Makgadikgadi y suricatas, noche y día (15, 16)
Makgadikgadi y suricatas, noche y día (15, 16)

Makgadikgadi y suricatas, noche y día (15, 16)

 

Nos levantamos sin prisa porque hemos quedado tarde. No hay elefantes en el waterhole porque no hay agua, pero tenemos cierta esperanza de verlos aparecer en algún momento.. esperanza que se termina cuando nos dicen que hasta las 10 no echan más agua y que los elefantes no van a aparecer hasta pasada esa hora, así que nada. Parece que nos vamos a quedar sin verlos por la mañana 🙁

Makgadikgadi: Un viaje de ida y vuelta

Salimos hacia Maun, aunque de camino paramos en Gweta para ver cómo está el acceso al salar. Preguntamos en Gweta Lodge y nos dicen que es factible ir por nuestra cuenta aunque los caminos sean algo confusos. Nos cuentan que no hay mucha arena y  que se puede acceder bien con un 4X4. El único problema es orientarse allí.

Nos planteamos ir por libre o incluso contratar la excursión con la gente de Gweta Lodge, pero como hemos quedado con el guía, decidimos no dejarle tirado e ir a Maun aunque él esté llegando mucho más tarde de la hora acordada y nos preocupe seriamente el que se nos haga demasiado tarde como para volver al salar a dormir. Cuando planificamos esto, la idea era recogerle a primera hora y disponer de todo el día, ahora mismo con el cambio que nos ha introducido, no sabemos cómo iremos de tiempo.

Salimos hacia Maun. La carretera entre Gweta y Maun está asfaltada pero tiene un tramo terrible en muy malas condiciones, con unos baches enormes que además no están indicados. Es un verdadero problema porque vas a 100 km por hora y, de repente, te encuentras un boquete inmenso en medio de la autopista. No entiendo que no lo señalen, al menos.

Tardamos 2’5 horas en llegar a Maun, debido al mal estado de la carretera. El guía aún no ha llegado, así que aprovechamos para ir a comer al Hungry Lion, que es una especie de McDonalds de aquí, pero a velocidad africana. Vamos, que tardan una barbaridad en preparar cuatro hamburguesas y, al final, cuando vamos a reclamar, nos dicen que se habían olvidado de nuestro pedido. Así que esto, más que fast food, es very slow food. El guía llega sobre las 14:45. Nos dice que tenemos que ir a su casa para que recoja su saco de dormir y sus cosas. Otra media hora entre ir y volver, el tiempo se nos echa encima. Le volvemos a preguntar si nos da tiempo y nos dice que sí, que llegamos a ver atardecer al salar sin problemas.

Por el camino nos comenta que podríamos hacer quedado en Gweta. No entiendo nada porque en ningún momento me ofreció esa posibilidad cuando hablamos, de hecho me comentó que necesitaba transporte para llegar a Gweta y por eso planteamos la opción de venir a recogerle a Maun.

El día empieza a caer y vemos que no llegamos, aunque el guía sigue en sus trece diciendo que tenemos tiempo de sobra… pero ni el GPS ni el reloj parecen darle la razón. Cuando nos queda media hora para llegar a Gweta y ya ha atardecido nos dice que no cree que lleguemos a tiempo al salar y que quizás tengamos que quedarnos en algún camping de Gweta. No damos crédito a lo que nos dice, apalabramos esto hace cinco meses y hoy aparece 5 horas más tarde de la hora acordada, sin estar listo y aún así nos dice que nos da tiempo…. ¿Y ahora cae en la cuenta de que no?  Podéis imaginar nuestro mosqueo.

Le preguntamos si conoce bien el camino y que si se ve capaz de hacerlo de noche y nos dice que sí, que podemos intentarlo porque cree que sabe llegar bien. Empezamos el camino y cuando llevamos recorridos unos 20 km por una pista de arena que se ha bifurcado varias veces, llegamos a una zona en la que ya no hay camino. El guía no sabe por dónde seguir, por suerte vemos una fogata donde hay unos pastores de la zona. Les preguntamos y nos guían hasta el camino de nuevo. De ahí, conseguimos llegar al salar orientándonos con nuestro GPS porque el guía nos estaba indicando la dirección contraria. Por suerte, decidimos confiar en Google Maps y llegamos.

Cuando llegamos por fin al salar, y sin atrevernos a adentrarnos mucho más, montamos las tiendas. Ahí ya el guía nos reconoce que es la primera vez que está aquí.

Una noche bajo las estrellas

Hacemos una hoguera con madera que hemos comprado de camino -por cierto, luego nos enteraremos de que nos han cobrado el doble del precio habitual “gracias” a las gestiones de nuestro guía- y preparamos la cena. La verdad es que estamos muy mosqueados con el guía y ha sido un día muy estresante, pero mola la sensación de estar en medio de la nada, entre un desierto de sal y el cielo estrellado.

El guía se monta su tienda y nosotros desplegamos las de los coches. Aprovechamos para hacer algunas fotografías nocturnas, aunque la luna brilla bastante hoy y las estrellas no se ven tanto como en noches anteriores.

Después de quedarnos un rato disfrutando de silencio y de la soledad del salar, subimos a dormir.

Ya que no pudimos ver ayer el atardecer y aún tenemos la espinita clavada, nos levantamos para ver el amanecer. Desayunamos en el salar y recogemos el campamento.

Conociendo a Timón

Nuestro guía nos propone hacer un recorrido por el salar, pero al poco de empezar la ruta se hace un lío con los caminos. Como solo tenemos 3/4 del depósito de gasolina, decidimos no arriesgarnos a dar vueltas por el salar sin saber a dónde vamos, además no nos fiamos mucho del guía y no nos apetece perdernos otra vez por aquí. Regresamos al camino de ayer con ayuda del GPS y nos vamos en busca de suricatas.

