Vuelos largos con bebé: todo lo que aprendimos en los trayectos a Japón, Australia y Nueva Zelanda
Cuando reservamos el vuelo a Australia — más de veinte horas entre escalas — la peque tenía pocos meses y básicamente nos preguntábamos si habíamos perdido la cabeza. Hicimos lo que hace cualquier padre: leer todo lo que encontramos en internet y preocuparnos de más. La realidad, una vez en el aire, fue bastante más manejable de lo que imaginábamos. Esto es lo que hemos aprendido volando a Japón, Australia y Nueva Zelanda. Seis vuelos de más de 12 horas con una bebé de menos de once meses.
Lo que hay que gestionar antes del vuelo
Cuna de viaje en avión: pídela siempre, aunque no la uses
Pide siempre la cuna de viaje, incluso si no estás segura de que tu bebé vaya a usarla. En vuelos de largo radio, la mayoría de aerolíneas la ofrecen de forma gratuita, pero hay que reservarla con al menos dos semanas de antelación, llamando directamente a la compañía — las plazas son limitadas y se agotan. Comprueba antes el peso y la talla máxima que admite la aerolínea, porque varían.
La razón real para pedirla no es solo la cuna: los asientos asignados a las cunas suelen estar en las filas con más espacio para las piernas, lo que en un vuelo de doce horas es una diferencia considerable. Nuestra hija apenas la usó en el vuelo a Australia — prefería ir en brazos o en el porteo —, pero íbamos infinitamente más cómodos que si hubiéramos ido en asientos normales.
Asegúrate también de que os sientan juntos los dos adultos. No es tan obvio como parece: a veces asignan a uno la cuna y al otro en otro sitio. Vale la pena confirmarlo expresamente al reservar.
El menú especial
Esto no lo encontraréis en casi ningún artículo y marca una diferencia real: pedid un menú especial al reservar, ya sea sin gluten, vegetariano o cualquier otra opción. Los menús especiales se sirven antes que el resto del avión, lo que os da una ventana de tiempo para que uno coma tranquilo mientras el otro se ocupa de la peque.
Si no lo habéis reservado con antelación, también podéis pedirle a las azafatas que os sirvan por separado, pero ya dependéis de la voluntad de cada tripulación en ese momento. Lo del menú especial es más fiable.
En el aeropuerto con bebé
Las salas familiares: no esperes en la terminal
No esperéis en la terminal general si el aeropuerto tiene sala familiar. En casi todos los grandes aeropuertos internacionales existen, y son una diferencia enorme: suelo de moqueta, sofás, temperatura agradable, cambiador decente, microondas. En una terminal grande con horas de espera y un bebé, el ruido y el frío ya empiezan a pasar factura antes de subir al avión. La sala familiar es el sitio donde conviene estar.
El embarque
La mayoría de aerolíneas dejan embarcar antes a familias con menores de dos años. Aprovechadlo para colocar el equipaje de mano con calma y acomodaros antes de que llegue el resto del pasajaje. Una opción que a nosotros nos funciona bien es dividirnos: entra uno primero, coloca todo y prepara el espacio, y el otro entra al final con la peque. Así evitáis gestionar bultos y bebé al mismo tiempo en el pasillo.
Las colas de inmigración
En casi todos los países hay colas prioritarias para familias, tanto en el control de seguridad como en inmigración. En algunos aeropuertos lo ofrecen directamente; en otros no lo dicen pero existe. Si no os lo indican, preguntad. No perdéis nada y podéis ahorraros una espera larga con un bebé en brazos.
Para salir de España con un menor, tendréis que presentar vuestro DNI o pasaporte y el del niño. Es un requisito establecido por la Instrucción ISES 10/2019 para la protección de menores en fronteras internacionales — conviene tenerlo todo a mano y no en el fondo de la mochila.
En el avión con bebé: lo que nadie te cuenta
El equipaje de mano con bebé
Llevad siempre en cabina más pañales y comida de los que creéis que vais a necesitar, más una muda de cambio. No porque vayáis a usarlo todo, sino por si el vuelo sufre un retraso o una cancelación. Son productos que se encuentran fácil en cualquier aeropuerto grande si os quedáis sin ellos, pero tenerlos encima evita el estrés de buscarlos en una situación ya de por sí complicada.
