Diario de Namibia y Botswana (12): Hola, Botswana

 

Salimos del hotel tras el desayuno, que estaba incluido en el precio de la habitación. Es el único sitio en todo el viaje que está incluído, así que lo disfrutamos enormemente. La verdad es que no tener que despertarnos aún de noche para poner el hornillo a calentar la leche, es un lujazo. Y encima tenemos huevos revueltos recién cogidos del gallinero. Vamos, que mejor imposible 🙂

La frontera

En un control cercano a nuestro hostal nos piden el carnet conducir. Se lo damos y lo miran un poco extrañados, como si nunca hubieran visto un carnet de conducir internacional. Nos lo devuelven y nos dicen que continuemos, sin más. 

Seguimos hasta la frontera. Para salir de Namibia hay que rellenar el mismo formulario que rellenamos para entrar. Nos lo sellan y pasamos un puente que nos lleva al puesto fronterizo de Botswana. Allí nos hacen pisar en un recipiente con líquido y se supone que teníamos que pasar también las ruedas del coche, pero lo hemos visto y al no comprender lo que era, lo hemos esquivado y hemos pasado de largo. Por suerte, no se han dado cuenta. Esto, según parece, es algo que vamos a ver a lo largo de nuestra ruta por Botswana varias veces: es una medida de control de la enfermedad Food and Mouth. Es un verdadero rollazo ya que está en todas las fronteras entre zonas y, aparte de tener que lavarte las zapatillas y las ruedas del coche, no permiten pasar carne (ni envasada al vacío, como ya comprobaremos), ni frutas o verduras. Por suerte, casi nunca son muy rigurosos con esto, pero cuando lo son… bueno, te la lían bien. Concretamente, aquí nadie nos revisa la comida que llevamos ni nada más, y eso que estamos un poco preocupados porque llevamos embutido y la sandía que compramos ayer. Pero nada, ni siquiera nos abren el maletero o nos preguntan.

El visado es gratuito pero por el permiso de circulación del vehículo tenemos que pagar 140 pulas y presentar los papeles, entre ellos el documento que acredita que la agencia de alquiler nos permite pasar el coche al país.

Botswana

Nada más entrar en Botswana se nos cruzan unos animales por la carretera. Resultan ser hienas. Pasan tan rápido que no tenemos casi tiempo ni de darnos cuenta, pero son súper curiosas, saltan exactamente igual que las de El Rey León, aunque suene muy loco. Más adelante nos cruzamos con una familia de elefantes que está pasando tranquilamente, así que nos toca esperar a que terminen. Y es que así funcionan las cosas en África: los animales tienen prioridad absoluta. O dile tú a un elefante que no, que mejor pasas tú… xD

Llegamos a Kasane y vamos al hostal a dejar el equipaje, hoy también tenemos colchón para dormir: estamos que lo tiramos! Luego vamos a la agencia de viajes con la que tenemos apalabrados los tours que haremos aquí. Hay que pagar en efectivo, así que nos toca ir a cambiar dinero, ya que no nos aceptan los rands que llevamos. Algo que nos sorprende, porque creíamos que la moneda sudafricana era bienvenida en toda esta zona. Pero no, solo nos cogen dólares o pulas.

Booking.com

Aprovechamos para comer algo en un restaurante cercano y probamos la pileta, que es muy típica aquí. Es como una masa de maíz que realmente no sabe a nada. La verdad es que este viaje no está siendo precisamente gastronómico. Aquí consumen mucha carne y tienen poca variedad, incluso en los restaurantes ves que hay cuatro cosas y la mayoría son occidentales, como pizzas o hamburguesas.

El río Chobe

A las 3 sale el barco por el río. Son tres horas de excursión y la verdad es que vemos de todo, sobre todo muchos cocodrilos e hipopótamos muy de cerca y también elefantes, estamos casi al lado y ni se inmutan. El tipo nos dice que están muy acostumbrados a los humanos porque pasan por allí a diario. También vemos nuestros primeros waterbucks, otro animal que podemos tachar de la lista. 

 

La verdad es que la zona es increíble. El río Chobe está dividido aquí por una pequeña isla habitada únicamente por animales. Según nos cuentan, hubo una disputa a la hora de repartir el río, pero finalmente se decidió que la frontera estaría en la parte más profunda del río, con lo que la isla pertenece actualmente a Botswana. En cualquier caso, como decíamos, los verdaderos propietarios son los animales. Lo cierto es que sorprende la cantidad y variedad de ellos que hay aquí. Y también lo tranquilos que están. Es fascinante verlos convivir, completamente ajenos a nuestra presencia. Aunque eso también indica que están sobradamente acostumbrados. Y es que hay muchos barc turista por aquí, como nosotros hay bastantes barcos haciendo el mismo recorrido. 

Después de la excursión vamos a hacer algo de compra y volvemos al hostal para cenar allí, mañana nos espera un día muy especial y muy largo, me temo.