Diario de Cuba (3): Rumbo a Viñales
Diario de Cuba (3): Rumbo a Viñales

Diario de Cuba (3): Rumbo a Viñales

 

Nos despertamos temprano para coger el autobús. De camino buscamos algún sitio donde desayunar. Finalmente, acabamos en una nueva ventana que han abierto al lado del portal (nueva porque durante el fin de semana no ha estado), donde cogemos un par de bocadillos por 18 CUP (70 céntimos). Es curioso cómo funcionan estas ventanas, no deja de sorprenderme: Los cubanos llevan sus propios vasos o recipientes si quieren llevarse la bebida o comida. Si no, se lo toman allí y devuelven el vaso o plato al terminar. Aquí nada se desperdicia. Hasta las bandejas de plástico se tienen que devolver. Tampoco hay servilletas; lo que te dan son una especie de cartones.

Vamos al hotel donde nos recogerá el autobús. Hay varios autobuses de Transtur -todos van a Viñales- por lo que nos cuesta un poco encontrar el nuestro. Por suerte la capacidad de organización de los cubanos nunca deja de sorprenderme y tienen una lista en la que figuran todos los pasajeros con su correspondiente autobús.

Iniciamos el viaje haciendo varias paradas en distintos hoteles de la Habana. En una de ellas suben J y L, que finalmente han conseguido billetes. El trayecto hasta Viñales dura aproximadamente tres horas. Los autobuses son nuevos, de fabricación china. Hacen una parada veinte minutos antes de llegar a Viñales, a mi juicio innecesaria, pero supongo que ideal para sacar algo de dinero a los turistas incautos. Esto es algo recurrente en Cuba: todo parece una enorme trampa para turistas. Perder dinero aquí es tan sencillo como bajar la guardia un segundo.

Viñales es un pueblo pequeño, muy diferente a la Habana. Una calle principal -por la que llega el autobús- llena de paladares y casas particulares. Hay bastante gente y se nota el bullicio de un día laboral. Es curioso, pero aquí todas las casas parecen alquilar habitaciones. Pienso que hubiera sido bastante sencillo, y posiblemente mucho más económico, llegar sin nada y buscar casa en el acto. Pero tenemos la casa reservada, casa El Mojito a 20 CUC la noche. Curiosamente, J y L están en Cuba Libre, la casa de enfrente y propiedad de la hija de Juanito, el dueño de nuestra casa.

Como recibimiento, Juanito nos enseña a preparar mojitos. Nos los tomamos mientras nos explica la oferta turística de la zona. Los principales atractivos son la excursión por el valle y el Cayo Jutías. Los precios por excursión son de 20 CUC para el paseo a caballo por el valle y de 15 CUC por un taxi compartido al Cayo. Antes cobraban además 5 CUC por acceder, pero nos dice que ya no.

Decidimos salir a dar una vuelta por el pueblo para comparar precios antes de reservar nada. Vamos un poco contrarreloj porque anochece pronto y ya ha pasado el mediodía, pero decidimos arriesgarnos. Preguntamos en un par de agencias de viajes y todas nos dan el mismo precio, hasta que damos con un hombre en la calle con un cartel que anuncia la excursión a 3 CUC por hora. Hablamos con él y nos deja el paseo en 10 CUC sin límite de tiempo. La ruta es la misma para todos, así que acordamos verle a las 14 horas para poder comer algo primero.

Nos recomienda un sitio para comer, Rompiendo Rutina, que dice que es el más barato del pueblo. Vamos, pero tenemos poco tiempo y son lentos, así que acabamos cogiendo unos bocadillos en el puesto de al lado.
La ruta a caballo por el valle es preciosa. Las montañas que lo rodean son impresionantes y los colores de los campos y la vegetación variados e intensos. Paramos primero en la plantación de tabaco, donde nos explican todo el proceso de recolección y secado, ademas nos muestran como hacen los puros y nos dejan probarlo.

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Después vamos a la plantación de café, donde vemos las plantas y probamos las semillas.

Luego nos dejan probar el ron de guayaba. Obviamente, en ambos sitios nos intentan vender productos, pero no compramos nada. Curiosamente, aquí sí podemos beber alcohol, a pesar del luto y de que los empleados de la finca parecen muy sentidos respecto a la muerte de Fidel.

Eso es algo que hemos notado en esta zona, la gente parece mucho más Castrista. Hablan de Fidel con respeto, casi veneración. Resulta muy diferente respecto a lo que hemos estado escuchando en La Habana, donde en todo momento hemos sentido el respeto hacia la persona, pero no de la misma manera hacia el político. Visitamos el mirador del Silencio y la cueva de las golondrinas, aunque no entramos.

Empieza a anochecer y ya va siendo hora de regresar. Por el camino, el hombre de los caballos nos cuenta que es veterinario, pero que no hacia mucho dinero trabajando de ello y por eso decidió cambiarse al turismo. Nos estamos encontrado muchos casos así. Aquí es raro que alguien trabaje de lo que ha estudiado porque en el sector turístico se gana infinitamente más dinero.

Cuando llegamos a Viñales ya es noche cerrada. Vamos a casa a darnos una ducha y descansar un poco antes de salir a cenar. Nos acercamos a cenar al sitio que nos recomendó esta mañana el hombre de los caballos (Rompiendo Rutina).  Cenamos ropa vieja y espaguetti, por 5’50 CUC los dos, pero lo mejor es el flan de postre, que está buenísimo y sólo vale 50 céntimos.

Mientras cenamos, unos chicos de acercan a ofrecernos excursiones. Negociamos con ellos una excursión a Cayo Jutías por 50 CUC para los 4 y acordamos que nos recogerán al día siguiente en nuestra casa. Vamos a dar una vuelta por el pueblo, todo está bastante vacío y los sitios empiezan a cerrar. Vamos a la Plaza para conectarnos a Internet un momento. Allí está el libro de condolencias por la muerte de Fidel, aunque ya han cerrado el acceso. Nos quedamos un rato allí y después regresamos a casa a dormir.

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