Diario de Canarias (8, 9 y 10): El Hierro
Diario de Canarias (8, 9 y 10): El Hierro

Diario de Canarias (8, 9 y 10): El Hierro

 

Empezamos el día subiendo al ferry para ir de Gomera a El Hierro. Es una suerte haber encontrado este ferry: no venía en la web oficial, pero la gente de aquí nos dijo que existía esta ruta (aunque no está siempre operativa) y llamamos para informarnos.  Si no llega a ser por este ferry, posiblemente no hubiéramos tenido tiempo de ver El Hierro porque la combinación para llegar desde Gomera implica necesariamente pasar por Tenerife y hacer noche allí.

Día 8: Un dulce comienzo

Llegamos contentos, con muchas ganas de descubrir la isla.. y más contentos aún tras nuestra primera parada: Lo primero que hacemos al llegar a El Hierro es comernos una quesadilla en Quesadillas Adrián Gutiérrez e Hijas. Lo vemos en un anuncio nada más bajar del ferry y no podemos resistirnos a probar las que, dicen, son las mejores quesadillas de la isla (damos fe de que es cierto) en el lugar en el que además se inventó la receta de este delicioso dulce.  Para que os hagáis una idea, en dos días y medio en El Hierro nos comimos unas 10. Increíbles.

De ahí vamos a nuestro apartamento, ubicado en Frontera y, tras dejar los trastos, empezamos a recorrer la isla. Vaya por delante que teníamos muchas ganas de visitar El Hierro porque antes del viaje nos enganchamos malamente a la serie de Movistar con el mismo título y rodada íntegramente en la isla y, bueno.. teníamos muchas ganas de ver los paisajes tan espectaculares que en ella aparecen.  Para nuestra sorpresa, la isla está aún más bonita en directo porque, después de las lluvias, se encuentra muy verde y frondosa. Todo lo que digamos de El Hierro va a ser poco porque, ha sido, con amplísima diferencia, nuestra isla preferida del viaje: Es un lugar que aún conserva su esencia, que no está masificado (en toda la isla solo hay un hotel de una única habitación y el Parador). Además, la isla está tremendamente cuidada, con el encanto de ser una isla pequeña, acogedora y perfectamente visitable en un fin de semana… en fin, que es una joya. Tanto que nos da casi miedo ponerla tan por las nubes porque tememos que se masifique y se estropee, como todo lo que se vuelve un atractivo turístico. Mejor nos retractamos: es una isla muy fea, no merece la pena que vaya nadie a verla.

Empezamos visitando el Charco Azul, que es una piscina natural… y tenemos que decir que las piscinas naturales de El Hierro son otro nivel. Como no tienen playas, lo que han hecho ha sido construir unas piscinas espectaculares y supercuidadas, que son una absoluta gozada. Mejor que muchas playas y encima, al menos cuando estuvimos nosotros, sin gente.

Del Charco Azul nos vamos a la Playa del Verodal, porque en realidad sí que hay una playa en la isla. Una playa pequeñita, de arena negra, situada en medio de la nada, y tremendamente bonita. Además, a pesar de permanecer salvaje, está muy bien acondicionada, ya que justo al lado tiene una zona con merenderos, barbacoa y baños. Es que es una absoluta pasada como tienen todo de cuidado en esta isla, de preparado para el disfrute (se nota mucho que nos dejó enamorados?)

De la playa del Verodal vamos al Charco de los Sargos, que es otra piscina natural chulisima, con miniacantilados de piedra que hacen parecer que estás en un entorno de fantasia épica. Además, esto último cuadra perfectamente con el más encrespado y violento que nos encontramos, que rompe con fuerza contra las piedras y la propia piscina (a nosotros nos da miedo casi acercarnos a hacer las fotos y la gente se está planteando bañarse: tremendo!)

Finalmente, acabamos al atardecer en nuestra piscina natural preferida de toda la isla: La Maceta. Para nuestro gusto, la más cómoda para el baño y la más fotografiable.  El atardecer allí, casi solos, es de infarto. Las montañas, el sol, las rocas, el mar encrespado y luego como una balsa sobre la piscina natural… aprovechamos para hacer algunas de nuestras fotografías preferidas del viaje y para guardarnos bien este momento en los ojos.

Día 9: Bosque, árbol milenarios y faros

Lo primero que hacemos por la mañana es acercarnos a la ermita de Nuestra Señora de la Candelaria. A pesar de su sencillez -y que de cerca no es especialmente bonita- era un punto que queríamos ver por que lo tenemos grabado  en la retina desde que llegamos:  desde esta parte de la isla (norte y este), es algo que está siempre ahí, visible y constante, como un faro en medio de la tierra.

Tras una visita rápida a la ermita nos vamos a la Llanía, el bosque de laurisilva de El Hierro. Y es que esta isla, además de bonita, tiene de todo pero en miniatura. Nosotros hacemos la ruta verde, que es cortita y muy asequible (vamos surtidos de laurisilva y tampoco queremos tirarnos horas aquí, aunque el bosque es precioso y no tiene mucho que envidiar a Garajonay, dejando a parte la extensión).

