Un día en Khujand, la ciudad de Tayikistán a la que siempre querremos volver (4)
Un día en Khujand, la ciudad de Tayikistán a la que siempre querremos volver (4)

Un día en Khujand, la ciudad de Tayikistán a la que siempre querremos volver (4)

Anoche estuvimos hablando con la chica de la recepción del hotel para ver los precios de los taxis hasta la frontera y si conocía a alguien, pero el único que le respondió era bastante caro (300.000 som), así que decidimos esperarnos a hoy y pedirlo con Yandex directamente… y parece que ha sido una decisión acertada porque las dos horas y media de viaje nos han salido por 200.000 soms, aunque es verdad que en un momento hemos tenido la impresión de que nos íbamos a quedar a mitad de camino porque en el coche ha empezado a parpadear el testigo del motor y se ha parado varias veces en una incorporación a la autopista. Pero lo hemos conseguido.

 

Nueva frontera

Al final hemos llegado sin problema a la frontera de Aybek, que es mucho más pequeña y menos agitada que la de Kazajistán. Viendo la situación, le hemos cambiado algo de dinero a una mujer que había por allí ofreciendo (10 euros por 11.500 somonis) en previsión de lo que pudiese pasar al otro lado y nos hemos dispuesto a cruzar. El control ha sido incluso más rápido que el de Kazajistán, y eso que hay un buen tramo andando entre los dos controles. Había poca gente y, además, al ver que éramos turistas nos han habilitado una fila para nosotros. Ha sido curioso porque han empezado a decir que éramos españoles y entonces ha aparecido un montón de gente solo a curiosear y a decirnos lo que nos dicen siempre a los españoles en el extranjero… “¿Real Madrid o Barcelona?”.

Al cruzar a Kazajistán no había la masa de taxistas que encontramos ayer y antes de ayer en la frontera, pero rápidamente ha venido un militar y nos ha dicho que si necesitábamos transporte. Estaba llevando a otras dos personas en un coche y nos ha dicho que nos cobraban 50 somonis a cada uno (creemos que la que salía del turno de trabajo y volvía a su casa y quería aprovechar para sacarse un dinero extra, pero tampoco lo tenemos claro). Nos hemos medio entendido con el traductor de Yandex, que menos mal que funciona en línea, y nos hemos dispuesto a subir. Entonces ha llegado otro militar y le medio ha echado la bronca, ni idea de por qué, y al final como que nos ha indicado que estaba bien y que podíamos subir.

Khujand

Khujand es una de las ciudades más antiguas de Asia Central y ha tenido varios nombres a lo largo de la historia, incluidos “Alexandria Eschaté” y “Leninabad” durante el período soviético. Su historia se remonta a la época de la conquista de Alejandro Magno en el siglo IV a.C. De hecho, si queríamos venir a esta ciudad es porque fue fundada por el propio Alejandro.

Una hora después nos ha dejado en el hotel, y hemos visto sorprendidos que era un hotelazo el que habíamos cogido. También  hay que decir que no había grandes opciones hoteleras en la ciudad. Como habíamos llegado a las once y media de la mañana y nuestra habitación no estaba lista hasta las 12, nos hemos ido directamente a explorar la ciudad, principalmente pensando en conseguir algo de dinero y una tarjeta SIM. Lo primero ha sido mucho más complicado de lo que pensábamos puesto que la primera casa de cambio nos ha dicho que hasta la 1de la tarde no podían cambiar. No sabemos muy bien por qué motivo. El segundo banco no tenía dinero o no le funcionaba bien cajero, pero el caso es que tampoco conseguimos sacar. El tercer cajero automático que hemos probado solo se ha dejado sacar 200 somonis (unos 16€) y nada más. Al final, a la cuarta ha ido la vencida, y hemos conseguido cambiar 50€ en una casa de cambio a un buen precio. Además, casi al lado había una tienda de telefonía que nos ha dado una SIM, eso sí, después de un buen rato esperando.

