Diario de Rusia (8): Metro, despedida y cierre
Diario de Rusia (8): Metro, despedida y cierre

Diario de Rusia (8): Metro, despedida y cierre

 

Amanece lloviendo, así que bajamos a desayunar sin prisa. Las previsiones son bastante malas: lluvia y más lluvia para todo el día. Toca hacer planes a cubierto.

Para empezar, vamos a VDKH. Regresamos a la estación de Artyom para visitar el Museo de la Cosmonáutica. El precio, 350 rublos, otros 320 si quieres tirar fotos, aunque nosotros no lo cogemos. El Museo está bastante bien. Me recuerda al Museo Nacional del Aire y el Espacio de Washington. Se puede ver el Sputnik, el interior de un módulo espacial, diferentes trajes, fotografías de la vida de Yuri Gagarin… como no tenemos prisa, pasamos toda la mañana en el museo.

Cuando nos entra hambre, volvemos al metro para ir al centro. Vamos a Kroshka Kartoshka a por unas patatas asadas y, al terminar, nos acercamos a la Plaza Roja. Por desgracia sigue lloviendo bastante, así que no tardamos en volver a refugiarnos bajo tierra.

Como no para de llover, vamos a recorrer algunas de las estaciones más bonitas de la red de metro: Arbatskaya, Aeroport, Electroskaya, Komsomolskaya…Finalizamos el recorrido en Arbatskaya.

 

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De ahí salimos a la superficie y, milagro, comprobamos que la lluvia ha cesado. Cogemos unos blinis en Tepemok con la intención de ir a cenar a la Plaza Roja, pero nos la encontramos cerrada. Aún no son las 10, pero parece que hoy han desalojado antes.

Cenamos en los jardines de Alejandro y después damos un paseo por dentro del GUM, admirando sus tiendas. Desde allí, atravesamos hasta San Basilio y hacemos las últimas fotos de la antigua catedral.

Regresamos al hostal a por el equipaje. Queríamos coger el último Aeroexpress o el de las doce, pero vuelve a llover, así que nos vamos antes. El tren al aeropuerto cuesta 460 rublos y se coge en Paveletskaya. Tarda unos 45 minutos en llegar al aeropuerto.

En el aeropuerto nos tocá esperar unas cuantas horas hasta la salida del vuelo. Apenas encontramos a nadie que hable inglés, solo una azafata que, además, chapurrea algo de español. En el aeropuerto gastamos nuestros últimos rublos, las máquinas expendedoras y cafeterías de la terminal tienen precios bastante bajos.

A las seis de la mañana despegamos y decimos adiós, con mucha pena, a la maravillosa Rusia.

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