Viena, Bratislava & Budapest: Presupuesto

Por lo general, no es un viaje muy caro, aunque tampoco de los más económicos. Los vuelos fueron, con diferencia, lo más caro del viaje. En verano es lo que hay, más aún teniendo fechas tan concretas como teníamos y muy poco margen de movimiento en ellas. Casi la mitad del prespupuesto del viaje se nos fue en vuelos, pero era inevitable.

Comer, sin embargo, resulta bastante económico. Cierto es que, como solemos hacer, llevamos algo de embutido de casa para cubrir alguna cena (aunque terminaron siendo dos almuerzos), aproximadamente la media por cena/comida ronda los 15 euros para dos personas.

Otro gasto importante fue el de turismo, las entradas son caras, sobre todo en Viena. Es otro punto en el que poco se puede hacer, al menos si quieres entrar a los sitios. Hay opciones para ahorrar algo de dinero, por ejemplo usando la Vienna Pass.

En general, la media de gasto ha sido de 75 euros por persona y día, incluyendo vuelos y alojamiento.

Cómo ganar dinero viajando

Y no, no hablo de vivir de viajar. Hablo de algo mucho más mundano y asequible para cualquiera: ganar dinero con plataformas como Shoppiday, Airbnb o Booking. Desde hace tiempo, este tipo de plataformas ofrecen recompensas por fidelización de nuevos clientes, es decir, a mí me dan crédito de viaje si consigo que tú reserves con ellos pero, esto es lo mejor, ¡también te dan dinero a ti! 

Shoppiday utiliza lo que se conoce como cashback. O, dicho de otra manera: dinero que regresa a ti. Este tipo de plataformas, muy populares en EEUU, dirigen a los compradores a los sitios web correspondientes y a cambio obtienen una pequeña comisión por la venta realizada. Shoppiday te devuelve parte de dicha comisión. Yo suelo utilizarlo siempre que reservo algo con Booking ya que, sea cual sea el importe de tu reserva, te devuelven 7’5€. Sólo tienes que tener dos cosas en cuenta: tu explorador tiene que estar correctamente configurado para que la web pueda rastrear correctamente el reedireccionamiento y no vale reservar cada noche por separado para ganar más dinero. El dinero se queda almacenado en tu cuenta de Shoppiday hasta que el establecimiento confirma que la reserva ha sido validada, después puedes retirarlo sin problemas y te lo envían directamente a tu cuenta bancaria. Todo facilidades. Además, de Booking, también tienen cashback para eDreams, Travelgenio, El Corte Inglés, Destinia, Expedia, Lufthansa, Emirates, Iberia, Vueling, Atrapalo… es muy recomendable echar un vistazo antes de reservar nada, ya que hay multitud de operadores y compañías aéreas disponibles.

Hace unos meses, Booking activó un servicio de recomendaciones. La recompensa son 15€, que te ingresan en tu cuenta corriente después de tu estancia. Si combinas esto con Shoppiday, el resultado son 22’5 € a restar de tu viaje, que no está nada mal. Puedes acceder a la promoción a través de este enlace, como mi referido. 

Al igual que Booking, la polémica AirBnB tiene un sistema de recomendaciones. En este caso el descuento es de 35€ para la primera estancia de nuevos usuarios, siempre que el importe de la misma sea superior a 65€. Está bastante bien porque quien te envía la invitación también recibe crédito de viaje, así que si consigues que varias personas se apunten de tu parte, puedes conseguir viajar gratis. Para acceder a la promoción podéis seguir este enlace.

 

Israel & Jordania, mi experiencia como Couchsurfer

Corría el año 2012, por aquella época yo era una asidua a Couchsurfing. Desde que en 2006 hiciera mi primer viaje con esta plataforma, me volví completamente adicta. Alojé y fui alojada en varias ciudades y acabé tejiendo una pequeña red de amigos a lo largo y ancho de todo el planeta. Una de ellas fue Zohar, la culpable del viaje que hoy estoy recordando.

A Zohar la conocí dos años antes en Madrid, cuando llegó a mi casa con una maleta y muchas ganas de comerse el mundo. Zohar hacía escala en Madrid de camino a Sudamérica, donde pensaba pasar un año viajando. Pasamos unos días maravillosos en Madrid y terminamos fraguando una bonita amistad, de esas que sólo se dan a través de couchsurfing. Cualquiera que lo haya probado sabrá a qué me refiero.

Un año más tarde y procedente de Perú, la fui a recoger a Barajas. Volvía hablando un español perfecto y con un poco de fiebre, una infección de orina mal tratada la acabó dejando cinco días atrapada en Madrid. En mi casa. Evidentemente, estuve con ella y me ocupé de llevarla al médico e informar a sus padres de su estado hasta que se recuperó lo suficiente como para volver a casa. Aquello nos unió bastante. Cuento esto no por dármelas de buena samaritana, no creo que hiciera nada que otra persona en mi lugar no hubiera hecho, sino porque creo que da una idea bastante exacta de lo que es couchsurfing en realidad. No se trata simplemente de dormir gratis, de hecho, si tu idea es dormir gratis es mejor que te busques un hotel.

