Los siete lagos de Tayikistán y la plaza más bella del mundo (6)
Los siete lagos de Tayikistán y la plaza más bella del mundo (6)

Los siete lagos de Tayikistán y la plaza más bella del mundo (6)

 

Nos despertamos con el sonido de una lluvia torrencial, cosa que pinta mal. Nos ponemos a desayunar y nuestro acompañante turco no aparece, cosa que nos preocupa. Tiene muy mala pinta esto y vamos a cancelar sobre todo cuando el del hotel nos dice que ha subido el precio del conductor a 900, por ser tres. Le comentamos las dudas sobre si cancelar o no justo cuando aparece nuestro amigo turco y nos dice que por las montañas debería parar de llover en breve. Hablamos entre nosotros y decidimos que, si nos hace un poco de descuento conductor y se pueden ver los lagos desde el coche, nos vamos para allá, ya que tampoco tenemos nada mucho mejor que hacer.

Road trip improvisado

Hablamos con el conductor -que viene con un coche normal en vez de con un 4×4, como nos dijeron ayer que era necesario- y nos dice que sí, que se puede ver todo desde el coche y que nos lo deja en 800… así que nos montamos y nos vamos para allá.

Los Siete lagos están dentro de las montañas Fann, una cordillera bastante alta (aunque no tanto como la de Pamir) y que está siendo explotada ahora para la minería porque tiene oro. De hecho, vemos el ir y venir de camiones en la montaña antes de empezar a adentrarnos en unos caminos más complicados. Ya no son solo los baches si no también el barro derivado de la lluvia que, en algún caso, nos hace tener quedarnos con el coche sumergido en el mismo. Sin embargo, a nuestro conductor no le cambia para nada la expresión de la cara, con lo que nos tranquilizamos y vamos pasando aldeas llenas de niños y familias hasta llegar al primer lago. La verdad es que la situación del lago entre las montañas es idílica, y sentimos que hemos acertado viniendo, aunque no podamos hacer el trekking que teníamos planeado.

Los 7 lagos

Seguimos hacia los siguientes lagos atravesando varios riachuelos, que la verdad es que no nos hubiéramos atrevido a pasar si no hubiera sido con un 4×4 preparado para ello, pero que nuestro conductor pasa con su Opel Astra con una tranquilidad pasmosa. Suponemos que habrá pasado por aquí muchas veces y que sabe perfectamente lo que hace, pero no me puedo imaginar la primera vez que metió el coche en un río.

El paisaje es espectacular, y una verdadera pena no poderlo hacer a pie porque tenemos la sensación de que el trekking tiene que ser una pasada, sobre todo porque se va pasando por pequeñas aldeas con pinta de ser increíblemente acogedoras… y es que, si por algo destaca Tayikistán y en general la cultura persa, es por la cálida bienvenida que dan al visitante. Quien ha estado en un país persa lo sabe y, seguramente, lo recuerda con cariño. Las nubes dan un toque apocalíptico al paisaje, aunque desmerecen el color del agua, que por lo que hemos visto en fotos en días soleados suele ser de un celeste intenso.

Cuando llegamos al sexto, que es el último que se puede alcanzar en coche y que nos habría llevado unas 8h hacer a pie con un buen desnivel, nos comenta que en la zona hay una casa de comidas donde ponen peces recién pescados en los ríos y lagos de la zona por 90 somonis. La verdad es que no tenemos mucha hambre dado que son las 11 de la mañana, pero estas cosas siempre suelen estar bien, así que pedimos un pescado para compartir y nos vamos para allá. Cuando llegamos no entendemos muy bien la situación porque nos viene a recibir un grupo de gente que está haciendo una barbacoa y que nos da carne para que la hagamos al fuego. Gracias a nuestro compañero de excursión -Fatih, super majo y que nos viene de perlas porque habla ruso- nos enteramos de que solo es un grupo de amigos tayikos y que simplemente nos están dando la bienvenida. Nos sentamos un rato con ellos y la cosa se empieza a animar cuando, después de sacar bastante comida, empiezan a traer botellas de vodka. Nosotros compartimos las cerezas que tenemos e intentamos integrarnos como podemos con el grupo de amigos, que es de lo más majo y cálido que hay. Cuando nos avisan de que está nuestra comida les pedimos una botella vacía de vodka, que son preciosas, y dicen que nada de eso, que nos llevanos una entera, con lo que nos despedimos entre abrazos, fotos y botella de vozka y nos vamos a comer.

Y a esto nos referíamos antes. Así son los tayikos, amables y generosos hasta el extremo. Te hacen sentir bienvenido, te hacen sentir bien y feliz de estar en un lugar donde a priori eres un extranjero, pero te cuesta sentirte como tal. Esto no pasa en cualquier lugar, hemos viajado lo suficiente como para saberlo. Hay sitios que te hacen sentir el rechazo de sus gentes desde el primer instante, otros en los que lo que se palpa es la indiferencia, en la mayoría hay una aceptación sin más, incluso cierta curiosidad… pero esto, esto es algo completamente distinto. Esto es hospitalidad. Te devuelve la fe en la humanidad de un golpe. Sin intereses, sin segundas intenciones, simplemente personas siendo amables con personas porque les nace. Es un subidón absoluto y algo nada frecuente en viaje, normalmente nos sentimos más como ATM que como humanos. Y es normal, por otro lado, el turismo masificado provoca eso, destruye esa parte humana del viaje y la convierte en una transación comercial. En un mundo capitalista y globalizado, encontrar un oasis como Tayikistán es un soplo de aire fresco.

