Chinchón: qué ver en un día en el pueblo más bonito de Madrid
Chinchón lleva años siendo uno de esos nombres que aparecen en todas las listas de escapadas desde Madrid y que uno acaba posponiendo sin razón clara. Nosotros hemos ido dos veces: la primera, en diciembre, para el encendido de luces de Navidad; la segunda, durante el mercado medieval. De las dos visitas sacamos conclusiones distintas, y las dos son útiles si estás planeando ir.
La primera fue bien. La segunda, con la niña, fue un error de cálculo: demasiada gente, aparcamiento imposible, el pueblo colapsado. Si vais en familia, evitad los fines de semana de eventos masivos. Chinchón es mucho mejor cuando no está saturado.
Porque Chinchón, en condiciones normales, es un pueblo perfecto para pasar un día de turismo en familia: pequeño, abarcable, cómodo de recorrer, con suficientes cosas que ver como para que la visita no se quede corta, pero sin la presión de tener que correr. De hecho, nuestra recomendación es hacer noche. El pueblo cambia cuando se van los visitantes. La plaza se queda en silencio, la iluminación tiene otra dimensión, y hay algo en ese ambiente que solo existe en los pueblos cuando anochece.
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La Plaza Mayor
Todo el mundo habla de la Plaza Mayor de Chinchón, y tiene sentido: es extraordinaria. No por su tamaño, sino por su proporción y por lo que transmite. Es una plaza medieval construida entre los siglos XV y XVII, de forma irregular, rodeada por más de 230 balcones de madera pintados de verde y soportales en planta baja. Esa irregularidad, que viene del crecimiento espontáneo de las casas originales, es parte de su encanto.
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Lo que llama la atención cuando estás dentro es pensar en cómo sería vivir en esas casas. Hoy todo son bares, restaurantes y tiendas de productos locales, pero las viviendas siguen ahí, detrás. Y cuando hay corridas de toros —porque la misma plaza se convierte en plaza de toros, con su ruedo de arena en el centro y el tabloncillo desmontable— los vecinos tienen un problema logístico: la calle perimetral queda cortada. La solución que adoptaron con el tiempo fue comunicar muchas de las casas entre sí por debajo, para que los residentes puedan moverse sin salir al ruedo. Eso nos lo contaron durante la visita y es una de esas cosas que te cambia la perspectiva del espacio.
La primera corrida de toros documentada en la plaza data de 1502. Desde entonces, el espacio ha sido escenario de proclamaciones reales, autos sacramentales, rodajes de cine —Orson Welles rodó aquí varias escenas, y Cantinflas hizo pasar la plaza por una plaza de toros mexicana en La vuelta al mundo en 80 días— y casi todo lo que se os pueda ocurrir. Es uno de esos lugares donde cuesta no quedarse parado imaginando. Por cierto, nosotros nos encontramos incluso a la tuna.
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Las mejores vistas a la plaza son desde el mirador de la Cuesta de las Lagartijas. El nombre viene de los que se apostaban allí para ver las corridas y, según dicen, parecían lagartijas al sol. De noche, con la plaza iluminada, es otra cosa.
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La Bodega del Nero
Una de las visitas que más nos gustó. La Bodega del Nero, en la calle Don Ramiro, es la bodega familiar más antigua de la Comunidad de Madrid: lleva desde 1870 en el mismo edificio, ahora en quinta generación. La visita incluye cata de vinos y queso de Chinchón, y Roberto, el propietario, cuenta la historia del lugar con una cercanía que hace que la hora pase volando. Se aprende sobre los vinos de la zona, sobre los productos locales, sobre cómo ha evolucionado la bodega. Hay que reservar con antelación, y merece la pena hacerlo desde casa a través de Civitatis.
Si es vuestra primera vez en Chinchón y queréis orientaros antes de empezar a recorrer el pueblo, el free tour es una buena opción para entender el contexto histórico de lo que vais a ver.
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El Teatro Lope de Vega y José Sacristán
El teatro fue construido en 1891 sobre lo que quedaba del antiguo Palacio de los Condes, y lleva el nombre de Lope de Vega porque fue en ese mismo palacio donde el dramaturgo escribió y firmó una de sus comedias. Desde fuera es un edificio austero que no anuncia nada especial. Por dentro guarda dos cosas que merecen la visita.
La primera es el telón de boca: una pintura atribuida al artista Luis Muriel con vistas de la Plaza Mayor y escenas alegóricas de Chinchón. Es una pieza que sorprende por su tamaño y su calidad, y que está ahí, en un teatro de pueblo de cuatrocientas butacas, como si nada.

La segunda es la historia de José Sacristán. El actor —Premio Goya, uno de los más importantes del cine y el teatro español del siglo XX— nació en Chinchón en 1937, y el pueblo le ha rendido homenaje con su nombre en una calle y con dos estatuas. Las estatuas representan su busto de niño, en el momento en que vio una película de cine por primera vez en este teatro. Hay algo muy preciso y muy bonito en esa imagen: un niño de Chinchón mirando una pantalla en esta sala, sin saber aún en qué se convertiría. El teatro lleva su nombre en el certamen nacional de teatro aficionado que organiza cada año.
No siempre se puede visitar el interior, así que si coincide con alguna representación o visita guiada, aprovechadlo.
La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y el Goya
Lo que más nos sorprendió de la iglesia no fue la iglesia en sí, sino lo que guarda dentro: un cuadro de Francisco de Goya, La Asunción de la Virgen, en el retablo principal. Llegó aquí en 1812 por petición del hermano del pintor, Camilo, que era capellán de esta iglesia, después de que las tropas francesas causaran graves daños en el templo durante la Guerra de la Independencia.