Cuando meses más tarde le dije que iría a pasar mi cumpleaños a Israel, su alegría fue máxima. Llevaba mucho tiempo intentando convencerme de que visitara su país pero yo nunca terminaba de ver el momento. 

Aterricé en Tel Aviv un 2 de marzo, en pleno Purim, una festividad muy similar a nuestro carnaval. Bueno, realmente no tiene nada de parecido, pero la gente se disfraza y la idea original ha derivado hasta convertir esta tradición religiosa en unos carnavales.

Una de las primeras cosas que te choca al llegar a Israel es el control militar que hay en la ciudad. Por todas partes se ven militares, sobre todo chicos y chicas jóvenes armados con fusiles como si tal cosa. Allí el servicio militar es obligatorio tanto para ellos como para ellas, y se nota. Otra cosa que llama la atención son las medidas de seguridad. En centros comerciales y cualquier zona con aglomeraciones de gente, a la entrada se realiza un control de seguridad con su correspondiente arco metálico. O, como mínimo, te revisan el contenido de bolso.

Luego, por supuesto, están los judíos ortodoxos. Fácilmente reconocibles por sus vestimentas, también llaman la atención sus costumbres. Cerca de casa de Zohar, un barrio entero de judíos ortodoxos cerraba sus accesos durante el Sabbath, obligando a los vecinos de la zona a dar un importante rodeo al no poder atravesarlo. Otra de las cosas que recuerdo fue la cantidad de tiendas de pelucas que había en estos barrios. Zohar me explicó que las mujeres deben raparse la cabeza y llevar peluca, al igual que los hombres llevan la kipá. 

Recorrí el país de norte a sur. Y cuando digo norte, quiero decir norte. Subimos hasta los balnearios de Hamat Gader, cerca de la frontera con Siria. Lo que más me impresionó, con mucha diferencia, fueron los carteles de “Peligro, minas”. Allí nos alojamos en casa de unos familiares de Zohar, que nos acogieron con los brazos abiertos. Fue en su casa donde descubrí que en Israel es típico tener una habitación búnker, con paredes de hormigón bastante gruesas y puerta blindada, para protegerse de posibles bombardeos. Me contaron que muchos edificios públicos también disponían de este tipo de instalaciones. Algo que me hizo reflexionar sobre lo difícil que debe ser vivir con miedo y que, en aquel entonces, a mí me resultaba impensable para mi país, o para cualquier país europeo. Qué equivocada estaba.

De ahí regresamos a Tel Aviv, una ciudad moderna y muy activa, con mucha vida nocturna. Tuve la suerte de poder compartir unos días con la familia de Zohar. Gracias a su madre, nacida en Argentina, todos chapurreaban un español bastante digno con lo que resultaba muy fácil hacersenos entender. Su padre, nacido en Marruecos, me estuvo contando como fue para él su infancia en Marruecos y su traslado a Israel siendo aún un niño. Cenar y comer con ellos me hizo comprender mejor sus tradiciones. Cosas curiosas, como que en Sabbath no se puede hacer uso de la electricidad y, por tanto, la comida se deja preparada el viernes por la mañana. Cosas interesantes, como su opinión sobre el conflicto palestino y su pensamiento sobre el antisemitismo o sobre los ortodoxos. Cosas diferentes, como su manera de “bendecir” la mesa antes de comer, sus tradiciones y costumbres, compartir con ellos esos trocitos de rutina que tan desapercibidos nos pasan a veces. O descubrir, por ejemplo, que les encantan los caramelos de anís que llevé de souvenir desde España.

Quizás la ciudad que más me impresionó de Israel fue Jerusalén. Una ciudad con una historia y una relevancia en la misma demasiado importante como para dejar indiferente a nadie. Dividida en tres sectores: judío, católico e islámico, para pasar de uno a otro había que atravesar los correspondientes controles. Zohar no quiso abandonar la parte judía, ya que tenía miedo. Es algo que me sorprendió bastante y que no alcancé a comprender, pero tenía verdadero pánico a salir de territorio judío. 

De Jerusalén me llamó la atención la convivencia entre tres religiones tan diferentes, los contrastes entre una y otra zona, el sentirme como si estuviera reviviendo una escena de la Biblia constantemente. Soy una atea que fue educada en el catolicismo, como muchos españoles de mi edad, por lo que todo me resultaba familiar: el monte de los olivos, el santo sepulcro… Mención aparte para el Muro de las Lamentaciones, segregado por género, y uno de los lugares que más me impactó. No es un lugar que destaque por su belleza, pero sí por lo que allí se puede presenciar. Jerusalén es, sin duda, una ciudad que merece la pena conocer. Dudo que exista en el mundo un lugar en el que ideologías tan diferentes convivan de la manera en que allí lo hacen.

