Free tour Melbourne imprescindible: grafitis, historia y jardín botánico con bebé (Día 3)
La peque nos despertó varias veces durante la noche —especialmente a las 3— pero al final conseguimos dormir hasta las 9. Un lujo después de los días de vuelo. Nos preparamos tranquilamente y salimos por Collins Street, la avenida que concentra algunos de los edificios históricos más importantes de Melbourne junto a rascacielos modernos, en dirección a Federation Square, donde empezaba el free tour.
Si estáis en Melbourne y solo podéis hacer una cosa, que sea el free tour con Civitatis. En serio. Dos horas y media que nos cambiaron por completo la perspectiva de la ciudad.
El free tour: Batman, grafitis y la lucha de clases australiana
La visita arrancó en Federation Square, que no es solo una plaza con museos, sino el centro neurálgico de la historia reciente de la ciudad. Aquí nos contaron la historia de la conquista británica de Australia y el papel de John Batman, uno de los fundadores de Melbourne. En 1835, Batman llegó a las orillas del río Yarra y escribió en su diario la frase que se convertiría en el acta fundacional de la ciudad: «Este será el lugar para una aldea.» Llamó al asentamiento Batmania —sí, como el superhéroe, aunque al revés— y negoció con los ancianos aborígenes Wurundjeri la compra de unas 600.000 acres de tierra a cambio de mantas, hachas, cuchillos y harina. Lo que los aborígenes entendieron como un intercambio de regalos, Batman lo interpretó como una transferencia de tierras. El tratado fue anulado por el gobernador de Nueva Gales del Sur, pero los colonos se quedaron igualmente.
Curioso que la ciudad lleve el nombre de un primer ministro británico —Lord Melbourne— y no el de quien la fundó. Aunque visto cómo terminó la historia de Batman —murió a los 38 años, arruinado y enfermo—, quizás no era tan mala idea para él quedarse en el olvido.
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De Federation Square nos fuimos a Hosier Lane, el callejón de los grafitis. El concepto es sencillo y fascinante: cualquiera puede pintar encima de lo que hay, siempre que tenga más calidad que la obra anterior. Es un muro vivo, en constante evolución, donde el arte urbano se autoregula por mérito. Solo hay dos piezas protegidas que no se pueden tapar… aunque una de ellas, un Banksy, fue cubierta por error. Esas cosas pasan.
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Volvimos a la catedral de St Paul’s, que ya habíamos visitado el día anterior, pero que con el contexto del guía cobra otra dimensión. El dato que más nos sorprendió: el arquitecto que la diseñó, William Butterfield, nunca pisó Australia. Envió los planos desde Londres y la catedral se construyó sin que su autor la viera jamás en pie. Enfrente está el Princess Pub, que tiene mucho más trasfondo del que parece: su historia refleja la tensión entre la clase alta inglesa anglicana y la clase trabajadora irlandesa católica que marcó la sociedad australiana del siglo XIX. Un cuadro especialmente provocador en su interior lo resume perfectamente.
El guía también nos contó la leyenda —o realidad, nadie lo sabe con certeza— de que los planos de la estación de Flinders Street, la más antigua de Australia, se intercambiaron por error con los de la estación de Bombay. Las dos se parecen bastante. Nunca se ha confirmado, pero tampoco se ha desmentido del todo.
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Recorrimos los callejones del centro, especialmente la zona de Degraves Street, la más europea de Melbourne: cafeterías pequeñas, mesas en la calle, un ambiente que recuerda más a París o Milán que al resto de la ciudad. Y visitamos las dos grandes galerías comerciales del siglo XIX: la Block Arcade y la Royal Arcade, la más antigua de Australia, construidas durante la fiebre del oro cuando Melbourne era una de las ciudades más ricas del mundo. Los suelos de mosaico, los techos de cristal y la arquitectura victoriana están en un estado de conservación impecable. Merece la pena entrar aunque no se compre nada.
Terminamos el tour en la State Library of Victoria, cuya cúpula es espectacular. Pero lo que más nos llamó la atención fue la armadura de Ned Kelly, expuesta en el interior. La armadura de hierro está conservada como tesoro nacional en la State Library of Victoria. Ned Kelly es el forajido más famoso de Australia, una figura que combina al criminal y al héroe popular de forma muy parecida a como lo hacen algunos personajes del Oeste americano. Hijo de inmigrantes irlandeses pobres, lideró una banda que robó bancos y desafió abiertamente a las autoridades durante años. En su último enfrentamiento con la policía, en 1880, apareció cubierto con una armadura artesanal fabricada con piezas de maquinaria agrícola, lo que lo convirtió en imagen icónica. Fue ahorcado en la prisión de Melbourne pronunciando sus famosas últimas palabras: «Such is life». Treinta mil personas firmaron una petición pidiendo su indulto. La armadura pesa tanto como la mitad de su propio cuerpo.
