Jinshanling, el tramo más solitario de la Gran Muralla China (13)
Jinshanling, el tramo más solitario de la Gran Muralla China (13)

Jinshanling, el tramo más solitario de la Gran Muralla China (13)

Tras una noche sin pegar ojo en el tren, llegamos a Pekín a las 5:20 de la mañana. Tempranito. Concretamente llegamos a Beijing Fengtai. Nos vamos en metro hasta la estación norte (Beijingbei) desde donde sale el tren que tenemos que coger para ir a Gubeikou. Es la estación más próxima a Jinshanling, el tramo de la Gran Muralla China que recorreremos hoy.

Un tren solitario

En la estación no hay absolutamente nada, de hecho está cerrada cuando llegamos. Es demasiado temprano. Estamos un rato por allí buscando una taquilla que funcione para dejar las mochilas, pero no hay manera. Las que van por QR no funcionan y no vemos nada más cerca, así que optamos por llevarlas con nosotros en el tren.

Tenemos los billetes comprados ya, aunque posiblemente no nos hubiera hecho falta porque el tren va prácticamente vacío y, de hecho, en cuanto pasan un par de paradas, nos quedamos solos. Como solo había un tren de ida y otro de vuelta al día, preferimos no arriesgar, y ciertamente ha sido absurdo porque hemos pagado casi más de comisiones que el precio del billete… pero bueno, han sido como 12€ en total, que tampoco es una locura.

Llegamos a la estación donde nos bajamos nosotros dos y otras 3 personas. Esta estación es curiosísima porque solo debe recibir este tren, ya que no hay absolutamente nadie dentro. Preguntamos a los guardias dónde podemos dejar las maletas y nos dicen que las dejemos ahí mismo, que ellos nos las cuidan. Luego descubrimos que, realmente, cierran la estación y no la vuelven a abrir hasta que pasa el tren de la tarde, así que el equipaje está completamente seguro ahí dentro.

Como no hay Didi disponible, negociamso con un señor que está en la puerta el traslado a la entrada de la muralla. Suponemos que aquí la gente que llega viene básicamente a esto. Tardamos como una media hora en llegar.

 

La Gran Muralla China

Llegamos al centro de visitantes a las 10 de la mañana y compramos las entradas. Por cierto, hay taquillas automáticas, aunque no sabemos si funcionarán. No hay casi nadie.

Subimos a pie hasta la entrada de la muralla, unos 15 minutos, y nos cruzamos con una excursión escolar, que se vuelven locos al vernos. Una vez pasados los tornos, nos toca caminar otros 20 minutos hasta llegar a la torre que da acceso a la muralla.

Es curioso porque la gente se queda básicamente en la primera torre y apenas recorren la dcorta distancia que hay hasta la siguiente, aunque posteriormente lo entendemos, al menos la parte del colegio: las zonas más alejadas no están en condiciones para ir con niños de esa edad. Todos los turistas que hay en la muralla, que entre la excursión escolar y demás no pasan de la centena, se concentran entre las dos primeras torres de la muralla. Más allá de ahí, a lo sumo tres o cuatro personas.

La muralla es enorme, continua más allá de donde se pierde la vista. Impresiona verdaderamente, no tanto por su arquitectura que nos parece mucho más impresionante en Xian, por ejemplo, como por su extensión. Realmente es algo sobre lo que has leído muchas veces pero hasta que estás ahí no alcanzas a entenderlo. Es una bestialidad.

Un poco de historia

La Gran Muralla fue construida para proteger los estados y los imperios chinos de las invasiones y ataques de los pueblos nómadas de las estepas euroasiáticas, principalmente los mongoles. La construcción de la muralla comenzó en el siglo VII a.C. durante el período de los Reinos Combatientes y continuó hasta el siglo XVII durante la dinastía Ming. Las secciones más conocidas y mejor conservadas fueron construidas por los Ming (1368-1644). En 1987, la Gran Muralla fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y está considerada como una de las 7 Maravillas del Mundo.

La longitud total de la Gran Muralla, incluida todas sus ramas y secciones, es de aproximadamente 21,196 kilómetros. La altura promedio de la muralla es de 6 a 7 metros, aunque en algunas partes alcanza hasta 14 metros. Su anchura varía de 4 a 5 metros.

