Karakalpakstán y el museo de arte soviético más remoto del mundo (13)
Karakalpakstán y el museo de arte soviético más remoto del mundo (13)

Karakalpakstán y el museo de arte soviético más remoto del mundo (13)

 

Nos levantamos a las 7 con el murmullo del campamento desperezándose y, después de desayunar, salimos de vuelta hacia Moynaq. Nos han dicho que el museo de Nukus cierra pronto y no nos lo queremos perder. En cualquier caso, no hay ninguna parada programada hasta allí, más allá de una pequeña parada en lo que parece unas ruinas de una mezquita en el desierto y la parada para comer en el mismo sitio de ayer. La comida está igual de rica (probamos los raviolis grandes rellenos y el plov) pero nos sale bastante más cara. Seguimos sospechando que ayer nos cobraron de menos, pero.. no estamos seguros y la comunicación es muy difícil porque esta gente no habla uzbeko, si no que hablan karakalpako… y no es que seamos nosotros bilingües en uzbeko, pero yandex de karakalpako no tiene ni idea. Y es que en la zona en la que estamos es una región complemente autónoma respecto a Uzbekistán: Karakalpakstán.

Karakalpakstán

Karakalpakstán es una región autónoma en el noroeste de Uzbekistán, habitada por el pueblo karakalpako. Históricamente, fue parte del imperio persa y luego pasó a manos del Imperio Ruso. Durante la época soviética, se convirtió en una república autónoma dentro de la República Socialista Soviética de Uzbekistán. En la década de 1920, Karakalpakstán experimentó cambios territoriales y políticos. La economía se basó en la agricultura y la pesca en el Mar de Aral… pero ya sabemos que eso acabó mal, lo que supuso que Karakalpakstán pasó de ser una de las regiones más ricas de Uzbekistán a ser la más pobre, y con diferencia. Tras la independencia de Uzbekistán en 1991, Karakalpakstán retuvo su estatus autónomo, de hecho, en la Constitución del país se reserva el derecho a Karakalpakstán a independizarse de Uzbekistán si así lo deciden.

Nukus es la capital de Karakapastan y, tanto los edificios importantes de la ciudad como el propio museo, lo demuestran mostrando siempre ambas banderas (casi idénticas excepto por la franja central).

 

El museo más remoto del mundo

El museo Nacional de Arte de Karakapastan, alias museo Savitsky, es la mayor atracción turística de la ciudad y el segundo mejor museo de arte moderno de Asia Central.

Fue fundado en 1966 por Igor Savitsky, un amante del arte y coleccionista, que se dedicó durante décadas a comprar arte prohibido en la Unión Soviética. Normalmente, a las viudas de los artistas o a las familias, cuando se encontraban en el exilio. Se trata de arte moderno, vanguardista de la época, con artistas como Nikolai Karakhan, Aleksandr Volkov y Ural Tansykbayev, que aquí no nos dicen nada, pero allí son muy populares.

Lo curioso es que el hecho de estar en un lugar tan remoto y poco accesible fue lo que salvo este museo de la censura soviética. El museo alberga una de las mayores colecciones de arte avant-garde ruso y soviético de la década de 1920 a 1930 fuera de Rusia. Estas obras desafían las convenciones artísticas de la época y reflejan un período de experimentación creativa.

Y aunque las expectativas tampoco son muy altas, lo cierto es que nos resulta bastante curioso ver cómo el arte que exhibe refleja la cultura, forma de vida y cosas típicas de la zona. De hecho nos hace pensar que en general las obras de arte que vemos siempre tienen una perspectiva occidental, pero que existen otros puntos de vista artísticos, tantos como culturas… y no dejamos de vivir en una burbuja artística occidental, que solo nos muestra lo que genera nuestra propia sociedad. Es muy enriquecedor estar en un lugar que muestra un arte que nos resulta tan desconocido y, a la vez, nos permite apreciar vanguardias que sobradamente conocemos. Sin duda, un imprescindible en cualquier visita a Uzbekistán si se tiene un mínimo interés en el arte.

Nukus

Después de hacer el check-in en el hotel y que nos traten como delincuentes por decirles que no estábamos seguros de si queríamos pagar en efectivo o con tarjeta y que si nos dejaban 5 min para contar el dinero que teníamos (en serio, nos han hecho dejar el pasaporte en prenda esos 5 minutos), nos vamos dando un paseo hasta el bazar, que está al final de la avenida principal. Está calle nos recuerda muy mucho a Khojand tanto en los edificios, como en las aceras, plantas, amplitud, y sin ser especialmente bonita, si que que parece ser un sitio agradable y funcional para vivir.

El bazar es inmenso, y se nota que es mucho menos rural que los que hemos visto en otras ciudades. Además, tiene al lado la estación de minibuses de la ciudad, lo que le dota de una actividad tremenda. Lo recorremos con calma, disfrutando de los puestos y, como no, de las fotos que le hacemos a la gente, que se nuevo se muestra bastante agradecida y nos regala unas pasas y hasta nos invita a probar la bebida que vemos por todos lados: agua carbonatada a la que le echan sirope para hacer una especie de Coca-Cola casera. Nos hace especialmente gracia una señora que se coloca para la foto, atusando sus panes para que salgan favorecidos en la foto.



Descubrimos una zona en la que están encendiendo brasas y después de volver al hotel a darnos una ducha y dejar nuestras compras (un pan enorme tipo crepe y una especie de Nocilla de aquí que resulta ser dulce de leche y leche condensada) volvemos a cenar unos fantásticos shasliks allí, interactuando como podemos con algunos locales ya que, de nuevo, hablan karakalpako y el traductor de nuestro móvil no lo entiende. Aún así, nos hemos entender más o menos, nos enseñan unos vídeos de España de la TV Uzbeka y, tras despedirnos, salimos a buscar un helado. Está casi todo cerrado pero encontramos un puesto que aún los tiene y, en el que, después de ponernos un buen cono por 3000 soms, la chica que lo lleva nos pide un selfie.



Para terminar la jornada nos vamos a la plaza que está al lado del museo, de nuevo rebosante de actividad: niños alquilando cochecitos, familias comiendo pipas, gente paseando y los consabidos puestos de boxeo atrapakazajos con sus colas de gente (12 puestos en 50m. No nos explicamos este fenómeno, la verdad).


Como un poquito de pena por no poder quedarnos más nos vamos al hotel a dormir.  La verdad es que la gente de esta zona de Uzbekistán nos resulta majérrima, al más puro estilo persa, nos ha encantado descubrir esta ciudad de la que no esperábamos absolutamente nada… pero hay que reponer fuerzas porque mañana es nuestro último día y queremos aprovecharlo bien.

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