 

 

Entre una y otra, según pasábamos, hemos visto un restaurante muy muy soviético que nos ha recordado a las bares de leche de Polonia. Claramente nos hemos mirado y, aunque era un poco pronto para comer, nos hemos metido de cabeza en el sitio este. No teníamos muy claro los precios ni lo que iba a haber de comer, pero las sensación era de que iba a ser barato e iba a estar rico. Y, efectivamente, así ha sido: las opciones no eran muy grandes,puesto que había para elegir filetes o carne guisada, con guarnición de puré de patata, pasta o lentejas, todo ello bañado con una salsa única. Además hemos cogido un zumo de melocotón, un trozo de pan riquísimo y una tarta para el postre. En total nos hemos gastado 46 somonís y hemos tenido una comida deliciosa, aunque ciertamente en un entorno bastante sobrio y soviético. Que, todo sea dicho, era de lo más auténtico y molaba bastante. Por cierto, luego en Google hemos estado leyendo que el sitio lleva exactamente igual desde la época soviética, menú incluido. Un museo viviente, vamos.

 

Paseando por el bazar

Khujand es conocida por sus mercados vibrantes, donde los visitantes pueden encontrar una variedad de productos locales, desde frutas y verduras hasta artesanías tradicionales. El mercado de Panjshanbe es especialmente famoso, su nombre significa “mercado del jueves” porque es el día que se lleva a cabo.

 

Cuando hemos terminado, hemos ido hacia la plaza principal de la ciudad, en la que se encuentra la mezquita Sheikh Muslihiddin, nombre de un destacado poeta y filósofo persa que vivió en el siglo XII y es considerado una figura importante en la literatura y la cultura tayikas. Por fuera es muy bonita, pero está cerrada por restauración. También está al lado el mausoleo de Sheikh Muslihiddin, del siglo XII, la estación de autobuses y, sobre todo, el mercado, que es toda una suerte poder ver hoy porque da la casualidad de que es jueves 🙂

Posiblemente haya sido en el instante que hemos cruzado la puerta del mercado en el que hemos sentido un flechazo total e irreversible por Khujand y Tayikistán. ¡Qué maravilla! ¡Qué ambiente! ¡Qué actividad! ¡Cuántas sonrisas! Si, como a nosotros, te gusta la fotografía, puedes imaginar la sensación de entrar en un lugar donde todo son sonrisas, miradas de curiosidad y señales de aceptación a tu intención de hacer retratos. Y ya ni contamos el entusiasmo posterior viendo las fotos, el agradecimiento y ese buen rollo que se genera entre fotógrafo y retratado.

Obviamente, nos hemos perdido recorriendo el bazar encantados con toda la variedad de productos que había y, sobre todo, con lo maja que era la gente de allí. Íbamos preguntando si podíamos hacer fotos y, aunque ha habido varias personas que no han querido, la mayoría han estado encantados de hacerse fotos e, incluso, pedían fotos para sus amigos o gente de otros comercios.


El culmen ha sido cuando hemos encontrado el sector de venta al por mayor en el que hemos interactuado muchísimo con la gente de allí, que era encantadora y que incluso ha llegado a regalarnos unos cacahuetes (de hecho, casi parecía una competición porque una primera señora nos ha dado unos pocos cacahuetes, la siguiente unos cuantos más, la siguiente una bolsa…).  Hemos estado hablando un rato con ellos, como podíamos, con el traductor de Yandex y hemos acabado todos despidiéndonos con abrazos. Ha sido un momentazo. Nuestro entusiasmo era palpable. Podríamos poner cientos de fotos más en la entrada, porque nos parecen todas unos fotones tremendos y ya no tanto por la calidad que puedan tener, sino por el recuerdo que nos traen y las buenísimas sensaciones que nos ha generado este momento.

