Moscú (1)
Moscú (1)

Moscú (1)

 

Aterrizamos en Moscú a las 5:25, hora local. El día parece despejado y sorprendentemente luminoso para la hora que es. Como no hemos facturado equipaje (lección aprendida en Tanzania) llegamos los primeros al control de inmigración. Pasamos rápido, apenas comprueban el visado y  nos dejan seguir. No hay escáner de huellas o de retina, lo cual me resulta curioso.

La terminal del aeropuerto de Domodedovo no parece muy grande a simple vista. Vamos en busca de la estación del AeroExpress, (pensamos en ir en transporte público hasta el hotel) pero, por el camino, nos para un taxista. Nos dice que el primer tren sale en una hora -cosa que no es cierta porque sabemos que el primero sale a las 6:30-, y que el nos lleva al centro por 5000 rublos. Evidentemente decimos que no. Por lo que he leído, el trayecto no debería superar los 2000 rub en ningún caso. Después de regatear un rato, finalmente nos oferta 2500 rub. Le decimos que vamos a pensarlo y que ahora le avisamos. Él dice que vale y se va a buscar a sus siguientes víctimas, que resultan ser españolas. Hablamos con ellas y decidimos compartir taxi los cuatro. Tras negociar un poco, acabamos consiguiendo un precio de 3000 rb en total. Además, mientras el taxista va a por el coche, aprovechamos para comprar una tarjeta SIM. Hay multitud de tarifas, pero finalmente nos quedamos con una de 2gb de datos y 200 minutos de llamadas por 400 rb. Hay muchos puestecitos que venden tarjetas de este tipo y la activación es inmediata y muy sencilla.

Tardamos unos 30 minutos en llegar al hotel. Por el camino pasamos por delante del Kremlin y nos quedamos maravillados: es realmente impresionante. Nuestro alojamiento –hotel Matreshka- está situado muy cerca del Teatro Bolshói, aunque escondido en una especie de callejón. Dejamos las maletas en consigna (no hay habitaciones disponibles para hacer el check in antes) y nos vamos a la Plaza Roja. Son las 7 de la mañana y las calles están muy poco transitadas. Los moscovitas no parecen muy madrugadores, aunque también es verdad que es sábado.

Vamos caminando hasta la plaza de los teatros, donde se encuentra el Bolshói. El edificio es muy bonito, pero tenemos la mala suerte de encontrarlo en obras. De ahí bajamos hacia la Plaza Roja que nos encontramos vallada. Un policía nos dice que no abrirán hasta las 10 de la mañana así que,  contrariados, decidimos ir a desayunar en unn My-My (una cadena rusa de restaurantes tipo buffet  sobre la que habíamos leído) que hemos visto muy cerca. Cogemos un par de bollos y un zumo para reponer fuerzas y, al terminar, bajamos caminando por los jardines del Kremlin hasta el puente, desde donde nos encontramos con una maravillosa panorámica del río,  con el Kremlin a un lado y la Catedral al otro.

Volvemos hacia la Plaza Roja pero, al pasar por delante de las taquillas del Kremlin pensamos que quizás sea buena idea recoger ahora las entradas que traemos ya compradas por internet, antes de que haya mas cola. Las entradas de internet se recogen en tres taquillas que están reservadas para ello. Pensamos que va a ser rápido, pero no podemos estar más equivocados: no sabemos qué problema hay, pero al final terminamos esperando casi media hora. Mientras, las máquinas de venta automáticas, vacías (Si lo llegamos a saber las compramos directamente ahí =( ).

Ya con las entradas, nos dirigimos a la Plaza Roja pero las colas para acceder son monstruosas, así que descartamos la idea. Recuerdo entonces que la visita guiada que teníamos para mañana sale hoy también a las 10:30 del Bolshoi, así que vamos para allá. Tenemos suerte: el grupo de hoy tiene 3 personas únicamente, así que nos acoplamos sin problemas.

La ruta recorre todo lo que ya hemos visto y realmente nos cuenta nada que no supiéramos, aunque sí alguna cosa interesante: por lo visto, la Plaza Roja empieza a estar ocasionalmente vallada a partir del 9 de Mayo, que es el único día de todo el año en el que los turistas no tienen cabida en la plaza, ya que se celebra el desfile del Día de la Victoria. A partir de esa fecha, con la llegada del buen tiempo, se celebran diferentes eventos en la plaza: conciertos, ferias, mercadillos… Estos días es la feria del libro y está todo lleno de carpas blancas repletas de libros. La famosa panorámica de la plaza con San Basilio de fondo queda, así, totalmente anulada. No obstante, la plaza es impresionante, no sólo por su tamaño, sino por su belleza. El edificio del museo de Rusia parece sacado de un cuento de navidad. Con su ladrillo rojo y sus remates en blanco, como si fuera nieve. Las galerías GUM parecen no tener fin. Entramos dentro para verlas y nuestra guía nos comenta que cambian la decoración con cada estacion del año. Las tiendas son, en su mayoría, marcas de lujo .