De Jerusalén bajé a Eilat. Esta ciudad, fronteriza con Jordania, es una especie de Benidorm israelí. Lleno de hoteles y restaurantes, en el famoso golfo de Áqaba y bañada por el Mar Rojo. El punto de partida perfecto para conocer uno de los lugares que llevaba años queriendo visitar: Petra.

No me compliqué demasiado y contraté una excursión directamente en Eilat. Es posible visitarlo por libre, sale mucho más barato pero requiere algo más de tiempo. Con la excursión es perfectamente realizable en un día y ellos se encargan de todo, hasta de la comida. Además, tuve suerte y encontré un sitio donde necesitaban gente para completar una excursión al día siguiente, por lo que me salió bastante bien de precio.

Petra es muy impresionante. Si habéis visto Indiana Jones, sabréis de lo que hablo. Es imposible no sentirse como el arqueólogo más famoso estando allí, en una ciudad excavada y esculpida en arenisca, cuya construcción se estima en torno al siglo VIII a. C.

Podéis imaginar mi cara de sorpresa cuando vi que tenían un sistema de recogida y reparto de agua de lluvia, aprovechando la relativa impermeabilidad de las rocas. Se cuenta que los romanos se aprovecharon precisamente de este acueducto para conquistar la ciudad, ya que cortaron el suministro de agua para que sus habitantes se rindieran antes.

El Tesoro es el lugar más fotografiado y famoso de Petra, pero hay mucho más. La ciudad es inmensa y merece la pena recorrerla sin prisa, comprendiendo y escuchando la historia que oculta. Más tarde descubrí que es posible visitar también la ciudad de noche, algo que me hubiera encantado hacer y que, tal vez, algún día haga. No me importaría en absoluto regresar.

Después de Petra, regresé a Tel Aviv. Mis días en Israel se estaban terminando, pero aún quedaba uno de los platos fuertes del viaje: el Mar Muerto. Esta excursión la hicimos con la madre de Zohar, ya que ella sola no se atrevía a ir. Hay que atravesar una zona de territorio Palestino para llegar. Esto es algo muy llamativo también,  la división entre Israel y Palestina. Se puede ver, al pasar por la carretera, como en el lado palestino las construcciones cambian radicalmente, las viviendas no se parecen a las de Israel y los controles de carretera son frecuentes.

El Mar Muerto se encuentra a 430 metros por debajo del nivel del mar y su salinidad de un 28% hace que al bañarte flotes en sus aguas, lo cual resulta de lo más curioso. Eso sí, recomiendo llevar cangrejeras y asegurarse de no tener ningún tipo de corte o herida, porque escuece como un demonio. Además, también es típico embadurnarse en barro, dicen que buenísimo para la piel.

Mis días en Israel se pasaron volando. Descubrí un país de contrastes: el montañoso y verde norte, las playas del sur. Con una cultura y unas tradiciones muy diferentes a las mías, con una historia agitada y compleja, con una situación política difícil. De hecho, el día que regresaba Palestina lanzó un misil sobre Israel y estos hicieron lo propio. Ni siquiera llamó la atención de mis anfitriones. Qué complicado y difícil entender una realidad tan diferente a la nuestra, qué absurdo tratar de juzgar a quien tiene que vivir algo que tú ni siquiera alcanzas a imaginar.

Creo que Israel fue una de mis mejores experiencias de Couchsurfing. Sé que, de haber conocido el país por mi cuenta, jamás hubiera tenido el acceso que tuve a su sociedad y tradiciones, a su cultura, religión e historia. Aquel viaje me enriqueció como persona y me hizo crecer como viajera. Siempre es más enriquecedor arañar un poco la superficie de los sitios que se visitan, no quedarse con lo que sale en la Lonely Planet, esforzarse por conocer y descubrir lo que se esconde detrás, lo que no se ve con los ojos de un turista. Eso es couchsurfing. Eso y que a día de hoy, cinco años más tarde, Zohar sigue siendo una amiga muy querida para mí. De hecho se casó hace unos meses y, aunque no me fue posible asistir, recibí mi invitación a la boda. Eso, sin duda, es Couchsurfing.

 

 

 

5 consejos si vas a visitar Viena

  1. Si vas a visitar el palacio de Schönbrunn, hazlo a primera hora. El palacio abre sus puertas a las 8:00, pero los grupos grandes de turistas no suelen llegar hasta las 9:30. Si quieres evitar colas y aglomeraciones, es mejor madrugar. En Hofburg no tendrás tanto problema.
  2. Haz una lista de los sitios que quieres visitar y estudia si te interesa adquirir el Vienna Pass. Es recomendable que te anotes precios y horarios de cada lugar, para que no te encuentres nada cerrado al llegar.
  3. En casi todos los restaurantes existe el plato del día. No incluye bebida, aunque suelen poner agua del grifo sin problemas. El plato suele ser contundente y puede incluir una sopa como entrante en el precio. El precio es significativamente menor que comer de carta. Merece la pena echar un vistazo porque, además, suelen ser platos típicos de la cocina austriaca.
  4. Alojarse en Viena es caro. Si quieres ahorrar dinero y no te importa caminar, una zona bastante buena es la de Wien Hauptbahnhof, muy cerquita de Belvedere. En apenas 20 minutos llegas a la Ópera y tiene una buena combinación de transporte, tanto para ir al aeropuerto (con el Railjet, por poco más de 4 euros), como para ir a Schönbrunn o a Wien Mitte.
  5. Si quieres probar la famosa tarta Sacher, la mejor opción es la pastelería Demel. Son los únicos que utilizan la receta original del hotel Sacher y su precio es significativamente más bajo (4’10 euros). Además, hay bastante menos gente.

