Diario de Rusia (4): San Petersburgo

 

A las 6 de la mañana la revisora abre la puerta de nuestro compartimento para despertarnos, sin miramientos. Llegamos a San petersburgo a las 6:35. Desayunamos, nos vestimos y nos aseamos en el tren antes de bajar.

La estación de Moskovskiy Vozkal es muy bonita y, sorpresa, parece que no llueve. Hablamos con un par de taxistas, pero nos piden 1000 rublos por ir al hotel, así que al final optamos por coger un autobús. El sistema aquí es curioso, aparte del conductor, en los autobuses va montada otra persona que se encarga de vender los billetes. Nos llama mucho la atención la cantidad de personas, principalmente mujeres mayores, que realizan trabajos de este tipo en Rusia. Por ejemplo, al final de cada escalera mecánica de metro hay una persona en una cabina vigilando. También es fácil ver a una persona barriendo la calle o las escaleras del metro con un cepillo y un recogedor. Es bastante curioso.

El autobús nos cuesta 30 rublos. Nuestro hotel, Guest House Lvinogo Mostika, está medio escondido y nos cuesta horrores encontrarlo. Tenemos que entrar en un patio de vecinos, en el que nos colamos aprovechando la llegada de un coche. Una vez ahí, nos toca averiguar qué portal es, qué puerta y demás. Después de preguntar a varios vecinos que no tienen ni idea de qué estamos buscando, damos con un que parece conocerlo. Nos acompaña hasta la puerta, pero nadie abre. Llamamos por teléfono y nos responde una señora que sólo habla ruso. Nos deja a la espera y al rato nos habla un chico en un ingles muy básico, diciendo algo así como que ahora viene. Esperamos en el descansillo hasta que aparece el chaval. Nos abre la puerta y nos guarda las maletas. La casa está muy bien, es un piso totalmente reformado con cuatro habitaciones, una cocina y dos cuartos de baño, que encima ni siquiera está ocupado por completo, por lo que estamos muy cómodos durante nuestra estancia. Además, estamos muy cerca de la Catedral de San Isaac, por lo que es lo primero que vamos a visitar.

Esta catedral es la cuarta más grande del mundo, después de la Basílica de San Pedro en Roma, de la de San Pablo en Londres, de Santa Maria di Fiori en Venecia. En su interior podría llegar a albergar la friolera de 12 mil personas. La visita tiene un precio distinto según el tramo horario.

De la catedral vamos caminando hasta la Plaza del Palacio, donde está el maravilloso Hermitage. Este museo fue originalmente el Palacio de Invierno de los zares. Fue Catalina II quien decidió convertirlo en Museo, exponiendo en él las numerosas colecciones de arte que fue adquiriendo a lo largo de su reinado. Aquí hemos quedado para el free tour de las 10:45. Mientras esperamos, hacemos algunas fotos y pedimos un mapa en la oficina de turismo, que está en la misma plaza.

 

Hoy hace sol y la temperatura es agradable, que ya tocaba. El guía llega puntual. Se ha juntado un grupo numeroso, pero lo resuelve enseguida haciendo uso de un pequeño altavoz para hablarnos. Primero nos cuenta la historia de la ciudad, que a lo largo de su historia ha sido también conocida como Petrogrado y Leningrado. Fue fundada por el zar Pedro el Grande en 1703 con la intención de convertirla en la “ventana de Rusia hacia el mundo occidental”. Durante más de 200 años fue la capital del Imperio ruso. 

Seguimos con el Hermitage y la Columna de Alexander para después desplazarnos hasta el edificio de los titanes, más conocido como el Nuevo Hermitage. El guía nos dice que acariciar el dedo gordo del pie izquierdo de uno de los titanes trae suerte, así que allá que vamos todos.

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Subimos hasta el río, donde vemos el malecón del río Neva y el Museo más antiguo de Rusia. La estatua de Pedro el grande, que según dicen protege a la ciudad de los invasores, y que fue el intento de Catalina II de ganarse al pueblo ruso tras su peculiar toma de poder.

Nuestra siguiente parada es la Catedral de Kazán, principal catedral de la ciudad. Justo enfrente, el edificio Singer y, al fondo, la Catedral del Cristo de la Sangre Derramada. Acabamos encantados con el tour, nos da casi rabia lo pobre que fue el de Moscú, sobre todo comparativamente (Sin duda, altamente recomendado).

Vamos a comer a Cháinaya Lozhka (La cucharita), otro sitio de blinis similar a Tepemok. La comida nos está pareciendo muy económica y rica. De media, venimos comiendo por unos 700 rublos, con postre incluido. Lo único malo es que suele haber bastante cola en este tipo de sitios.

Después de comer entramos en la Catedral del Cristo de la Sangre Derramada. La entrada cuesta 250 rublos y permiten hacer fotos en el interior. Esta iglesia fue construida sobre el lugar donde el zar Alejandro II de Rusia fue asesinado, víctima de un atentado el 13 de marzo de 1881.

 

 

Cruzamos la calle para entrar en la Catedral de Kazán. Esta es gratuita, sobria pero muy bonita. Lamentablemente no permite fotos.

De allí bajamos por Nevsky Prospekt hasta San Isaac, con la intención de entrar a verla, pero llegamos justo a las 5:30 y las visitas están cerradas hasta las 6, que es cuando cambia la tarifa. Decidimos que, en tal caso, volveremos al atardecer para tener mejor luz.

Regresamos al hotel a hacer una pequeña parada técnica y, con fuerzas ligeramente renovadas, volvemos a San Isaac. La subida a la cúpula cuesta 300 rublos. Son 360 escalones que merecen totalmente la pena: Las vistas son espectaculares y más aún con la luz del atardecer de fondo.  Estamos casi una hora haciendo fotos y disfrutando de las vistas.

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Cuando salimos son las 9:30 y todavía no ha atardecido. Vamos paseando por el río y lo cruzamos hasta el malecón. Las 10 de la noche y sigue habiendo luz. Son las famosas noches blancas de San Petersburgo, un fenómeno que tiene lugar durante el mes de junio, sobre todo a finales.

Vamos caminando hasta la Catedral de Kazán de nuevo, pasando por el Hermitage y la avenida Nevsky. Cuando nos queremos dar cuenta, son las 11 de la noche. Vamos a Tepemok, pero justo están cerrando. Como el cielo está increíble, de un azul intenso, optamos por seguir tomando fotos de la ciudad iluminada y resolver el asunto de la cena más tarde. 

Cuando el hambre puede con nosotros, decidimos ir a cenar a Market Place (un sitio que los ha recomendado el guía de esta mañana). Es una especia de buffet con cocina en directo, a buen precio. Pedimos carne a la parrilla, una ensalada y un cóctel a basa de vodka y limón llamado “limonada Leningradski” que resulta estar riquísimo. También probamos la famosa tarta de miel rusa: medovik.

Cuando acabamos de cenar son las doce y media de la noche, ya ha oscurecido totalmente y empieza a refrescar. Volvemos caminando al hostal, no sin antes detenernos un instante a fotografiar el Hermitage.