El mauselo de Lenin, fácilmente localizable por la inmensa cola de turistas que esperan a entrar en él. Solo cierra dos meses al año, los necesarios para realizar las tareas de mantenimiento del cuerpo. Según nuestra guía, hoy día apenas se conserva un 25% del mismo. El horario es de 10 a 13 horas y la entrada es gratuita. Seguimos avanzando hasta la torre del reloj del Kremlin, a través de la cual acceden al complejo los grandes mandatarios y, ahora si, llegamos a San Basilio. Es curioso como este lugar emblemático, que habré visto miles de veces en imagen, ahora me resulta irreal al tenerlo frente a mí. Me da la sensación de que esta pintada sobre el cielo moscovita. Fue Iván el Terrible quien mandó construir esta catedral, para celebrar la conquista del Kanato de Kazán, en 1555 . La leyenda dice que , una vez concluida, le pareció tan hermosa que hizo arrancar los ojos a su arquitecto para que jamas pudiera construir otra igual.

Aún embobados, pasamos por la tumba del soldado desconocido -un clásico ya en los países que participaron en la gran guerra-: La llama eterna es custodiada por dos soldados que, curiosamente, al volver a pesar por delante por la noche vemos que ya no están. La visita concluye en la Catedral del Cristo Salvador, la Iglesia ortodoxa más alta del mundo y catedral principal de la ciudad de Moscu. Este edificio fue mandado dinamitar por Lenin, que pretendía construir en su lugar el Palacio de los Sóviets, y se reconstruyó años después, siendo reinagurada en el año 2000, por lo que es relativamente nuevo.

Además, tiene un mirados precioso desde el que se ven varias de las hermanas de Stalin. Vemos varias parejas de novios haciéndose fotos, al parecer en Rusia es típico que los novios se hagan fotos en lugares emblemáticos del país. Es muy curioso porque suelen ir, además, con varios invitados y uno o varios fotógrafos.

Nos despedimos de nuestra guía y entramos en la Catedral. No está permitido hacer fotos en su interior, lo cual lamentamos terriblemente porque es realmente bonita y muuuuy muy curiosa. Tiene una capilla en la parte de abajo que es como una segunda Iglesia, y realmente no sabemos cual de las dos nos parece mas bella.

Cuando salimos empieza a chispear, pero cuando llegamos al Kremlin parece que ha parado un poco, así que entramos. Nos hacen dejar las mochilas en una taquilla, aunque hay gente pasando con ellas. Dudamos si dejar los chubasqueros, pero finalmente pasamos al Kremlin sin ellos. Gran error porque apenas cinco minutos más tarde comienza a diluviar. Nos resguardamos bajo un tejado hasta que parece que para un poco. Vamos a la zona de las Iglesias. Sigue chispeando, pero no excesivamente, así que podemos visitarlo todo con tranquilidad.

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Una vez concluida la visita, recogemos nuestras mochilas y volvemos a la plaza roja. La cola ya se ha despejado y pasamos sin esperas. Vamos a los puesto de la feria a preguntar si tienen “Мы”, que no es otra cosa que la edición rusa de “Nosotros”. Nos miran un poco raro,  supongo que no entienden que unos extranjeros que no hablan nada de ruso busquen un libro escrito en su idioma. Tampoco podemos explicarnos. No hay suerte y no lo tienen, así que seguiremos buscando.

Decidimos ir a comer algo, aunque son las cuatro de la tarde. El día esta siendo larguísimo, seguramente por haberlo comenzado tan temprano. Vamos en busca de un Tepemok, la cadena de blinis (una especie de crépes, rellenos de dulce o salado) que nos ha recomendado la guía. Hay uno en el sitio donde hemos desayunado, el centro comercial Ojotni Riad, así que allí vamos. Por suerte tienen carta en inglés, así que pedimos sin problemas. Después, volvemos al hotel a hacer el check in y darnos una ducha que, inevitablemente, termina derivando en una pequeña siesta.

Después de la parada técnica vamos al centro comercial para niños que hay junto a nuestro hotel. Este centro comercial ocupa el edificio de los antiguos almacenes Destki Mir,  que era el análogo soviético de Disneylandia. La guía nos ha recomendado subir a la azotea, así que allá que vamos. Es un centro comercial inmenso en el que la mayoría de las tiendas están orientadas a los mas pequeños. En la azotea hay un mirador desde el que se ve una panorámica preciosa de la ciudad. Hacemos unas cuantas fotos y emprendemos la marcha hacia la Plaza Roja.

Repetimos el camino que hicimos por la mañana pero, esta vez, con la cámara preparada para hacer unas cuantas fotos nocturnas. La iluminación de los edificios es preciosa, aunque me decepciona un poco la de San Basilio, escasa para mi gusto. Lo compensa el GUM, con una iluminación muy navideña. Aprovechamos que se ha quedado buena noche para tumbarnos un rato en las hamacas que han habilitado en la zona de lectura de la plaza y descansar un poco.

De la Plaza Roja vamos bordeando el Kremlin por la zona del río hasta la Catedral y de ahí regresamos al hotel. Cuando queremos darnos cuenta, son las once y media de la noche, suficiente para un día. Agotados, nos vamos a dormir.

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