Los pescadores de Yangshuo, Guilin y la noche de Fenghuang (4)
Los pescadores de Yangshuo, Guilin y la noche de Fenghuang (4)

Los pescadores de Yangshuo, Guilin y la noche de Fenghuang (4)

 

Después de una noche bastante animada en el ajetreado Yangshuo, nos volvemos a levantar bastante temprano porque, aunque no tenemos nada planificado, nos gusta aprovechar el tiempo cuando estamos de viaje.

La pesca con cormorán

Anoche nuestro amigo fotógrafo nos comentó que por la mañana suele haber pescadores de cormorán en el río, aunque nos advierte de que es posible que no veamos a ninguno porque suelen estar más bien en temporada alta, cuando hay más turismo. Aún así, nos bajamos a echar un vistazo.

No hay nadie, pero aún así el lugar está precioso, con las montañas de fondo y las barquitas vacías a la orilla. Nos quedamos un rato haciendo fotos cuando, de repente, aparece un pescador. O un modelo, según se mire, porque lleva un cartelito donde pone que se hace fotos por 10 yuanes.

Esta es un poco la realidad detrás de muchos fotones que se ven por Internet y no solo pasa aquí. Es posible que en el inicio sí que hubiera pescadores tradicionales que, casualmente, un fotógrafo captó con su cámara, pero lo cierto es que cuando estos pescadores empiezan a ver que les sale más a cuenta posar 5 minutos para una foto que salir a pescar, la cosa se “profesionaliza”. Y esto pasa exactamente igual en ciertas tribus africanas, donde sus habitantes se han habituado a posar para grupos de fotógrafos -profesionales y amateurs- a cambio de dinero o cualquier otra cosa. De hecho, no es raro ver agencias que ofertan este tipo de viajes.

¿Nos parece bien? ¿Nos parece mal? Lo cierto es que lo entendemos. Entendemos la necesidad y las “ganas” de tener un retrato así, y por supuesto también entendemos que estas personas entiendan que tienen que recibir una retribución por ello. Es capitalismo puro y duro. Nos da pena, y nos preocupan las implicaciones y repercursiones que puede tener, sobre todo en sociedades que no están habituadas al uso del dinero, por eso solemos evitarlo casi siempre y raramente vas a encontrar una fotografía pagada en nuestra página. Pero a veces, sobre todo si vemos claro que no va a suponer un impacto negativo, ¿por qué? Es un trabajo como otro cualquiera.

Así que hacemos las fotos que, pese a que la luz es bastante regulera, quedan muy bien. Por cierto, acabamos pagando más de lo que pide porque nos tiramos un buen rato y tampoco nos parece ético.

Un paseo por el parque

Después de la sesión de fotos, nos vamos al parque público de Yangshuo, que nos ha recomendado una chica española en el hotel. La verdad es que ha sido un acierto, porque el parque es una preciosidad y merece la pena verlo. Por lo bonito que es y por lo curioso que resulta que esté repleto de jubilados practicando distintas actividades. Por ejemplo, hay un grupo de mujeres practicando algo similar a zumba, pero con raquetas y una pelota. Es una locura ver cómo mantienen el equilibrio, resulta fascinante. También hay grupos haciendo taichi, lo que nos parece más normal. O practicando baile de salón, algo que se asemeja bastante a la salsa pero con música tradicional china, una combinación de lo más curiosa. Obviamente, también hay gente jugando a las cartas, aunque con una baraja diferente. Y personas haciendo una especie de coreografía guiada. No se aburren los jubilados aquí, está claro.

Cuando acabamos, volvemos al hotel a por las mochilas. El autobús nos recoge en la puerta, lo reservamos así porque nos costaba 10 yuanes más y nos preocupaba que pudiera llover, aunque finalmente hace un día muy bueno. Pero llevando la cámara y los objetivos, todo lo que podamos evitar de lluvia, mejor.

El bus tarda como una hora en llegar a Guilin, recorriendo unos paisajes espectaculares. No tanto como los que se ven desde el barco, pero preciosos igualmente.

