Indonesia, Malasia y Singapur: Itinerario

 

Tenemos que contar muchas cosas para explicar este viaje. Lo primero es que… ¡nos hemos casado! Sí, este viaje ha sido nuestra luna de miel. Pero no solo eso, también ha sido nuestra boda. Eso es lo segundo que tenemos que contar: cómo surgió este viaje. Y es que este viaje empezó cuando nos conocimos, hace ya unos años…

Un día antes de que D. se fuera a vivir a Lisboa, en una cena con amigos, hicimos una broma sobre que algún día nos casaríamos. Ni siquiera éramos pareja entonces (de hecho, ¡era la tercera vez que nos veíamos!), pero la broma nos hizo gracia. Y D. puso un evento en Google Calendar (su Biblia particular) para ese mismo día pero en 2018, con ubicación en Bali. Todo lo demás es historia: empezamos a hablar (¡de viajes!) y ya no pudimos parar… y hasta hoy. Así que, en honor a esa “broma” que terminó sellando nuestro destino,  cumplimos con nuestra cita y nos casamos en Bali el día marcado. Que no se diga que no somos gente de palabra :p

Las decisiones

Teníamos por delante un mes para descubrir Indonesia y, aunque en un principio nos pareció muchísimo tiempo, cuando empezamos a leer y a descubrir todo lo que este país tiene que ofrecer, comprendimos que nuevamente nos tocaría elegir. No en vano, Indonesia cuenta con más de 16000 islas, ¡no podríamos descubrir todas ni en una vida entera! Nuestras elegidas fueron Java, Bali, Lombok, Sumatra y Komodo (más algunas otras islas más pequeñas). O, lo que es lo mismo: templos, playa, dragones, volcanes y orangutanes. Nos desplazaríamos en avión, tren, coche, autobús y barco. 

El vuelo internacional lo cogimos con destino a Singapur y regreso desde Kuala Lumpur. Eran dos ciudades que teníamos muchas ganas de conocer y nos pareció una oportunidad perfecta. Además los precios eran algo más bajos que volar directamente a Indonesia. 

¿Cómo se organiza una boda en Bali?

Teníamos muy claro lo que NO queríamos: la típica boda turística y ostentosa. Habíamos decidido casarnos así porque no queríamos una boda estándar, así que no íbamos a hacer lo mismo pero más lejos. No es algo que vaya con nosotros. Queríamos algo personal, íntimo  y acorde a nuestra forma de ser.  Nuestra boda tenía que ser muy nuestra. 

Como nada de lo que veíamos “prefabricado” nos convencía, nos pusimos a customizarlo todo.  Después de mirar miles de villas, nos decidimos por una en Uluwatu. Nos gustaba la zona porque teníamos claro que queríamos estar cerca de la playa y nos parecía algo menos turística. Hablé con ellos antes de reservar y solicité que me gestionaran un cocinero la noche de la boda -un servicio que ofrecen bastantes villas de la isla-.  De la “ceremonia” se encargaría uno de nuestros amigos, no era necesario mucho más ya que, al final, despegábamos casados “oficialmente” en España.

Como veis, todo bastante sencillo. Al final lo que queríamos era pasar un buen rato, divertirnos y hacer algo especial. No necesitábamos mucho más y tampoco lo queríamos.  

La organización

La parte más complicada del viaje fue, quizás, nuestra “luna de miel” (antes de la boda estaríamos con familia y algún amigo). Dejé los lugares menos turísticos para el final, por lo que fue algo más complicado encontrar información. Teníamos claro que queríamos ver los dragones de Komodo y prácticamente desde el primer momento la idea de pasar 4 días en un barco haciendo snorkel y recorriendo las islas nos encantó. Tuvimos claro desde el principio que era algo que teníamos que llevar atado porque había leído que no todos los días salen barcos y no podíamos arriesgarnos a llegar a Labuanbajo y quedarnos días sin tener qué hacer. Lo difícil fue encontrar el barco, ya que teníamos demasiados requisitos: que fuera seguro, que saliera los viernes y que hiciera la ruta de Labuanbajo a Lombok. ¿Por qué? Pues porque habíamos leído en varios blogs que esta ruta estaba mucho menos masificada y que normalmente los barcos nunca alcanzaban el aforo de 20 pasajeros que suelen tener. Buscamos mucho y escribimos a mucha gente, y encontramos el barco perfecto a un mes del viaje. La ruta que realizaba nos gustaba mucho: tenía la ventaja de que el último día acababa después de comer (normalmente acaban a primera hora) y, además, no nos pidieron pagar nada por adelantado.

Nuestra siguiente parada sería Lombok. Descartamos las islas Gili desde el minuto uno porque lo que leímos sobre ellas no nos gustó nada: completamente masificadas, llenas de turistas con ganas de fiesta y alcohol. No era nuestro lugar. Sin embargo, de Lombok leímos todo lo contrario: dicen de esta isla que es como Bali hace 30 años, aún a salvo del turismo masificado. Lo notamos en cuánto nos pusimos a organizar el viaje. Es un hecho que los lugares menos turísticos tienen mucha menos información online disponible, pero buscando se encuentra de todo y así fue. Dividimos nuestros días en la isla entre norte y sur, aprovechando que llegábamos por el puerto de Bangsal y salíamos por el aeropuerto de Mataram. 

