Diario de Francia (3, 4 y 5): El valle del Loira

 

Nos despertamos temprano porque queremos emprender de nuevo la búsqueda del adaptador GLP. Tras haber descartado que nos lo presten en una gasolinera, donde parece que va a ser imposible, probamos a tratar de comprar uno. Hemos visto que en Amazon los venden por unos 12-15€, así que buscamos un par de talleres y tiendas de repuestos, vamos incluso a la Opel y, finalmente, conseguimos una dirección. Es un taller de repuestos especializado en GLP donde, efectivamente, tienen el dichoso adaptador… pero hay dos problemas. El primero es que no encaja bien: la rosca no es la misma y queda mínimamente suelto, lo que no nos termina de convencer. El segundo es que nos piden la friolera de 45€ por él. Vamos, casi tanto como lo que nos vamos a ahorrar por echar gas en lugar de gasolina. Como no nos termina de gustar que no encaje correctamente, decidimos pasar. Lamentablemente, renunciamos al GLP y vamos a viajar en gasolina.

Poitiers

Nuestra primera parada es la ciudad de Poitiers, donde dejamos el coche en la zona paralela al río, que no es de pago. Es una ciudad pequeña, que se recorre en un rato. Nos gusta especialmente la iglesia de Notre-Dame, una iglesia románica del siglo XI con una fachada espectacular y un interior que nos sorprende por estar lleno de frescos… y es que las iglesias románicas, en realidad, estaban repletas de colores en su interior. Nada que ver con lo que conocemos hoy día. En Francia hay muchos ejemplos de ello y, la verdad, es una maravilla.

Tras recorrer la ciudad de arriba a abajo (la catedral es imponente, y la plaza del mercado muy agradable, pero no tiene mucho más), regresamos al coche y conducimos rumbo a Orleans, que es nuestra siguiente parada… aunque por el camino paramos en un pueblecito porque vemos un restaurante abierto y hay hambre. Sin embargo, cuando entramos a pedir mesa, nos dicen que no. Son las 13:40 y ya no dan mesa, pese a que hay gente aún terminando de comer. Decepcionados, optamos por comprar unos croissants en una panadería que sí está abierta y nos los tomamos con jamón en un merendero en el que paramos de camino, haciendo una mezcla franco española que resulta estar deliciosa. Por cierto, en Francia abundan los merenderos al aire libre, una cosa más que positiva de país.

De camino a Orleans paramos también en un pequeño pueblecito llamado Les Pontes que, justo a su salida, tiene una preciosa panorámica del pueblo con el río. Indudablemente, un buen sitio para estirar las piernas!

Orleans

Dejamos el coche en un aparcamiento subterráneo de Orleans, muy cerquita de la avenida principal. Vamos, tan cerca que según salimos de parking nos encontramos de frente con la catedral. Y menuda impresión: es una catedral increíble de por si pero es que, además, tienen toda la avenida de Juana de Arco decorada con banderas y la imagen, con la catedral de fondo, es alucinante.

En cuanto a Juana de Arco, Orleans es una ciudad que tiene una estrecha relación con la patrona de Francia porque fue la ciudad que liberó del asedio inglés, liberación con la que probó que había sido elegida por Dios… o eso decían en la época. El caso es que, en Francia en general, y en esta zona en particular, Jean D’Arc está por todas partes. Casi en cada plaza. Plazas que, por cierto, son muchas y bonitas.

Todas estás plazas orbitan al rededor de la catedral, en un casco antiguo bastante pequeño pero muy cuidado y bonito: es bastante peatonal, conservan las fachadas antiguas.. vamos una preciosidad. Y más paseándola con una tarta-flan riquísima en la mano (es un dulce típico de la zona y, aunque lo hemos encontrado en varios sitios, no hemos probado ninguno tan rico como el de la pastelería de la advenida Jean D’Arc, casi al lado de la catedral).

A parte de meternos por los callejones  que, por cierto, tienen algo más de actividad que los lugares en los que hemos estado hasta ahora, aprovechamos para visitar el Hotel Groslot -el antiguo ayuntamiento- que tiene unos salones preciosos que recorremos totalmente solos (y completamente gratis).

Sully-sur-Loire

Nuestra última parada de día es Sully-sur-Loire… o casi. En realidad nos quedamos en un pueblecito de tres casas que está relativamente cerca, un lugar absolutamente aislado, en el que no se ve ni una sola luz por la noche y en el que aprovechamos para hacer algunas fotografías nocturnas.

A la mañana siguiente, lo primero que hacemos es ir a ver el castillo. No está ni abierto aún, pero por suerte este castillo es de los que se puede ver desde fuera. Una cosa que descubriremos después de visitar varios castillos del Loira, es que por dentro son bastante similares todos y en absoluto tan espectaculares como lo son por fuera (También es cierto que nuestras exigencias en cuanto a interiores de palacios y castillos quedaron seriamente dañadas cuando estuvimos en San Petersburgo, en Teheran, etc..)

Chambord

Nuestra siguiente parada es el castillo de Chambord. Dejamos el coche en el aparcamiento por el módico precio de 6€ (aunque luego descubriremos que hay un aparcamiento más alejado que cuesta solo 4€).  La entrada cuesta 14,5€ por persona pero se pueden visitar los jardines sin pagarla, así que nos decantamos por esta opción porque realmente lo más impresionante de este castillo son sus jardines… y la vista del propio castillo desde el exterior.

