De Guilin a Yangshuo en barco: un crucero por el río Li (3)
De Guilin a Yangshuo en barco: un crucero por el río Li (3)

De Guilin a Yangshuo en barco: un crucero por el río Li (3)

 

Comienza un nuevo día en China, uno en el que apenas hemos dormido. Nos vestimos y recogemos las maletas, que apenas hemos deshecho para bajar a recepción donde previsiblemente nos estarán esperando para trasladarnos al embarcadero de Mopanshan, desde donde sale nuestro crucero por el río Li.

El diluvio universal

Estamos esperanzados porque de momento no llueve, pese a que las previsiones son nefastas. Hablamos con el chico de recepción para dejar las mochilas aquí y así desplazarnos solo con la mochila de día, bastante más cómodo. Nos comenta que se equivocó al decirnos la hora de salida del barco y que nos recogerán media hora más tarde, así que aprovechamos el tiempo extra para ir a una farmacia cercana a comprar algo para el dolor de garganta y un zumo para desayunar.

Del hostal al barco hay como una hora de trayecto en coche, que compartimos con una pareja de españoles que también ha contratado esta excursión. Curiosamente, el hostal está lleno de españoles, porque hay otro grupo de cuatro chicos que han salido antes que nosotros y que también hacen el mismo trayecto. Tampoco nos sorprende porque era el que mejor pinta tenía en Booking.

Cuando estamos llegando al muelle de Mopanshan empieza a diluviar. Y lo peor no es eso, lo peor es que también hay una niebla horrorosa, nivel no ver lo que tenemos a un par de metros. Nos ponemos la ropa de lluvia y buscamos a la persona que tiene nuestros billetes, que por suerte se nos ocurrió pedir una foto al chico de recepción porque el muelle es una locura de gente. Repartimos nosotros los billetes entre los españoles porque la mujer tiene un jaleo tremendo con nuestros nombres.

En nuestra cabeza, había un barco. En la realidad hay como veinte. Colocados en paralelo en varias filas. Eso unido a los paraguas, los ponchos y la lluvia… pues una locura. Agradecemos haber encargado los billetes, aunque nos hayan salido algo más caros, porque hubiera sido un quebradero de cabeza ponerse a comprarlos aquí, y además tampoco tenemos claro que aún queden billetes libres porque hay una  burrada de gente y, al menos en nuestro barco, no queda ni un asiento libre.

Todos los españoles resultamos estar juntos, en el mismo barco y en el mismo banco. Normal, por otro lado, teniendo en cuenta que ha reservado los billetes el mismo hostal. El barco sale y seguimos sin ver absolutamente nada. Estamos todos un poco de bajón porque la niebla es muy espesa. La lluvia ha disminuido un poco, aunque no ha parado.

Y, por fin

Por fin, y no mucho después de partir, para de llover y empieza a despejar. El paisaje es alucinante, la niebla cubre los picos de las montañas que son un espectáculo visual con sus onduladas formas. Es como de otro mundo.

Los paisajes kársticos se producen por la disolución de la roca caliza, muy soluble en agua. Por eso se crean esas formas tan curiosas. Suelen destacar por tener multitud de cuevas, simas y dolinas. Obviamente, todo esto a lo largo de miles de años.

El paseo por el río es bastante hipnótico. Es cierto que hay zonas en las que se pueden ver pequeñas poblaciones, campings o gente pasando el día a la orilla del río, pero hay otras que son de absoluta soledad. Ni siquiera el hecho de que haya bastantes cruceros haciendo el mismo recorrido le resta encanto al viaje, que es para disfrutarlo. Si en algún momento tuvimos dudas sobre si sería demasiado turístico, se han disipado. Y no nos llevamos a engaño, es turístico, pero merece absolutamente la pena.

En el barco, por cierto, hay baños y ofrecen un servicio de comida previo pago… aunque nosotros agradecemos haber llevado nuestra propia comida porque tiene todo una pinta un poco rara. Además, tampoco nos hubiera apetecido sentarnos a comer en el salón interior teniendo estas vistas en la cubierta del barco.

Yangshuo

Al llegar a Yanghsuo, donde el cielo está bastante cubierto, nos encontramos con un montón de gente. Principalmente vendedores y guías ofreciendo traslados, excursiones, motos de alquiler y transporte. Nosotros nos cogemos algo de jackfruit, que es una fruta a la que nos enganchamos seriamente en Uganda… aunque nada que ver, lamentablemente, en Uganda tenía infinitamente más sabor. También nos cogemos unos mangostanes, que conocemos de Indonesia. Están ricos pero nada que ver con los que comíamos allí. Qué curioso que el sabor de la fruta pueda cambiar tanto de un país a otro, aunque esto ya lo teníamos claro por culpa de los mangos.

Nos vamos hasta nuestro alojamiento, que está excelentemente ubicado pero no tiene ni un solo cartel en inglés y nos cuesta encontrarlo. Esto es algo curioso de los hoteles chinos, y es que aunque en la web tengan un nombre occidental, luego in situ solo tienen carteles en chino. Así que lo ideal es fijarse bien en las fotos.

Cuando intentamos pagar, no nos funciona Alipay. No sabemos muy bien qué pasa, porque es como un error de la aplicación. Tenemos cobertura, de hecho hay WiFi, pero da un error en ambos teléfonos. Por suerte, tenemos efectivo, aunque ciertamente el recepcionista nos dice que no hay problema en pagar en otro momento.

