Llegada a China: El Bund, Pudong y la Torre de Shanghai (1)
Llegada a China: El Bund, Pudong y la Torre de Shanghai (1)

Llegada a China: El Bund, Pudong y la Torre de Shanghai (1)

 

Empezamos nuevo diario de viaje y lo hacemos con un destino que llevába mucho tiempo en nuestra bucket list. Bueno, realmente D ya había estado hacía años, pero queríamos descubrir el país juntos… y visitar lugares que ninguno de los dos conocíamos. China es un país inmenso y eso hacía que fuera un viaje que siempre andábamos posponiendo, porque nos daba un poco de vértigo verlo tan inabacable. Pero todo cambió cuando el gobierno anunció que desde noviembre de 2023 hasta noviembre de 2024 los viajeros españoles estábamos exentos de visado para estancias de menos de 15 días. Ya no solo por el ahorro económico que esto implica, si no por el trámite burocrático que te ahorras. El visado chino es uno de esos, estilo al ruso, que son un rollo de conseguir.

Aterrizando en Shanghai

Tras dos vuelos, de 7 y 8 horas respectivamente, y una pequeña escala en Abu Dhabi, llegamos a China. No ha estado nada mal el vuelo, sobre todo el último, porque venía medio vacío y hemos conseguido tener una fila vacía para cada uno. Eso significa dormir tumbados, lo que se traduce en que estamos relativamente descansados para haber pasado la noche en un avión y haber cambiado de huso horario. Ahora lo importante es no dormirnos, para evitar el impacto del jet lag.

Pasamos el control de inmigración con sorprendente agilidad. Primero registramos nuestras huellas en unas máquinas y despúes accedemos al control manual, donde nos sellan el pasaporte y nos dan la bienvenida al país. Todo en cuestión de 15 minutos, una maravilla. Como llevamos equipaje de mano, estamos listos para irnos a la ciudad.

Estrenamos Alipay comprando los billetes de metro que nos llevarán del aeropuerto al centro, utilizando la WiFi del propio aeropuerto. La verdad es que es una maravilla, las máquinas se pueden poner en inglés y lo único que tenemos que hacer es escanear un QR para proceder al pago. Rápido y sencillo. La conexión con el aeropuerto es directa, línea 2 hasta People’s Square, que es donde nos alojamos. Eso sí, son 18 paradas y cerca de una hora de viaje. El metro es basatante moderno, con barreras para separar las vías del andén que se abren cuando llega el tren. Algo curioso es que hay que pasar un control de equipajes y metales cada vez que se accede a una estación, pero no solo en Shanghai, como veremos más adelante.

People’s Square

Estamos en una de las calles principales de la ciudad y se nota en el bullicio. Nos encontramos de bruces con una ciudad moderna, una calle repleta de tiendas de marcas conocidas y neones escritos en carácteres chinos. Gente caminando con prisa. Una gran ciudad, vamos.

Lo primero que comprobamos es que Google Maps no funciona, el GPS ni nos ubica. Por suerte, contamos con Maps.me que sí que está operativo y nos ayuda a localizar nuestro hotel, ubicado en esta misma calle pero un poco más adelante. Nos quedamos sorprendidos con la ubicación, que obviamente sabíamos que era buena, pero no tanto. Es un hotel de 15 plantas y nosotros estamos en una de las últimas, lo que nos da una vista espectacular de la calle.

Nuestra primera misión es conseguir una SIM porque ya hemos visto que sin Internet lo vamos a tener complicado. Con las indicaciones que nos dan, encontramos una tienda donde compramos una tarjeta por 200 yuanes y 20 GB. Nos hubiera gustado algo más económico, pero es lo único que tienen.

La segunda misión es conseguir comida. Es curioso porque, al traducir las cartas de los sitios con Google Lens, nos aparecen nombres como “León volador del cielo”. Imagino que si un chino tradujera una carta española y leyera cosas como “ensaladilla rusa”, “gazpacho” o “paella” tampoco tendría ni idea de qué le van a poner en la mesa, pero no deja de ser curioso. Total, que no sabemos qué pedirnos hasta que vemos que justo en frente de nuestro hotel hay un sitio que tiene una cola inmensa. Y eso apunta a que tienen algo rico. Nos acercamos a curiosear y vemos que lo que venden son una especie de bolitas verdes rellenas de vegetales y carne. El sitio se llama Chen Dacheng y, obviamente, nos cogemos unas bolitas para comer que resultan estar muy ricas. Seguro que tienen un nombre mejor que bolas verdes, pero lo desconocemos.

