Diario de India&Nepal (19): Delhi

 

Hoy vamos a recorrer Delhi. Lo haremos en coche, aunque no con Baharu, del que nos despedimos anoche. Esta vez nos acompaña Shyam, que habla perfectamente español, así que vamos a aprovechar para resolver todas nuestras dudas y curiosidades.

Empezamos el día visitando el Templo del mono gigante o, como lo llaman aquí, el Templo Hanuman Mandir. Es una locura de lugar. Posiblemente, el templo más surrealista de mundo (Para acceder se pasa a través de una cabeza gigante cortada a los pies de un mono gigante. Creo que eso resume todo. Tremendo).

Old Delhi

De allí nos desplazamos hasta la zona de Old Delhi. Nuestra primera parada es la mezquita de Jama Masjid. Es la mayor mezquita de la India y tiene una de las mejores vistas de la ciudad vieja de Delhi. Fue construida en el año 1656 por el emperador mogol Sha Yahan. Se dice que su patio puede albergar hasta 25000 fieles. También dicen que es una copia de la mezquita de Agra, pero a nosotros nos recuerda a la de Fatehpur Sikri.

El acceso a la mezquita es gratuito, aunque cobran 300 rupias por cada cámara o teléfono móvil con el que accedas.

Shyam nos sugiere que cojamos un rickshaw para dar una vuelta por la vieja Delhi. Es un poco turistada y, posiblemente sería mejor hacerlo a pie, pero vamos un poco justos de tiempo y si lo queremos ver con luz de día, no tenemos más alternativas, con que le hacemos caso y nos montamos. Termina siendo una experiencia curiosa.

Lo siguiente en la lista es la Tumba del Humayun. Este complejo de edificios se considera una de las primeras muestras del arte arquitectónico mogol.  Curiosamente este sitio fue construido Hamida Begum, la bisabuela del Shah Jahan para enterrar a su marido. Contado así no dice nada pero,. ¿y si digo que Shah Jahan fue el rey que encargó el Taj Mahal? ¿Reesulta más familiar la historia? Dicen que Shah Jahan se inspiró en la Tumba de su bisabuelo para el diseño del Taj Mahal y es muy posible que sea cierto porque el parecido es más que evidente.

La entrada a la tumba del Humayun cuesta 500 rupias.

Durante la visita nos pasa algo muy curioso: nos cruzamos con un colegio entero que está de visita. Hay varios cursos y, por tanto, infinidad de niños de distintas edades visitando el complejo. Todos con sus uniformes y en filas no muy rectas. El caso es que no sé muy bien cómo, pero de pronto nos vemos rodeados de niños queriendo darnos la mano. Sí, sí, sólo darnos la mano y saludar. Así que nos ponemos a darles las manos a todos (y son muchísimos!) hasta que se quedan satisfechos.

De camino a la siguiente parada preguntamos por los niños que hemos visto pidiendo limosna en los sitios turísticos. Shyam nos cuenta que en India tienen sanidad, educación y comida gratuitas pero que los padres prefieren tenerlos pidiendo por las calles que llevarlos al colegio. Esto pasa porque los extranjeros sienten pena y le dan dinero.. posiblemente más de lo que ganarían sus padres trabajando, con lo que sus nunca van a sacarlos de las calles. Hay que ser responsables en este aspecto y, aunque cueste y nos dé pena, hacer de tripas corazón y no dar dinero a estos niños ya que lo único que conseguimos es perjudicarles y convertirlos en futuros mendigos o delincuentes.

Nuestra siguiente visita es al Jardín de Lodi. Este complejo de edificios del siglo XV es muy importante porque es la única muestra arquitectónica de la dinastía Lodi que se conserva en el país. En el complejo destacan la tumba de Mohammed Shah, la tumba de Sikander Lodi, Sheesh Gumbad y Bara Gumbad. El trabajo de tallado es impresionante y el lugar nos deja maravillados. Además apenas hay turistas, la entrada es gratuita y está rodeado de un parque muy agradable en el que hay personas paseando o comiendo a la sombra.

Aprovechamos que hay puestos ambulantes para probar dos aperitivos callejeros típicos: el bhel puri y los pani puri. Personalmente, me gusta más el primero, aunque los segundos son mucho más populares y fáciles de encontrar.

Gurdwara Bangla Sahibpara

Empezamos a tener hambre, así que decidimos ir al templo de Gurdwara Bangla Sahibpara a comer. Se trata de un templo Sij y, por tanto,  primero debemos comer y después acceder a la zona de rezo.  Así que empezamos la visita por el comedor. Como en todos los templos sij, antes de nada tenemos que descalzarnos, cubrirnos la cabeza y lavarnos pies y manos.