10 consejos si vas a visitar Budapest

  1. Utiliza el ferry. Budapest tiene un magnífico servicio de transporte público que opera también en el Danubio. Sí, sí, concretamente son dos líneas: D11 y D12 que recorren el río de norte a sur por el precio de dos billetes sencillos de metro (750 HUF). Además, las paradas corresponden con los puntos más turísticos de la ciudad (Isla Margarita, El Parlamento, Puente de Isabel, Puente de la Libertad (Baños termales Géllert)…). Los barcos son muy cómodos, tienen un bar en la parte de abajo y en la de arriba sillas con césped artificial. ¿Se puede pedir más?
  2. Alójate en el barrio judío. Es una buena ubicación y los precios son significativamente más bajos que en el resto de la ciudad pero, además, cuenta con un ambiente nocturno espectacular y multitud de sitios para cenar y tomar algo a buen precio.

  3. Si vas a realizar fotografías nocturnas, te recomendamos que no te entretengas demasiado. La ciudad apaga la iluminación de los edificios a la 1, al menos en verano. La ruta ideal empezaría en el Bastión de los Pescadores (que además por la noche es gratuito), pasando por el Parlamento y el Puente de las Cadenas para terminar en el Puente de la Libertad, después de ver el Castillo de Buda desde la orilla opuesta del río. O al revés. Es espectacular.

  4. Prueba los Kürtőskalács. Es una locura lo buenos que están. Si los encuentras rellenos de helado, mejor que mejor. No deberían costarte más de 1 o 2 euros. Nosotros en el Mercado Central los encontramos a 180 HUF, aunque no estaban recientes (que es como más ricos están). Los que van rellenos de helados ya se suben a 5 euros, pero merece la pena.

  5. Visita al menos un ruin bar. El más famoso es el Szimpla Kert, pero hay varios por toda la ciudad. Merece mucho la pena pasar aunque sea a verlos porque son espectaculares y una pieza clave de la vida nocturna de la ciudad.

  6. Reserva unas horas para ir a un balneario. Personalmente, recomendamos el de Széchenyi, pero hay muchos. Asegúrate antes de que sea mixto, algunos separan a los usuarios por género. Es una experiencia muy recomendable, sobre todo después de pasar horas pateando la ciudad. Otro consejo para los balnearios: saca la entrada con gabinete. Vas a tener un cambiador privado exactamente igual, pero por 500 HUF menos. Y puedes utilizar la otra zona de vestuarios sin problemas, donde además tienen bolsas para los bañadores mojados y secador de pelo. El gorro de baño sólo es necesario si vas a querer utilizar la piscina de natación, pero necesitarás chanclas y bañador.

  7. No te pierdas el free tour de Next City Tours en español que empieza a las 10:30 en la Catedral de San Esteban. Martina es una guía magnífica que os enseñará lo mejor de la ciudad, pero además os dará consejos muy útiles para vuestro viaje. A nosotros nos encantó.

  8. Si quieres salir de fiesta, Gozsdu Udvar es tu zona. Se trata de una galería de siete edificios que conecta dos calles muy céntricas (Kiraly utca y Dob utca) repleta de bares y restaurantes, en verano también terrazas. El ambiente es increíble y la oferta muy amplia. Su mayor atractivo es que no es un sitio turístico, sino que se trata del lugar por el que salen los locales. 

  9. La mayoría de los baños de la ciudad son de pago, cuestan entre 100 y 200 HUF, así que te recomendamos aprovechar cuando encuentres uno gratuito y utilizar las fuentes públicas que veas (hay bastantes) para rellenar tus botellas de agua.

  10. Visita al menos una parada de la línea 1 de metro (la amarilla). Es el segundo sistema de metro subterráneo más antiguo del mundo. Esta línea en concreto data de 1896 y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2002. Además, si sólo quieres asomarte a echar unas fotos no es necesario que pagues nada.

Viena, Bratislava & Budapest: Presupuesto

Los vuelos fueron, con diferencia, lo más caro del viaje. En verano es lo que hay, más aún teniendo fechas tan concretas como teníamos y muy poco margen de movimiento en ellas. Casi la mitad del prespupuesto del viaje se nos fue en vuelos, pero era inevitable.