Queremos ir a la zona de río, para hacer un paseo en balsa de bambú por el río Yang. El crucero va por el río Li, que es un río más hondo y navegable, el río Yang es menos profundo y no pueden navegarlo los barcos grandes, por lo que a priori es más tranquilo. Podemos ir en moto de alquiler, que es lo que suele hacer la gente, pero con las lluvias el suelo está muy resbaladizo y lleno de barro, lo que a nosotros que no tenemos experiencia con este tipo de vehículos nos da un poco de reparo. Finalmente, nos decidimos por pedir un Didi hasta el embarcadero, que nos deja allí en 15 minutos… aunque tenemos que decir que por el camino vemos a montones de turistas en moto. Quizás somos demasiado precavidos…

Navegando en una balsa de bambú

Cuando llegamos al embarcadero nos vemos en una situación curiosa, que no sabemos si es fruto del teléfono escacharrado que es el traductor de Alipay. Hay una taquilla en la que tenemos que adquirir las entradas, y a priori varios trayectos que pueden elegirse con distintos precios. También hay como 7-8 personas esperando en la cola.

Cuando pedimos los tickets para uno de los trayectos, nos dicen que no, que cierran a las 5. Miramos el reloj y vemos que son las 4 de la tarde, por lo que no entendemos nada. La chica nos dice algo así como que cierran a las 5 y no sabe si los barqueros van a querer llevar a más gente por hoy, que tenemos que esperar a que vuelvan para ver si les apetece hacer otra ronda o no. Nos parece rarísimo, sobre todo porque esto debería estar establecido ya y no ser aleatorio, pero esperamos.

Finalmente, un rato más tarde nos dicen que sí, pero que solo para el trayecto más largo, que básicamente es recorrer el río completo. Es bastante más caro de lo que teníamos pensado, pero después de haber esperado y siendo nuestra única oportunidad de hacer el paseo el barco, cogemos una barca para dos y nos vamos.

El trayecto dura como una hora y media y, la verdad, el paisaje es bastante menos espectacular que el del crucero grande. Es verdad que es muy relajado y divertido cuando toca hacer los saltos de agua, levantando las piernas para no mojaros, además del plus de tener la luz del atardecer. También es curioso ver cómo rema el barquero, apoyando el palo de bambú en el fondo del río para impulsarnos. Pero, a nivel paisaje, nos quedamos con el de esta mañana.

Cuando acabamos, estamos en otro embarcadero diferente y tenemos que coger un taxi para ir a nuestro hotel. La verdad es que ha sido finalmente un acierto no coger la moto, porque hubiera implicado tener que ir a buscarla.

Mientras esperamos, aprovechamos para cenar algo en un puestecillo que hay allí, algo similar a una tortilla pero con una masa que nos recuerda a la de los churros. Está rico.

La noche de las princesas chinas

De camino al hotel, pasamos por una calle muy animada y decidimos bajarnos ahí. Está hasta arriba de gente, iluminada a más no poder y ambientada con música. Es como una especie de feria de pueblo, por buscar un ejemplo cercano.

A medida que vamos caminando, nos vamos dando cuenta de que hay un montón de chicas vestidas como de princesas chinas, con unos sombreros muy curiosos repletos de cuentas metálicas, brillos… algo muy exagerado, hasta el nivel de llegar a la orilla del laguito que hay y encontrarnos con fácilmente 20 chicas haciéndose fotos, pero con fotógrafo profesional, flashes y de todo. Una auténtica locura.

Nos damos cuenta de que hay bastantes tiendas donde alquilan estos trajes, que investigando por Internet descubrimos que son trajes tradicionales, de las distintas regiones de China, principalmente utilizados en danzas tradicionales. La verdad es que hay algunos espectaculares, no nos extraña que quieran hacerse fotos con ellos porque son una preciosidad.

Pedimos permiso y hacemos unas cuentas fotos, tanto a las chicas que están con los fotógrafos profesionales, como a las que van sin fotógrafo. Estas últimas se quedan encantadas, imaginamos que por el ahorro. Algo genial de China es que podemos enviar las fotos a través de WeChat, que es algo que siempre nos frustra un poco en viaje, no tener cómo compartir las fotos en muchas ocasiones.

Seguimos dando una vuelta, probando varias cosillas que hay en las tiendas y que ofrecen a los turistas. También vemos, por primera vez, las brochetas de insectos. Hay karaokes y muchos grupos en directo, tanto cantando o tocando como bailando. En las discotecas vemos a la gente sentada, mirando el móvil, lo cuál es bastante chistoso. La verdad es que el pueblo tiene un ambientazo tremendo, se nota que es extremadamente turístico.

Un sesión improvisada

Ya de regreso al alojamiento, decidimos bajar a la orilla del río. Nos encontramos a un fotógrafo recogiendo el set que tiene montado para las sesiones, que incluye una de las típicas barcas de bambú de los pescadores con cormoranes. Nos ponemos a hablar con él como podemos, utilizando Alipay y su traductor, y nos enseña sus fotos y el equipo que utiliza. La verdad es que es un artista, tiene algunas fotos que son un espectáculo.

Hay una pareja por ahí haciéndose fotos con el móvil, ambos vestidos para la ocasión, y nuestro nuevo amigo nos enciende el flash para que les hagamos fotos nosotros. Los chicos, claro está, como unas castañuelas. Cuando acabamos, el fotógrafo insiste en que nos hagamos una foto nosotros, así que nos monta el set para que nos subamos a la barca y nos hace una sesión improvisada. No lucimos tanto sin la ropa tradicional, pero la verdad es que es un puntazo para acabar un día estupendo.

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