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Los compañeros del tour, todos con Work & Holiday Visa, nos contaron cómo es vivir en Australia de esa manera: ahorran bastante, aunque los que extienden al segundo o tercer año tienen que irse a trabajar a zonas remotas donde no quiere ir nadie, pero el sueldo compensa. Una perspectiva muy distinta de viajar por el país.
Victoria Market cerrado, indonesio de rescate y tranvía gratis
Después del tour nos acercamos al Victoria Market, el mercado más grande del hemisferio sur y uno de los imprescindibles de Melbourne… que estaba cerrado. Abre jueves a domingo por la mañana, y miércoles por la noche solo en verano. Una penita, apuntadlo bien si lo tenéis en el plan.
Comimos en un restaurante indonesio: Nasi Goreng y Mie Goreng, ricos y contundentes. Precio muy razonable y bastante sorprendente que estando en Australia una comida cueste lo mismo que en España.
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De vuelta al centro dando un paseo —temperatura perfecta, ni frío ni calor— llegamos a Flinders Street Station justo cuando pasaba el tranvía antiguo. Lo primero que pensamos fue que era el famoso City Circle Tram, el 35, el turístico de siempre. Pero leyendo bien nos dimos cuenta de que no es solo ese: toda la zona centro de Melbourne tiene transporte público gratuito, marcada como Free Tram Zone. El 35 hace el recorrido circular por los puntos principales con el encanto del tranvía antiguo; el resto de líneas dentro de la zona también son gratis. Un detalle que cambia bastante la lógica de moverse por la ciudad.
Cogimos el 35, nos llevó hasta los Docklands —zona portuaria reconvertida con mucho espacio pero poco ambiente a esa hora— y nos dijeron que era fin de trayecto. Esperamos al siguiente, que no paró. Y al siguiente tampoco. Alguien nos aclaró que el 35 había terminado su servicio por el día. Cogimos el 70, también gratuito, y volvimos al centro sin problema.
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Shrine of Remembrance y el jardín botánico más inesperado
Cruzamos el puente y fuimos caminando tranquilamente hasta el Shrine of Remembrance, el gran memorial a los soldados caídos. El edificio es imponente, de estilo ecléctico con influencias griegas y egipcias, construido en la década de 1930 como homenaje a los caídos en la Primera Guerra Mundial. Pero lo que más nos impresionó fue la vista del skyline de Melbourne desde la explanada. Una de las mejores de la ciudad, y completamente gratuita. Curioso detalle: cuando llegamos había alguien haciendo una entrevista de trabajo allí mismo, al aire libre. Australia tiene sus propias reglas.
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Justo enfrente estaba el jardín botánico, que según ponía en el mapa cerraba a esa hora. Nos acercamos por si acaso… y resultó que solo cerraba el centro de interpretación. El jardín en sí está abierto las 24 horas. Entramos por la puerta del observatorio y nos encontramos con algo que no esperábamos en absoluto: una zona de selva tropical con aspersores que convierte ese rincón en algo completamente diferente al resto del parque. Húmedo, denso, con una vegetación que parece sacada de otro continente. Con la peque fue un momento genial.
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Los baños tenían compresas gratuitas, un movimiento que busca invitar a la reflexión sobre la menstruación femenina y la idea de que no es un lujo, si no una necesidad bilógica. La verdad es que nos pareció una iniciativa muy acertada.
Vimos el atardecer desde el estanque, con poca gente y mucha calma. Volvimos al memorial para terminar de ver la puesta de sol desde allí, y luego caminamos por el parque de vuelta al centro. El skyline de Melbourne de noche tiene algo especial.
En Federation Square proyectaban una película antigua en la pared exterior, así, sin más. Cogimos el tranvía de vuelta y cenamos unos noodles rápidos. El contador del día: 22 kilómetros a pie. Bien dormidos.
Melbourne se disfruta mucho más cuando la entiendes, y el free tour es, con diferencia, la mejor inversión del primer día completo en la ciudad. Si os quedáis más de dos noches, el Victoria Market del fin de semana es imprescindible, y el jardín botánico merece una visita más larga de lo que le pudimos dedicar nosotros. Para el alojamiento, nosotros reservamos a través de Booking y el hotel en el centro nos funcionó muy bien para movernos todo a pie.
Y recordad: si viajáis sin seguro, estáis viajando mal. Nosotros en este viaje vamos con Hey Mondo, que es perfecto para viajes en familia porque ofrece un 15% adicional. Siempre puedes revisar nuestro artículo comparativo para saber qué seguro se adapta mejor a tu viaje.