Comer, sin embargo, resulta bastante económico. Cierto es que, como solemos hacer, llevamos algo de embutido de casa para cubrir alguna cena (aunque terminaron siendo dos almuerzos), en general la media por cena/comida ronda los 15 euros para dos personas.

Otro gasto importante fue el de turismo, las entradas son caras, sobre todo en Viena. Es otro punto en el que poco se puede hacer, al menos si quieres entrar a los sitios.

En general, la media de gasto ha sido de 75 euros por persona y día, incluyendo vuelos y alojamiento.

Budapest nocturna y despedida

 

Lo primero que hacemos al despertarnos es volver al Szimpla Kert. Está cerrado, pero nos dicen que abriran en una hora aproximadamente. No tenemos muy claro con que fin, pero nos sobra para entrar a verlo por si esta noche vuelve a estar completo.

Vamos a dar una vuelta por la zona y a buscar algún sitio donde desayunar. Ilusos de nosotros, nos decidimos por el New York Café, que está relativamente cerca del apartamento y tenemos ganas de conocerlo. El sitio resulta ser impresionante, he visto palacios menos ostentosos que este lugar. La carta, obviamente, está a la altura. Los precios se nos van de las manos, así que decidimos ir a otro sitio más acorde a nuestras posibilidades.

Recorremos algunas librerías en busca del “Mi” (“Nosotros”, edición húngara) y cuando queremos darnos cuenta, ya ha pasado la hora que teníamos. Volvemos al Szimpla Kert y esta vez si nos dejan pasar. Estamos solos, todavía están limpiando los restos de la fiesta de anoche. La verdad es que el sitio tiene su encanto. Los ruin bar surgieron cuando un grupo de amigos se juntó y decidió montar un bar en un edificio abandonado, a base de objetos y muebles que encontraban en la basura. Luego se fueron creciendo, aquello triunfó y ahora hay bastantes por todo Budapest y, como pudimos ver ayer, tienen un éxito increíble. Este en concreto es el más famoso, tiene varias salas con bar, una especie de cantina para comer, patio… está muy bien, tiene todo ese toque ruinoso que a mí personalmente me chifla y la verdad es que de noche y lleno de gente tiene que ser espectacular, a ver si lo logramos hoy.

La imagen puede contener: tabla e interior

Para quitarnos la espinita del New York café, nos vamos al Café Central. Es menos ostentoso que el primero, pero también tiene historia. Fue abierto en 1887, estuvo cerrado durante la época comunista y después volvió a abrir sus puertas. Frecuentado por intelectuales y escritores, se podía decir que es el Café Gijón de la ciudad. Sin ser el desayuno más económico de nuestras vidas, el precio está bastante bien para el sitio que es. Optamos por la famosa Dobos, la tarta más típica de Hungría y otra de cuyo nombre no logro acordarme, pero que estaba buenísima.

La imagen puede contener: postre y comida

Para bajar el desayuno, vamos a pie hasta el puente de la Libertad que cruzamos para subir al monte Gellert. En la parte de arriba está la ciudadela, construida en 1848 por los Hasburgo y cuyo objetivo fundamental en la época era el de vigilar. Es por ello que tiene una panorámica imperdible de la ciudad. El calor de la subida es horrible, pero merece totalmente la pena.

Además, arriba encontramos por fin el famoso kürtőskalács relleno de helado. ¡Impresionante! Somos muy fans de este dulce.

Bajamos el monte. Curiosamente por el camino vemos a unos trileros, al parecer por esta zona es frecuente verlos. No sabemos si son turistas de verdad o señuelos, pero hay varias personas jugando.

Seguimos caminando hasta llegar al castillo de Buda, al que también subimos. El acceso a la zona exterior del castillo es gratuito y hay hasta unas escaleras mecánicas. Merece la pena, la verdad es que desde Buda todas las vistas son una maravilla. Es lo que tiene estar en las alturas.

Después de unas cuantas fotos, bajamos hasta el muelle cruzando hasta el Parlamento para coger nuestro adorado ferry. Esta vez compramos el billete de 24 horas de metro, que pretendemos utilizar también mañana para llegar hasta el aeropuerto.

Cogemos el barco dirección sur y hacemos el recorrido completo, que acaba en el Teatro Nacional. Aprovechamos que la parada es de 15 minutos para bajar a verlo y subir al Zigurat. Luego cogemos el mismo ferry de vuelta y hacemos todo el trayecto de nuevo, hasta Isla Margarita.

Esta isla es, básicamente, un parque gigante. Es el lugar de ocio por excelencia para los residentes en Budapest. Tiene una fuente cibernética que dejó encandilado a D., tenemos como un millón de fotos entre su fuente y mis girasoles. Además, con motivo de los Mundiales de Natación, han montado una zona con puestos de comida, pantallas para ver las competiciones, incluso un ALDI en un barracón, donde aprovechamos para comprar algo de comer. También hay baños públicos…¡y gratuitos! Una de las pocas cosas que no me han gustado de Budapest es que la mayoría de los baños públicos son de pago, en torno a los 150-200 HUF por persona. Aprovechamos para rellenar botellas de agua y refrescarnos.