La última isla del viaje era Sumatra. La elegimos porque queríamos ver orangutanes y todos los blogs y diarios de viaje que leía optaban por Borneo, mucho más preparada y turística. No era lo que buscábamos y, además, Sumatra era bastante más barata. Para terminar de convencernos, un día vimos una foto de la cascada de Sipiso Piso que inclinó la balanza de manera definitiva. Creo que fue la parte más difícil de organizar. Hay muy poca información sobre esta isla y no cuenta con infraestructuras preparadas para el turismo, pero gracias a un par de instagramers que estaban por allí, un par de blogs y el personal del hotel que reservamos en Bukit Lawang, conseguimos arrojar bastante luz sobre este tramo del viaje. Nos decidimos por Bukit Lawang para visitar el parque de Gunung Leuser porque nos gustó mucho el proyecto que llevan allí de rehabilitación de orangutanes que han estado en cautividad y por Berastagi para conocer las cataratas de Sipiso Piso.  

Como colofón final, mientras veiamos qué podíamos hacer en Kuala Lumpur, nos topamos con unas imágenes de Taman Negara -la selva más antigua del mundo-. Tenemos que ir, le dije a D. Coincidió conmigo. Teníamos un día y parecía completamente imposible pero no nos desanimamos. Aunque no es algo que me guste demasiado, decidimos dejarlo en stand by hasta llegar allí. ¿Lo conseguiríamos? 

El itinerario

 
  • Días 1 y 2: Singapur.
  • Día 3: Vuelo a Yogyakarta.
  • Día 4: Borobudur y Prambanan
  • Día 5: Tren a Surabaya. Salida hacia Monte Bromo.
  • Día 6: Amanecer en Monte Bromo y salida hacia Ijén.
  • Día 7: Bajada al cráter de Ijén. Traslado a Ubud.
  • Días 8, 9, 10 y 11: Bali.
  • Día 12: Vuelo de Bali a Labuanbajo.
  • Días 13, 14 y 15: Excursión a Wae Rebo.
  • Días 16, 17, 18 y 19: Barco de Labuanbajo a Lombok.
  • Día 20: Vuelo de Lombok a Medan y traslado a Bukit Lawang.
  • Día 21: Trekking en la jungla en busca de orangutanes.
  • Día 22: Traslado de Bukit Lawang a Berastagi.
  • Día 23: Volcán Sibayak y cascadas Sipiso Piso.
  • Día 24: Traslado a Medan.
  • Día 25: Vuelo de Medan a Kuala Lumpur.
  • Día 26: Batu Caves y Putrajaya.
  • Día 27: Taman Negara.
  • Día 28: Kuala Lumpur y vuelo de regreso a España.

Los imprevistos

Cuando quedaban algo menos de dos semanas para el inicio de nuestro viaje, se produjo un importante terremoto en Lombok. La zona norte de la isla fue severamente afectada y las islas Gili desalojadas.  Con mucha pena, nos vimos obligados a modificar nuestra ruta. Al final, después de barajar varias opciones (las Nusa, ampliar nuestra estancia en Sumatra o en Malasia), acabamos optando por lo que menos afectaba a nuestra ruta y, sobre todo, lo que menos reservas y vuelos nos implicaba cambiar. Nos decantamos por quedarnos unos días más en Flores y visitar Wae Rebo, que era una de los lugares que nos habíamos dejado en el tintero. Para ello, hablé con nuestro contacto en Labuanbajo que nos ayudó de inmediato a reorganizar nuestra ruta, y menos mal porque íbamos contrarreloj. Así que finalmente pasamos de puntillas por Lombok, lo justo para coger el vuelo que nos llevaría a Sumatra, y descubrimos un poco más de la isla de Flores.

Las conclusiones

Ha sido un viaje maravilloso. Agotador, eso sí, pero increíble. Hemos visto muchísimas cosas y descubierto un país alucinante, con gente encantadora y paisajes de ensueño. Un destino, sin duda, altamente recomendable.

Finalmente todo nos cuadró bastante bien y no tuvimos grandes problemas. Sí es cierto que, de haber tenido más margen de decisión, hubiéramos administrado un poco mejor los días del viaje, pero tuvimos que reorganizarlo todo de manera muy precipitada y con los vuelos ya comprados, por lo que no tuvimos mucho margen de maniobra. De haberlo tenido, hubiera alargado un día la estancia en Flores, para haber conseguido llegar hasta el volcán Kelimutu. Quizás una buena idea hubiera sido coger el barco de Lombok a Flores y después volar a Sumatra desde Ende. 

Los puntos más fuertes del viaje fueron, como ya imaginábamos, Komodo y el Gunung Leuser. También nos sorprendieron mucho los volcanes, sobre todo el blue fire de Ijén y el trekking que hicimos hasta Wae Rebo. Bali nos resultó turística en exceso y, aunque no tenemos ningún problema con el turismo en sí, es cierto que muchos lugares de la isla se han convertido en meros decorados de Instagram, lo cual nos parece una verdadera lástima. En ese aspecto, nos sorprendieron mucho Flores y Sumatra, dos islas mucho menos turísticas donde las cosas se vivían de otra manera. Si volviera a repetir el viaje, buscaría la manera de darles algo más de tiempo a estas dos islas y, quizás restárselo a Bali. 

Resumiendo, ha sido una luna de miel a nuestra medida. No es nada fácil encontrar a alguien que entienda el viaje perfecto como nosotros lo hacemos: madrugar mucho, caminar hasta el agotamiento y exprimir cada segundo, pero lo hemos conseguido. Tenemos la suerte de disfrutar de las mismas cosas y eso es algo que, una vez que encuentras, no quieres dejar escapar 🙂