 

Obviamente seguimos sin tener hambre pero la verdad es que la mesa que nos ponen es fantástica: peces tipo sardina super jugosos y abundantes, sopa de verduras, ensalada típica de tomate y pepino… y mientras que hablamos los platos de van vaciando hasta que nos levantamos para irnos. Realmente ha sido una experiencia genial, ha merecido totalmente la pena la excursión… bueno, y cada segundo que estamos pasando en este país. Nos vamos a ir con ganas de repetir.

Otra frontera

La idea ahora es volver a Pajakent, coger los tres mochilas, e ir a la frontera parando en Sarazm, que es una zona arqueológica Patrimonio de la Humanidad. Tanto esto, como el viaje a la frontera, estaba incluido en el precio que teníamos pero resulta que Fatih tiene a su propio conductor (hermano del que nos ha llevado) que le va a llevar a Samarkanda y nos invita a hacer lo que queda con él.

Sarazm es un importante sitio arqueológico ubicado en Tayikistán que ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Se encuentra en la región de Sughd, en el norte de Tayikistán, cerca de la ciudad de Penjikent. El nombre “Sarazm” significa “Tierra donde fluye el aceite” en tayiko. Sarazm es uno de los asentamientos más antiguos de Asia Central, datando de alrededor del 3500 a.C. hasta el 2000 a.C. Fue una comunidad agrícola y comercial floreciente que formaba parte de las rutas comerciales antiguas de la región.

A día de hoy lo que quedan son los restos de una ciudad prehistórica, con estructuras como viviendas, talleres y almacenes. Cuesta un poco comprender lo que es esto sin un guía disponible y con apenas algunos carteles en inglés, pero realmente una visita guiada tiene que ser muy impresionante… la pena es que esto es cero turístico y, obviamente, en inglés no hay absolutamente nada disponible. Al menos la entrada es gratuita.

El paso de la frontera es tan sencillo como otras veces, aunque un poco más lento porque hay algo de cola para entrar en Uzbekistán. En cualquier caso, nos toca esperar bastante hasta que pasa el coche. Según parece, esta es una vía de entrada de droga bastante importante desde Afganistán y Tayikistán y revisan los vehículos exhaustivamente (no olvidemos que Tayikistán hace frontera con Afganistán).

Al final tardamos algo más de 1.5h en cruzar y nos ponemos rumbo a Samarcanda cuando el sol empieza ya a bajar bastante. El conductor nos deja la más cerca que puede de nuestro hotel y nos despedimos efusivamente de Fatih, al que le hemos cogido cariño en estas pocas horas, y nos encaminamos a nuestro alojamiento. Estamos en vez de una plaza y cuando giramos nos quedamos con la boca abierta: es el Registan… y es posiblemente una de las cosas más bonitas que hayamos visto nunca. Hacemos algunas fotos, aunque no le hacen justicia, y decimos irnos al hotel, dejar las maletas y volvermos.

Hacemos así y nos encontramos con que nuestro hotel, que está a 10 min del Registan, está a oscuras… como todo el barrio. Parece que ha habido una avería debido a una tormenta eléctrica de ayer y estén reparando la red, con esperanzas de tenerlo reparado está noche.

Volvemos al Registan con nuestro frontal por las calles oscuras. Y cuando llegamos y entramos a la plaza (se puede ver desde fuera, pero entrar y acercarse es de pago, costando 50.000) hay una explosión de luz y de color. Todo está iluminado y es precioso. Empezamos a recorrer el interior de las 3 madrasas, encontrando que los patios están igual de bien decorados y mantenidos, cuando empieza a sonar música… Volvemos al centro y es que justo empieza el espectáculo de luz y sonido que va iluminando con distintos colores los edificios. Dura más de una hora, y van cambiando los patrones todo el rato con una iluminación fantástica.


Cuando termina, ya bastante tarde, terminamos de recorrer lo que nos queda de las madrasas y descubrirnos la cúpula de la mezquita, que nos deja, de nuevo, boquiabiertos. Es alucinante a nivel geometríco, y aunque sabemos que todos estos edificios están reconstruidos (de hecho, hay fotos por todos lados de como estaban originalmente, no dejan de asombrarnos y de parecernos un trabajazo el que han hecho).

Aunque no queremos, se está haciendo súpertarde, así que salimos a cenar unos shasliks rápidos en frente del Registan, que curiosamente no están muy caros, y nos vamos al hotel a dormir… porque, por supuesto, la luz no ha vuelto. Mañana será otro día, aunque nos vamos a tomar la mañana con calma porque se ha pasado la media noche y porque mañana llueve.