Además, hay puestecillos promocionales de distintas compañías húngaras. En una, por hacernos un selfie con un cartelito que tienen, nos regalan una batería externa para el móvil. Encantados nos vamos de allí, obviamente.

Volvemos cruzando el puente y nos vamos hacia el Parlamento. La verdad es que este edificio te quita el aliento cada vez que te cruzas con él, es espectacular. Sólo me arrepiento de no haber conseguido entradas para ver su interior, cuando quise reservarlas ya estaba todo completo (entiendo que los mundiales habrán tenido algo que ver).

Regresamos al Monumento de los zapatos del Danubio. Esta vez, con la luz del atardecer. Este monumento, representa a los judíos que fueron fusilados a orillas del río durante la II Guerra Mundial. Más de 20.000 personas fueron asesinadas. Hombres, mujeres y niños. Se dice que 1 de cada 10 víctimas del holocausto fue de origen húngaro. No se puede decir mucho más sobre esto, creo que ya escribí todo lo que fui capaz de escribir al respecto tras nuestra visita a Auschwitz.

La imagen puede contener: calzado, cielo, exterior y naturaleza

Caminamos hasta la Catedral de San Esteban, con toda la intención de entrar… pero está cerrada. Así que nos quedamos con las ganas y, a la vez, tenemos excusa para volver.

Vamos a cenar al Blue Rose. Un restaurante que nos han recomendado bastante. Pedimos lo que nos parece más típico: pancakes al estilo Hortobágy, Pollo Mátrai Borzaska style y Delacy of Somló. También la famosa sopa fría de frutas húngara, que resulta estar riquísima. Estaba todo muy bueno, aunque el personal no nos pareció muy amigable.

Como es bastante pronto, hemos tenido que cenar a las 8:30 para que no nos cerraran la cocina, optamos por ir al apartamento a ducharnos y cambiarnos de ropa. Se agradece después de una tarde de tanto calor.

Esta noche toca fotografía nocturna, así que cogemos el autobús 16 en la Plaza de Sissi para subir al Bastión de los Pescadores. Nos quedamos boquiabiertos. La ciudad está preciosa, con las luces reflejadas en el Danubio. Nos quedamos como embobados durante un buen rato.

La imagen puede contener: noche, cielo, exterior y agua

Bajamos hasta la orilla del río, para hacer fotos del Parlamento. La pena es que justo enfrente están construyendo algo y tienen todo vallado, por lo que tenemos que conformarnos con hacer las fotos un poco de lado.

La imagen puede contener: cielo, noche y exterior

Seguimos a pie hasta el Puente de las Cadenas para seguir con las fotos. Lo cruzamos con intención de seguir a pie hasta el Puente de la Libertad pero, de repente, se apagan las luces. Miramos el reloj: la 1. Se nos ha pasado el tiempo volando. No sabíamos que apagaban las luces, así que nos lo estábamos tomando con calma. Nos quedamos sin ver el resto de la ciudad iluminada, más razones para volver.

La imagen puede contener: puente, noche, cielo, exterior y agua

Volvemos a pie a la Plaza de Sissi, que está repleta de gente joven tomando algo a orillas de la fuente. El ambiente es genial, así que nos quedamos en la terraza del Aquarium probando el famoso Palinka, un licor muy popular aquí.

Después regresamos al apartamento. Hacemos una última intentona de entrar al Szimpla Kert pero está peor que ayer, se nota que es viernes. Lo descartamos y nos vamos a la cama. Con la tontería, hoy hemos caminado 27 kilómetros, el récord del viaje.

Mañana volamos a las 10 de la mañana, así que nuestro periplo por Budapest ha terminado.

5 consejos si vas a visitar Viena

  1. Si vas a visitar el palacio de Schönbrunn, hazlo a primera hora. El palacio abre sus puertas a las 8:00, pero los grupos grandes de turistas no suelen llegar hasta las 9:30. Si quieres evitar colas y aglomeraciones, es mejor madrugar. En Hofburg no tendrás tanto problema.
  2. Haz una lista de los sitios que quieres visitar y estudia si te interesa adquirir el Vienna Pass. Es recomendable que te anotes precios y horarios de cada lugar, para que no te encuentres nada cerrado al llegar.
  3. En casi todos los restaurantes existe el plato del día. No incluye bebida, aunque suelen poner agua del grifo sin problemas. El plato suele ser contundente y puede incluir una sopa como entrante en el precio. El precio es significativamente menor que comer de carta. Merece la pena echar un vistazo porque, además, suelen ser platos típicos de la cocina austriaca.
  4. Alojarse en Viena es caro. Si quieres ahorrar dinero y no te importa caminar, una zona bastante buena es la de Wien Hauptbahnhof, muy cerquita de Belvedere. En apenas 20 minutos llegas a la Ópera y tiene una buena combinación de transporte, tanto para ir al aeropuerto (con el Railjet, por poco más de 4 euros), como para ir a Schönbrunn o a Wien Mitte.
  5. Si quieres probar la famosa tarta Sacher, la mejor opción es la pastelería Demel. Son los únicos que utilizan la receta original del hotel Sacher y su precio es significativamente más bajo (4’10 euros). Además, hay bastante menos gente.

