Samarcanda, la ciudad más impresionante de Uzbekistán (7)
Samarcanda, la ciudad más impresionante de Uzbekistán (7)

Samarcanda, la ciudad más impresionante de Uzbekistán (7)

 

Nos levantamos para desayunar a las 8 (el desayuno es de 8 a 9) y descubrimos que tenemos luz. Afortunadamente, los teléfonos y cámaras que dejamos cargando están a tope de batería así que recargamos la nuestra con un copioso desayuno y salimos a descubrir la ciudad.

Una ciudad azul

Samarcanda, con una historia que se remonta a la antigüedad, ha sido habitada durante milenios. La fundación exacta de la ciudad es difícil de determinar debido a su larga historia y su evolución a lo largo del tiempo. Sin embargo, se sabe que Samarcanda ha sido un importante centro cultural y comercial desde hace más de 2,500 años. La ciudad ha sido influenciada por diversas civilizaciones, incluyendo los persas, los griegos, los árabes y los mongoles. Fue bajo el dominio de la dinastía Timúrida en el siglo XIV que Samarcanda alcanzó su apogeo cultural y arquitectónico, convirtiéndose en una capital esplendorosa del imperio de Tamerlán.

En la ciudad destaca el color azul de sus cúpulas, color asociado en la religión islámica al cielo y la divinidad. El color azul que se utiliza en la arquitectura y los azulejos de Samarcanda proviene de materiales naturales y técnicas de fabricación tradicionales. El azul vibrante se logra principalmente mediante el uso de óxido de cobalto y esmaltes cerámicos en la producción de los azulejos y mosaicos.

Hay gente por todos lados, especialmente niños, y es que parece que hay un festivo local estos días, lo que sumado a las fiestas en Rusia hace que las calles estén atestadas. Pasamos por supuesto por delante del Registan, pero sin pararnos mucho, puesto que la idea es venir mañana por la mañana a primera hora y así evitarnos la gente. Encaminamos nuestros pasos al mausoleo Gur-e Amir , que está a 15 minutos andando por una arboleda muy agradable y, pese a estar masificado, nos quedamos un buen rato alucinando ya no con el exterior, que es precioso, si no con la cúpula del interior: es como la del Registan de anoche, pero más llamativa, más dorada… y más especial aún si cabe. La sensación es la de no querer dejar de mirar al techo no irnos nunca, pero sabemos que tenemos aún mucho Samarcanda que descubrir y que cada vez está más cerca la lluvia.

Por cierto, este sitio es muy sagrado porque es el mausoleo de Tamerlán, el histórico conquistador. Gur-e-Amir significa en persa “tumba de rey”.  Tamerlán fue un conquistador, líder militar y político turcomongol,​ el último de los grandes conquistadores nómadas del Asia Central. Tamerlán fundó el Imperio timúrida en y alrededor de los actuales Afganistán, Irán y Asia Central, convirtiéndose en el primer gobernante de la dinastía timúrida. Comandante invicto, se le considera uno de los mayores líderes militares y tácticos de la historia, así como uno de los más brutales.

Vamos para el otro lado del Registan, al mausoleo de Abu Mansura Maturidi, que está en un barrio que parece menos turístico y donde efectivamente, al llegar, vemos que no hay turistas. Al mausoleo está bien, pero sin más.. y no puede compararse con los otros edificios que hemos visto hoy. Aún así, se agradece salir un poco del meollo. Lo malo es que al salir empiezan a caer goterones.. y pronto granizo. La lluvia se te adelantado y te llegado con fuerza.

Esperamos un rato a ver si para en un tejadillo, pero no tiene pinta de amainar, así que decidimos pedir un Yandex hasta el bazar cuando justo parece un taxi a nuestra lado. Nos dice que no está de servicio pero que nos metamos en su coche y que él nos pide un compañero. Agradecidos, a los pocos minutos estamos en un coche de camino al mercado mientras diluvia a nuestro alrededor.

 

 

Una comida muy local

Cuando llegamos hay muchísima gente del guardada en el mercado. Aprovechamos para recorrerlo y negociar unos sellos para marcar el pan. También, aunque es un poco pronto, pensamos en comer para ver si se pasa la tormenta. En principio no hay ningún restaurante alrededor, pero vemos que la gente de los puestos está comiendo algo con buena pinta y tras mucho buscar, encontramos una especie de taberna en una cueva muy muy auténtica. Nos metemos y, mientras que nos mira todo el mundo, le decimos por señas a la tabernera -que es un amor de señora- que queremos lo mismo qué está comiendo el resto: sopa, huevos fritos, patatas fritas y croquetas. Con té ,por supuesto, para beber.

