Qué ver en Ontinyent: historia, naturaleza y una ciudad que sorprende
Si estáis buscando qué ver en Ontinyent, esto es lo que encontramos nosotros. Pasamos un fin de semana de mayo, con el Festival de Primavera en marcha y las calles llenas de familias. No teníamos grandes expectativas, que es muchas veces la mejor manera de llegar a un sitio. Lo que encontramos fue una ciudad pequeña —capital de la comarca de la Vall d’Albaida— con más capas de historia de las que esperábamos y una relación con el río que lo explica todo: su prosperidad, sus tragedias y su manera de rehacerse.
Una de las primeras cosas que llama la atención al caminar por el centro es que todavía parece un sitio habitado de verdad. Hay vecinos sentados en las puertas de sus casas charlando, otros regando las plantas en la acera. Nada de escaparate, nada de ciudad preparada para la visita. Eso, en 2026, no es tan fácil de encontrar. Si venís desde la capital, Valencia se puede ver en dos días antes de bajar hacia el interior: están a menos de una hora por la A-7.
La Vila: el barrio medieval de Ontinyent
El punto de partida es el barrio de La Vila, el núcleo amurallado medieval que corona la ciudad desde lo alto. Se accede por el Portal de Sant Roc o subiendo por el Fossaret, y en cuanto se entra hay algo que cambia en el ritmo. Las calles son estrechas y empedradas, con las esquinas redondeadas por siglos de uso. Las casas tienen dovelas de piedra en las fachadas y algunas conservan los escudos de los linajes que las habitaron.
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Ontinyent tuvo una importancia estratégica que hoy cuesta imaginar: fue villa fronteriza con Castilla durante siglos y llegó a tener voto en las Cortes valencianas, privilegio reservado a las poblaciones más relevantes del reino. En el siglo XV era la tercera ciudad valenciana al sur del Xúquer, solo por detrás de Xàtiva y Orihuela.
El Palau de la Vila
En el extremo noroeste de la ciudadela, asomado al río Clariano, está el Palau de la Vila. Lo que hoy es sede del ayuntamiento y museo empezó siendo un alcázar andalusí. Cuando Jaume I conquistó la plaza hacia 1245, se quedó con el edificio como residencia real; la tradición dice que él mismo, Pedro el Grande y Jaume II usaron sus habitaciones. Siglos después, en 1666, acogió la visita de la infanta Margarita de Austria. Pasó luego a manos privadas, se fue deteriorando y el ayuntamiento lo recuperó mediante una rehabilitación que terminó en 2011.
Hoy acoge los plenos municipales, el Museu dels Gegants i Cabets y la oficina de turismo. Debajo del edificio está el criptopórtico: la estructura subterránea de bóvedas de cañón que sostenía las construcciones superiores y que conserva probablemente la huella más clara de la época andalusí.
Los gegants i cabets de Ontinyent
Dentro del Palau está el Museu dels Gegants i Cabets, y merece más atención de la que uno le concedería a primera vista. Los seis gigantes representan las tres culturas que convivieron en la Edad Media —cristiana, musulmana y judía—. Los nueve cabezudos están inspirados en personajes del cine americano de los años 30 y 40. Las figuras más antiguas se construían en madera y cartón; las actuales son de fibra de vidrio y aluminio, lo que las hace más manejables. Cada figura la porta una sola persona.
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Salen cuatro veces al año: en Corpus Christi, en la víspera del Corpus, el 8 de diciembre para la Purísima y en su víspera. Su salida a la calle sigue siendo un acontecimiento que paraliza el barrio.
En octubre de 2026 Ontinyent acogerá el encuentro peninsular de gigantes y cabezudos. Vale la pena tenerlo en mente si la fecha cuadra.
Horario del museo: de lunes a viernes de 9:00 a 14:00 h; sábados de 9:30 a 14:00 h. Entrada libre. Palau de la Vila, plaza de Sant Roc, 2. Consultas y reservas de grupo: ontinyent@touristinfo.net
El campanario más alto de la Comunitat Valenciana
La torre campanario de Santa María domina el perfil de la ciudad desde cualquier ángulo. Su construcción empezó en 1689 y duró veinte años. Es el campanario más alto de la Comunitat Valenciana y el que más campanas tiene de toda la comarca. La más antigua es la del Rellotge —llamada de Rauxa i Foc—, fundida en 1563.