Cuando viajáis con un bebé podéis llevar en cabina toda la alimentación que necesite, ya sean biberones preparados, agua hervida, potitos o papilla. Aunque supere el límite de los 100 ml, es una normativa internacional reconocida. A veces hacen un control aleatorio, pero no debería haber problema en ningún país.
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Los baños
Los cambiadores están en los baños de turista, que son los más pequeños. Lo que no suele decirse es que los baños de primera clase tienen cambiadores más anchos y bastante más espacio para maniobrar. Nadie va a invitaros a pasar, pero en general tampoco nadie os va a decir nada si cruzáis a cambiar al bebé ahí. Una azafata nos lo dejó muy claro en su momento: «no te doy permiso, pero tampoco te digo que no lo hagas».
El entretenimiento
Un bebé se entretiene con cualquier cosa, y en un avión esto es más verdad que nunca. No vale la pena cargar con un arsenal de juguetes. En el vuelo a Australia, la peque pasó un buen rato con una botella de agua vacía rellena de piedras del aeropuerto, un vaso de cartón y una cuchara. A esa edad todo es nuevo y todo es interesante. Nosotros llevamos dos o tres cosas pequeñas que vamos sacando de forma escalonada — así cada una sigue siendo novedad — y con eso es suficiente.
Para los despegues y aterrizajes, la succión ayuda a compensar el cambio de presión en los oídos. Si das el pecho, ese es el momento. Si no, un biberón o el chupete funcionan igual de bien.
Vuelos nocturnos y jet lag con bebé
En la medida de lo posible, los vuelos nocturnos facilitan mucho las cosas: el bebé tiende a dormir más, el ritmo del avión es más tranquilo y la llegada a destino coincide mejor con el horario local. No siempre es una opción, pero si la tenéis, merece la pena considerarla.
Para minimizar el jet lag, procurad mantenerlos bien hidratados durante el vuelo y empezad a adaptar los horarios de forma gradual desde los primeros días en destino. Con bebés pequeños el ajuste es generalmente más rápido que con adultos, aunque los primeros días pueden ser un poco impredecibles.
El transporte en destino: la silla infantil importa más de lo que parece
Es algo que se planifica poco y que tiene más implicaciones de las que parece. En muchos países, viajar con un bebé sin silla homologada en determinados vehículos no está permitido, y las normas cambian mucho de un sitio a otro.
En Australia, por ejemplo, es posible ir en taxi sin silla infantil, pero no en Uber. En Japón es obligatoria en cualquier vehículo. En China no lo es. Son cosas que conviene comprobar antes de llegar, no después.
Si viajáis en transporte público, en general no hay restricciones. Para los traslados privados, revisad si el servicio incluye silla o si podéis llevar la vuestra. Algunas plataformas como Trip.com ofrecen opciones de traslado al reservar los vuelos, con la posibilidad de especificar las necesidades del trayecto.
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Con esto cubierto, el vuelo largo con bebé pasa de ser algo que da vértigo a algo que simplemente requiere un poco de organización previa. No es cómodo del mismo modo que volar sin niños, pero tampoco es el caos que uno imagina. Nosotros ya vamos por el tercero de largo radio y cada vez lo gestionamos con más calma.
Si estáis planificando un viaje de largo radio con familia y no sabéis cuándo ir, tenemos una guía con 40 destinos organizados por estación, con nuestra experiencia real y una sección específica para viajar en familia. La enviamos por newsletter — podéis suscribiros aquí abajo.
Algunas cosas que usamos y nos han funcionado para estos viajes:
- Seguro de viaje familiar: llevamos Heymondo con el código RETRATOSVIAJEROS (descuento del 15% en el seguro familiar). También valoramos Intermundial y Chapka.
- Coche en destino: para Australia usamos DiscoverCars, donde también podéis filtrar por vehículos con silla infantil incluida.