Diario de Rumanía (2): Tras los pasos de Vlad Țepeș
Diario de Rumanía (2): Tras los pasos de Vlad Țepeș

Diario de Rumanía (2): Tras los pasos de Vlad Țepeș

 

Empezamos un nuevo día de carretera y manta… bueno, más bien ventilador porque nos está haciendo un tiempo buenísimo, nada de frío.

Rasnov

Nuestra primera parada de la ruta es Rasnov, una ciudad famosa por su fortaleza medieval… pero nosotros la encontramos cerrada al público, así que nos quedamos con ganas de visitarla. La vemos, eso sí, desde lejos. La verdad es que es curioso lo de las ciudades de esta zona poniendo el nombre al más puro estilo Hollywood.

El santuario de osos de Zarnesti

Vamos a ir a probar suerte al santuario de osos… y decimos probar suerte porque cuando quisimos ir a reservar entradas, estaban agotadas, así que no sabemos si podremos entrar. Es un poco arriesgado, pero el camino es bueno y tenemos muchas ganas de conocer este proyecto, así que hacemos la intentona… ¡y hay suerte!

Este lugar se dedica a recuperar osos en cautividad, principalmente osos que han pertenecido a zoológicos ilegales, circos o restaurantes que los utilizan como reclamo turístico. Como bien dicen en uno de los carteles que vemos: mientras haya personas dispuestas a pagar por hacerse una foto con un oso, habrá osos siendo esclavizados y maltratados.

Aquí lo que hacen es dejarlos en una semi libertad vigilada, mientras curan heridas, recuperan el peso y aprenden a ser independientes. Mientras tanto siguen alimentándolos y llevan a cabo controles veterinarios. Cuando se les da “el alta” se les libera en otras zonas… pero son animales con muchos traumas y un proceso de recuperación largo y costoso. De hecho, una de las primeras osas que ocuparon este sitio fue Maya, que se “suicidó”. Ella misma se autolesionaba y esas heridas la llevaron a la muerte.

Son osos que han sufrido mucho, algunos abandonados a su suerte sin alimento, fueron encontrados prácticamente en los huesos y al borde de la muerte. Otros eran drogados o golpeados, los tenían encadenados en jaulas diminutas… en fin, lo peor que podáis imaginar.

La entrada cuesta 64 leus por persona y otros 50 si quieres hacer fotos, el dinero se destina a mantener el lugar. Un oso tiene un consumo de unos 7.000€ anuales en comida y actualmente cuentan con 160 osos, así que echad cuentas. El ayuntamiento de Zarnesti tiene cedido el uso del bosque para este fin por 50 años y los agricultores de la zona suelen colaborar donando excedentes de fruta.

Bran

Volvemos a coger la carretera para ir a Bran, el lugar donde se ubica el famoso castillo falsamente atribuido al conde Drácula… o, lo que es lo mismo, Vlad Țepeș

Vlad El Empalador es el personaje real en el que se dice que se inspiró Bram Stoker para crear a su famoso vampiro, aunque el irlandés nunca estuvo en este castillo ni parece que se inspirara en él en absoluto. Claro, que tampoco estuvo Vlad Țepeș. Nacido como Vlad Drăculea, fue príncipe de Valaquia entre 1456 y 1462. Seis años que dieron para mucho porque está considerado uno de los gobernantes más importantes de la historia de Valaquia y heróe nacional de Rumanía.

¿Y qué hizo Vlad, aparte de inspirar el personaje de Drácula? Pues principalmente empalar gente.  Básicamente tenía tan asustados a los otomanos con su bosque de empalados, que no se atrevieron a intentar conquistar Valaquia.

En el castillo de Bran se dice que pudo haber pasado una noche de cautiverio, pero tampoco es que esté del todo claro. Lo que sí se sabe es que solo fue habitado permanentemente durante las décadas de 1920 y 1930, cuando sirvió de residencia veraniega a la reina María de Rumanía.

