Diario de Cuba (2): La Habana Vieja
Diario de Cuba (2): La Habana Vieja

Diario de Cuba (2): La Habana Vieja

 

Nos despierta la luz del sol. Aquí amanece muy pronto. Teresa, la dueña dela casa, nos contaba ayer que Fidel había decidido no cambiar la hora en invierno y que por eso anochecía tan temprano. Es algo que sufriremos a lo largo de todo el viaje, ver como el día se nos escapa a las cinco de la tarde.

Lo primero que tenemos que hacer hoy es confirmar el Transtur de mañana. Reservarlo fue una odisea: lo tuve que hacer desde España a través de Online Tours pero, aunque ya está incluso pagado, requieren una confirmación telefónica un día antes de la salida. Llamamos a la puerta de Teresa para que nos preste el teléfono pero, por más que insistimos, nadie responde al otro lado del auricular. Nos dice que vayamos al hotel donde nos recogen, para ver si allí saben algo. Mientras, llama por teléfono Isaac -el chico de la ONG con el que había contactado desde Madrid-. Hemos traído algunas cosas. Medicinas y artículos de aseo, principalmente. La ONG de dedica, nos cuenta Isaac, a ofrecer asistencia a niños y ancianos en una localidad a las afueras de la Habana. Queríamos pasar a conocer el proyecto pero nos va a resultar imposible por la falta de tiempo.

Decidimos desayunar en la calle. Podríamos haber desayunado en la casa, pero nos pedían 5 CUC por cabeza y nos parece un dineral. Teresa nos ha dicho que en la calle nos saldrá mucho más caro, pero me cuesta creerlo. Estamos hablando de 10 euros de presupuesto para desayunar, una cantidad importante incluso en España. Optamos por desayunar en una ventanita, un curioso invento cubano. Básicamente son ventanas de viviendas particulares en las que se ofrecen distintos productos : bocadillos, bebidas, helados, pizza, zumos, café… Los precios siempre están en moneda nacional y suelen tener poca oferta, por lo que a veces tienes que ir a varias ventanas para completar un almuerzo.

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Cogemos un bocadillo de tortilla por 5 CUP (20 céntimos de €). No nos queda nada más, sólo CUC, así que vamos a buscar una CADECA. Nos cuesta un poco encontrar una porque las indicaciones de los cubanos son algo vagas, pero por fin encontramos una en la calle Neptuno, a un minuto de nuestra casa. La identificamos rápidamente por la fila de turistas que hay esperando. Sacamos CUC y unos 50 euros en CUP. La chica de la CADECA nos dice que es mucho, pero queremos intentar movernos con esta moneda siempre que podamos.

Vamos al Hotel Iberostar Plaza Central y preguntamos. Nos dicen que ellos no nos han gestionado la reserva, así que no pueden ayudarnos. Como no sabemos a quién más recurrir,  nos ponemos a caminar hasta el Malecón y damos un pequeño paseo para hacer tiempo, con intención de volver a llamar un poco más tarde al teléfono de la reserva. Compramos una bolsita de a un vendedor ambulante por 5 CUP (20 céntimos), que devoramos. Es bastante habitual ver vendedores con comida variada por la calle, siempre en moneda nacional.

Estamos un poco preocupados por el tema del autobús, así que empezamos a plantearnos llamar desde nuestro móvil, aunque presentimos que nos va a salir bastante caro. Además, mi móvil no coge cobertura. Finalmente, vemos a un hombre ofreciendo paseos en bicicleta. Le digo que si me dejaría utilizar su móvil, ofreciéndole dinero a cambio, pero me dice que no me va a cobrar. Me deja el teléfono y hago la llamada. Acordamos con el de la agencia que nos llamará más tarde para confirmarnos la hora del autobús.