Budapest: la perla del Danubio

Comenzamos el día visitando la Gran Sinagoga de Budapest, la más grande de Europa y la segunda más grande del mundo. Se puede visitar por dentro, aunque nosotros optamos por no hacerlo por cuestión de tiempo. Mientras, vamos buscando algún puesto de kürtőskalács para desayunar, ya que llevamos todo el viaje con antojo. El kürtőskalács es un dulce típico húngaro de forma cilíndrica que descubrimos en una feria de nuestra ciudad y nos conquistó.

La imagen puede contener: interior

Proseguimos hasta , la plaza de Sissi. Aquí los húngaros tienen también una noria, aunque con menos historia que la de Viena. Esta plaza es conocida porque aquí es donde los jóvenes húngaros se reúnen antes de salir de fiesta para beber, concretamente a orillas de una gran fuente de agua que hay sobre la discoteca Aquarium. Sí, beber en la calle es legal en Hungría. 

Caminamos hasta la basílica de San Esteban. Es curioso porque en su interior se encuentra la mano momificada del primer rey de Hungría: Esteban I. También se puede visitar por dentro pero cierra pronto, tened cuidado porque nosotros nos quedamos sin verla por esto.

 

Justo en la puerta de la basílica comienza el free tour de City Tours en español de la ciudad, a las 10:30. Como somos unos madrugadores natos, aún nos queda un ratillo así que aprovechamos para desayunar algo, asumiento que no vamos a encontrar kürtőskalács, y bajamos hasta el puente de las Cadenas, oficialmente Széchenyi lánchíd.

Seguimos caminando por la orilla del río hasta el Monumento de los zapatos del Danubio y el Parlamento, que es sencillamente espectacular. Posiblemente uno de los edificios más bonitos que hemos visto nunca. Nos deja sin palabras.

El free tour resulta ser impresionante. Nuestra guía es muy buena, nos da un montón de consejos útiles y consigue que las dos horas se nos pasen volando, pese al calor que hace. El recorrido va desde la Basílica hasta el Bastión de los Pescadores, cruzando el Danubio por el Puente de las Cadenas, la verdad es que es bastante completo y, sobre todo, resume muy bien la historia de la ciudad y del país. Menos mal que esta vez hemos tenido más suerte porque no acabábamos de estar conformes con las guías que habíamos tenido en Viena y Bratislava.

Al terminar el tour, aprovechamos para hacer algunas fotos desde el Bastión de los Pescadores, desde donde se aprecian unas vistas espectaculares de Pest. Ya estamos imaginando las fotos que vamos a hacer por la noche desde aquí, con toda la ciudad iluminada. 

Bajamos hasta el muelle para coger un ferry. Esta idea nos la ha dado nuestra guía, son tres los ferrys que recorren el Danubio en zigzag: D11, D12 y D13, su precio es de 700 HUF por trayecto (ojo, porque al final del recorrido hay que bajarse obligatoriamente y coger otro billete) y están fenomenal, tienen hasta servicio bar, sillas, césped en el suelo… una pasada. Además, se puede usar el billete de 24 horas del metro para cogerlos, por lo que salen de lo más rentable. Y, por supuesto, las vistas de la ciudad son magníficas desde el río.

Nos bajamos en Gellért y cruzamos el Puente de la Libertad a pie hasta el Mercado Central. Por fin encontramos un puesto en el que venden kürtőskalács, aunque ya preparados y no tan ricos como recientes. Nos puede el ansia y nos compramos uno de aperitivo. Después, como es la hora de comer, subimos a los puestos de comida que hay arriba y nos cogemos un par de lángos, la famosa pizza húngara. Realmente es un pan frito sobre el que ponen queso y otros ingredientes, a mí el sabor me recuerda un poco al de los churros, está muy bueno.

Luego cruzamos de nuevo el puente para ir a ver la Iglesia Rupestre,una iglesia excavada en la roca del Monte Gellert. La entrada vale unos 2 euros, pero en general nos resulta muy decepcionante. La audioguía es una especie de sermón soporífero y la Iglesia en sí no nos parece nada especial. Después entramos en el Balneario de Gellert. Es posible entrar al vestíbulo principal de manera gratuita, y merece la pena. Además, desde la entrada a la famosa piscina al anuncio de yogur, se puede ver perfectamente la misma. No creo que sea necesario pagar la entrada de visitantes. Si aún teníamos dudas sobre si entrar o no al balneario, nos decide la enorme cantidad de personas que hay dentro. Demasiadas para un espacio tan reducido, así que cogemos el metro para ir hasta el balneario de Széchenyi. Curiosamente, la línea de metro que lleva hasta el balneario es de las más antiguas de Europa, la segunda despúes del metro de Londres. Las estaciones son muy pintorescas, merece la pena verlas.