Es el castillo más grande de todos los del Loira y fue construido como pabellón de caza para el rey Francisco I. Tiene 440 habitaciones de nada (lo típico de cualquier pabellón de caza) y se dice -falsamente- que Leonardo Da Vinci estuvo implicado en el diseño de castillo porque estuvo trabajando en la época en el castillo de Clos-Lucé, que está conectado con este por un pasadizo subterráneo.

Cheverny

El siguiente castillo que visitamos es el de Cheverny, famoso por ser la inspiración de Tintin. No nos llama especialmente la atención, así que aprovechando que se puede ver desde fuera por la parte trasera del edificio, echamos un vistazo y proseguimos con nuestro viaje.

Chenonceau

Seguimos con el castillo de Chenonceau, que solo es posible visitar pagando los 15€ que cuesta la entrada. La verdad es que es impresionante porque es un castillo que hace las veces de puente sobre uno de los afluentes del Loira, el río Cher.

Lo llaman el castillo de las damas porque fueron diversas las mujeres que lo convirtieron en lo que es hoy, siendo las dos más famosas Diana de Poitiers, la amante del rey, y Catalina de Médicis, su esposa.

El castillo está pensado para pasar el día completo, rodeado de una zona de jardines con merenderos e incluso restaurantes. Nosotros optamos por comer en uno de los merenderos aprovechando que hace un día estupendo.

Chaumont

Nuestra última parada de día es Chaumont y desorbitado precio de 19€ por persona. Llegamos sobre las 17 y el castillo cierra a las 19 pero la mujer de la entrada nos dice que no vamos a tener tiempo de visitarlo porque como mínimo necesitaremos 5 horas para recorrerlo. Afortunadamente no hacemos ni caso porque, aunque el castillo y los jardines son grandes, no dan para cinco horas.

Nosotros visitamos el interior del castillo, el bosque que lo rodea, los edificios aledaños, los distintos jardines y, además, una muestra de jardinería internacional que hay (y que resulta ser bastante decepcionante)… y lo hacemos todo con absoluta tranquilidad, sin prisas y parándonos a hacer mil fotos.

El castillo en sí no va a ser de nuestros preferidos, no destacan ni sus jardines ni su arquitectura. La verdad es que me resulta un poco abusivo el precio que tiene para lo que ofrece, además de que en su interior no se pueden visitar apenas estancias. No sé, un poco decepcionante.

Cuando salimos del castillo cogemos el coche y nos vamos a nuestro alojamiento, que está a apenas quince minutos en coche.

Tours

A la mañana siguiente, y tras una breve parada por Amboise, llegamos a Tours. El coche lo dejamos en el parking Anatole, que está bastante bien ubicado porque nos pilla justo en medio de todo lo que queremos ver. En la zona del parking hay unas obras que tienen muy buena pinta, parece que van a construir una gran plaza con vistas al río que promete mucho.

En Tours hay que visitar, obviamente, la catedral y también la basílica de San Martín que, personalmente, nos gusta bastante más.

Villandry

Nuestra siguiente parada es el castillo de Villandry, famoso por sus jardines. Se puede acceder solo a los jardines por 7’5€ o acceder al palacio y los jardines pagando más.  Nosotros nos quedamos con los jardines únicamente, que resultan ser bastante más espectaculares de lo que habíamos visto en fotos.

Tienen varias zonas de jardines: por un lado está el huerto, donde frutas y verduras de temporada se combinan para crear diseños impresionantes. Luego hay una zona con un laguito artificial en el que nadan unos cisnes, rodeados de árboles. Tienen un pequeño laberinto, un preciosísimo jardín decorado con formas de mariposas o corazones y otra zona ajardinada elevada en la que hay plantas aromáticas. Vamos, que da para un buen y agradable paseo.

Langeais

Seguimos hasta Langeais, donde vemos el castillo por fuera. Está justo en medio de la ciudad y al lado tiene un aparcamiento gratuito. Aprovechamos esta parada para comer algo antes de seguir hasta Azay le Rideau, donde damos una vueltecita por el pueblo pero finalmente decidimos no entrar en el castillo y seguir la ruta hasta el castillo de Ussé, que se puede ver de manera gratuita desde el exterior.

Chinon

Visitamos la ciudad de Chinon, que también tiene su castillo… y no un castillo cualquiera, a este castillo llegó Juana de Arco para decirle al delfín Carlos VII que ella iba a librar del asedio a la ciudad de Orleans. Ahí es nada. Después de este momento histórico, seguimos la ruta pasando por Candes St. Martin, un pueblecito con cierto encanto pero sin mucho que ver, y Turquant, un pueblo en el que se pueden ver casas trogloditas, excavadas en la montaña. Algo realmente curioso.

Saumur

La última parada de día es Saumur, con su castillo presidiendo desde las alturas. Damos un paseo por la ciudad, que está bastante agradable, hay hasta gente y sitios abiertos. Vamos a cenar a una creperie donde probamos las famosas gallete, que vienen a ser los crepes salados aunque con una masa ligeramente diferente.

Después de hacer algunas fotos nocturnas del castillo, nos vamos al hotel a descansar.