Bujará, la ciudad de las cúpulas celestes (10)
Bujará, la ciudad de las cúpulas celestes (10)

Bujará, la ciudad de las cúpulas celestes (10)

 

Salimos del hotel a las 7 de la mañana para encontramos con el Arq cuando aún está el sol bastante bajo. Continuamos hasta la plaza del minarete, donde nos encontramos con algún que otro fotógrafo aprovechando también la buena luz y la tranquilidad. Además, nos encontramos entrenando a clase a los estudiantes de la madrasa Mir-i-Arab (la que lleva 500 años activa) y aprovechamos para pasar a la entrada y echar un ojo un poquito al vestíbulo. La verdad es que se nota la diferencia con el resto… le decoración está menos cuidada, no ha sido rehabilitada pero sí mantenida.

Nos volvemos al hotel a desayunar, a terminar de hacer la mochila y a dormirnos una pequeña siesta antes de volver a salir, esta vez, en dirección contraria al centro: vamos por las sombras hasta Qo’sh Madrasa que, de nuevo, está fuera del circuito turístico principal pero que, a pesar de eso, nos parece realmente bonita y con encanto. El calor aprieta mucho, así que nos quedamos un rato disfrutando del fresquito del interior y continuamos por el parque de los Samonids (que está lleno de escolares y de gente local haciendo picnic) hasta el Mausoleo de Ismail Samani, que es curiosamente diferente al resto de los edificios de la zona.

Un poco más allá vemos un mercado y, como no puede ser de otra manera, para allá que vamos. Se nota que este mercado no es turístico, si no un mercado local puro, y da gusto. También tiene un montón de sitios con buenísima pinta para comer, pero seguimos un poco llenos del desayuno y lo dejamos pasar.

La idea es ir para el centro a comer al mismo sitio de ayer, estar un ratito frescos y luego ir para la mezquita, a una zona de bancos que encontramos ayer donde podemos pasar lo más duro de la tarde. Hacemos así y de nuevo restaurante es un acierto: probamos nuevos platos tradicionales, está vez aderezados con un mojito que no tiene nada de mojito, mientras vemos en la TV videoclips indios. Nada que ver con lo de ayer, pero igualmente adictivo y absorbente. Cuando salimos seguimos con nuestro plan y, aunque corre un poco menos de fresco que ayer, la mezquita nos salva del calor e incluso nos permite dar un par de cabezadas hasta que esté empieza a relajarse. Entre lo bonita que es, lo a gusto que se está y lo bien que nos está viniendo, se ha convertido claramente en nuestro lugar preferido de Bujara.

Aprovechamos para preguntar en un puesto de información para ver dónde podemos cambiar dinero, puesto que hemos terminado nuestras retiradas gratuitas con Revolut y N26 y necesitamos efectivo para la excursión del mar de Aral. Sin embargo, en vez indicarme dónde puedo cambiar, la mujer del poste de información, que parece más una tiendecita que otra cosa, me intenta cambiar ella a un cambio horrible y finalmente me dice que hoy no hay bancos que cambien porque es festivo.

Nos vamos dando un paseo hasta la torre mirador que hay en frente del Arq pero descubrirnos que habíamos entendido mal y que no valia 5000 si no 50.000, lo que nos parece una barbaridad, así que pasamos y nos vamos a ver el atardecer, de nuevo, en nuestra plaza favorita. De camino conocemos a un señor de la vieja Guardia comunista que nos enseña relojes con Lenin y Stalin grabados, que nos dice que el se mantiene en forma a sus 76 años, y que pasa de fútbol y de tonterías, que a él lo que le gusta son las mujeres y la buena comida.

Después del atardecer nos volvemos a dar una vuelta completa a la ciudad iluminada para terminar yendo a cenar a un sitio que vimos ayer con kachapuris georgianos, que son una de nuestras debilidades. Aunque este no sea el mejor que hemos probado, está muy bueno, bien de precio y nos sienta a gloria. además lo redondeamos con el helado que nos tomamos justo al salir que nos tomamos mientras hacemos las últimas fotos, nos quedamos con Bujara en la retina y nos vamos al hotel a recoger la maleta.

Sorprendentemente, en el hotel nos despide toda la familia, animados por un tío mayor y por la curiosidad que le han provocado los parches que llevamos en la mochilas. Estamos un ratillo de charla con ellos, muy entusiasmados y muy dicharacheros, dentro de las posibilidades que nos da hablar idiomas completamente distintos y tener que tirar de signos y del omnipresente traductor de Yandex, pero si te has visto en alguna similar, entenderás a qué nos referimos.

 

El Yandex nos deja en la estación con una hora de margen, pero en tren viene con mucho adelanto y nos subimos rápido. Estamos nerviosos a ver si tenemos cama o nos la encontramos ocupadas nuestras camas como ayer. Afortunadamente nos las encontramos casi libres y nos dan ropa de cama (toalla incluida) y nos podemos ir a dormir rápidamente. La gente da menos conversación que ayer -obviamente, dada la hora, aunque hay una señora que saluda efusivamente a todo el mundo en voz bien alta- pero son igual de majos: a Sara le ponen una sábana y la sujetan entre varias mujeres cuando se va a cambiar tres mujeres majísimas que luego posan para nosotros. Nos quedan 7h hasta llegar a Jiva y queremos aprovechar la noche.. y el día de mañana.