Salimos de allí 30 minutos después, habiendo pagado 46 soms (3.5€) entre los dos, llenos, y pensando en los dulces que tiene el bazar. Sin embargo, aprovechando que ha dejado de llover un poco, decidimos visitar la gran mezquita que está al lado del bazar: Bibi-Khanym, que es la más alta de todas y que tiene una plaza arbolada maravillosa.

Esta mezquita debe su nombre a una de las mujeres de Tamerlán, que fue quien ordenó construirla, allá por el año 1399. Se completó cinco años después, en 1404. Como curiosidad, las crónicas de la época informan que se necesitaron quinientos trabajadores, doscientos arquitectos, artesanos y albañiles, así como noventa y cinco elefantes indios para completar la obra.

A salida nos encontramos a Fatih, que está a punto de irse a Bujará, y conocemos a un grupo de señoras mayores encantadoras con las que hablamos por señas y que terminan diciéndonos que nos vayamos a comer con ellas, después de habernos marcado una sesión de fotos. La gente de este país es tan encantadora como la de Tayikistán, y nos llama mucho la atención la cantidad de grupos de mujeres solas haciendo turismo, rusas y locales, y en general de cierta edad.

Necrópolis y astronomía

Después de nuestros compromisos sociales damos una buena vuelta por la zona de dulces del bazar, probamos varios tipos de halva y decidimos volver mañana con calma y continuar ahora hacia Shah-i-Zinda. Como sigue amenazando lluvia y el camino hasta allí, aunque corto, no tiene ningún cobijo, cogemos un Yandex por 50 céntimos (es maravilloso poder coger taxis a este precio).

Shah-i-Zinda es una necrópolis, que consta de once mausoleos, los cuales fueron construidos uno tras otro en los siglos XIV-XV, y que fue el lugar de entierro de miembros de la familia real y nobles.

Después de subir por los escalones iniciales, más que a un pasillo de mausoleos, nos recuerda a un cañón como el de Petra con tumbas talladas a los lados.. eso sí, decoradas con miles de patrones y colores (bueno, en realidad colores no tantos: como siempre, combinan turquesa, azul y amarillo). Avanzamos entre la multitud y llegamos al final, que es una explosión de geometría. Parece increíble que una única ciudad pueda tener tantas cosas de este nivel.. y también es increíble el trabajo que han hecho los restauradores y artesanos uzbekos para devolverle el antiguo esplendor a la ciudad.

De nuevo, no nos queremos ir, y menos ahora que el cielo se ha despejado, pero queremos ir al Observatorio de Ulug Bek, que es el último punto que nos queda por visitar (y el más lejano) y volver a tiempo para ver el atardecer en el Registan.

Cogemos un Yandex que nos deja en 15 minutos en el pie de la colina. Según subimos las escaleras nos abordan con un silbato para que paguemos la entrada.. cosa que nos sorprende, aunque entendemos rápidamente cuando llegamos al edificio y vemos que lo único que queda para visitar son un par de raíles de un enorme telescopio.. y que del resto, telescopio y edificio incluidos, no queda nada. Una estafa, vamos, porque se puede ver perfectamente por la ventanita exterior sin pagar la entrada. Y una pena, porque veníamos con mucha ilusión y nos ha dejado muy fríos. Y no es por haber pagado, sino porque tanto bombo nos había generado muchas expectativas.

 

El Observatorio fue construido en la década de 1420 por el astrónomo y noble timúrida Ulugh Beg, y es considerado como uno de los mejores observatorios del mundo musulmán de su tiempo. Entre otros descubrimientos, la investigación en el observatorio fue muy importante al permitir a los astrónomos pronosticar eclipses, calcular la hora del amanecer y la máxima altitud de un cuerpo celestial. Las instalaciones permitieron a Ulugh Beg y su equipo calcular un año estelar de 365 días, 6 horas, 10 minutos y 8 segundos, solo 1 minuto más largo que los modernos cálculos electrónicos modernos. Ulugh Beg fue una personalidad importante en su época, nieto de Tamerlán, y sultán. También destacó como astrónomo y matemático. Se cree que hablaba cinco idiomas: árabe, persa, turco, mongol y un poco de chino.

No sé si será por la decepción, por los vozkas de ayer, por la fruta malamente lavada o porqué pero David se empieza a encontrar fatal, así que cogemos otro Yandex de vuelta al hotel, y mientras Sara se va a ver el atardecer y a cenar algo, él se queda a medio camino entre la cama y el baño. Ha sido un día genial, pero la forma de terminarlo no lo ha sido tanto.