Le devuelvo al teléfono al hombre y le damos las gracias. Dice que le debe mucho a los españoles, que siempre le han ayudado y que de alegra de poder devolver el favor. La verdad es que nos ha dejado bastante impresionados. Más tarde descubriremos que las llamadas en Cuba las paga quien las recibe, pero aún así, sigue siendo un gesto digno de agradecer.

Seguimos caminando, una chica vende unos triángulos fritos rebozados en azúcar llamados chiviricos. Cogemos un paquetito por 5 CUP, están muy ricos. en total, llevamos gastados en desayuno unos 60 céntimos entre las galletas, el sandwich y los chirivicos.

Subimos por el Paseo de Martí, antiguo Paseo del Prado hasta llegar a la fuente de la India, donde en teoría empieza el Free Tour a las 11. Por el camino una señora nos para y nos pide que nos hagamos una foto con ella. Insiste tanto que me la hago, luego me da un beso en la mejilla y me pide dinero. Decimos que no y nos vamos. No protesta, realmente no parece que esté muy bien de la cabeza.

Llegamos puntuales al lugar, pero allí no aparece nadie. Esperamos un rato y nada, así que decidimos irnos. Tal vez se deba al fallecimiento de Fidel, J y L  nos han comentado que a ellos les han cancelado un traslado en taxi que tenían programado para Viñales por esa causa.

Bajamos de nuevo para ir a Habana vieja. Es difícil caminar por la calle sin que algún cubano intenté hablar contigo o venderte algún servicio, pero por lo general son bastante amables y saben cuándo tienen que dejar de insistir. Suelen reaccionar bastante bien cuando les dices que eres español y casi siempre te preguntan por tu equipo de fútbol.

Nos metemos en Habana vieja. Estoy haciendo una fotografía de un puesto de frutas cuando un hombre me dice algo que no alcanzo a escuchar bien. Le saludamos y empieza a hablar con nosotros. Nos dice que es ingeniero y, sorprendidos por la coincidencia, nos empieza a contar cosas sobre la vida cubana. El sueldo medio de un ingeniero en Cuba es de 20 CUC, por eso muchos prefieren dedicarse a reparar móviles o al turismo que trabajar para el Estado. La educación es gratuita y de calidad, aunque los salarios de los profesores son tan bajos que, tras la últimas jubilaciones, se vieron obligados a poner como medida obligatoria para los jóvenes que quisieran estudiar en la Universidad dar clases durante unos meses en colegios. Esto ha derivado en que su hijo, de catorce años, tenga un profesor de dieciséis.

Nos dice que el principal problema de Cuba es la vivienda. Hasta hace relativamente poco, no se podían vender casas en el país, pero ahora que se puede los precios son prohibitivos en relación a los salarios. Es por ello que las familias tienen que convivir bajo el mismo techo durante varias generaciones y por lo que, aprovechando la altura de los techos de las casas, se han ido construyendo una especie de entreplantas que les permiten ganar espacio.

Jesús, que así se llama nuestro nuevo amigo, se nuestra respetuoso con Fidel en todo momento. Dice que era un hombre muy inteligente y que hizo cosas muy buenas por el país, como la sanidad pública o la educación gratuita, pero que nunca se dejó llevar la contraria por nadie. Nos dice que el posible sucesor de Raúl Castro, el ministro de Educación, estudió ingeniería electrónica con él en la Universidad y que le sorprende los radicales que se han vuelto sus ideas desde que está en el Gobierno.

Los CUC son los culpables de la desigualdad en Cuba, afirma, no es posible que en un país donde la mayoría de la población recibe un salario en CUP, el 80% de los productos se deban adquirir en CUC. Esto ha derivado en que los cubanos quieran dedicarse únicamente al turismo. Roban, dice, si trabajan en sitios turísticos pueden robar. Mira, yo te pongo un ron, pero de mi botella. Tu pagas 5 CUC por eso ron, esos 5 CUC son para mí y la botella del Estado sigue llena, ¿entiendes?  Entiendo. Los locales turísticos son en su mayoría del gobierno: hoteles, restaurantes, agencias de turismo… Son los sitios en los que no hay música ni alcohol por el luto. Los otros no, los privados hacen lo que quieren, siempre que nadie se entere. Son ricos, concluye, los que trabajan en el turismo. Los dueños de las casas para extranjeros. Ganan mucho dinero, nadie en Cuba gana eso. Un médico gana 30 CUC al mes. Están deseando irse a misiones para salir del país, para poder ganar más.

