Descubriendo Tblisi, la capital de Georgia (5)
Descubriendo Tblisi, la capital de Georgia (5)

Descubriendo Tblisi, la capital de Georgia (5)

Hoy de nuevo no madrugamos. Casi no nos lo creemos, está siendo un viaje de lo más anómalo en es sentido. Al final nuestro vuelo a la capital de Georgia es a las 10:30 y tenemos que estar una hora antes en el aeropuerto. Eso no nos da mucho tiempo a hacer nada. Además, hemos quedado con el taxista del otro día para que nos venga a buscar. Nnos va a volver a cobrar 10 laris pese a que nos hemos enterado de que el precio estándar es 15 o 20.

Sobrevolando el Caúcaso

El aeropuerto de Mestia es la mínima expresión y de hecho no nos dan ni billete de embarque: ¡pasan lista con el pasaporte en la mano! El embarque rápido y el vuelo dura una hora, primero entre valles y picos y luego sobre una planicie. No aterrizamos en el aeropuerto principal de la capital de Georgia, si no en un aeródromo que está cerca y desde el que nos proporciona la propia compañía transfer directo (e incluido en el precio) hacía la Avenida Rustaveli.

Ha sido, sin duda, un acierto elegir este medio de transporte para ir a Mestia. Después de lo que nos han contado quienes decidieron ir por carretera, no solo hemos ahorrado una barbaridad de tiempo, si no que hemos disfrutado de unas vistas increíbles.

Hola, Tblisi

La avenida de Rustaveli es la arteria principal de la capital de Georgia. Desde allí bajamos caminando toda la avenida, dejando a izquierda y derecha el Parlamento, la Ópera, una iglesia y un montón de tiendas de marca, que se note que esta es la avenida principal de la capital, y llegamos hasta la Plaza de la Libertad. Nuestro alojamiento está muy cerca y la verdad es que nos sorprende muy gratamente la habitación aunque el edificio por fuera tenga una pinta regular. No solo es que tengamos ducha plato de ducha, sino que además tenemos una especie de terraza con un sofá y un tendedero que nos va a dar la vida para lavar algo de ropa. Y la ubicación es fantástica.

 

Dejamos el equipaje y cruzamos la calle para comer en el restaurante Pasanauri, que es una franquicia tamente recomendada por nuestra amiga Andrea. La verdad es que tanto el Ojakhuri (carne de cerdo con patatas) y el mchadi (pan de maíz con queso) están muy ricos, aunque los camareros son un poco bordes y el precio un poco más caro de lo que estamos acostumbrados. De hecho, es algo que hemos ido viendo mientras que recorríamos la avenida Rustaveli: parece que los precios en la capital de Georgia son más altos que en el resto del país, principalmente porque hay muchos expatriados con visado de nómada digital que se están asentando aquí debido a la política que tiene el país, destinada a atraerlos.

El puente de la Libertad

Volvemos a la Plaza de la Libertad con su estatua de centro y bajamos por la avenida principal que lleva hacia el río y que está flanqueada por casas típicas georgianas con balcones preciosos. Nos desviamos justo antes de llegar al río hacia la derecha para ver la Torre del Reloj y la basílica de Anchiskhati. Continuamos por esa calleja, repleta de cuadros en las paredes y llegamos al Puente de la Paz, con sus impresionantes cristales. Cruzamos para llegar al parque Rike, que nos recuerda un poco al ambiente de Madrid Río. Tiene varios edificios modernos y está pensado para pasear por allí y para hacer actividades al aire libre.

Desde ahí subimos una cuesta y vemos como van cambiando las construcciones y cómo vamos entrando en un barrio más humilde. Arriba del todo de este barrio está la catedral de la Santísima Trinidad de Tiflis, que es la iglesia ortodoxa más grande del mundo y que es realmente impresionante (por lo menos por fuera, por dentro no nos parece gran cosa). Nos quedamos un rato observándola y descansando y cuando vamos bajando encontramos una panadería con pan recién hecho y no nos podemos resistir a comprar unos panes y algo para desayunar mañana.

Ya provisionados seguimos bajando otra vez hasta el parque Rike y cogemos el teleférico (dos laris y medio por trayecto cada uno)  y subimos a estar otro lado de Tblisi, justo al lado de la gran estatua de la madre de Georgia y de la fortaleza Nakimi. La entrada a la fortaleza y a su iglesia son gratuitas, y de hecho tiene un mirador, pero que no ofrece mejores vistas que las que hemos tenido al dejar el teleférico, la verdad.

Abanotubani

Desde ahí bajamos hasta el barrio de Abanotubani a ver si encontramos una casa de baños asequible. Los precios están un poco disparados y además no hay disponibilidad en casi ninguna, así que estamos por comprarnos una limonada de las que tanto nos gustan (ya hemos probado todo lo sabores así que repetimos y limonada de blueberry) y nos sentamos tranquilamente a tomarla en la plaza de los baños. Dejamos que se ponga así el sol y se nota que, según va anocheciendo, va creciendo el ambiente en la ciudad. Aprovechamos para cenar en uno de los locales que se encuentran por allí cerca (unos kincalis y unas patatas mexicanas peores que las que nos han puesto de acompañamiento esta mañana) y nos volvemos dando un paseo hasta el alojamiento. Mañana, por fin, nos toca madrugar mucho