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La Colla de Campaners organiza visitas guiadas, incluidas nocturnas, con aforo limitado a 25 personas y reserva previa en el 626 233 271. El ayuntamiento también programa rutas que incluyen el campanario, la iglesia, la cripta y la capilla de la Purísima a lo largo del año. Conviene mirar la agenda en la web municipal o escribir a ontinyent@touristinfo.net antes de ir.
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Los refugios antiaéreos de Ontinyent
Debajo de Ontinyent hay otra ciudad. Durante la Guerra Civil se construyeron doce refugios antiaéreos. La razón es que la localidad se había convertido en un nodo industrial importante: varias fábricas reconvirtieron su producción para fabricar munición republicana, lo que la ponía en el punto de mira de la aviación franquista. Nunca llegaron los bombardeos, pero los refugios se llenaban igualmente cuando sonaban las sirenas.
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Hoy solo son visitables dos: el refugio público del Regall, con capacidad para 577 personas, y el de la antigua fábrica de Tortosa y Delgado, que era de uso privado para los trabajadores. En el segundo se puede ver un audiovisual sobre el papel de Ontinyent como ciudad acogedora durante el conflicto —la población pasó de 11.000 a 16.000 habitantes en esos años, absorbiendo refugiados de otras zonas— y asistir a un simulacro de bombardeo.
Las visitas son gratuitas y las organiza el ayuntamiento en ciclos a lo largo del año, habitualmente en primavera y durante las fiestas de agosto. Las plazas son limitadas; para consultar fechas y reservar: ontinyent@touristinfo.net.
El parque inundable de Ontinyent: lo que quedó después de la DANA
En septiembre de 2019, el río Clariano se desbordó. Hubo que rescatar a cuarenta vecinos y evacuar a más de ciento cincuenta. Las viviendas del barrio de la Canterería, construidas en los años cincuenta en una zona que históricamente había sido cauce, quedaron destruidas o inhabilitadas. El ayuntamiento tomó entonces una decisión poco habitual: en lugar de reconstruir, devolver el espacio al río.
Se derribaron las viviendas afectadas, se consolidó el talud y se creó un parque inundable que recupera la relación de la ciudad con el Clariano. El resultado es el Parc de les Mamàs Belgues: una franja verde entre el cauce y la trama urbana, con plataformas elevadas, taludes con vegetación autóctona y un muro de mampostería que actúa como mirador. Las arquitectas que lo diseñaron lo describieron así: querían devolverle al río el espacio que históricamente había sido suyo.
El proyecto acumuló después un reconocimiento notable. En 2026 ganó los UIA 2030 Awards, los premios de la Unión Internacional de Arquitectos y ONU-Hábitat en la categoría de adaptación al cambio climático, entregados en Bakú en el marco del World Urban Forum. También recibió el Premio del Ministerio de Vivienda y varios reconocimientos del Colegio de Arquitectos de la Comunitat Valenciana.
Junto al parque, la antigua fábrica que ocupaba ese tramo del río es ahora el Museo del Textil Valenciano. Se conservan telares originales de los siglos XVIII y XIX en funcionamiento, documentos de época y exposiciones temporales sobre una industria que definió esta ciudad durante generaciones. Horario: martes a viernes de 9:30 a 16:30 h; sábados y domingos de 9:30 a 13:30 h. Lunes y festivos cerrado. Entrada libre.
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El mirador de San Rafael: la imagen de la ciudad
Las mejores vistas de Ontinyent no se tienen desde dentro del casco histórico sino desde enfrente. Al cruzar el río y subir hasta el mirador de San Rafael, el conjunto de La Vila se despliega tal como es: el Palau asomado al Clariano, el campanario por encima de todo, las casas apiñadas en el desnivel. Es el ángulo desde el que la ciudad se lee de un vistazo. Junto al mirador están las letras de Ontinyent, que sirven de referencia para orientarse y, seamos honestos, de fondo para la foto que todo el mundo acaba haciendo.
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El Pou Clar y el río Clariano
El Clariano nace en Ontinyent, y el punto exacto de su nacimiento es el Pou Clar: una serie de seis pozas que el agua ha esculpido durante millones de años sobre la roca caliza. Cada poza tiene su nombre —Pou dels Esclaus, Pou Clar, Pou Gelat, Pou de la Reixa, Pou Fosc, Pou dels Cavalls— y en verano el lugar concentra mucha gente.
En julio y agosto la reserva es obligatoria, el parking junto a las pozas permanece cerrado y el acceso en vehículo privado no está permitido. Lo más sensato es ir caminando desde el pueblo: son unos dos kilómetros por un camino sencillo. Los fines de semana de temporada alta hay autobús lanzadera. No se permiten perros. La reserva se hace en reservespouclar.es.