Entramos en una tienda de electrodomésticos. Precios en CUC, no muy diferentes de los de España. ¿Cómo podría un ingeniero o un médico comprar una lavadora? No es posible. Es mucho dinero. Y es cierto, me dice, que los cubanos no pagan casa. Sólo la electricidad, a un precio simbólico si no superan cierto consumo. Tienen una cartilla de racionamiento con alimentos básicos. Aunque estoy harto de comer arroz y pollo, se queja. Yo no puedo llevar a mis hijos a comer a un paladar, dice al pasar por la puerta de uno y ver a uns pareja de cubanos dentro. Deben de tener dinero, yo no puedo pagar esto, 10 CUC por persona es mucho dinero. Era la mitad de mi sueldo. Dice que recuerda que de niño sí, de niño iba con su padre a la Bodeguita del Medio. No era como ahora, más de 5 CUC un mojito, entonces no había doble moneda. Todos éramos mas iguales.

Caminamos hasta el Templete. En la Plaza de Armas está el mercadillo de antigüedades. Venden en pesos convertibles porque está orientado a cubanos. Mira lo que hizo Fidel, sonríe, os dio un papel que no vale nada a cambio de vuestros euros. Porque esta moneda no vale nada, lo que ellos quieran que valga. Pero vuestros euros ya están en su banco.

Bajamos hasta el Hotel Ambos Mundos. El de Hemingway, apunta orgulloso. Estuvo ocho años viviendo aquí, antes de construirse una finca a las afueras de la Habana. En la puerta del Hotel una pequeña multitud consulta sus smartphones, es uno de los famosos puntos WiFi que hay repartidos por la ciudad. Los jóvenes ahora están más informados, dice Jesús, tienen acceso a Internet y pueden saber cosas. Los cubanos son muy inteligentes. Nos cuenta que obtienen el petróleo de Venezuela, a cambio de cerebros. Nosotros no tenemos nada más, no tenemos energía, no somos autosuficientes. Sólo tenemos un buen sistema educativo y mucha inteligencia, eso es lo que exportamos.

Un hombre de acerca a vendernos un periódico, piden 3 CUC. Cuestan 20 centavos de CUP, nos dice Jesús. Están haciendo negocio con los turistas por la muerte de Fidel. ¡Y qué negocio! El hombre no tarda en quedarse sin ellos.
Seguimos caminando y negociamos hasta conseguir un par de periódicos a 10 CUP (40 céntimos). Es un souvenir un tanto curioso. Algo que nadie va a poder comprar ya, aunque calque este viaje. Distinto.

Pasamos por La Floridita, que está hasta arriba. Otro de los negocios que Hemingway bendijo con su presencia. Aquí lo que manda son los daiquiris, también a precios desorbitados para la media nacional.

Tenemos algo de hambre, así que le pedimos a Jesús que nos recomiende algún sitio de moneda nacional. No queremos ir a los típicos sitios de turistas, los famosos paladares. Tras dar un par de vueltas, acabamos en Hanoi, un restaurante del Estado con carta en CUC pero precio aceptable. Insistimos en invitar a Jesús a comer, aunque al principio no quiere. Al final, comemos todos ropa vieja y zumos naturales para beber. En total ,17 CUC los tres.

Nos despedimos de Jesús, que dice que pasará a buscarnos a nuestro regreso a la Habana, con todos los periódicos que salgan durante la semana. No nos ha pedido dinero. Simplemente ha querido acompañarnos al ver que éramos ingenieros como él, para que aprendiéramos a evitar que nos timaran. Y es que en Cuba es fácil ser timado si no te andas con mil ojos, se las saben todas y somos la forma más directa que tienen de conseguir los ansiados CUC.

