Diario de Perú, Bolivia & Chile (3): Una cita con Machu Picchu

 

Como tenemos la entrada para subir a Huayna Picchu, nos levantamos confiados a las 4:30 de la mañana, dejamos la mochila con el equipaje en el hotel -totalmente vacío- para que nos la guarden hasta que regresemos,  y nos encaminamos hasta donde se cogen los autobuses. Llegamos a eso de las 5:15 y nos encontramos con una cola de más de 700 metros para subir al autobús y otra más pequeñita para comprar los billetes. Nos dividimos: uno hace cola mientras el otro va a comprar los boletos del autobús.

Los dos billetes de autobús tienen el módico precio de 155 soles, que son casi 20 euros por cabeza. La alternativa es subir a pie desde la hidroeléctrica, pero una caminata considerable. Dicen  que las vistas del trayecto son espectaculares y, en otro momento, con más tiempo, posiblemente sí nos hubiéramos planteado hacer el recorrido a pie. Pero en este caso el tiempo se impone, además hay que tener en cuenta  que vamos a subir a Huayna Picchu.

Sí, hemos conseguido entradas. Teníamos claro que queríamos subir a Huayna Picchu y, como para esto sólo venden 400 entradas cada día -divididas en dos turnos de 200-, las compramos en febrero. Y la verdad es que no nos arrepentimos de haberlo mirado con tanto tiempo, porque venimos oyendo durante el viaje a gente que se ha quedado sin entradas o incluso sin billetes de tren en el horario que querían por mirarlo tarde, así que es importante no descuidarse y cogerlo todo con tiempo.

La disponibilidad para Machu Picchu es de 7200 personas por día. Las 6000 que pueden adquirir las entradas de Machu Picchu, las 400 de Huayna Picchu y las 800 que pueden acceder a la montaña de Machu Picchu.

La verdad es que la inmensa cola avanza rápido y cogemos el autobús aproximadamente a las 6:15, tras una hora de espera. Hay muchos vehículos para realizar esta ruta, pero pasan todos de golpe, se van y vuelven a recoger a más pasajeros, por lo que si no consigues colarte en la primera remesa, que sale a las 5:30, te toca esperar hasta que llega la siguiente. La cola sigue siendo inmensa a estas horas, no obstante.

Como decíamos, el trayecto es espectacular. Las montañas son impresionantes, paredes de roca vertical cubiertas de vegetación y, el hecho de que la carretera vaya ascendido, magnifica su belleza.

Huayna Picchu

Llegamos a la entrada del recinto sobre las 6:35 y lo primero que hacemos es pasar al baño, que tiene un coste de 1 sol. El número de veces que podremos salir del recinto está limitado y lo mejor es aprovechar ahora. Merece la pena comentar que las instalaciones están muy bien, tienen incluso taquillas para dejar mochilas o equipaje. Nuestro primer destino es Huayna Picchu, hacia donde nos dirigimos. 

Tenemos suerte y llegamos entre los diez primeros. Cuando se ve el camino se entiende la importancia de esto, ya que se trata de una subida muy estrecha de escalones de piedra y en algunos tramos apenas cabe una persona. Esto es especialmente un problema cuando realizas el ascenso en el segundo turno, ya que los que suben se juntan con los que bajan. Si bajando ya es un problema tener que pararte constantemente para dejar a gente bajar, no me quiero imaginar lo que tiene que suponer en la subida, que es bastante dura. Lo primero que te piden es que te registres en un libro de visitas, imagino que para controlar a los turistas que han subido, ya que te hacen también registrar tu salida.

El precio total que hemos pagado por dos entradas a Machu Piccu + Huayna Picchu ha sido de 100€. Sumando guía, billetes de tren y autobús, el precio total de la visita para dos personas es de 370 €. 

La subida es dura, pero no tan terrible como imaginaba (Si yo, que no hago ningún tipo de deporte y no tengo una gran forma física, he podido hacerlo, cualquiera puede!). Eso sí, imprescindible llevar calzado adecuado ya que es necesario tener un buen agarre para evitar caídas o lesiones, una chica que subía en nuestro grupo casi se parte la cabeza por subir con un calzado inapropiado. Lo que se nota, sobre todo, es la altura. Son 2720 metros, pero al estar haciendo un esfuerzo físico importante el cansancio es más notable. En cualquier caso, la recompensa ante el esfuerzo se ve compensada de sobra, puesto que tanto durante la subida como arriba las vistas son realmente increíbles.

Se ve una panorámica alucinante con el río, Machu Picchu a vista de pájaro, las montañas… todo integrado. No podemos cerrar la boca ni dejar de tirar fotos. Es una perspectiva nueva y refrescante, nunca habíamos visto nada igual, sentirte diminuto en medio de semejante inmensidad, ser testigo de lo grandiosa que puede llegar a ser la naturaleza y, sobre todo, darte cuenta de la verdadera magnitud de la obra de los Incas, lo imposible que parece desde las alturas que el ser humano haya conseguido construir algo tan perfecto en un lugar tan inaccesible. Es apabullante.

Aunque estamos mucho tiempo mirando embobados, en total, entre subir, hacer miles de fotos y bajar tardamos dos horas y media, lo cual está muy bien. De hecho somos los segundos en salir. Lo hemos intentado hacer rápido por dos razones: una, para tener más tiempo en Machu Picchu y dos porque, como hemos comentado antes, queríamos evitar al segundo grupo en la bajada. El circuito está montado para que una vez que bajes, no te quede más remedio que salir. De hecho, el recorrido de Machu Picchu está pensado para que solo puedas realizarlo en un sentido: es decir, no te puedes mover libremente sino que llevas una dirección trazada. Solo tienes permitida una salida para ir al baño y, eso es algo que está mal hecho, en nuestro caso esta también cuenta. Lo que quiere decir que ya no podemos volver a salir.