 

Guilin express

Llegamos a Guilin bastante antes de lo que esperábamos, porque nos había dicho el del hotel que tardaba como dos horas y media, así que aprovechamos para ver algo de la ciudad. Cogemos un taxi desde la estación, que está al lado de hotel, hasta la estación de Rhong Shan.

Muy cerquita están las Pagodas del Sol y la Luna, ubicadas en un parque precioso y muy agradable de recorrer. Aquí también vemos princesas chinas, en plena sesión de fotos.

Aprovechamos para comer en un sitio que vemos con buena pinta. Básicamente elegimos ingredientes y nos los preparan en un cuenco de bambú, al vapor. Resulta estar increíble de rico, aunque no sabemos qué es la mitad de lo que hemos puesto. Aquí se come a la aventura, y lo mejor es que nos suele salir bien. Nos gusta ir a sitios que no tienen cartas y que parecen más orientados a gente local. Si tienen carta en inglés… malo.

Después de comer, nos vamos hasta la Roca del Elefante, pero hay que caminar bastante y vamos cortos de tiempo. Así que cogemos un Didi para volver a por las maletas al hotel y, de ahí, nos vamos a pie hasta la estación.

De camino nos encontramos con un chico iraní, que estaba alojado en nuestro hotel y que, curiosamente, va a coger nuestro mismo tren. Como somos dos apasionados de Irán, no tardamos en entablar una fluida conversación con él. Resulta sorprendente que haya viajado tanto, más de 30 países según nos cuenta, con lo complejo que es para los iraníes conseguir visados. Pero nos gusta la actitud de Mahmood, que nos cuenta que él siempre lo itenta y, si hay suerte y lo consigue, eso que gana. Por cierto, lo ha intentado un par de veces pero no ha conseguido aún visado para España. Esperamos que algún día. Qué poco conscientes somos a veces del enorme privilegio que supone tener uno de los pasaportes más poderosos del mundo. La llave de acceso a prácticamente todos los países de planeta en el bolsillo. Se nos pone la piel de gallina al pensarlo.

En el tren, por cierto, coincidimos también con otra pareja de españoles que estaban en nuestro hostal alojados. Es el hostal más español de China, está claro.

Llegada a Fenghuang

El trayecto en tren es de unas 6 horas aproximadamente, bastante cómodo. Se nos pasa volando, sobre todo porque aprovechamos para pasar las fotos a la cámara, editarlas y preparar el diario de viaje. Eficiencia ante todo.

Llegamos a Fenghuang de noche, pero por suerte tenemos bastante claro lo que hay que hacer gracias a las indicaciones que nos han dado en el hotel que, no lo vais a creer, es el mismo en el que se alojan los españoles. Booking nos agrupa, no vaya a ser que nos perdamos por China XD

Hay que coger un shuttle que sale directamente de la estación de alta velocidad y que tiene dos líneas, la nuestra es la 1. No lo tenemos claro, pero parece que salen mientras hay trenes, por lo que no debe de ser demasiado problemático cogerlo. Nos deja en una de las plazas centrales, muy cerca de alojamiento y del río.

Nada más dejar el equipaje, nos vamos a ver qué nos depara Fenghuang. Y China vuelve a hacer de las suyas. Si nos esperábamos un pueblecito pequeño, con poca actividad, lo que nos encontramos es un lugar repleto de gente, con tantas luces que parece que es de día y una actividad frenética. Y, por supuesto, cientos de princesas chinas haciéndose su correspondiente sesión de fotos. Normal, por otro lado, el sitio es espectacular para ello.

Cogemos para cenar en un puestecillo callejero una especie de masa de maíz y unas bolitas dulces de arroz que están muy ricas, en otro probamos una especia de sandwich con pan de tortilla y una bebida blanca que vemos en muchos sitios y que resulta ser leche de soja. Total, que entre eso y recorrernos todos los puentes hasta el final, nos dan las dos de la mañana, hora a la que nos retiramos porque también queremos ver el pueblo durante el día y eso exige dormir, pero en Fenghuang siguen a tope. De hecho, poco antes de irnos nos encontramos a Mahmud que va a cenar con una chica china que ha conocido en el hostal.

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