Seguimos paseando. Nos tomamos un coco glacé en una ventanilla de una heladería de la calle Obispo, por 10 CUP (40 céntimos) , que resulta estar muy bueno. Luego vamos a la WiFi de Ambos Mundos para enviar algunos mensajes a la familia.

Después seguimos recorriendo la Habana Vieja. Un hombre nos para y nos pregunta si somos simpatizantes de Fidel. Como no sabemos muy bien de qué va la cosa, decimos que sí, de manera preventiva. El tipo se entusiasma. Nos dice que es miembro del PCC y que le ha tocado guardia, para seguir por Internet lo que se dice sobre el fallecimiento de Fidel. Nos habla de las personalidades que van a venir al funeral, preguntamos si vendrá alguien del Gobierno Español y dice que va a venir un tal Pablo Iglesias, que no sabe quién es pero que le han dicho que es comunista. Cree que Aznar -le corregimos de inmediato conteniendo la risa- enviará una comitiva.

Nos dice que mañana habrá autobuses gratuitos para ir a firmar a la Plaza de la Revolución y que durante dos días todas las tiendas del Estado estarán a mitad de precio (cosa que, por cierto, resultará no ser cierta). Decimos que no vamos a estar en La Habana mañana, pero nos dice que habrá libros de firmas por todo el país. Nos habla de un libro sobre los atentados que sufrió Fidel, titulado Paraninfo. Luego parece reflexionar y nos dice que esperemos un momento. Se mete en un edificio y aparece al rato con un ejemplar del libro y dos billetes nuevos de 3 CUP, los de cara del Che que, nos explica, es una edición conmemorativa que ha sacado el Estado para simpatizantes de la Revolución.

Nos lo regala todo y después nos pide un donativo para la causa. Le decimos que no llevamos CUC, pero que tenemos algunos CUP. Le damos 60 CUP (1.5 euros) y los coge diciendo que eso no es nada, pero que nos lo ha regalado porque somos simpatizantes de Fidel y de la Revolución Cubana. Todo muy curioso.

Nos vamos con nuestro pequeño arsenal comunista hacia el Malecón. El mar no está agitado, pero las olas rompen con fuerza contra el muro y salpican.

Nos pasamos por el Callejón de Hamel. Hoy no hay música por el luto, pero podemos ver las pinturas y esculturas. Un chico nos explica que es un proyecto social, que todo es idea de un pintor y que ellos las realizan. Aquí dan clases de música y danza para los chavales del barrio, así evitan que estén en las calles.

Llegamos caminando hasta el Hotel Nacional, donde nos sentamos un rato a descansar hasta que una cucaracha gigante decide echarnos. Regresamos a casa para descansar un rato. Por el camino nos llueve, aunque es una lluvia ligera y breve. Descansamos un rato en la casa y nos damos una ducha. Nos cuesta no quedarnos dormidos, pero finalmente sacamos fuerzas para bajar a cenar. Vamos a uno de los sitios que nos ha dicho Jesús, pero esta cerrado, así que acabamos en una pizzería que hay al lado de la casa, donde cenamos por 70 CUP (1′5 €). Luego decidimos dar un paseo por la calle Obispo hasta el Hotel Ambos Mundos. No hay mucha gente por la calle y el ambiente es similar al de anoche.Subimos a la terraza del hotel y nos tomamos un mojito -horrorosamente malo, por cierto-, a 3 CUC por vaso. Las vistas son lo único que salva la situación. Al rato de llegar empieza a chispear, así que decidimos irnos. Aunque antes pasamos a ver la famosa habitación de Hemingway, bueno la puerta porque está cerrada.

Hacemos un poco de tiempo en recepción hasta que la lluvia cesa un poco y regresamos a casa.

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