La sección de Jinshanling fue construida durante la dinastía Ming, entre 1567 y 1570, bajo la supervisión del general Qi Jiguang. Como muchas otras secciones de la Gran Muralla, Jinshanling fue construida con ladrillos y piedras. Los ladrillos se usaron en las áreas más expuestas y vulnerables, mientras que las piedras se utilizaron en las secciones más robustas.

Esta sección de la muralla tiene aproximadamente 10.5 kilómetros de largo. Hay 67 torres de vigilancia a lo largo de esta sección, cada una con características únicas en términos de tamaño, diseño y estructura. Estas torres fueron diseñadas para la comunicación, la vigilancia y el almacenamiento de armas. Algunas de las torres en Jinshanling tienen hasta tres pisos y múltiples pasajes secretos, lo que refleja la sofisticación de la ingeniería militar de la época.

A solas en la muralla

Una vez que pasamos el funicular, nos quedamos completamente solos. No hay nadie, así que aprovechamos para hacer una sesión de fotos no del todo improvisada, porque hemos traído un vestido por si surgía la oportunidad… lo que no teníamos tan claro era que fuera a surgir.

Lo mejor de esta parte es que no está reconstruída, por lo que es bastante más auténtica. La parte mala es que, al no estar reconstruída, es mucho más desigual y hay tramos en los que no hay escaleras pero sí un desnivel pronunciado o el suelo está desgastado y hay riesgo de tropezar. No diríamos que es un tramo complejo, pero sí requiere de cierta forma física y de un calzado adecuado, no lo vemos al alcance de cualquiera.

Nos encontramos a un par de señoras vendiendo souvenirs de manera ilegal. Chapurrean algo de inglés y nos cuentan que son de Mongolia, que llevan mucho tiempo en China pero que su situación es irregular y que se dedican a esto para subsistir. Nos hace una foto muy chula y nosotros le compramos unas botellas de agua para hacer gasto más que otra cosa. Aprovechamos para comernos un bocata de chorizo porque aquí sí que no hay puestos de comida, ni máquinas de vending ni nada de nada… bueno, cámaras de vigilancia sí que hay. Esta gente grabaría hasta en un desierto, son tremendos.

El pan que hemos cogido resulta estar relleno de mermelada, así que el bocadillo resulta ser una cosa rarísima de chorizo con mermelada. Pero bueno, en peores plazas hemos toreado. Menos mal que no es un ibérico.

Al llegar abajo nos encontramos con la sorpresa de que no hay shuttles. Nada, está totalmente vacío todo. Nos ponemos a mirar y vemos que hay un taxi, que nos pide un pastizal por bajarnos. Más de lo que nos ha costado llegar hasta aquí. Le decimos que no y nos ponemos a caminar. Será como media hora a pie y cuesta abajo, tampoco es un drama. Según bajamos, el taxista viene hacia nosotros y nos regatea. Le decimos que no vamos a pagar más de 10 yuanes porque es lo que nos parece razonable y el tipo termina aceptando. No es como si hubiera abundancia de turistas en esta zona y, por lo que hemos visto, no pinta a que vaya a pasar ninguno más. Él también tiene que dirigirse a la salida, vamos.

Cuando llegamos a la salida nos está esperando el taxista que nos trajo por la mañana, como habíamos acordado. Nos lleva a la estación que resulta estar cerrada porque abre a las 16:30, como una hora antes de que pase el tren, y aún son las 16:15. Ahí están nuestras maletas, solas.

Cogemos el tren y regresamos a Pekín, haciendo el mismo trayecto que al venir pero a la inversa. La peor parte es hacer transbordo en las líneas de metro, que son larguísimos. Nos llevamos la sorpresa al bajar en Qianmen de que, nuevamente, nuestro hotel está ubicado en una calle repleta de vida, tiendas y sitios para comer. Una calle peatonal muy animada, a la que se accede por una preciosa puerta y bajo la atenta mirada de la policía, que controla los accesos a la calle.

Cogemos unos pastelitos de carne para cenar y nos vamos hasta el hotel, donde dejamos las maletas. Curioso lugar porque tienen un robot que sube solo con nosotros en el ascensor, parece que es el servicio de habitaciones. Mientras una se da una ducha y descansa un poco, el otro se va a dar una vuelta pero, al llegar a Tiananmen, se encuentra con que no puede pasar sin reserva y le toca volverse. Ha sido un día larguísimo y toca descansar.

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