 

Para terminar con el mercado, nos hemos comprado unos trozos de piña y de kiwi secos con azúcar, parecidos a los de Taskent, que están riquísimos, y nos hemos salido a disfrutarlos a la plaza, que estaba animadísima.

 

Había un montón de familias con niños, chavales con teleobjetivos haciendo fotos a cambio de dinero, vendedores, grupos de mujeres tomando el fresco… y ni un turista. Es una maravilla ver como aún disfrutan ciertas culturas de la vida en la calle y de las plazas.. ¡y como disfrutamos nosotros retratándolo!

Desde ahí nos vemos vuelto paseando tranquilamente al entorno del parque, y de camino un señor nos ha parado para darle una rosas a Sara. Un señor un poco raro, que iba un pelín borracho y que acaba de arrancar las rosas del mismo parque, pero bueno.

El parque, que es precioso, destaca por la puerta de acceso y por el Museo de Historia. Se suponía que el museo cerraba las cuatro, pero nosotros hemos llegado a las 5:30 y lo hemos visto abierto, así que hemos pasado a preguntar y nos han dicho que sí, que no cerraban hasta las ocho. Hemos pasado por 15 somoni cada uno y nos ha acompañado un chico que intentaba hablar inglés con nosotros, con no mucha fortuna, y que ha ido intentando contarnos primero las cosas de Alejandro Magno (conquistador que fundó la ciudad) y luego de la historia de Khujand y de Tayikistán. La verdad es que el chico no se expresaba demasiado bien ni contaba muchas cosas, pero lo intentaba con todas sus ganas, con lo que le hemos tenido a nuestro lado un buen rato.

Tras pasar por el hotel, que está al lado del parque, para hacer el check-in, hemos cruzado el inmenso río que atraviesa la ciudad para ir a ver la estatua gigante de Lenin que hay al otro lado. Lamentablemente, se nos estaba haciendo de noche y no hemos pensado que pudiésemos llegar con tiempo suficiente, además la zona era un poco rara, como sin gente ni casas ni nada… así que nos hemos dado la vuelta y hemos cogido el teleférico que atraviesa el río. Al principio nos ha parecido una buena idea para poder ver las ciudad de las alturas, pero una vez arriba el la cabina se movía mucho con el viento y más que disfrutar de las vistas ha habido algo de tensión.

Una cena inolvidable

Al terminar el trayecto nos hemos encaminado de nuevo hacia la plaza central, a ver si había algo de cenar por allí a pesar de que el mercado estuviese cerrado. Y menudo acierto: hemos encontrado varios tenderetes de comida humeante y nos hemos sentado en uno que tenía sashliks con muy buena pinta. Hemos pedido tres piezas y un trozo de pan al señor que lo llevaba, que era de lo más simpático. Mientras disfrutábamos de una carne espectacular, nos han dicho que si queríamos té, que nos lo han puesto con los típicos caramelillos de azúcar tan iraníes. El padre del cocinero, que también estaba por allí, nos ha venido a saludar y nos ha traído un plato de pepino que estaba muy rico. Para rematar, un señor que estaba cenando, nos ha traído un melón pequeñito de postre, todo mientras que nos sonreían e intentaban interactuar con nosotros con ayuda del cocinero, que hablaba un poco de inglés. La verdad es que se notaba verdadero interés y que no nos querían exprimir como turistas, sino que tenían esa hospitalidad tan persa que tanto nos enamoró en Irán. De hecho, al final solo nos han dejado pagar por la carne y los hemos vuelto encantadísimos al hotel coma pensando que esta ciudad no tiene grandes atractivos culturales pero que nos haga ganado por la simpatía y autenticidad de su gente, que al final es lo que buscamos cuando viajamos. Sin duda, Tayikistán está ganándose un huequito en nuestros corazones, si todo sigue como en el día de hoy, va a ser uno de los países que ocupen nuestro top ten. Y es que, aunque sea difícil de explicar, a veces el mayor atractivo turístico de un lugar es simplemente ese: su gente.