Nungwi (10)
Nungwi (10)

Nungwi (10)

 

Esta noche ha diluviado, pero el cielo amanece relativamente despejado. A las 8:45 vienen a buscarnos para ir a la excursión de hoy. Salimos desde la playa, con un grupo bastante grande de turistas, principalmente franceses. Nos dan gafas y aletas a todos, después cogemos el barco. Está chispeando, pero hace calor. Aún así, el trayecto de hora y media hasta Mnemba se nos hace corto: vemos como cambia el color del mar -el azul del mar es muy intenso aquí, más oscuro que en la orilla- y también podemos observar como, una vez pasada la zona más turística, las playas están totalmente vírgenes. No se ven casas ni accesos por carretera a las mismas, la mayoría pequeñas calas que imagino que son únicamente accesibles por mar.

Cuando llegamos a Mnemba, nos encontramos una isla paradisíaca: es  la isla privada de Bill Gates y, por eso,  nos advierten de que no podemos acercarnos a la playa. Al parecer, la isla es un resort de lujo cuando el millonario no está.

Nos ponemos las gafas y las aletas y tras una breve explicación saltamos al agua. Al principio no me gusta demasiado: me entra agua por todas partes y no consigo ver nada. Volvemos al barco a pedir otras gafas: a D. le dan unas nuevas, a mí no me las cambian pero me las ajustan. Mucho mejor así!

Estamos buceando sobre unos arrecifes de coral espectaculares, repletos de peces tropicales. Es una auténtica pasada. Nos dejan hacer snorkel durante una hora y media, aunque yo me canso antes. D. apura hasta el último momento y, por un instante, creo que el barco va a zarpar sin él porque no se entera de que le estoy llamando. Finalmente me ve haciendo aspavientos y regresa al barco.

Exhaustos, vamos a la playa de enfrente, donde han preparado un almuerzo a base de arroz y pescado. Esta playa es enorme, pero el acceso a la misma está lleno de piedras y algas. Por suerte, llevamos nuestros escarpines. También hay muchas estrellas de mar. La playa cuenta con varias zonas techadas con largas mesas y bancos de madera: Nosotros comemos debajo de uno de ellos y el resto de barcos se dirigen a los otros. Lo tienen todo bien organizado!. Comemos y damos un paseo por la playa. Nos han dado media hora libre antes de regresar.

Después volvemos al barco. Para el camino de vuelta despliegan la vela, así que tardamos bastante menos que a la ida. Además, tenemos la suerte de ver delfines nadando junto al barco.

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Llegamos a Nungwi y vamos a la habitación. Nos hemos quemado bastante haciendo snorkel, así que decidimos hacer algo de tiempo hasta que el sol sea menos intenso.

A las 5 salimos de nuevo. Esta vez vamos caminando hacia el este: esta playa es mucho más ancha y hay menos posibilidades de quedarnos atrapados como ayer. Está también llena de gente joven, entrenando en la playa y jugando al voleibol. Nos cruzamos con unos locales y preguntamos por un restaurante para cenar. Nos indican donde hay uno local cerca, así que después de ver el atardecer vamos allí a cenar. El hombre de las conchas de ayer no ha aparecido en la playa, aunque nosotros hemos regresado al mismo sitio a ver el atardecer, por si acaso.

Cenamos pizza  y unas brochetas de carne. Es un sitio regentado por un local, pero algo más orientado al turismo (tiene la carta traducida al inglés y un letrero que anuncia que es un restaurante). Se nota también en el precio: algo más elevado, aunque es más que razonable. Después de cenar damos un paseo por la playa. El cielo está cubierto de estrellas. Estamos un rato hasta que vuelve a cubrirse y, después, nos vamos a dormir.

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