Transilvania (1)
Transilvania (1)

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Empezamos nuevo diario de viaje por tierras rumanas. Y lo empezamos de madrugada, que no es nuestra hora preferida para aterrizar en un país, pero los billetes low cost es lo que tienen… concretamente aterrizamos en Otopeni, el aeropuerto de Bucarest, a las 2 de la madrugada.

Algo huele a podrido en Otopeni

Los del alquiler de coche, PriceCarz, nos vienen a buscar al aeropuerto tras llamarles y decirles que hemos aterrizado, pese a que avisamos antes de salir, tenían el número de vuelo y sabían a qué hora llegábamos… pero vale, no pasa nada. Vamos a sus oficinas (un solar con una caseta de obra) y nos empiezan a dar papeles. Primera cosa rara: quieren que firmemos antes de entregarnos el coche. Si no, no nos lo dan. Las dos y pico de la madrugada, en medio de la nada, muertos de cansancio… discutimos un rato pero no hay manera, así que nos toca ceder y firmar. Firmamos el contrato y el parte donde aparecen los supuestos desperfectos del vehículo. También nos adjunta una hoja con los costes de reparación de los daños ocasionados. El tipo nos ofrece entonces el seguro a Riesgo Zero, por el que nos piden más del doble del valor del alquiler. No damos crédito, ¿cómo vamos a pagar 250€ de seguro por un alquiler de 104€? Nos dice que la franquicia es de 1200€, pero nosotros tenemos nuestro propio seguro a riesgo cero con Rental Cover, por una quinta parte de lo que quieren que paguemos aquí.

Una vez firmado y pagado todo, ya sí nos enseñan el vehículo. A oscuras, ya son casi las tres de la madrugada, en una zona en la que apenas hay una iluminación muy tenue que viene de un foco que está a unos metros. Vamos, ideal para ponerse a buscar arañazos y desperfectos. Aún así, y como el tipo del alquiler tiene una actitud tan extraña, hacemos varias fotografías y vídeos del vehículo, principalmente de las zonas en las que vienen marcados arañazos en la hoja que nos han dado. El coche está en perfecto estado y lo que tiene son mini arañazos diminutos, apenas perceptibles. Nos sorprende que los hayan marcado como desperfectos, de hecho, pero bueno… estamos agotados y solo queremos irnos a dormir, y eso hacemos. Por suerte el hotel está a unos minutos en coche.

Sinaia

Lo primero que descubrimos por la mañana, al coger el coche, es el que el tráfico en Bucarest es intenso. Tras una parada logística para comprar algo de comer y coger unos cafés, que falta nos hacen, ponemos rumbo a Sinaia.

Aquí principalmente tenemos que ver dos cosas: el monasterio de Sinaia, un templo ortodoxo que destaca por su interior y que, además, es de acceso gratuito, y el famoso castillo de Peleș.

Para ver el monasterio aparcamos en la calle, a unos metros de la entrada, en una zona gratuita. No es que haya mucho sitio disponible, pero justo llegamos cuando se está marchando otro coche.

Curiosamente, el príncipe Mihail Cantacuzino fundó el monasterio tras su regreso de peregrinaje al monte Sinaí… así que lo de Sinaia tiene su origen en Egipto. Fue construido entre 1690 y 1965, y entre sus objetos más destacados se encuentran las primeras traducciones de la Biblia al rumano. La visita no lleva mucho, así que al acabar bajamos al pueblo para buscar algo de comer. Como hay mucha gente en todas partes, es lo que tienen los sábados, y queremos algo rápido para seguir con la ruta, acabamos por cogernos un kebab.

 

Después de comer, miramos en Google Maps la ruta para ir al castillo de Peles. Según Google, tenemos como unos 40 minutos a pie solo de ida, cosa que nos parece rara porque acabamos de escuchar a un señor decir que está a 10 minutos, pero el navegador es tajante. Decidimos fiarnos de Google Maps y cogemos el coche.

Error. El navegador nos lleva a un parking de pago, además nada barato, 20 leus por dejar el coche supuestamente todo el día pero, claro, todo el día no vamos a estar. Además, según vamos hacia el castillo, vemos un camino que sube desde el monasterio y que atraviesa el bosque… que no solo es más bonito que el camino desde el parking, es que además es corto. Unos diez minutos, vamos.

Llegamos al castillo y vemos que hay bastante cola, aún no han abierto la entrada. En la web se pueden comprar las entradas, pero como vemos tanta gente esperando y a nadie pasando suponemos que con la entrada online hay que esperar cola igual, así que nos quedamos ahí… más tarde descubriremos que no, pero bueno. La entrada nos cuesta 50 leus por persona.

El Castillo de Peles fue construido como residencia de verano para el rey Carlos I de Rumanía y la reina Isabel de Wiedn, nacidos en la actual Alemania. Las obras se iniciaron en 1873 y finalizaron en 1914, por lo que no es muy antiguo que se diga. En su época fue muy moderno, ya que tenía calefacción, electricidad, estación telefónica y hasta un ascensor.

Desde los años 40 hasta 2007 fue propiedad del Estado, que lo convirtió en museo en 1953… pero, tras un largo litigio, los herederos recuperaron la titularidad del castillo. ¿Y qué hicieron? Se lo alquilaron al Estado para que lo siga usando como museo.

En el castillo se pueden hacer varios recorridos, nosotros optamos por el tour básico que recorre la planta principal y las galerías más bonitas, a nuestro juicio. Lo más impresionante es el Salón de Honor, con su techo acristalado móvil.

A muy poquitos metros está el castillo de Pelisor, pero nosotros nos lo encontramos cerrado al público.

Brasov

La siguiente parada de la ruta es Brasov. Aquí aparcamos en la calle, en zona de aparcamiento regulado, por 6 leus lo que nos queda de día. El domingo no se paga, así que no nos tenemos que preocupar por eso.

 

Tenemos reservado un apartamento en un lugar curioso: el patio de otra casa. En Rumanía es bastante fácil ver construcciones así: casas que en su día tendrían un gran jardín, en el que ahora hay otras viviendas que utilizan lo que queda de jardín en común. Concretamente nosotros estamos en un apartamento que el matrimonio de la casa de enfrente construyó para su hijo, que ahora mismo vive en el extranjero. Por las dimensiones y la ubicación, entendemos que se trata de un antiguo cobertizo habilitado como vivienda. Bueno, y porque a los lados tenemos dos cobertizos que deben pertenecer con toda probabilidad a las casas que hay enfrente.

Tras charlar un rato con nuestra casera, os vamos dando un paseo al centro de la ciudad, que nos pilla a unos 10 minutos del apartamento. Nuestra primera parada es la iglesia de San Nicolás que, por desgracia, encontramos ya cerrada. Luego pasamos por la plaza del Ayuntamiento y por la Iglesia Negra. A la salida nos tomamos un helado en un sitio que tiene una cola enorme, que resulta ser un acierto porque el helado está muy bueno.

Regresamos por la calle peatonal hasta llegar a Sergiana, el restaurante que nos ha recomendado nuestra casera. Un restaurante bastante solicitado y con pinta de ser muy tradicional… y lo es, platos muy típicos y un ambiente agradable, aunque la comida no nos parece especialmente deliciosa. Probamos lo papanasi, que vienen a ser unos donuts bañados en crema de queso y mermelada. Ricos, pero muy contundentes.

Llenos tras la cena y agotados por la paliza que llevamos encima, nos vamos al apartamento para darnos una ducha y acostarnos. Mañana será otro día.