Diario de Islandia (1): El Círculo Dorado
Diario de Islandia (1): El Círculo Dorado

Diario de Islandia (1): El Círculo Dorado

 

Cuando llegamos al aeropuerto de Kefliavik apenas podemos creer que, por fin, hayamos conseguido viajar a Islandia. Han sido muchos meses, mucho tiempo esperando poder estar aquí y nos resulta todo aún un poco irreal. Pero aquí estamos y tenemos ocho días por delante para descubrir el país.

Son las tantas de la madrugada y estamos agotados, por lo que el hecho de que la compañía de alquiler se retrase más de una hora para recogernos nos mosquea bastante. No es un servicio barato el de recogida y la oficina está apenas a 10 minutos del aeropuerto, por lo que no entendemos a qué se debe tanta espera. De hecho no lo entenderemos en ningún momento, porque al llegar allí comprobamos que tienen a una persona dedicada a este cometido en exclusiva.

Pagamos, firmamos el contrato y nos entregan nuestra camper. Una Dacia Dokker que no acaba de salir del concesionario, desde luego. La camperización es muy básica: una tabla en la parte trasera sobre la que se apoya un colchón y una pequeña cortina sobre el parabrisas que se baja para dormir, aunque no cubre ni de lejos toda la ventana. Y ya. No hemos cogido extras pero tampoco los necesitamos, nuestra idea no es cocinar ni pasar tiempo en el camping, queremos estar en movimiento cada minuto de luz que tengamos.

Tenemos un pequeño problema cuando vemos que la puerta trasera de la camper no abre bien. Ni siquiera el chico que nos la entrega sabe cuál es el truco. Finalmente viene un compañero y nos enseña la técnica. No tienen más vehículos, así que nos toca irnos con esa sí o sí, aunque no vamos del todo convencidos con las puertas…

Nos movemos al Viking campsite, que está al lado. Tenemos mucho sueño y aquí podemos dormir gratis y sin complicaciones. Nos metemos a dormir y comprobamos, para nuevo mosqueo, que las puertas no abren desde dentro. Le toca a D. salir por la puerta del conductor para abrirnos por la mañana (que viene a ser unas cuatro horas más tarde). Agotados y mosqueados volvemos a la oficina de alquiler. Nos dicen que se llevan el coche al taller y que si ven que necesitan mucho tiempo para repararlo, nos dan un coche normal para movernos hasta que se arregle. Pero eso no nos vale porque no tenemos idea de quedarnos en la zona, queremos empezar ya nuestra ruta.

Finalmente, tras una hora o así, arreglan la puerta y ya se puede abrir desde dentro. Eso sí, solo la lateral, la trasera no tiene esa opción. Un poco frustrados porque la camper parece estar en una condición bastante deplorable, pero sin más alternativa que esa, empezamos la ruta. Nuestra idea era empezar visitando el volcán… pero el volcán lleva unos días sin actividad y, según la gráfica, parece que eso no va a mejorar en las próximas horas. Decidimos entonces adelantar la ruta y empezar ya a movernos por la isla.

Primero, eso sí, una parada técnica en el Kronan para comprar algo de picoteo, pan y leche. Nos sorprende que los precios no son tan elevados como esperábamos. Más caros que en España, sí, pero hay productos que están igual o incluso mejor de precio. También es cierto que no miro cosas como carne, pescado y demás.

El círculo de oro

Nuestra primera parada es el géiser de Geysir, que es curiosamente el que da el nombre a todos los geisers porque es el más antiguo que se conoce. En realidad nosotros el que vemos en marcha es el de Strokkur, que está al lado, porque el de Geysir no está activo ahora mismo… o no tan frecuentemente como Strokkur, que arroja agua cada diez minutos. Claro que el de Strokkur la lanza a veinte metros, que ya impresiona ojo, pero el de Geysir ha llegado hasta los 122, que eso sí que tuvo que ser para quedarse tres días con la boca abierta.

Es un paseillo corto, una ruta desde la que se puede subir para ver toda la zona (ojo con el agua, que está a unos 100º) y los geiser desde lo alto. En total te puede llevar una hora, quizás menos si no te vuelves loco con las fotos como nosotros. Está muy bien porque tiene unos baños, una tienda y una cafetería y el parking es gratuito, o al menos nosotros no vemos ningún cartel para pagarlo.

Seguimos con la ruta hasta la catarata de Gullfoss, que es una bestialidad de catarata que arroja hasta 140 m3 de agua en verano. Es una pasada la catarata y también lo bien que está montado, se nota que estamos en el famoso círculo dorado porque las instalaciones son muy turísticas (baños, tiendas de souvenirs, cafeterías…) y hay bastante gente.

Las cascadas se pueden ver desde varios miradores, uno abajo y otro arriba, subiendo unas escaleras. En total y haciendo muchas fotos (y largas exposiciones) nos pasamos como una hora.  Aprovechamos para comer en un banco que vemos, con vistas a la catarata, mejor imposible.

Seguimos hacia el Parque Nacional de Thingvellir, que es el tercer punto clave de círculo dorado. El parking aquí nos cuesta 5€ y lo pagamos en unas máquinas que hay en el centro de visitantes. Este lugar es muy importante para los islandeses porque aquí estuvo su primer parlamento, Althingi. Tiene más de mil años, la primera asamblea celebrada aquí data del año 930 d.C (época de los vikingos). Una asamblea al aire libre, en junio, que se celebraba para tomar decisiones importantes una vez al año. Se  permitía asistir a cualquier hombre libre y el lugar más importante es el que hoy ocupa la bandera, el Lögberg.

Aquí también se presentó en 1874 la primera constitución de Islandia y se declaró la independencia de Dinamarca en 1944. De hecho, hay fotos en los carteles explicativos y son impresionantes por la cantidad de gente que hay. Actualmente tienen otro parlamento en Reykjavik, ya con paredes y demás, pero este sitio sigue siendo muy importante para los islandeses. La verdad es que resulta muy apropiado que el lugar con más historia de Islandia sea un parque nacional porque simboliza muy bien la íntima relación que mantiene este país con su naturaleza.

También resulta muy apropiado que la cascada que hay al final de la grieta -Öxarárfoss- esté encauzada por un rio de lava: la mezcla de volcanes y cascadas define la naturaleza de este pais.

Continuamos la ruta, ya alejándonos del Círculo Dorado, para llegar a las cascadas de Hraunfossar y Barnafoss. Se nota el cambio porque nos encontramos solos en el lugar. Hay una pequeña ruta entre las dos cascadas, con varios miradores disponibles. El parking es gratuito y el recorrido lleva unos cuarenta y cinco minutos aproximadamente, con fotos y demás.

Revisamos nuevamente las gráficas del volcán y vemos que sigue igual, sin actividad. Además está empezando a llover y las condiciones para subir son muy malas, así que nos ponemos en marcha hacia el norte de la isla. Llegamos hasta el camping de Fossatun, donde nos quedamos a dormir. Es un camping pequeño pero muy bien montado, con duchas colectivas de agua caliente y jacuzzi incluido en el precio, un pequeño mirador con unas esculturas de trolls que están muy chulos y parcelas amplias de césped. Nos vamos a dormir bajo una intensa lluvia y unas fuertes ráfagas de viento, alegrándonos de estar en una camper y no en una tienda de campaña.

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