Vamos a un lugar en el que se supone que hay unos guías para ver suricatas, pero no hay nadie, así que nos dice de dar una vuelta para ver si los vemos. Cuando nos cruzamos con ellos vemos que van con un grupo de turistas, así que nos dice que tenemos que pasar de largo. No entendemos nada. Nos explica que al parecer las excursiones para ver suricatas las tiene en exclusiva una agencia de Gweta y que no se pueden ver los suricatas si no es con ellos, pero que él tiene un contacto que por 20$ por persona nos lleva a verlos.

Aquí es cuando se lía porque yo ya empiezo a estar harta de este tipo: Tengo la impresión de que solo nos está haciendo perder el tiempo, que no sabe lo que está haciendo y que no es nada profesional. Discutimos con él en el coche. La cosa se pone tensa, pero viendo que no es el momento, rebajamos un poco el tono y le decimos que mejor volvemos a buscar a su contacto.

Damos media vuelta y vemos unos suricatas. Nos paramos y justo en ese momento aparece su contacto, muy oportuno, que nos pide 30$ en total por enseñarnos a los suricatas. Esto es más un impuesto que otra cosa, porque nos acercamos a los suricatas tranquilamente sin que él haga absolutamente nada y los animalitos ni se inmutan. Están muy acostumbrados a los humanos. Son muy graciosos, están buscando gusanos excavando en la tierra y de vez en cuando, se incorporan para ver si detectan algún ave, sus principales depredadores.

Estamos un rato viendo a los suricatas y después decidimos volver a Gweta para echar gasolina. En una bifurcación el guía nos dice que paremos el coche y nos dice que saquemos el GPS, que él no nos va a guiar más. Así, gratuitamente. Alucinamos. Tras un rato de discusión, en la que él nos echa en cara que le hayamos dicho que tenemos la sensación de que no sabe qué está haciendo, acabamos medio suavizando la situación y vuelve a guiarnos. Sigue exactamente la ruta que nos marca Google Maps.

Entramos en reserva

Llegamos a Gweta tras un viaje muy tenso. Para mejorar la cosa, vamos a la gasolinera y resulta que no hay gasolina. Así que nos toca ponernos en marcha hacia Maun con unos 100 km de gasolina depósito (Maun está a 100 Km the Gweta) y con un guía que está indignadísimo con nosotros porque le hemos dicho que no ha hecho bien su trabajo. Dos horas y media de viaje por una carretera llena de baches… pura fantasía.

Cuando llegamos a Maun le llevamos a su casa. Entonces hablamos con él. Le habíamos contratado para dos días en su momento, pero no ha estado con nosotros ni día y medio. Le damos el dinero acordado por los dos días y le decimos que está en su mano la decisión. Finalmente nos reconoce que no ha cumplido con su parte y acepta el pago de un solo día. Le damos lo correspondiente a día y medio, pese a todo, ya que al menos ha sido honesto y se ha disculpado por su actitud. Eso sí, no le recomendamos en absoluto y, de hecho, si alguien se plantea visitar la zona lo que recomendamos es evitar a este tipo.

Vamos a la gasolinera y a hacer algo de compra. Aprovechamos para medir la presión de las ruedas y descubrimos que una de ellas va muy baja, Muy baja. Rezando para que no sea un pinchazo, la inflamos y y nos vamos a comer en una pizzería cercana. Parece que ya hemos tenido la minicrisis del día, como solemos decir… pero esto es África.

Nos ponemos en marcha hacia el camping. Esta como a dos horas de Maun, supuestamente cerca de la entrada norte del parque. El camino es de grava/tierra, excepto el último tramo, el que da acceso al camping, que es de arena bien profunda, donde casi se nos queda el coche un par de veces. Además, se nos ha hecho ya de noche. Este último tramo ha sido complicado.. pero ya estamos aquí.

¿Camping? ¿Qué camping?

Cuando llegamos al camping nos encontramos a gente trabajando en un descampado… y a un señor que sale de una tienda de campaña. Nos explica que si, que antes tenían un restaurante, una tienda, una piscina… pero que en enero decidieron tirarlo todo abajo porque van a mejorar las instalaciones. Tampoco hay muchos clientes porque, claro, el camping ahora mismo consiste en lo que vemos: nada. Y nosotros.. bueno, parece que habíamos hecho la reserva demasiado pronto para que se acordaran de decirnos nada.

Nos indica una parcela en la que podemos quedarnos, a la que llegamos 3km después por un camino de arena que está sin marcar. El coche resbala muchísimo y estamos a punto de quedarnos atrapados un par de veces. Encima está rodeado de árboles y, bueno… digamos que nos va a tocar pagar la penalización por arañar el vehículo (Esto es una tras otra). Al llegar a la parcela, que consiste en unos baños descubiertos y una ducha de camping (tiene una bolsa con un grifo que llenas de agua que calientas en un cubo metálico), nos disponemos a montar el campamento… pero no hay agua.

Regresamos a recepción -con todo lo que ello implica, teniendo en cuenta cómo está el camino- y, después de un rato sin ver a nadie, localizamos a una mujer que avisa al hombre de antes. Nos explica que los elefantes a veces rompen las tuberías y nos lleva hasta otra parcela que sí tiene agua. Agua.. salada, que se coge de un pozo.

En cualquier caso, encendemos una hoguera y calentamos agua para ir duchándonos. No terminamos de entender que tengan grifo y no una ducha, aunque sea de agua fría, pero tampoco le damos muchas vueltas: teniendo en cuenta las horas que son (noche profunda en un bosque que da bastante cosa), que no hay absolutamente nadie en el camping y se escuchan ruidos raros, lo único que queremos es cenar rápido e irnos a dormir.