Cracovia đŸ“·
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Hay algo de leyenda en Cracovia. De la de aquel dragĂłn que escupĂ­a fuego por la boca en una cueva bajo el castillo de Wawel y que el rey Krak ordenĂł matar para salvar la vida de su Ășnica hija. De la de los dos hermanos arquitectos cuya rivalidad por construir la torre mĂĄs alta en la BasĂ­lica de Santa MarĂ­a los llevĂł a un trĂĄgico desenlace. De la del trompetista que cada hora se asoma la ventana de Santa MarĂ­a para interpretar el HejnaƂ mariacki, la melodĂ­a inacabada.

Hay algo de historia tambiĂ©n. La del gueto judĂ­o del barrio de Kazimierz, la de los trabajadores de la fĂĄbrica de Schindler, la de las sillas vacĂ­as de la Plaza de los hĂ©roes del gueto, de la pequeña farmacia que aĂșn sobrevive en una de sus esquinas, contando en silencio la historia de los que gracias a la valentĂ­a de sus propietarios se salvaron de una muerte segura. La de la barbacana que hay a la entrada de la calle FloriĂĄnska, la que el pecaminoso viento del norte salvĂł del derribo que condenĂł al resto de las edificaciones medievales de la ciudad.

Hay algo de magia en la vieja capital Polaca, a la que un antiguo príncipe sueco cambio por Varsovia siglos atrås, para estar mås cerca de su patria natal. En la colina del castillo de Wavel, desde la que se puede observar toda la ciudad. Magia, también, en ese patio del castillo oculto tras unas rejas en el que, dicen, reside uno de los siete chakras del mundo.

Hay un sabor tambiĂ©n, el de los obwarzanek, esas rosquillas de pan que aparecen en cada esquina. El de los bares de leche, aquel invento soviĂ©tico que a dĂ­a de hoy aĂșn garantiza un plato de autĂ©ntica comida casera a un precio irrisorio. El de los pierogi, que parecen poder rellenarse de cualquier cosa imaginable.

Tiene Cracovia ese algo de las ciudades que han vivido mucho, que han sido testigos de cambios, de luchas, de triunfos y derrotas. Tiene ese dolor pausado de las ciudades que han llorado a sus muertos. De las que han vuelto a llenar sus calles de vida, pero sin olvidar lo que perdieron. Tiene ese algo que la hace majestuosa y hermosa a la vez, fuerte y delicada. Como una suma imposible, como una historia inventada
 como la leyenda que le dio nombre.

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