Para quien prefiera un entorno sin restricciones de acceso, el Pau de la Ulleta, aguas arriba, es una alternativa sin control de aforo ni prohibiciones.
El río explica también la otra cara de Ontinyent. El agua que nacía en el Pou Clar movía los molinos que durante siglos alimentaron la industria textil y papelera de la comarca. Las chimeneas de ladrillo de las antiguas fábricas salpican todavía el paisaje urbano, y el Pont Vell —datado en 1501— sigue conectando el casco histórico con el ensanche después de siglos de riadas.
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Lo que se come en Ontinyent
El esmorzar es aquí más que un desayuno tardío. Los vecinos nos contaron que para muchos jubilados estructura buena parte de la mañana: se queda con alguien, se va a tomar el bocadillo, se habla. Una rutina social construida alrededor de un almuerzo que lleva décadas siendo la misma. Lo entendemos.
La coca —de carne o de verduras— y el arroz al horno son los platos que más aparecen en los menús y los que más razón tienen de estar. Pero lo que más nos sorprendió fue el embutido local. Encontramos la Carnicería Ramón, con elaboración propia y productos artesanales, y nos llevamos más de lo que teníamos pensado. El tipo de sitio que uno agradece descubrir antes de volver a casa.
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Para terminar, la heladería El Polero. Helados a precios que ya no se ven en muchos sitios. Pedimos el de cereza y nos gustó mucho.
Las Fiestas de Moros y Cristianos
Ontinyent celebra sus fiestas de Moros y Cristianos en septiembre. Son una de las más antiguas de la Comunitat Valenciana y uno de los principales motivos por los que la ciudad llena de visitantes durante esos días. No las vivimos, pero nos quedamos con bastantes ganas de conocerlas porque nos hablaron muy bien de ellas. Algún día, sin duda.
Dónde dormir en Ontinyent
Si queréis alojaros en el pueblo, merece la pena echar un vistazo a HomeExchange: encontramos varias casas disponibles en Ontinyent y los alrededores, una opción que tiene bastante sentido para una escapada de fin de semana en familia. Si preferís hotel, el Hotel Kazar es la referencia de la ciudad: un palacio mudéjar del siglo XIX con piscina en la azotea, bien ubicado y a pocos minutos caminando del casco histórico.
Para aparcar, hay un parking público gratuito en la Sala Gomis.
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Ontinyent con carrito o silla de ruedas
Una cosa que se agradece cuando se viaja con la peque: Ontinyent es una ciudad bastante plana. El casco histórico tiene sus cuestas, como cualquier núcleo medieval, pero el centro urbano y la zona del río se mueven sin dificultad. Para bajar al Parc de les Mamàs Belgues desde la calle hay ascensores habilitados, lo que hace que toda esa zona sea perfectamente accesible con carrito. No es algo que se mencione mucho, pero marca la diferencia cuando viajas con un bebé o con movilidad reducida.
Bocairent: la excursión desde Ontinyent que no hay que perderse
A apenas diez kilómetros de Ontinyent está Bocairent, uno de los pueblos más bonitos de la Comunitat Valenciana y candidato perfecto para combinar en la misma escapada. Su casco histórico medieval, sus famosas covetes dels moros excavadas en la roca y el entorno de la Sierra de Mariola justifican sobradamente el desvío.
Ambos municipios están conectados por la línea de autobús L482, operada por La Concepción, con varios servicios diarios de lunes a sábado. Conviene consultar los horarios actualizados en laconcepcion.net antes de planificar, ya que los frecuencias son limitadas.
Si venís desde Valencia sin coche, existe una excursión organizada desde Valencia que incluye Bocairent que permite conocer el pueblo con guía y sin preocuparse de la logística.
Cómo llegar a Ontinyent y cuándo ir
Ontinyent está a unos 80 kilómetros de Valencia por la A-7 y a unos 60 de Alicante. En coche es lo más cómodo, especialmente si se quiere llegar al Pou Clar o combinar con Bocairent. El Festival de Primavera añade actividad a la ciudad y funciona bien si se va en familia. Los meses de verano son los más concurridos; si el objetivo es el patrimonio histórico sin aglomeraciones, la primavera y el otoño son mejores opciones.
Viajamos a Ontinyent en el marco de las actividades del IX aniversario de la Comunitat Valenciana Travel Bloggers, con el apoyo del Ayuntamiento de Ontinyent.