La carretera del Rey (4)
La carretera del Rey (4)

La carretera del Rey (4)

 

Hoy tenemos más tiempo así que nos hemos levantado con algo más de calma. Nuestra primera parada de la mañana antes de poner rumbo al Mar Muerto ha sido la iglesia de San Jorge, que abría a las 8 de la mañana, y que tiene el mosaico más antiguo que representa un mapa de Oriente Medio.

Nos parece buenísimo, mucho mejor de lo que esperábamos. No se conserva intacto, como es evidente, pero poder ver y reconocer perfectamente ciudades como Jerusalén o Belén, o lugares como el Mar Muerto y el río Jordán en  un mosaico de siglo VI, pues tiene su punto.

Planes que no salen como esperas

Ya en ruta, cogemos un pequeño desvío para ir a los hot springs de Ma´in, adentrándonos ya por el desierto jordano, pero nos cobraban quince euros por pasar y no tenemos intención de bañarnos, solo queríamos ver el paisaje, así que cogemos la carretera de la costa el Mar Muerto y vamos hasta Wadi Mujib.

Sabemos que en invierno está cerrado y sólo se pueden hacer los trekkings chulos en verano, pero nos acercamos igualmente porque sabemos que hay una ruta que sí está disponible en invierno. Preguntamos al llegar pero nos dicen que no tienen grupos hoy, solo excursiones privadas con guía por las que hay que pagar el equivalente a un grupo (6 personas). Por lo que hemos leído, la ruta no vale mucho la pena porque las buenas son las que se pueden hacer en verano, así que descartamos la opción porque no creemos que valga lo que nos piden por hacerlo.

No entendemos muy bien de todas formas por qué lo tienen cerrado, porque apenas hay agua y hay una pasarela que llega hasta el inicio de la ruta a la que podrían permitir acceder, aunque solo sea para ver el cañón, sin adentrarte en él.

El Mar Muerto

Tras este intento fallido de excursión, seguimos bordeando el Mar Muerto hasta que encontramos un punto en el que se puede parar y bajar para acercarse al agua. Sara ya probó la experiencia durante su viaje a Israel y no le entusiasmó demasiado, así que David se piensa el meterse en el agua. Hay un señor que ofrece duchas en un chiringuito bastante precario que tiene montado, pero pide cinco jordanos y nos parece caro, la verdad.

Así que lo que hacemos es recorrer la costa andando, haciendo fotos y viendo como se solidificaban los granos de sal en todas las rocas, incluso formando granos de arroz sobre las playas. En este punto, tenemos que añadir que desmerece bastante el idílico paisaje el hecho de que esté todo lleno de basura, botellas y bolsas de plástico por todas partes. Es una verdadera pena que el ser humano sea como es. Por cierto, aunque no nos hemos bañado, la sensación al tocar el agua es que te deja la piel aceitosa.

Seguimos avanzando por la carretera del Rey, viendo muchos campamentos de refugiados, cosa que llama poderosamente nuestra atención. Entendemos que serán refugiados sirios o palestinos, pero realmente es impactante verlos perdidos en medio de la nada, completamente alejados de cosas tan básicas como una fuente de agua potable o de luz. Recordamos que Jordania es el segundo país del mundo con mayor escasez de agua dulce y que en la zona en la que estamos ahora mismo hay poco más que desierto. Por lo que hemos podido leer, en Jordania hay casi dos millones y medio de refugiados, repartidos en un total de 10 campamentos. Nos parece una absoluta barbaridad esto, y una verdadera pena.

Al Karak

Paramos en un pueblecito pequeño para comer, esta vez un kebab y un shawarma de pollo, y nos sentimos muy contentos al comprobar que solo nos han estafado veinte céntimos. Vamos mejorando.

De ahí continuamos hasta el castillo cruzado de Karak,  donde conseguimos aparcar prácticamente en la puerta porque el chico del restaurante que hay en frente nos hace un sitio. Hay gente extraordinaramente amable en este país.

El castillo es enorme y antes era un lugar muy estratégico, cosa que no nos extraña. Tiene un montón de túneles, cámaras y habitaciones, pero no tiene nada señalizado ni indicado con carteles. Además está bastante derruido, lo que es una pena porque tiene mucho potencial. Pensábamos que íbamos a estar poco pero al final nos tiramos más de dos horas en el castillo, incluyendo el regateo y compra a la salida de un pañuelo jordano que, por cierto, resulta ser la mejor adquisición del viaje, porque no solo nos viene genial para el sol en Petra y el desierto, si no que resulta ser de una calidad increíble y enorme.

Dana

Casi se nos hace de noche de camino hacia Dana, también porque nos hemos encontrado un tractor en medio de la carretera cerrando la autopista y Google nos ha desviado y nos ha hecho un recorrido rural alternativo a la carretera del Rey, que incluía pasar por una zona donde los perros pastores se nos tiraban al coche directamente, algo que daba bastante miedo.

Por suerte, llegamos por los pelos al atardecer. En el alojamiento nos ofrecen un té mientras esperamos nuestra habitación. Tenemos una reserva básica, una tienda con baño compartido, pero nos van cambiando de habitación varias veces hasta que acabamos en un apartamento con baño privado y vistas al cañón… y menos mal, porque hace bastante frío.