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Hay algo que tiene ese encuentro que no se encuentra en un museo: estás en un pueblo pequeño, entras en una iglesia sin aparato ni colas, y de repente ahí está una obra de uno de los pintores más importantes de la historia de España. Sin vitrina, sin distancia, con una intimidad que en el Prado sería imposible. Eso es lo que lo hace especial.
Los dulces: tetas de novicia y pelotas de fraile
Los dulces típicos de Chinchón tienen nombre propio, y los dos más conocidos se deben a las monjas clarisas del convento de la Inmaculada Concepción, que llevan elaborando repostería desde el siglo XVII. Las tetas de novicia son bollos esponjosos con sabor a anís, elaborados con harina, leche, miel y ralladura de limón; las pelotas de fraile son la versión frita, rellenas de crema pastelera o nata y espolvoreadas con azúcar glas.
El nombre de las primeras tiene su propia leyenda: una monja clarisa, harta de que el borracho del pueblo les gritase obscenidades cuando llevaban los dulces a vender en la plaza, le plantó uno en la mano y le dijo que ya podía degustar tetas de novicia cuando quisiera. Sea cierto o no, el nombre sobrevivió. No llevan conservantes, así que conviene consumirlos en el día o al siguiente.
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El Parador y Tomeguín & Colibrí
El Parador ocupa un antiguo convento del siglo XVII y se ve imponente desde fuera. Nos lo recomendaron para comer —hacen un cocido madrileño los fines de semana en invierno que, según nos dijeron, merece una visita en sí mismo— aunque esta vez no nos quedamos a comer.
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Justo enfrente, Tomeguín & Colibrí es donde desayunamos: pan de masa madre, bollería casera, buen café. Un sitio que sorprende en un pueblo de este tamaño.
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La ruta por los alrededores
Chinchón no acaba en el casco histórico. Hicimos una ruta a pie por los alrededores —sin dificultad, menos de una hora— que pasa por campos de olivos, viñedos y páramos desde los que, en días claros, se distingue el perfil de Madrid en el horizonte. En esa ruta nos explicaron los productos de la zona: el ajo fino de Chinchón, el vino, el anís. Es una forma de entender el territorio que lo rodea y de salir un momento del pueblo sin alejarse demasiado.
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Si vais con la niña en porteo, perfecto: el camino es llano y no requiere ningún equipamiento especial. En carrito sería más complicado por el tipo de terreno.
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Chinchón en Navidad
Si tenéis oportunidad de ir en diciembre, el encendido de luces de Navidad es un plan que recomendamos. La decoración está hecha con criterio y buen gusto: embellece la plaza, resalta sus atributos sin ahogarlos, y te reconcilia con la Navidad ver un encendido así. La plaza de noche, con esa iluminación, es una imagen difícil de olvidar. Pero Chinchón funciona bien cualquier época del año, y no hace falta esperar a diciembre para ir.
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Información práctica
Cómo llegar a Chinchón desde Madrid
En coche es la opción más cómoda, especialmente con niños. Desde Madrid hay unos 50 kilómetros que se recorren en 40-50 minutos. La ruta habitual es tomar la A-3 hasta el desvío hacia la M-311/M-313 pasando por Morata de Tajuña. También se puede ir por la R-3 de peaje saliendo hacia Perales de Tajuña. Si venís desde el sur de Madrid, la A-4 con desvío por la M-404 es otra opción.
En transporte público existe la línea de autobús 337 (empresa La Veloz) que sale desde la estación de Conde de Casal en Madrid, con una frecuencia de aproximadamente un autobús por hora. El trayecto dura entre 55 minutos y una hora y cuarto según el tráfico. El billete cuesta unos 5 euros. Los días laborables hay autobuses desde las 7 hasta las 24 horas; los fines de semana y festivos, desde las 8.
Dónde aparcar en Chinchón
El aparcamiento público gratuito principal está en la Carretera de Madrid, 4 —un descampado amplio a pocos minutos a pie del centro—. También se recomienda el parking de San Roque, junto al Convento de las Clarisas, desde donde se puede empezar la visita cómodamente. En días de eventos masivos —mercado medieval, corridas de toros— el aparcamiento se complica bastante y la policía suele acotar la entrada. Lo decimos por experiencia propia.
Cuándo ir y qué evitar
Chinchón funciona bien cualquier día del año, pero conviene elegir con criterio. Los fines de semana de eventos multitudinarios —el mercado medieval es el ejemplo más claro— el pueblo se colapsa: aparcamiento imposible, calles saturadas, la experiencia pierde bastante. Con bebé o niños pequeños, peor todavía. Un fin de semana tranquilo fuera de temporada alta es la mejor opción.
Horarios y precios
Bodega del Nero — Visitas guiadas principalmente sábados y domingos, con franjas de mañana (12:00-14:00) y tarde (16:30-19:00). Entre semana posible con grupo mínimo. Reserva imprescindible con antelación. Reservar en Civitatis.
Free tour — Reservar en Civitatis. Gratuito; propina voluntaria al guía.
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción — Los horarios varían según la época del año y los servicios religiosos. Conviene consultar en la oficina de turismo, que está bien situada y es un buen punto de partida para la visita.
Parador de Chinchón — El cocido madrileño se sirve los fines de semana en invierno. Conviene reservar mesa con antelación.

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