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Intercambio de casas con bebé: nuestra experiencia con HomeExchange en cinco casas y cinco países

Cuando empezamos a valorar viajar a Sídney, los precios de alojamiento no cuadraban en ningún presupuesto medianamente razonable. Fue ahí donde el intercambio de casas dejó de ser una curiosidad y pasó a formar parte fija de cómo viajamos: un ático con terraza en Randwick, un barrio con encanto y buena conexión con el centro, sin dejarnos en alojamiento lo que nos habría costado la mitad del viaje.

Hasta ahora hemos organizado intercambios con HomeExchange en Galicia, el País Vasco, Noruega, Nueva Zelanda y Australia, casi todos viajando con la peque. Esto es lo que nos ha dejado cada uno.

Pontevedra: el primero, y el que nos convenció

Nuestro primer intercambio fue en pleno centro de Pontevedra. Un piso muy cómodo y accesible, justo lo que necesitábamos para movernos por la ciudad sin depender del coche. Todo fue tan fácil que casi da la sensación contraria a la que se espera de organizar un intercambio: los anfitriones nos lo pusieron todo resuelto desde el primer mensaje, recomendaciones incluidas, sin ninguna fricción. Fue la prueba de que esto podía funcionar de verdad, y la que nos animó a seguir organizando intercambios en los viajes siguientes.

Irún: cuando cuesta encontrarlo, pero merece la pena

Este no fue tan sencillo. Buscábamos algo en Asturias y no salía nada que nos encajara, ni en ubicación ni en fechas. Seguimos mirando, un poco resignados a acabar reservando un apartamento normal, hasta que casi a punto de tirar la toalla apareció este piso en Irún. Céntrico, luminoso, con los anfitriones criando a dos niños, lo que se notó en los detalles: nos dejaron a mano juguetes, libros y varias cosas de bebé, útiles porque la peque tenía entonces cinco meses. Fue de esos casos en los que insistir un poco más de la cuenta compensa: fue de las mejores decisiones del viaje por el País Vasco y la costa vasca francesa, y de la casa nos llevamos también un buen puñado de recomendaciones locales de gente que vive allí, no de una guía turística.

Noruega: jardín, manzanos y todo lo que no tuvimos que meter en la maleta

La casa en Noruega tenía jardín propio, manzanos con manzanas buenísimas y garaje privado, algo que se agradece mucho conduciendo por carreteras noruegas. La anfitriona también tenía hijos, y nos dejó trona, parque, gimnasio para bebé, juguetes y libros. Para la peque fue una casa con la que disfrutar, no solo un sitio donde dormir, y para nosotros supuso no cargar con media casa en el equipaje, algo que también notamos en el presupuesto del viaje.

Nueva Zelanda: la casa del lago Hawea

En Nueva Zelanda nos alojamos en una casa junto al lago Hawea, a diez minutos de Wanaka, que también se alquila en Airbnb, en una zona muy familiar y tranquila. Fue de los alojamientos más bonitos de todo el viaje por Australia y Nueva Zelanda, y una buena muestra de que el intercambio de casas no significa renunciar a calidad: muchas de estas viviendas compiten de tú a tú con cualquier alojamiento turístico de la zona.

Sídney: la salvación cuando el alojamiento no cuadraba

Ese ático es el de la introducción. Está en Randwick, a poca distancia de Coogee y bien conectado con el centro en tranvía, y nos habría costado bastante más de lo razonable en Airbnb o Booking a los precios que maneja Sídney. Fue el intercambio que más nos demostró el valor real de HomeExchange: no como un extra simpático, sino como la diferencia entre que el presupuesto del viaje cuadrara o no.

Cuando el intercambio no encaja

No siempre sale. En Japón lo intentamos, pero todas las casas que nos cuadraban por ubicación y GuestPoints tenían gato, y en casa tenemos alergia seria. Al final fuimos por otras vías. Lo contamos porque es parte real de cómo funciona esto: no todas las casas encajan con todas las familias, y conviene tenerlo en cuenta antes de organizar un viaje entero alrededor de un intercambio.

Mejor para estancias largas que para una noche suelta

Otra cosa que hemos aprendido: el intercambio de casas funciona mucho mejor cuanto más larga es la estancia. Para una o dos noches es difícil encontrar algo, y tiene sentido en cuanto lo miras desde el lado del anfitrión. Preparar la casa para recibir a alguien lleva su trabajo: lavar sábanas y toallas, recoger, y si te apetece, incluso vaciar algún armario para que los invitados tengan sitio. Nosotros, por ejemplo, compramos un perchero con baldas que es lo que dejamos siempre disponible para quien viene, aunque no es obligatorio, es simplemente un detalle. Todo ese trabajo compensa cuando el intercambio dura una semana o más, pero para dos noches el esfuerzo no sale a cuenta ni para quien recibe ni, muchas veces, para quien organiza el viaje. Por eso, si vais a moveros por varias ciudades con estancias cortas, es más realista combinar el intercambio de casas con otro tipo de alojamiento en esos tramos, y reservarlo para donde vayáis a quedaros más tiempo.

