica que es. Fue construida como monumento conmemorativo a los caídos japoneses en guerra, no como templo antiguo.

Todo sigue cubierto de nubes y niebla. El Fuji no aparece.
Un poco de pena, la verdad. Es uno de esos lugares que sabes que, con buen tiempo, debe ser espectacular… pero hoy no toca.

Empieza a anochecer.


Vuelta incierta y final con suerte

Bajamos a toda prisa hacia la parada del autobús, situada de nuevo en plena carretera. Allí hay unos mexicanos que ya tienen billete de vuelta. Vemos un cartel que indica que hay que reservar por web o teléfono, pero la parada no aparece claramente y todo es bastante confuso.

Si no tienes billete, depende de si hay sitio o no.
Llega el bus… y tenemos suerte. Pagamos en efectivo, subimos y en poco tiempo estamos de vuelta en Shinjuku. De ahí, al barrio.


Paseo nocturno: Corea, pachinko y Kabukicho

Ducha rápida y, como aún es pronto, salimos a dar un paseo. Pasamos por la zona coreana, llena de pachinkos, recreativos y casas de apuestas. Entramos en uno de baile y música que es simplemente alucinante.

Después nos acercamos a Kabukichō. Está lleno de gente, con un ambiente vibrante, luces por todas partes y filas de chicos y chicas disfrazados formando pasillos, mostrando carteles con precios de bares y locales. Todo muy intenso.

Con la imagen del Fuji que no fue y el contraste del Tokio nocturno, nos vamos a dormir.
Mañana será otro día… y Japón siempre da revancha.

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