| | | |

Christchurch con bebé: murales, terremoto y la ciudad que no para de reconstruirse (Día 11)

Los murales: el arte como respuesta al vacío

Lo que más nos sorprende del centro de Christchurch son los murales. Cuando los edificios caen y los solares quedan al descubierto, aparecen medianeras. Y Christchurch decidió convertirlas en lienzos. El proyecto SCAPE Public Art lleva años comisionando artistas de todo el mundo para pintar las paredes que el terremoto dejó a la vista. El resultado es una galería al aire libre que recorre el centro en todas las direcciones.

No son grafitis improvisados. Son obras de gran formato, algunas de varios pisos de altura, con una calidad y una intención artística claras. Hay realismo, hay abstracción, hay referencias a la cultura maorí y hay humor negro sobre la reconstrucción. Pasear buscándolos es la mejor manera de entender la ciudad.

La catedral y lo que queda por decidir

La Catedral de Christchurch lleva desde 2011 en un limbo que dice mucho de cómo funciona el debate cultural cuando hay dinero e ideología de por medio. Parte del edificio original sigue en pie pero en estado peligroso; otra parte se demolió. Durante años hubo un debate intenso entre los que querían reconstruirla exactamente igual, los que preferían un diseño moderno y los que proponían no reconstruirla en absoluto. Al final se optó por una restauración que mantiene la esencia histórica, pero las obras avanzan despacio y la visita solo es posible con tour organizado, a 160 dólares neozelandeses. Lo vemos desde fuera.

Bordeamos el centro de convenciones Te Pae, inaugurado en 2021 con una arquitectura que intenta dialogar con el río Avon y con los jardines que lo rodean. Llegamos a Victoria Square y a la fuente Ferrier, uno de los pocos elementos del centro histórico que sobrevivió prácticamente intacto.

El Arts Centre y el jardín botánico

El Arts Centre de Christchurch ocupa los edificios originales de la Universidad de Canterbury, construidos en piedra gris de estilo gótico victoriano a finales del siglo XIX. Antes del terremoto era ya un espacio cultural consolidado; después del seísmo sufrió daños importantes y su restauración ha costado más de 200 millones de dólares neozelandeses. Pasear por sus patios internos con arcadas y torretas tiene algo de Hogwarts trasplantado al Pacífico Sur. La restauración ha sido cuidadosa y el resultado es impresionante.

Justo al lado, el jardín botánico. No es un jardín museo con plantas etiquetadas y recorridos marcados: es un parque enorme, con césped extenso, árboles maduros de todo tipo y ese sonido atronador de chicharras que en Nueva Zelanda te acompaña en casi todos los espacios verdes. Hay un jardín de rosas magnífico, con variedades que florecen en verano, y una zona con dalias que nos llama especialmente la atención. La peque, que a estas alturas del viaje ya tiene una relación muy consolidada con los carros de paseo, lo aprovecha para una siesta larga.

Las casas del este y los objetos en las puertas

De vuelta al hotel, rodeamos hacia el este, por las calles de casas del siglo XIX que sobrevivieron mejor que el centro. Muchas son de madera, estilo colonial, bien conservadas o reconstruidas con materiales que imitan los originales. Hay algo muy agradable en ese barrio residencial que parece ajeno al caos del centro.

En varias puertas hay objetos: ropa, libros, electrodomésticos, una televisión. No es basura. Es una tradición muy extendida en Nueva Zelanda (y en Australia también) de dejar cosas en buenas condiciones en la puerta para que quien las necesite se las lleve. Economía circular antes de que existiera el concepto. Nos gusta.

La compra en PakNSave: Costco neozelandés

Por la tarde cogemos el coche y vamos a hacer la compra grande en PakNSave. Es el equivalente local de un Makro o un Costco: inmensas naves con precios de mayorista, carros enormes y familias haciendo la compra semanal a las 21:00 un martes. Nueva Zelanda tiene una cultura muy práctica con la alimentación.

