Diario de Asia Central (5): El roadtrip tayiko
Diario de Asia Central (5): El roadtrip tayiko

Diario de Asia Central (5): El roadtrip tayiko

 

El hotel de hoy tiene desayuno incluido, cosa que nos ocurre por primera vez en lo que va de viaje, y pretendemos aprovechar. Bajamos a desayunar al salón de bodas del hotel que es amplísimo y súperhortera y nos ponemos hasta arriba de crepes con salsa de algún tipo, una pasta rellena de requesón que es muy típica de aquí y algo de fruta. De hecho, por fin probamos las maravillosas fresas que están por todos lados y que tienen un olor muy intenso, aunque bastante más que su sabor.

Indice

Panaderos por un rato

Después, pedimos un taxi hasta la plaza de la que salen los autobuses puesto que está a veinticinco minutos andando y con la mochila se puede hacer un poco largo. Y menos mal que lo hacemos, porque el taxi nos lleva a otro sitio (la estación de autobuses de verdad) que no conocíamos. Según nos bajamos se nos abalanzan un montón de taxistas preguntando y hablando en ruso. Nos quieren cobrar 400 somonis pero les decimos que no estamos dispuestos a pagar más de 100 cada uno, que es lo que nos han dicho en todos lados que debería costar el viaje. Al final resulta que 400 es el precio del coche, en el que caben cuatro pasajeros. Si nos quisiéramos ir ya y solos, deberíamos pagar los 400, pero decidimos esperar… y al cabo de media hora aparecen otros dos pasajeros y salimos. Ha merecido la pena la espera porque hemos estado entretenidísimos. En ese rato tanto a nuestro conductor le han estado llegando paquetes y papeles que parece que va a repartir por el camino.. y nosotros hemos visto como hacía pan un señor que estaba justo enfrente del coche. El señor es majísimo y nos ha visto tan interesados en su profesión que nos ha regalado un pan recién sacado del horno que huele impresionante.

La elaboración tradicional del pan en Tayikistán y Uzbekistán es un aspecto importante de la cultura y la vida cotidiana, y los hornos de tandir son emblemáticos de la forma en que las comunidades locales han preparado su pan durante generaciones. El pan tayiko, conocido como “non”, tiene diferentes variedades, como el “noni sangak” (pan redondo) y el “patyr” (pan plano). Estos panes son parte integral de las comidas en Tayikistán y se sirven en diferentes ocasiones y con una variedad de platos.

La masa del pan generalmente se hace con harina, agua, sal y levadura. Algunas variantes pueden incluir ingredientes adicionales como semillas de sésamo, amapola u otros granos. Los ingredientes se mezclan para formar una masa homogénea. El amasado es una parte esencial para desarrollar el gluten en la harina y lograr la textura adecuada. La masa se deja reposar durante un tiempo para que la levadura fermente y haga que la masa aumente de tamaño. Esto le da esponjosidad al pan. Después del leudado, la masa se divide en porciones más pequeñas que se moldean en forma de panes redondos o planos, dependiendo del tipo de pan que se esté elaborando. Ahí es donde el panadero pone su sello en el pan, como si dejara su firma. El paso más característico es la cocción en el tandir, un horno de barro empotrado en el suelo. El tandir se calienta con madera hasta que las paredes internas se vuelven muy calientes. Luego, los panes se pegan en las paredes del tandir y se cocinan a altas temperaturas en un corto período de tiempo. Esto da como resultado panes con una corteza crujiente y un interior suave.

Un viaje compartido

Al no ir solos no vamos a parar ni el busto gigante de Lenin, en el que teníamos intención de parar, aunque con lo que hemos visto estos días tampoco nos preocupa mucho. De hecho, nos sorprende bastante cuando el hombre nos para en una estatua del Rómulo y Remo que hay en medio de la nada y que parece que le encanta, aunque mejor que la estatua son las montañas nevadas que se empiezan a ver en el fondo.

Si algo destaca en este país, son sus montañas. De hecho, el poco turismo que tiene Tayikistán es turismo de montaña. El sistema montañoso del Pamir-Alay incluye varias cordilleras importantes, como las Montañas Pamir, Montañas Alay y Montañas Fann. Estas cordilleras forman parte del sistema montañoso más amplio de la Cordillera del Himalaya y de la región montañosa de Asia Central.

