Diario Viena, Bratislava y Budapest (2): Viena, palacios, museos y norias.

 

Madrugamos mucho. Hoy toca aprovechar la Vienna Pass y vamos a ser concienzudos. No tengo nada claro si nos dará tiempo a ver todo lo que tenemos pensado, pero al menos se intentará.

Cogemos el S1 en Wien Hauptbahnhof  a las 7:41 hasta Wien Hetzendorf Bahnhof. Aunque la Vienna Pass incluye el Hop-on Hop-off que pasa por aquí y llega hasta Schönbrunn, el primero sale en un rato y nosotros queremos llegar al Palacio a las 8, cuando abren. El tren tarda apenas 10 minutos en realizar este recorrido, pero desde la estación hasta el Palacio hay unos 2 kilómetros a pie.

Parte de estos 2 kilómetros pasan por los jardines del palacio, de acceso gratuito y realmente impresionantes. Dicen que Maria Teresa se inspiró en Versalles, donde vivía su hija Maria Antonieta, cuando encargó construir Schönbrunn.

En la entrada de Schönbrunn no hay colas, así que sacamos nuestros pases y procedemos a iniciar la visita guiada.  Es una visita con audio guía. Con la Vienna Pass está incluído el Grand Tour, por lo que realizamos la visita completa, que incluye 40 habitaciones. En total durará una hora aproximadamente y y básicamente consiste en recorrer las diferentes estancias del palacio escuchando la historia de los Habsburgo. 

Para ser sinceros, nos decepciona un poco. Quizás porque el último palacio que visitamos fue el Hermitage y, si de algo sabían los Romanov, era de palacios. Schönbrunn nos resulta un tanto soso. Eso sí, los jardines son maravillosos. Merecen la pena totalmente.

Al salir del palacio damos un paseo por los jardines y aprovechamos que está incluido en la Vienna Pass para visitar el Tiergarten, el zoo más antiguo del mundo que fue fundado como una casa de fieras imperial en 1752.

Al salir, cogemos el autobús Hop-on Hop-off en la puerta del Palacio hasta Belvedere. Hace mucho calor, así que nos viene bien para descansar un poco y recuperar fuerzas.

Belvedere en realidad son dos palacios enfrentados. ahora convertidos en museos. Los jardines, nuevamente, son gratuitos pero la entrada al museo no. Por suerte para nosotros, también está incluída en el Vienna Pass. Tenemos bastante claro que queremos entrar a la Galería de Arte Austriaco para ver los cuadros de Gustav Klimt que hay en el museo, uno de ellos quizás el más conocido de todos: “El Beso”. Realmente es impresionante en directo, no sólo este cuadro, sino todos los de la sala. Me deja sin palabras.

De Belvedere bajamos a pie hasta el Palacio de Hofburg. Tenemos bastante suerte porque, aunque había leído que solía haber cola, no nos encontramos con apenas gente y, además, al tener el Vienna Pass nos dejan pasar directamente. De nuevo, se trata de una visita con audio guía. La primera parte recorre la colección de vajillas reales que vemos de pasada, seguramente sea muy interesante pero no tenemos mucho que ver y esto no nos parece lo más interesante. Pasamos directamente al Museo de Sisí y los aposentos imperiales. De nuevo, como en Schönbrunn, nos decepciona un poco la visita. Quizás lo más interesante, al menos para mí, sea la historia de Sisí.

Nuestra siguiente parada es la Biblioteca Nacional Austriaca, esta sí que es impresionante. Nos quedamos un buen rato embobados entre tanto libro.

Seguimos el paseo hasta la Catedral de Viena. La entrada es gratuita, pero la subida a la torre no. Sin embargo, al llegar nos dicen que lo que está incluido en la Vienna Pass es el Tesoro. Las reliquias religiosas no nos entusiasman demasiado, pero las vistas de la Catedral desde las alturas son bastante impresionantes y merece totalmente la pena subir.

Muertos de calor, hacemos un pequeño descanso para tomarnos un helado en un Café Aida, una cadena de cafeterías bastante popular en la ciudad. Concretamente el de strudel está increíble.

De ahí, vamos hasta el Danubio para coger el City Cruise de las 16:00. El trayecto es de 1 hora y cuarto y nos resulta absolutamente prescindible. Nos arrepentimos bastante de haber elegido esta atracción, de hecho. Salvo porque nos sirve para descansar un poco y resguardarnos durante un rato del sol, no sacamos nada positivo del paseo.

Volvemos al autobús para ir a la Torre del Danubio, pasando por el Prater. Esto lo incluí únicamente porque era de las pocas atracciones, junto con la noria, que cerraban tarde y nos daban un poco más de margen, pero no tenía grandes expectativas. No podíamos estar más equivocados. Nos encantan las vistas del Danubio desde la Torre. Está ubicada en un precioso barrio residencial con un parque encantador que nos enamora al instante. Muy cerquita, la sede de la ONU en Austria. Además, el trayecto hasta la Torre recorre la orilla del Danubio y el paseo resulta bastante más interesante que lo que hemos visto desde el ferry. Concretamente, las vistas de la Iglesia San Francisco de Asís son espectaculares.

De ahí, de nuevo en el autobús, nos vamos al Prater para montar en el Wiener Riesenrad, la famosa noria de Viena, construida en 1897. La subida a la noria también está incluída en el Vienna Pass. Tenía muchas ganas de subir a la noria porque una de mis escenas preferidas de Antes del Amanecer tiene lugar en uno de sus vagones.

Cogemos el último autobús turístico (por suerte en verano amplían el horario un par de horas) y regresamos al centro, concretamente al Stadtpark. Nos tumbamos un rato en uno de sus bancos para reponer fuerzas y después seguimos la caminata hasta el centro. Pasamos por la Catedral y la Ópera, ya iluminadas y llegamos hasta la Iglesia de San Carlos. Tenemos recomendado un sitio para cenar cerquita, Gastwirtschaft Rohrböck, que aprovechamos para visitar. Llegamos por los pelos para cenar, ya que aquí las cocinas cierran pronto.

En Viena se estila bastante el plato del día, con un precio significativamente menor que el resto de la carta, que suele ser comida típica austriaca. Nosotros en concreto acabamos pidiendo Fleischpalatschinke, que viene a ser un crépe relleno de carne y Pleskavica (un filete ruso para que nos entendamos). Después damos otra vueltecita por la ciudad para hacer algunas fotos nocturnas y regresamos, completamente agotados (al menos yo) al hotel en metro. En total hemos caminado 24 kilómetros, no está nada mal para ser el primer día.