Nueva Zelanda tardó en encontrar su sitio en el mundo. Durante más de un siglo, su economía dependió casi exclusivamente de tres productos: lana, carne y lácteos. Todo iba a parar a Reino Unido, que era su comprador casi único. En 1973, cuando el Reino Unido entró en la Comunidad Económica Europea, Nueva Zelanda perdió su posición preferente en ese mercado: todos los acuerdos comerciales quedaron anulados de golpe. Para hacerse una idea de la magnitud del golpe, en 1970 Reino Unido absorbía más del 90% de las exportaciones de mantequilla neozelandesa y el 75% del queso. 

El gobierno intentó aguantar con subsidios, pero en 1984 el nuevo ejecutivo laborista los eliminó de raíz. De repente, los agricultores neozelandeses tenían que competir en mercados internacionales sin red. La respuesta fue reinventarse: la reestructuración del sector agrícola llevó a una diversificación deliberada, alejándose de los productos tradicionales —lácteos, carne y lana— hacia productos con mayor valor económico potencial. El kiwi fue el primer gran éxito de esa apuesta: en 1974, Turners & Growers fletó un avión para llevar la fruta a Europa por primera vez. El vino vino después: el número de bodegas se duplicó en los años 90, y la industria apostó por calidad sobre cantidad, con variedades como el sauvignon blanc y el pinot noir que hoy son referencia mundial. También el ciervo, la pesca, las manzanas de exportación, las flores cortadas.

El resultado es que Nueva Zelanda es hoy el único país desarrollado del mundo que opera sin ningún tipo de subvención agrícola, y aun así exporta productos que se venden como premium en los mercados más exigentes. No fue un plan: fue una necesidad.

Los precios nos sorprenden en positivo para algunos productos: la leche de fórmula para bebé cuesta menos de la mitad que en España. La zona de bebidas alcohólicas está cerrada a esa hora por regulación horaria —en Nueva Zelanda el alcohol tiene restricciones de venta a partir de cierta hora que varían por municipio—. Compramos para varios días y volvemos al hotel a organizar maletas.

Se nos vuelve a hacer tarde. Mañana arrancamos hacia el Mackenzie Country.

Útiles para organizar tu visita a Christchurch

🚗 Coche de alquiler: imprescindible para moverse por Nueva Zelanda. Comparamos precios y reservamos con DiscoverCars. Si viajáis con bebé, confirmar la sillita en la reserva y por escrito. 🛡️ Seguro de viaje: Nueva Zelanda tiene un sistema de compensación por accidentes (ACC) que cubre a los turistas, pero no sustituye a un seguro médico completo. Nosotros viajamos con Heymondo, con cobertura familiar incluida para la peque. 🏨 Alojamiento: Christchurch tiene buena oferta a precios razonables comparado con el resto de Nueva Zelanda. Reservamos en Booking. Si queréis algo diferente, HomeExchange tiene intercambios interesantes en esta ciudad.

Llegamos a las tres de la madrugada después de un viaje accidentado desde Uluru, con el problema de la sillita sin resolver y cinco zonas horarias en el cuerpo en diez días. Lo primero que hace la mañana es ponerse de nuestra parte.

La sillita, resuelta

La noche anterior escribimos a la empresa de alquiler. A primera hora de la mañana llamamos desde el hotel y vamos directamente a la oficina del aeropuerto a recoger la sillita. No solo nos la dan sin problema: nos descuentan el importe del taxi de la noche anterior. No siempre las empresas de coches responden así. Esta vez, bien.

Si viajáis con bebé a Nueva Zelanda, una advertencia importante: la sillita es obligatoria por ley para menores de siete años y el agente de alquiler está obligado a comprobarlo. No es algo que se pueda improvisar a la llegada. Confirmadlo por escrito antes de volar, y llevad el justificante. Nosotros lo hicimos y aun así tuvimos el susto. Reservamos siempre con DiscoverCars, que permite filtrar por sillita incluida y comparar precios entre varias empresas.

Christchurch: una ciudad que camina sobre sus cicatrices

Ya es casi mediodía cuando salimos andando hacia el centro. El camino desde el hotel transcurre por aceras con tablones de madera elevados y estructuras temporales que llevan años en pie. No es descuido: es la ciudad todavía digiriendo el terremoto de 2011.