Nos sentamos a esperar a que abra el comedor. Hay varios turnos de comida al día y nosotros hemos llegado justo a tiempo para el siguiente. El sistema es muy eficiente: los comensales nos sentanos en línea. Una persona va repartiendo bandejas, otra cubiertos y otra pan. Después van pasando con los alimentos: arroz, lentejas… Pasan todo el rato por si alguien quiere repetir. Curiosamente, hay gente que lleva bolsas o recipientes para llenarlos de comida que se llevan a casa. Shyam nos cuenta que no hay problema con ello, lo único que no se permite es desperdiciar los alimentos.

Después de comer pasamos a la zona de la cocina. Es impresionante. La cocina es inmensa y hay bastante gente colaborando en la elaboración de los alimentos, todos ellos voluntarios. Tienen varias ollas gigantes donde se guisan las lentejas y el arroz, una zona en la que se amasa y da forma al pan, además de una amasadora automática. También tienen un lavavajillas industrial en el que se limpian las bandejas de manera automática.

Cada turno de comida es de quinientas personas. En total en este templo se llegan a dar unas seis mil comidas diarias.

Es absolutamente digno de ver y una experiencia de lo más recomendable. No piden nada a cambio, aunque hay cajas de donaciones por todo el Templo y, bajo nuestro punto de vista, es una obligación del viajero contribuir con el buen funcionamiento del lugar aportando un donativo en las mismas. Nosotros pagamos lo que nos hubiera costado un thali en la calle porque es lo que nos parece justo. No creemos que esto trate de comer gratis y nos parece importante ser consecuentes con ello.

Después de comer visitamos el templo. Tiene también un pequeño estanque para las abluciones, como el de Amritsar, aunque en este caso no vemos apenas a gente en el agua.  También tienen un pequeño museo sij que visitamos, en el que Shyam nos sigue explicando más curiosidades sobre esta religión.

La puerta de la India

Al salir nos vamos a la zona del palacio presidencial -el Rashtrapati Bhavan-, que es impresionante. La zona nos recuerda al National Mall de Washington, pero con un estilo hindú. La avenida principal Raj Path nos lleva hasta la Puerta de la India donde, a estas horas, hay un montón de gente y mucha animación. Hay un montón de puestos de comida, así que probamos un dulce similar al turrón llamado gajak.

Una cosa que nos ha llamado mucho la atención durante el viaje es la cantidad de turismo interno que tiene el país. Vayamos donde vayamos, siempre hay turistas nacionales y, normalmente, superan en número a los extranjeros.

Cuando empieza a anochecer, le pedimos a Shyam que nos deje en vieja Delhi, donde nos quedamos solos recorriendo el mercado callejero que hay.  Nos encantan los mercados indios, por su variedad y lo animado del ambiente, aunque no acaban de resultarnos muy prácticos para comprar algo que no sea comida: Primero.. porque la insistencia de los vendedores resulta un poco agobiante. Segundo porque no tienen los artículos expuestos, sino que te los van sacando ellos. Y, además, no hay precios y es complicado comparar y saber cuando nos están ofrenciendo un buen precio.

Aprovechamos para probar varias cosas que teníamos pendientes: La famosa badam milk (leche de almendras especiada), que está buenísima. También compramos una galleta de mantequilla que hemos visto en varios puestos y un sándwich dulce similar a un croque-monsieur. Para terminar, probamos un dulce que nos recuerda mucho al merengue llamado rasmalai. Con esto nos damos por cenados. Después cogemos el metro para ir al hotel (El metro nos sorprende gratamente. Es muy eficaz y fácil de utilizar. Los vagones son bastante nuevos y el viaje resulta muy cómodo. Excepto la compra del billete, para la que hay que hacer una cola interminable).

Llegamos al hotel y dejamos las cámaras para salir a dar una vuelta por el mercadillo que tenemos justo al lado. Este resulta ser mucho mejor, al menos para mi gusto, que el de antes. Se nota que no está orientado al turismo y, aunque de vez en cuando algún vendedor nos llama para que visitemos su puesto, la mayoría ni repara en nuestra presencia. Algunos artículos tienen precios y están todos expuestos en burros o puestos, por lo que resulta muy cómodo ver qué tienen sin tener que pasar una hora esperando a que el vendedor saque todo. Los precios son más bajos que los que hemos visto hasta ahora y se nota que la mercancía es más local, la ropa es práctica, más para el día a día, y no se ven tanto los saris llenos de cuentas y brillantes que llenan los escaparates turísticos . Nos cruzamos con uno o dos turistas en todo el recorrido, y eso que el mercadillo es inmenso. Acabamos picando y comprando algunas cosas antes de irnos al hotel a descansar.