El cañón de Martvili y los monasterios de Gelati y Motsameta (2)
El cañón de Martvili y los monasterios de Gelati y Motsameta (2)

El cañón de Martvili y los monasterios de Gelati y Motsameta (2)

 

 

Nos levantamos sin mucha prisa. Ayer vimos que el cañón de Martvili no abre hasta las 10 de la mañana, así que podemos aprovechar para recuperarnos un poco de la paliza del primer día.

Bajamos tranquilamente hasta el pueblo, donde cogemos un café. Lo acabamos pagando más caro de lo que pone en el cartel del escaparate y no sabemos bien por qué razón. Lo de este país y el precio del café es sorprendente, un café soluble de máquina y bastante regulero, solo y para llevar, te cuesta como 1’5€ al cambio.  También cogemos unos bollitos en una pandería cercana, que no están para tirar cohetes. Ya con la tripa llena nos vamos a coger la misma marshuska que nos llevó ayer a Talsktubo. No encontramos la 34, pero nos dicen que la 30 también nos vale, así que perfecto. Justo cuando nos montamos arranca y se va. Es curioso que nos resulta un camino conocido cuando llevamos aquí apenas día y medio.

El cañón de Martvili

Cuando llegamos al centro de Talkstubo, después de comprar una botella de agua y una crema para las picaduras que nos llevamos ayer de recuerdo de los sanatorios, nos ponemos a preguntar a los taxistas que cuánto cuesta llegar hasta el cañón de Martvili. Todos los precios que nos dan superan con creces los 31 laris que nos ofrece la aplicación de Maxim, así que esperamos apenas cuatro minutos y partimos en el coche, esquivando los cerdos y las vacas que se nos cruzan en el camino.

 

No sé por qué teníamos en mente que era un trayecto de 15 minutos, pero realmente tardamos más de 50 en llegar a la entrada del cañón de Martvili, donde nos intentan convencer de que cojamos un todoterreno y visitemos no solo el cañón, sino también los alrededores. Sin darle muchas vueltas,bajamos hasta abajo, donde sí que nos pensamos un poco si coger la entrada con bote o no, ya que la experiencia de la cueva de Prometeo fue bastante decepcionante. Al final, viendo las fotos, las recomendaciones de los blogs y demás, decidimos cogerlo y bajamos las escaleras que nos llevan hasta el propio cañón dee Martvili.

 

El cañón es estrecho y muy bonito, con una cascada al inicio del recorrido. Está rodeado de vegetación y nos recuerda muchísimo a Garajonay, por la atmósfera y las plantas que tiene. Está rodeado por pasarelas y la principal pega que se le puede poner, aparte de la cantidad de gente que hay, es que el recorrido es realmente corto. Son apenas quinientos metros de ida en los que se cruzan varios puentes sobre el cañón y el río que va por dentro. Bueno, también hay una luz malísima y muy dura que no permite sacar en la cámara lo bonito que es este lugar realmente… cosas del directo.

 

Cuando terminamos el recorrido, nos vamos justo hacia el lado contrario que es donde está el muelle. Nos sorprendemos bastante al ver que en vez de una barca hay multitud de piraguas hinchables bastante pequeñas. Después de dejar pasar una de ellas para poder sentarnos delante, ante la mirada estupefacta del señor que coloca a los pasajeros, nos subimos a la inestable embarcación y cogemos uno de los remos que nos dan para ir avanzando por el cañón.

En la barca somos siete -nosotros dos, una familia de hindús y el propio barquero- aunque parece que el único que rema es David, con lo que nos deslizamos lentamente por las aguas del cañón de Martvili, que desde esta perspectiva es bastante bonito. Hoy el barco sí que está mereciendo la pena y nos está compensando un poco la decepción de la otra parte del cañón que se nos ha quedado muy corta.

 

Tskaltubo

Con esto en mente, al salir, decidimos no ir al cañón de Okatse, que era lo siguiente que teníamos en la ruta, puesto que todo el mundo dice que este es el mejor cañón y no queremos invertir el tiempo y el dinero en algo que creemos que nos puede decepcionar. Decidimos volver a y aprovechar a comer en el restaurante de ayer antes de volvernos a Kutaisi, y hacer por la tarde la ruta de los monasterios.

En este caso comemos una especie de ensalada César, reinterpretada a la georgiana y muy habitual en las cartas del país, y unos champiñones cubiertos con queso gratinado que están riquísimos. Nos sorprenden al traernos la cuenta con un cargo de servicio que no nos cobraron ayer y no aparece en ningún sitio de la carta. Es verdad que no es mucho (3 lari, aproximadamente 1€) pero le decimos que no lo entendemos y que eso no debería estar ahí. Sin embargo las camareras estiran el morro y nos dicen que eso está así y ya.. Nos sentimos muy estafados, sobre todo por las formas y la falta de explicaciones.