Entramos al balneario. Como es más tarde de las 5, nos ofrecen la posibilidad de coger una entrada reducida para dos horas de baños. La diferencia de precio es mínima y tenemos intención de quedarnos hasta el cierre, así que cogemos la de día completo sin cabina. En realidad, no merece la pena coger cabina. En los vestuarios normales hay cambiadores individuales, la única diferencia con los vestuarios de cabina es que después de cambiarte, dejas tus pertenencias en unas taquillas que hay justo al lado en lugar de dejarlo en la propia cabina. Te facilitan una pulsera para abrir y cerrar la taquilla. La verdad es que está bastante bien montado.

El balneario es una pasada. Las piscinas interiores parecen un palacio y se está muy agusto, sobre todo después de un día de tanto calor como ha sido el de hoy. Las piscinas están a diferentes temperaturas y hay bastante gente, pero como son muchas, no se está mal. Sobre las 7 se cierran las piscinas interiores, así que nos salimos fuera. Son tres piscinas, la central es para nadar y es necesario gorro de baño, por lo que la descartamos. Las otras dos son una de agua caliente y otra templada. En una de ellas hay una especie de jacuzzi rodeado por una estructura circular con una corriente de agua que te hace girar como si fuera un carrusel. De lo más divertido.

Nos quedamos con la tontería hasta casi la hora de cierre, aunque decidimos irnos un poco antes para evitar las aglomeraciones que imaginamos se producirán en los vestuarios tras el cierre de las piscinas. Curiosamente, algunas piscinas interiores siguen abiertas cuando salimos para ducharnos.

Los vestuarios de la zona de las cabinas están bastante mejor que los otros, tienen secador de pelo y bolsas para guardar los bañadores mojados. Además, nadie te pone pegas para ducharte allí, aunque no tengas cabina.

Salimos del balneario y vamos a ver el castillo de Vajdahunyadvar que, según dicen, es en parte una copia del famoso castillo de Transilvania, el del Conde Drácula. No puedo afirmar si esto es cierto, pero el castillo es espectacular, más aún de noche iluminado. El reflejo en el río es increíble y sólo consiguen sacarnos de allí los miles de mosquitos que deciden que seamos su cena.

 

Al salir del castillo nos topamos con las piscinas que han montado para el Campeonato Mundial de Natación, que tiene lugar en la ciudad justo en estas fechas.

Seguimos hasta la Plaza de los Héroes con las estatuas que conmemoran a los líderes de las siete tribus fundadoras de Hungría. De ahí, bajamos por la avenida Andrássy hasta el barrio judío para cenar. Un paseo muy recomendable, por cierto, a ambos lados de la avenida hay unos edificios preciosos.

Se nos ha hecho bastante tarde y encontrar un sitio para cenar se vuelve misión imposible. Los sitios más tradicionales ya tienen la cocina cerrada y los que están abiertos o son de comida rápida o de comida internacional. Y, claro, no hemos venido a Hungría para cenar en un italiano… o sí, porque el hambre manda y, ante la desesperación, acabamos cenando en el Burger Zing, una cadena bastante popular en la ciudad.

Con la barriga llena, salimos a curiosear la zona. La verdad es que es una zona fantástica para salir de fiesta, los edificios tienen patios interiores muy chulos con bares y sitios para tomar algo, todos con una decoración muy cuidada, música y muy buen ambiente. Uno de los callejones que más nos gusta es el de Gozsdu Udvar. Se nota el buen tiempo porque hay bastante gente joven de fiesta y las calles están muy animadas. Nos gusta mucho el rollo de la ciudad, en general nos está encantando Budapest, clara ganadora del viaje. Es una ciudad muy viva, con un encanto especial.

Cansados ya, hoy rozamos de nuevo los 23 kilómetros de caminata, encaminamos para casa. Queremos ir al Szimpla Kert, aprovechando que lo tenemos al lado de casa… pero misión imposible. Está abarrotado, hay una cola para entrar que dobla la esquina. Nos quedamos alucinados. Caminando unos metros más, descubrimos un patio con un montón de foodtrucks, mesas y sillas de exterior, con una pinta estupenda y… ¡un puesto de kürtőskalács! No nos lo podemos creer, todo el día buscándolos y resulta que los teníamos al lado de casa. Por no mencionar el rato que hemos pasado buscando un sitio para cenar teniendo aquí una docena… no terminamos de atinar en este viaje.

Para no quedarnos con la espinita del ruin bar, decidimos ir a otro que tenemos cerquita de casa: Corvin Club. Este está en una azotea, pero al llegar nos piden 800 HUF por cabeza sólo por entrar y, aunque no es una cantidad desorbitada, la verdad es que estamos agotados y sólo queríamos dar una vuelta rápida, así que decidimos pasar y nos vamos a la cama.