Además, el primer turno de Machu Picchu tiene para visitar  el recinto 4 horas a partir de su ingreso -aunque nosotros, al haber visitado Huayna Picchu, tenemos 2 horas extra-. Al acabar esas 4 o 6 horas, no se permite el reingreso, pero si no se ha llegado a salir del sitio nadie te expulsa. Mucha gente aprovecha esto para quedarse el día entero.

Machu Picchu

Al bajar, lo primero que hacemos es sellar los pasaportes en una repisa que hay junto a los baños, comemos algo y nos vamos hacia donde están los guías para buscar a algún grupo que necesite gente. Encontramos uno de mexicanos a los que nos unimos para realizar la visita guiada. De esta manera nos sale a 20 soles por persona y, si algo recomendamos, es realizar esta visita con guía. Además tenemos la suerte de que nuestros compañeros de visita guiada son majísimos y nos los pasamos muy bien con ellos, tanto que nos acabamos despidiendo con la promesa de ir algún día de visita a Cancún (o ellos a España, lo que llegue primero!).

La visita completa dura dos horas y media aproximadamente, y en ella nos explican la importancia de la ciudad, los usos de cada una de las construcciones que hay en su interior, cómo vivían los Incas en ella, sus tradiciones, historia y cultura.  Nosotros, además, hemos tenido muchísima suerte porque, según nos explica el guía, ha habido un problema en las vías del tren y muchos de los turistas que tenían previsto visitar el santuario por la mañana no han conseguido llegar, así que nos lo encontramos con un número más reducido de visitantes de lo habitual.

Se dice que Machu Picchu fue descubierto en 1911 por Hiram Bingham, aunque al parecer el peruano Agustín Lizárraga estuvo allí 9 años antes, en 1902.  Lo cierto es que ninguno de ellos descubrió nada, ya que en Machu Picchu habitaban dos familias: los Recharte y los Álvarez,  quienes usaban los andenes del sur para cultivar.  En realidad Bingham buscaba Vilcabamba, la última ciudad Inca y la gente de la zona le llevó a Machu Picchu creyendo que era lo que buscaba. Lo que sí hizo Bingham fue iniciar las exploraciones arqueológicas en la zona y fue gracias 

Describir lo impresionante que es Machu Picchu es imposible. Habíamos visto miles de fotos antes de ir y, aún así, nada te hace a la idea de lo que te vas a encontrar. El entorno en el que se encuentra, la integración de las construcciones incas en la montaña, el modo en que el paisaje va cambiando con las nubes. Es, sencillamente, espectacular. Es la cuarta maravilla del mundo que tenemos la suerte de conocer y la que más nos ha impresionado hasta la fecha. No es sólo algo construido por el hombre, es algo que la naturaleza ha construido a su lado, un trabajo mano a mano y digno de admiración. Realmente su belleza es indescriptible.

Acabamos el tour a las 12:30 y queremos dar una vuelta más, pero no podemos salir de nuevo porque ya hemos gastado nuestra única salida. Nos da muchísima pena irnos -es una sensación rara, como de querer aprovechar cada segundo que puedas contemplando esa maravilla- así que hablamos con uno de los guardias y le pedimos que nos deje pasar por una de las puertas interiores antes de salir. Tenemos suerte y nos lo permite, así que damos una última vuelta y salimos a las 13:25 aproximadamente para coger el autobús de bajada. Volvemos a tener suerte y lo pillamos saliendo, así que nos deja en el pueblo a las 13:45, justo a tiempo para recoger nuestra maleta en el hotel e irnos a la estación.

Regreso a Cuzco

Nuestro tren sale a las 15:20, pero tenemos que estar 20 minutos antes. Aprovechamos nuestro pequeño margen de tiempo para comer algo de jamón que hemos traído en la maleta. Luego cogemos el tren que, como a la ida, tiene servicio de snack y bebida. En este caso tenemos dos ya que en esta ocasión hacemos el trayecto hasta Poroy, donde llegamos a las 19:15. El camino se pasa volando porque frente a nosotros se sienta una pareja de guatemaltecos con los que nos pasamos gran parte del trayecto hablando.

Al llegar a Poroy cogemos un taxi oficial compartido con una chica americana. Queremos llegar antes de las 20h a Cuzco para cerrar los detalles de mañana, y el precio total es de 35 soles a dividir entre tres y el trayecto de unos treinta minutos, así que nos parece que no esta mal como hemos negociado. Además, nos han recomendado no coger taxis no oficiales porque al parecer se han producido atracos a turistas en los mismos. 

Cuando llegamos a Cuzco no encontramos al hombre con el que hemos contratado mañana la excursión, así que nos vamos a buscar algo de cenar, confiando que mañana nos recojan como hablamos. Acabamos comiendo unas brochetas de alpaca y pollo en un puestecito de la calle, por 5 soles la unidad y un pastel de manzana por 1 sol. También tienen anticucho, el famoso corazón de res a la plancha, pero no nos atrevemos a probarlo. Somos muy abiertos de mente en el tema gastronómico, pero la casquería se nos resiste.

Después de la cena, nos vamos a descansar ya que el despertador suena a las 3:30 y aún tenemos que darnos una muy deseada ducha.