Salimos indignados del restaurante y volvemos a coger al vuelo la marshuska de vuelta a Kutaisi. Cuando nos bajamos, aprovechamos a ir a oficina de turismo, que ayer estaba cerrada, a preguntar por la marshuska hacia manasterio de Gelati. También para saber las opciones que tenemos para ir al aeropuerto mañana. La mujer nos dice que la marshuska de Gelati pasa cada dos horas y que mañana para el aeropuerto en transporte público es un lío. Tendríamos que coger una marshuska hacia la estación de autobuses, que está muy lejos, y de ahí coger otra que tiene una parada no sé dónde y bla bla.. Vamos que nos cojamos un taxi ahora y que nos cojamos otro taxi mañana, que es lo más rápido y eficiente.

El monasterio de Gelati

Miramos Maxim y vemos que por 10 lari podemos ir al monasterio. Nos ha dicho que el monasterio de Motsameta está cerca y podemos ir andando. Cogemos el taxi con idea de volver luego en la última marshuska de la tarde.

El trayecto es de veinte minutos y la decepción es inmediata: todo el monasterio, que es Patrimonio de la Humanidad, está lleno de andamios, tanto por dentro como por fuera. No se puede ver casi nada de los fantásticos frescos que parece que hay en el interior y que tanto nos recuerda a los monasterios de Bucovina en Rumanía.

Para compensar, nos ponemos a hablar con unos señores que están allí vestidos con el traje típico. Nos cuentan que son músicos tradicionales y que estuvieran tocando en España. Concretamente en Vitoria, en el año 87 en representación de la URSS. Además nos dicen que cantan para los turistas por la voluntad. Pronto empiezan a improvisarnos un concierto solo para nosotros dentro de uno de los edificios del monasterio. La verdad es que la música es preciosa y el rato compensa un poco la decepción que hemos sufrido con los andamios.

Motsameta

Cuando salimos, vemos que el monasterio de Motsameta no está muy lejos. Sin embargo,para llegar hay que ir campo a través bajando y subiendo dos montañas. Acabamos pidiendo otro Maxim porque a pie se nos va a una hora y pico. Esta vez no sale más caro por la falta de servicio que hay en la zona, ya que funciona como Uber, y nos vamos a Motsameta.

Este monasterio no es tan bonito como el otro, pero el entorno es mucho más espectacular. Para llegar hay que hacerlo por un camino rodeado de árboles hasta que se encuentra uno con el monasterio erigido sobre una piedra. De hecho, es un ejemplo de monasterio fortificado al que se entra por un puente de madera. El resto del monasterio está edificado sobre en una piedra en un entorno privilegiado, rodeado de árboles y un río al fondo del cañón. Eso sí, es muy pequeño y se ve muy rápido.

Aun así, cuando salimos no queda ya ningún turista ni ningún taxi, y tampoco parece que haya ningún Maxim dispuesto a recogernos. Afortunadamente el hombre del del parking dice que él llama un taxi. Aunque nos sale bastante más caro de lo que debería (10 lari), nos lo cogemos para volver al centro de Kutaisi. En realidad, le decimos que si nos lleva hacia la catedral de Bagrati. El hombre nos dice que eso tiene un coste extra y decidimos bajarnos en el centro e ir dándonos un paseo.

La catedral de Bagrati

La catedral está muy cerca de nuestro alojamiento, justo al borde de la ladera. La situación es muy buena y el exterior de la catedral es imponente. De hecho, era Patrimonio de la Humanidad hasta que este se lo revocó por las reformas que hicieron dentro. Y es cierto que, dentro la combinación de elementos nuevos y antiguos, es muy barroca. También es cierto que la tuvieron que reconstruir casi desde cero.

 Fue construida en los primeros años del siglo xi, durante el reinado de Bagrat III de Georgia. Debido a esto se la llama la catedral «Bagrati», esto es, la catedral de Bagrat. Una inscripción en la pared norte revela que el suelo se estableció en el año «chronicon 223», esto es, 1003. En 1692, fue devastada en una explosión por las tropas otomanas, que habían invadido el Reino de Imereti. El incidente causó que la cúpula y el techo se derrumbaran.

Cuando terminamos nos bajamos callejeando hasta el bazar que, lamentablemente, esta casi cerrando. Nos sentamos en el parque central un ratito a descansar antes de irnos a cenar a Eldepo, una recomendación directa de nuestra amiga Andrea para probar los famosos kinkalis.. y la verdad es que nos ha equivocado. Pedimos unos cuantos de queso y otros de setas y ambos están riquísimos. Mientras que nos los traen observamos cómo se los come la gente. Lo hacemos bastante bien, excepto por la parte de no comerse el rabito, cosa que todo el mundo menos nosotros se deja en la mesa (a nosotros nos gusta mucho y tampoco es cosa de tirar comida rica).

Ya cenados y agotados después de otro día de no parar, regresamos al alojamiento. Toca  preparar de nuevo las maletas, ya que mañana cambiamos de ubicación.