El Bund

Hace bastante calor cuando emprendemos nuestro paseo hacia el Bund. El “Bund” de Shanghái es una famosa zona ribereña de la ciudad. Se encuentra a lo largo del río Huangpu y es conocido por su impresionante conjunto de edificios de estilo colonial y neoclásico que datan del siglo XIX y principios del siglo XX. Estos edificios, construidos durante la época en que Shanghái era un importante centro comercial internacional, reflejan la influencia de diversas culturas arquitectónicas, incluidas las británicas, francesas y estadounidenses.

Desde aquí, además, tenemos vistas al skyline del distrito financiero de Shanghai, Pudong. La verdad es que son bastante impresionantes, sobre todo La Perla de Oriente, una icónica torre de comunicaciones y observación. Con una altura de aproximadamente 468 metros, la Perla de Oriente fue una de las estructuras más altas de Asia cuando se completó en 1994. Aunque desde 2015 el edificio más alto de Shanghái es la “Torre de Shanghái” (Shanghai Tower), con una altura de aproximadamente 632 metros.

Nos vamos al metro para trasladarnos a Jing An. Nos sorprende ver que hay baños en el interior de la estación y que estos están limpios y equipados con papel y jabón. No es habitual ver baños públicos así.

 

El templo Jing’an

El Templo Jing’an es un importante templo budista y uno de los templos más antiguos de la ciudad, con una historia que se remonta a más de 1.800 años. Originalmente construido durante la dinastía Han (206 a.C. – 220 d.C.), el templo ha sido renovado y reconstruido varias veces a lo largo de los siglos.  Alberga varias estatuas y reliquias budistas preciosas, incluida una campana de bronce antigua que se cree que tiene más de 3,500 años de antigüedad.

En 1216 durante la dinastía Song, el templo fue trasladado a su ubicación actual debido a la inundación del río Wusong, lo que lo convierte en uno de los pocos templos antiguos en Shanghái que han sido trasladados.

Durante la Revolución cultural, este templo fue utilizado como una fábrica de plásticos, pero fue restaurado y devuelto a su función original en 1983.

La entrada nos cuesta 50 yuanes por persona y, por supuesto, pagamos con Alipay.

Pudong

Nuestra siguiente parada es la zona de Pudong, por lo que cogemos el metro hasta Luijazui. Luego nos desplazamos a pie por los pasos elevados hasta llegar a la Torre de Shanghai, donde subimos para ver el atardecer. Nos cuesta 370 yuanes en total, incluyendo la comisión que el datáfono ha tenido a bien incluir.

 

La verdad es que el mirador es espectacular, aunque tiene la pega de que está totalmente acristalado, lo cuál es una faena para las fotos. El hecho de que haya miles de personas agolpadas junto a los cristales tampoco es que ayude especialmente. Pero las vistas son increíbles, los rascacielos cercanos parecen minúsculos desde aquí y se aprecia muy bien las dimensiones de esta ciudad. A fin de cuentas, estamos en una ciudad que ronda los 25 millones de personas. Hay países más pequeños.

Nos quedamos un buen rato en el mirador, disfrutando de la vista y haciendo fotografías hasta que decidimos volvernos. Como ya ha salido el último ferry, nos toca volver en metro (Nankin Road) para ver el Bund iluminado de noche. Antiguamente se podía cruzar a pie por un túnel, pero ahora le han puesto unas luces y cobran entrada por pasar.

 

Shanghai nocturno

De camino al Bund nos compramos unos pasteles de luna rellenos de carne, que están buenísimos y entramos en una especie de mercado donde hay distintos puestos de comida. Cogemos unas patatas, que pican bastante, y algo que parecen gambas a la gabardina que hemos visto en bastantes mesas y que resultan ser langostinos rebozados… pero con cabeza y cáscara incluídas. Demasiado raro para nuestro gusto. De postre, nos cogemos una brocheta de fruta caramelizada, aunque no identificamos la fruta, pero está muy rica.

El Bund por la noche es más espectacular si cabe, con todos los edificios iluminados. Algunos de ellos incluso van cambiando su iluminación, lo que hace que el efecto sea hipnótico. Hay bastante gente y también cuesta asomarse a la barandilla para tener una buena perspectiva, pero lo conseguimos. De hecho, hay tanta gente que han organizado dos accesos controlados por la policía: uno de entrada y otro de salida.

A nuestra espalda, los edificios neoclásicos tampoco desmerecen, iluminados en tonos cálidos y con un aspecto imponente. Es curioso el contraste entre ambos estilos arquitéctonicos, separados únicamente por el río.

Sobre las 10 de la noche, se apagan las luces de la ciudad y la policía empieza a desalojar la zona. Cosa que nos viene bastante bien porque estamos reventados y necesitamos descansar un poco. La gente empieza a marcharse y nosotros aprovechamos para retirarnos… aunque de camino al hotel cae un gofre con helado.

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