Hay quien resuelve esto cobrando un servicio de limpieza a sus invitados, algo que la propia comunidad permite. Nosotros no lo hacemos: preferimos dejarlo dentro del espíritu del intercambio, como algo que se da igual que se recibe, sin que entre de por medio ningún pago.

Lo que da más respeto: abrir tu propia casa

Lo que más frena a la gente no es alojarse en casa de otros, es lo contrario: dejar la tuya. A nosotros también nos costó al principio. Tenemos muchas plantas en casa, y la idea de dejarlas solas dos o tres semanas siempre nos ha dado bastante respeto.

De hecho tenemos motivos: hace unos años, sin ningún intercambio de por medio, se rompió una manguera del patio mientras estábamos de viaje. Estuvo echando agua sin parar hasta que volvimos, y nos encontramos todo encharcado y un roto considerable en la factura del agua. Eso cambió por completo cómo vemos el hecho de que alguien esté en casa mientras viajamos: lejos de ser una molestia, tener a alguien cuidando la casa y las plantas mientras no estamos es un alivio, no un riesgo añadido.

Dicho esto, no hace falta empezar por ahí. Los GuestPoints de bienvenida permiten disfrutar de un primer intercambio como invitados, sin necesidad de recibir a nadie de inmediato, así que se puede probar la plataforma sin dar ese paso hasta sentirse cómodo. Nosotros hicimos dos viajes de una semana y vivimos dos experiencias antes de dar el paso de ser anfitriones. Y es completamente normal, porque a fin de cuentas estamos hablando de nuestro hogar.

Cuando llega el momento de ser anfitriones, esto es exactamente lo que cubren las garantías incluidas en la membresía de 175€ anuales (HomeExchange no las llama «seguro» en el sentido tradicional, sino garantías automáticas que se aplican a cada intercambio, sin coste extra):

  • Protección ante cancelación: si el anfitrión cancela, buscan un alojamiento alternativo; si no lo encuentran, hay compensación económica.
  • Garantía de no conformidad: si la casa no se corresponde con lo acordado, ofrecen una solución alternativa inmediata.
  • Cobertura de daños materiales: hasta 1.000.000 € por daños accidentales en la vivienda.
  • Fianza de 500 € por parte de cada invitado, gestionada directamente por HomeExchange, no por ti.
  • Asistencia 24/7 si surge un imprevisto durante el intercambio.

Según los propios datos de HomeExchange, el 99,7 % de los intercambios transcurre sin ningún incidente. Nosotros nunca hemos tenido que usar estas garantías, pero saber que están ahí —y que gestionan ellos la fianza y el contacto en caso de problema— es justo lo que nos permitió dejar de ver el «y si pasa algo» como un obstáculo.

Hay también una parte que nos importa más allá de lo práctico: estas son casas reales de gente real, no pisos turísticos. No retiran vivienda del mercado local ni presionan los precios de alquiler como sí hace el modelo de apartamentos turísticos en muchas ciudades. Cada vez nos pesa más el conflicto de contribuir a la turistificación de los sitios que visitamos, y el intercambio de casas es de las pocas fórmulas de viaje que va en la dirección contraria.

Cómo funciona, en resumen

Al registrarte como miembro en homeexchange.com, das de alta tu casa con fotos y descripción. A partir de ahí puedes organizar intercambios simultáneos, no simultáneos, o por GuestPoints, el sistema que te permite alojarte en casa de otro miembro sin que esa persona tenga que venir a la tuya al mismo tiempo.

La cuota son 175 € al año, con intercambios ilimitados durante ese periodo, y con la garantía de que si no organizas ningún intercambio en tu primer año, te regalan el segundo. Los GuestPoints se consiguen así:

  • 50 GP al registrarte
  • 750 GP al completar el anuncio de tu casa al 100% (800 GP solo por darte de alta)
  • 500 GP al activar tu suscripción anual por primera vez
  • 250 GP más al renovar el segundo año
  • 250 GP adicionales si te registras con nuestro código (sara-9cc4a)

Entre el registro, completar el perfil y activar la suscripción, se pueden juntar más de 1.000 GP antes incluso de alojar a nadie, suficiente para varias noches en la mayoría de casas. Nosotros solo con la suscripción del primer año y los GuestPoint de bienvenida viajamos una semana a Pontevedra y otra Irún.

También es importante señalar que, cuando finalizas un intercambio, recibes los GuestPoint inmediatamente aunque el intercambio vaya a tener lugar a meses vista. Esto significa que no tienes que esperar a que tus invitados vengan para empezar a disfrutar de tus GuestPoint, lo cual está fenomenal.

Somos afiliados de HomeExchange: si te registras con nuestro código nos llevamos una pequeña comisión, sin que a ti te cueste nada extra.

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2 comentarios

  1. Hola, María! Sí, en algunas ocasiones los intercambios incluyen vehículos. No solo coches, también bicicletas, monopatines… No es lo más habitual, pero algunas personas lo ofrecen directamente y con otras lo más sencillo es hablarlo. Puede ser interesante para ambas partes, sobre todo en un intercambio recíproco.

    Saludos

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