El 22 de febrero de 2011, un seísmo de magnitud 6,3 sacudió Christchurch a mediodía, cuando las calles estaban llenas de gente. Murieron 185 personas. El centro histórico quedó devastado: la catedral anglicana perdió su aguja y parte de la nave, cientos de edificios victorianos se derrumbaron y zonas enteras tuvieron que demolerse por riesgo de colapso. Más de quince años después, la reconstrucción avanza pero sigue sin terminar. Lo que en otras ciudades sería una herida visible, aquí se ha convertido en una identidad.

New Regent Street: Nueva Orleans en el Pacífico Sur

New Regent Street es la postal más reconocible de Christchurch y una de las pocas calles del centro que sobrevivió al terremoto en buen estado. Construida en los años 30 en estilo español de misión —fachadas de colores vivos, balcones de hierro forjado, proporciones generosas—, tiene mucho del ambiente de las calles de Nueva Orleans: restaurantes en terrazas, músicos callejeros y un tranvía antiguo que pasa por el centro de la calle cada pocos minutos.

Comemos hamburguesas y continuamos al centro. Aquí empieza el Christchurch que no aparece en las fotos de archivo: solares vacíos donde antes había edificios, parkings en terrenos que esperan proyecto, obras que llevan tanto tiempo que parecen permanentes.

Los murales: el arte como respuesta al vacío

Lo que más nos sorprende del centro de Christchurch son los murales. Cuando los edificios caen y los solares quedan al descubierto, aparecen medianeras. Y Christchurch decidió convertirlas en lienzos. El proyecto SCAPE Public Art lleva años comisionando artistas de todo el mundo para pintar las paredes que el terremoto dejó a la vista. El resultado es una galería al aire libre que recorre el centro en todas las direcciones.

No son grafitis improvisados. Son obras de gran formato, algunas de varios pisos de altura, con una calidad y una intención artística claras. Hay realismo, hay abstracción, hay referencias a la cultura maorí y hay humor negro sobre la reconstrucción. Pasear buscándolos es la mejor manera de entender la ciudad.

La catedral y lo que queda por decidir

La Catedral de Christchurch lleva desde 2011 en un limbo que dice mucho de cómo funciona el debate cultural cuando hay dinero e ideología de por medio. Parte del edificio original sigue en pie pero en estado peligroso; otra parte se demolió. Durante años hubo un debate intenso entre los que querían reconstruirla exactamente igual, los que preferían un diseño moderno y los que proponían no reconstruirla en absoluto. Al final se optó por una restauración que mantiene la esencia histórica, pero las obras avanzan despacio y la visita solo es posible con tour organizado, a 160 dólares neozelandeses. Lo vemos desde fuera.

Bordeamos el centro de convenciones Te Pae, inaugurado en 2021 con una arquitectura que intenta dialogar con el río Avon y con los jardines que lo rodean. Llegamos a Victoria Square y a la fuente Ferrier, uno de los pocos elementos del centro histórico que sobrevivió prácticamente intacto.

El Arts Centre y el jardín botánico

El Arts Centre de Christchurch ocupa los edificios originales de la Universidad de Canterbury, construidos en piedra gris de estilo gótico victoriano a finales del siglo XIX. Antes del terremoto era ya un espacio cultural consolidado; después del seísmo sufrió daños importantes y su restauración ha costado más de 200 millones de dólares neozelandeses. Pasear por sus patios internos con arcadas y torretas tiene algo de Hogwarts trasplantado al Pacífico Sur. La restauración ha sido cuidadosa y el resultado es impresionante.

Justo al lado, el jardín botánico. No es un jardín museo con plantas etiquetadas y recorridos marcados: es un parque enorme, con césped extenso, árboles maduros de todo tipo y ese sonido atronador de chicharras que en Nueva Zelanda te acompaña en casi todos los espacios verdes. Hay un jardín de rosas magnífico, con variedades que florecen en verano, y una zona con dalias que nos llama especialmente la atención. La peque, que a estas alturas del viaje ya tiene una relación muy consolidada con los carros de paseo, lo aprovecha para una siesta larga.

