Diario de Cuba (1): El día que murió Fidel

 

“Con profundo dolor comparezco para informar a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy, 25 de noviembre del 2016 a las diez y 29 horas de la noche, falleció el comandante en jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro Rus. “

Así anunciaba Raúl Castro al pueblo cubano la muerte de su hermano. Al mismo tiempo, en España, nosotros terminamos de hacer las maletas sin dar crédito aún a la noticia.

No sabemos qué pensar, buscamos información y tratamos de sacar algo en claro sobre lo que nos espera en La Habana dentro de unas horas… pero es difícil de saber. Lo único que tenemos claro es que hoy es un día histórico y que, casualidades de la vida, en un rato cogemos un avión que nos lleva al epicentro de los acontecimientos.

Salimos para Barajas con tiempo, aunque la T1 está hasta arriba de gente. Colas por todas partes: facturación, controles, embarque… Antes de subir al avión, recibo la llamada de A. Es una de las chicas del foro de viajes con las que hemos estado hablando estos días y, casualidades de la vida, coincidimos en el vuelo de ida y en el de vuelta.

Tras diez horas de vuelo bastante pesadas, llegamos al aeropuerto José Martí a las 19:50. Entre pasar controles, aduanas y recoger el equipaje se nos va casi una hora. Nada más salir nos encontramos al taxista que hemos concertado, con su cartelito a nombre de A. Dejo a los demás con él mientras salgo a buscar una CADECA para cambiar algo de dinero. Entonces veo a un segundo taxista con el mismo nombre en el cartel. Los reunimos para que aclaren la confusión. Las direcciones son distintas, así que tras discutir un rato nos quedamos con el que lleva la correcta. El otro se enfada bastante con nosotros.

Tiene un coche americano del 52, precioso aunque nada cómodo. El típico coche que aparece en las postales de Cuba. Nos lleva hasta La Habana vieja por 30 CUC en total. Nos cuenta que el gobierno ha decretado 9 días de luto, durante los cuales no se puede poner música. La ciudad parece tranquila, gente por la calle y normalidad.

Como al final con la confusión no hemos cambiado en el aeropuerto, nos para en un hotel para cambiar algo de dinero. Primer engaño de la noche, aunque en el cartel dice que el cambio está a 0’98, nos lo cambian a 0’96 y cuando reclamamos nos dicen simplemente que el cartel está equivocado. No tenemos ganas de discutir, así que cogemos el dinero y nos vamos. En esta ocasión, sólo cambiamos CUC. En Cuba hay dos monedas: CUC, o peso convertible, orientado al turismo y con la que se pueden pagar transportes, alojamientos y cualquier cosa orientada a los extranjeros y CUP, o moneda nacional, con un valor 25 veces inferior al CUC y orientada al uso nacional, con la que se puede adquirir comida en los puestos callejeros o en los restaurantes nacionales.

Hablamos con el chico del taxi para ver si puede conseguirnos unas tarjetas de WiFi. Nos dice que sí, que a él se las venden a 3 CUC por ser cubano, pero que para nosotros valen 5, así que nos las deja a 4. Más tarde descubriremos que, en realidad, valen 2 CUC y que no son nada difíciles de conseguir. Ese es el segundo engaño de la noche: aquí te espabilan rápido.

Nos despedimos de A y N en Habana Centro y seguimos hasta Habana Vieja. Pagamos el taxi y el chico nos devuelve el cambio en CUP. No es mucho, pero nos va a venir bien tenerlo.

Llegamos a la casa que hemos cogido durante nuestra estancia en la Habana. Teresa, la dueña baja a recibirnos. Nosotros nos quedaremos en el piso que hay frente al suyo y, por lo que parece, estamos solos. La casa está bastante bien, con aire acondicionado y baño privado, además tenemos una pequeña nevera y toallas. Mucho mejor de lo que esperábamos.

Nada más llegar la dueña nos empieza a hablar sobre Fidel, como si hubiera estado esperando a tener un interlocutor con el que explotar. Comenta lo importante que es guardar respeto a los muertos, pero no tarda en decirnos que espera que la muerte de Castro suponga un cambio para Cuba, aunque no lo cree posible. Piensa que Raúl Castro dejará el cargo en 2018 y que será otra persona del gobierno actual quien pase a ocuparlo. La veo resignada. No para de repetir que Fidel ha estado jodiendo a los cubanos durante años, que lo decidía todo y que siempre tenía que hacerse lo que él dijera. Pregunto que por qué los cubanos nunca se han rebelado contra Castro, pero deshecha la idea con un gesto. No, no, eso no va a pasar, dice.

Charlamos un rato más con ella hasta que llaman a la puerta. Teresa abre la puerta, es una pareja de españoles que preguntan por nosotros. Son L y J, también del foro. Nos han estado buscando por todo el portal, ya que la casa de Teresa no está señalizada y abajo no hay telefonillo.

Nos cambiamos y salimos con ellos. En teoría, hemos quedado con A y N en El Chanchullero, a cinco minutos se nuestra casa para tomar algo pero, cuando llegamos, nos dicen que están cerrando.

El ambiente es algo raro porque no hay música en los bares y muchos están cerrando pronto. Nos quedamos un rato en el parque que hay frente al bar esperando a las chicas, pero no aparecen. No tenemos forma de localizarlas, así que nos vamos a dar una vuelta por la zona para ver si por un casual nos encontramos con ellas.

No hay mucha gente por la calle, pero no sentimos inseguridad en ningún momento. Los cubanos se acercan para intentar llevarnos a algún bar, pero no insisten demasiado cuando nos negamos. Preguntamos en algún sitio por un mojito y se ríen. No hay alcohol, dicen estamos de luto.

El cansancio empieza a notarse y decidimos retirarnos. De camino, compramos una botella de agua en una ventanita. Nos cobran 1’5 CUC por una botella grande. El agua embotellada es cara aquí, aunque suponemos que estamos pagando de más.

Al llegar a casa buscamos alguna ventana con comida. Es la 1 de la madrugada, así que en muchos nos dicen que no tienen comida o que están cerrados. Esto es curioso porque, aunque estén cerrados, siguen con luces encendidas y hay una persona sentada. No entendemos muy bien por qué, y esto será algo que veremos con bastante frecuencia a lo largo de todo el viaje. Por fin localizamos una ventanita, justo al lado de nuestro portal, donde compramos un par de bocadillos por 10 CUP cada uno. No llega a 1 euro. Cenamos y nos vamos a dormir, totalmente exhaustos.