Esta vez cogemos la entrada online y nos saltamos la cola… y aprovechamos para coger también un kürtős kalács de desayuno. Es un pastel que tiene su origen en esta zona, además, aunque cuando esta zona pertenecía al Imperio húngaro, por eso se suele decir que es un pastel de origen húngaro. Su nombre viene a significar pastel chimenea y es así por su forma. Se hace a la brasa y luego se reboza en lo que quieras: canela, caramelo, nueces, azúcar, chocolate… están de vicio.

La entrada al castillo cuesta 45 leus, el parking nos ha costado 10 leus por dos horas. La visita no es que sea nada del otro mundo porque el castillo por dentro es bastante normalito, pero lo bueno que tiene Rumanía es que los precios de las atracciones turísticas no son en absoluto disparatados. Hay alguna cosilla de vampiros y alguna fotillo de Vlad el Empalador, pero tampoco le dan un bombo especial al tema.

A la salida nos cogemos un lángos, que viene a ser una masa frita que se suele rellenar de queso y también es típica de esta zona, además de que está muy bueno.

Una iglesia fortificada

Nos movemos hasta Viscri, donde vamos a visitar su iglesia fortificada. Es un pueblecito muy pequeño, con una historia curiosa: durante una visita, el actual rey Carlos de Inglaterra, se enamoró del lugar y se compró una casa aquí. Cosas de reyes.

Su iglesia forma parte del conjunto de iglesias fortificadas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Estas iglesias se construyeron en la época en la que los otomanos estaban intentando invadir Transilvania, como defensa. La región sureste de Transilvania, en Rumanía, tiene una de las cifras más altas de iglesias fortificadas existentes de los siglos XIII al siglo XVI.

La entrada cuesta 12 leus y merece mucho la pena la visita porque, además, se puede subir a la torre y tener una vista bastante buena del pueblo y de la propia iglesia y sus muros defensivos.

Sighișoara

Y nuestra última parada del día es Sighișoara, una ciudad preciosa que además forma parte también de la leyenda de Vlad El Empalador, ya que aquí vivió su padre, el también príncipe de Valaquia, Vlad Dracul. Lo de Dracul viene a significar dragón y el Drăculea es una forma de decir “hijo del dragón”.

Dejamos el coche en zona de estacionamiento regulado, que es gratis por ser domingo pero hay que pagar a partir de las 7 de la mañana del lunes… y es un problema porque no se puede dejar pagado ya, hay que hacerlo en el momento. ¿La opción? Descargarnos la aplicación de pago y ponernos una alarma a las 7… aunque la app se conoce que lleva comisión porque el precio es ligeramente más elevado que el de la máquina.

Nuestro hostal está ubicado justo junto a la Torre del Reloj, lo cual es maravilloso. Además nuestra habitación está en el ático, desde donde tenemos una vista preciosa de la ciudad. Dicen que Sighisoara es una de las ciudades más bonitas de Rumanía, y no diríamos que no. Tampoco la UNESCO, que declaró esta ciudad Patrimonio Mundial en 1999.

Salimos a dar una vuelta, pasando obviamente en primer lugar por la Torre del Reloj. Lo siguiente es la famosa casa de Vlad Dracul y la plaza central de la ciudad, la plaza Cetatii. Continuamos hacia las torres defensivas, la escalera de madera  Strada Scolii que fue construida en 1642  para que los niños pudieran ir a la escuela, ya que estas se encontraban en la parte alta de la ciudad, y la Iglesia de la Colina, desde donde se puede ver la ciudad. No es una ciudad grande, pero sí muy coqueta y agradable para pasear. Se recorrería incluso rápido si no fuera porque cada esquina invita a hacer una fotografía.

Rematamos el día cenando en un restaurante llamado Medieval Café donde probamos el queso típico de la zona, que está muy bueno, y algo llamado patatas Drácula, que están muy buenas. También, como no, unos mititei.

Después de la cena nos vamos a la iglesia ortodoxa que está la otro lado del río, la Holy Trinity Church, pero está cerrada ya. Toda la ciudad está a oscuras y poco iluminada, así que damos una pequeña vuelta más por la ciudadela y nos volvemos al alojamiento  para descansar.