Seguimos hasta el mirador de Jinama y de ahí nos vamos al mirador de la Peña, diseñado por César Manrique y con las que posiblemente sean las mejores vistas aéreas de toda la isla. Además, el edificio es muy chulo y merece la pena verlo.

Realmente nuestros pasos los dirigen, más que los miradores y los paisajes, las quesadillas: la ruta nos dirige directos a probar las segundas mejores quesadillas de la isla, las de Guarazoca. Están muuuuy ricas también, y hay quien dice que son las mejores, pero tienen más sabor a anís que a queso y nosotros somos del Team Queso a muerte, así que preferimos las de Valverde.

Ya con las fuerzas cargadas, nuestra siguiente parada es el árbol Garoe: Es un tilo milenario del que los aborígenes bimbaches de la isla conseguían sacar agua gracias a la acción de los vientos aliseos. Cuesta bastante encontrarlo, puesto que hay que entrar por un camino para nada indicado. Nosotros dejamos el coche y caminamos unos 4 Km hasta la entrada donde nos encontramos que, para verlo, los no residentes tienen que pagar 5€.. y después, pensamos que claramente no los vale. De hecho, es bastante decepcionante. Lo primero porque el árbol original ya no está (fue arrancado por unos vientos muy fuertes en 1610 y el que hay ahora lleva apenas  tiene 60 años). Lo segundo porque apenas dura cinco minutos la visita y la explicación de lo que supuso el árbol para los bimbaches se puede ver en unos paneles de la pared y es bastante pobre. No nos entusiasma y no repetiríamos, la verdad, aunque los paisajes que vemos en el paseo que nos damos hasta allí compensa en parte la decepción.

Lo bueno de la visita, eso sí, es que la chica de la recepción nos recomiendo comer en el guachinche Aguadara, que resulta ser un sitio chulísimo con una comida muy rica y encima barata. Nos ponemos hasta arriba de garbanzas, carne de fiesta y el hallazgo del viaje: el polvito uruguayo. No entendemos cómo nuestra vida ha podido llegar tan lejos sin conocer este postre. Para morirse de bueno, de verdad.

Tras la comida nos vamos a ver más árboles. Esta vez, al famoso sabinar aunque nos hacemos un poco de lío para llegar porque está fatalmente mal señalizado y es un poco confuso llegar. En el lugar está la famosa sabina con la que Joaquín Sabina y Brian May se hicieron la foto, aunque ahora está vallada y protegida para que los cafres no se suban en ella. En cualquier caso, caminando un poco hay un montón de sabinas más a las que nadie hace ni caso y que, para a nuestro gusto, son tan espectaculares o más que la de «la foto».

Tras el sabinar, nos vamos a ver el atardecer al faro de Punta Orchilla: otro atardecer de película en esta isla que tan entregados nos tiene.

Finalmente, para terminar el día, volvemos al apartamento dando un rodeo inmenso por que la carretera que nos llevaría directamente está cortada. Sin embargo, dar la vuelta a toda la isla tiene su parte positiva: casi se puede tocar la calma que se respira en esta isla, con el murmullo del viento, el sonido del mar y los pájaros. Además, a pesar de que hay luna casi llena, las estrellas nos acompañan durante todo el camino, como dándonos las buenas noches.

Día 10: Tamaduste y despedida

Nuestra última mañana en El Hierro, a pesar de ser una tragedia porque no nos queremos ir, lo pasamos en Tamaduste, que es una zona muy próxima al aeropuerto y que tiene una piscina natural que es una pasada.

Aprovechamos para hacer parte del sendero volcánico que bordea la costa, que es muy bonito  también. Nosotros llegamos hasta la Punta de Malpais, que hace honor a su nombre. En todo el camino se respira una tranquilidad increíble, con las olas rompiendo sobre las piedras y el suelo resquebrajándose roque tras roca. Desde luego vamos a echar de menos esta isla.

Sin querer darle más vueltas de las necesarias, nos encaminamos a la terminal del ferry.  Eso sí, antes nos aprovisionamos de quesadillas herreñas porque  a saber cuándo volveremos a tener oportunidad…  En serio, alguien debería plantearse vender todos los deliciosos productos canarios en la península (nosotros le haríamos rico, de verdad!).

Tras despedirnos con mucha pena de El Hierro, ponemos rumbo a Tenerife. Nuestro destino final para hoy es Gran Canarias pero necesariamente nos toca hacer escala en la isla de la Eterna Primavera. Además, tenemos que ir luego en coche de Los Cristianos a Santa Cruz, desde donde sale nuestro ferry a Gran Canaria. Vamos, que el resto del día lo pasamos de trayecto… ¡y otra vez llegamos con apenas cinco minutos de margen al ferry de Gran Canaria!