Tayikistán alberga algunos de los picos más altos del mundo fuera del Himalaya. El Pico Ismoil Somoni (anteriormente conocido como el Pico Comunismo) es la montaña más alta del país y se encuentra en las Montañas Pamir, con una altitud de más de 7,000 metros.

Esto es impresionante a nivel paisajístico, pero también hace que Tayikistán sea una de las repúblicas exsoviéticas más pobre, porque la topografía montañosa del país dificulta mucho las comunicaciones y la explotación de recursos del mismo y lo hace muy dependiente de sectores tradicionales, como la ganadería, no pudiendo desarrollar una gran industria. Es por esto que muchos tayikos emigran a Rusia, tantos que una fuente importante de ingresos para Tayikistán proviene de las remesas enviadas por los tayikos que trabajan en el extranjero. Estas remesas representan una proporción significativa del Producto Interno Bruto (PIB) y son esenciales para muchas familias en Tayikistán.

Además de esta parada, hay otras cuantas en medio de la carretera para dejar o coger paquetes, incluyendo unos documentos de certificación de unos vehículos para enviarlos a Rusia. No sé si gracias a esto o a que vamos hablando con otro chico mediante el traductor durante todo el rato el viaje, se pasa bastante rápido y llega la hora de comer casi sin darnos cuenta. Paramos en un bar de carretera en el que están haciendo sashliks a la entrada y que huele de maravilla. Nuestro nuevo amigo pide por nosotros, incluyendo una ensalada, pan y té con miel y limón (parece que la miel es bastante típica de la zona) que nos sale por 60 somonis. Después de esta parada, continuamos caminos y nos adentramos en las montañas que son realmente altas.

Al final se nos pasan las cinco horas y algo mucho más rápido de lo que habíamos pensado y llegamos a nuestro hotel Panyakent. El señor que nos recibe parece majísimo y le explicamos que estábamos negociando con el taxista en la ruta que queremos hacer mañana. Nos dice que nos está haciendo un muy buen precio, pero que nos propone otro taxista de su confianza porque del otro no se fía y que va a negociarlo para que nos haga el mismo precio.

Panjakent

 Panjakent fue un importante centro comercial y cultural en la antigua región de Sogdiana, que jugó un papel clave en las rutas comerciales de la Ruta de la Seda. La ciudad tenía influencias persas y otras culturas de Asia Central.

Decidimos dejar la decisión sobre la excursión para luego y salimos a sacar algo de dinero en efectivo y a ver el bazar antes de que nos cierre. De hecho, llegamos cuando ya están recogiendo, y eso que solo son las cuatro y poco y no cierra hasta las seis.

De nuevo la sensación es fantástica, puesto que la mayoría de la gente nos recibe con sonrisas, quiere que le hagamos fotos e incluso algunos nos regalan algo de lo que tienen en sus mostradores, como unas pasas o unas ciruelas. Cuando terminamos con el mercado no sabemos muy bien que hacer, puesto que esta ciudad no tenía mucho que visitar y era un mero punto de paso para ver lo de mañana y seguir hasta Samarcanda. Nos damos un paseo por toda la ciudad, que es realmente soviética y bastante menos cuidada que la de ayer, y después de tomarnos unas patatas fritas nos sentamos en una placita en frente del hotel en la que están plantando unas flores y nos tomamos un helado en un kiosko con forma de tetera.

Tenemos la sensación de que cualquier ciudad o pueblo de Tayikistán tiene que ser una experiencia maravillosa, porque su gente lo es y eso se palpa desde el primer minuto. Hay sensaciones que son mejores que cualquier monumento, la verdad.

Cuando volvemos al hotel, el dueño nos dice que ha llegado un huésped turco que quiere hacer la misma ruta mañana que nosotros, con lo que parece que vamos a poder compartir gastos (¡y que nos va a sobrar dinero!).

Después de una ducha salimos a cenar algo y.. ¡sorpresa! Parece que no hay farolas ni luces en toda la ciudad. De hecho, nos recuerda a la típica película apocalíptica o de zombies. Curiosamente, el único sitio que tiene luz es el kiosko tetera de antes . . justo al lado de la cual hay un kebab. Nos pedimos un par de kebab y un helado para compartir y nos quedamos disfrutando del ambiente hasta que empieza a hacer frío. Nos volvemos a nuestra gigante habitación de hotel (teníamos una bastante más pequeña pero señor del hotel nos la ha cambiado por una suite) y nos vamos a dormir. Mañana hemos quedado a las 7:15 para desayunar y salir a las 8 hacia las montañas.