Las casas del este y los objetos en las puertas

De vuelta al hotel, rodeamos hacia el este, por las calles de casas del siglo XIX que sobrevivieron mejor que el centro. Muchas son de madera, estilo colonial, bien conservadas o reconstruidas con materiales que imitan los originales. Hay algo muy agradable en ese barrio residencial que parece ajeno al caos del centro.

En varias puertas hay objetos: ropa, libros, electrodomésticos, una televisión. No es basura. Es una tradición muy extendida en Nueva Zelanda (y en Australia también) de dejar cosas en buenas condiciones en la puerta para que quien las necesite se las lleve. Economía circular antes de que existiera el concepto. Nos gusta.

La compra en PakNSave: Costco neozelandés

Por la tarde cogemos el coche y vamos a hacer la compra grande en PakNSave. Es el equivalente local de un Makro o un Costco: inmensas naves con precios de mayorista, carros enormes y familias haciendo la compra semanal a las 21:00 un martes. Nueva Zelanda tiene una cultura muy práctica con la alimentación.

Nueva Zelanda tardó en encontrar su sitio en el mundo. Durante más de un siglo, su economía dependió casi exclusivamente de tres productos: lana, carne y lácteos. Todo iba a parar a Reino Unido, que era su comprador casi único. En 1973, cuando el Reino Unido entró en la Comunidad Económica Europea, Nueva Zelanda perdió su posición preferente en ese mercado: todos los acuerdos comerciales quedaron anulados de golpe. Para hacerse una idea de la magnitud del golpe, en 1970 Reino Unido absorbía más del 90% de las exportaciones de mantequilla neozelandesa y el 75% del queso. 

El gobierno intentó aguantar con subsidios, pero en 1984 el nuevo ejecutivo laborista los eliminó de raíz. De repente, los agricultores neozelandeses tenían que competir en mercados internacionales sin red. La respuesta fue reinventarse: la reestructuración del sector agrícola llevó a una diversificación deliberada, alejándose de los productos tradicionales —lácteos, carne y lana— hacia productos con mayor valor económico potencial. El kiwi fue el primer gran éxito de esa apuesta: en 1974, Turners & Growers fletó un avión para llevar la fruta a Europa por primera vez. El vino vino después: el número de bodegas se duplicó en los años 90, y la industria apostó por calidad sobre cantidad, con variedades como el sauvignon blanc y el pinot noir que hoy son referencia mundial. También el ciervo, la pesca, las manzanas de exportación, las flores cortadas.

El resultado es que Nueva Zelanda es hoy el único país desarrollado del mundo que opera sin ningún tipo de subvención agrícola, y aun así exporta productos que se venden como premium en los mercados más exigentes. No fue un plan: fue una necesidad.

Los precios nos sorprenden en positivo para algunos productos: la leche de fórmula para bebé cuesta menos de la mitad que en España. La zona de bebidas alcohólicas está cerrada a esa hora por regulación horaria —en Nueva Zelanda el alcohol tiene restricciones de venta a partir de cierta hora que varían por municipio—. Compramos para varios días y volvemos al hotel a organizar maletas.

Se nos vuelve a hacer tarde. Mañana arrancamos hacia el Mackenzie Country.

Útiles para organizar tu visita a Christchurch

🚗 Coche de alquiler: imprescindible para moverse por Nueva Zelanda. Comparamos precios y reservamos con DiscoverCars. Si viajáis con bebé, confirmar la sillita en la reserva y por escrito. 🛡️ Seguro de viaje: Nueva Zelanda tiene un sistema de compensación por accidentes (ACC) que cubre a los turistas, pero no sustituye a un seguro médico completo. Nosotros viajamos con Heymondo, con cobertura familiar incluida para la peque. 🏨 Alojamiento: Christchurch tiene buena oferta a precios razonables comparado con el resto de Nueva Zelanda. Reservamos en Booking. Si queréis algo diferente, HomeExchange tiene intercambios interesantes en esta ciudad.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *